Pocas semanas después de que fueran hallados en Inglaterra, los dos relieves robados en 2004 de la ermita visigoda de Santa María de Quintanilla de las Viñas llegaron ayer 13 de febrero al Museo de Burgos.

Como ha explicado Román Fernández Baca, director general de Bellas Artes, durante la entrega de estas piezas al Museo de Burgos: «Una vez se produzca su recuperación, el Consejo de Patrimonio Histórico considerará donde se ubican para que vuelvan a ser visitados por el mayor número posible de ciudadanos. El patrimonio y la cultura son una riqueza nacional».

Este bien ahora forma parte de la Administración General del Estado y en el mes de abril el Consejo de Patrimonio Histórico decidirá dónde deben estar estas piezas tan especiales.

El alcalde de Quintanilla de las Viñas, presente durante la entrega de las piezas, no se ha manifestado sobre el futuro destino de las piezas pero desde la Asociación para el Desarrollo de Tierra de Lara ya se ha manifestado que intentarán que las piezas regresen a la ermita de donde fueron sustraídas, al igual que el resto de sillares que descansan en el Museo de Burgos.

Viaje de vuelta a España

El Gobierno de España recibió las dos piezas hace tres semanas en la Embajada Española en Londres, tras acordar los agentes la entrega voluntaria con el ciudadano holandés que los había localizado cuando se encontraban en poder de un comprador que desconocía por completo su verdadera procedencia.

Tras obtener las licencias de exportación del Gobierno británico, fabricar unas cajas especiales y el correspondiente embalaje, la Guardia Civil ha puesto un avión a disposición de la operación que se desplazó el 12 de febrero hasta Londres con el fin de garantizar el retorno a España de las piezas con todas las medidas de seguridad y conservación.

Las 15 piezas se encuentran ya reunidas en el museo de Burgos

Las obras recuperadas son dos sillares de piedra caliza con unas dimensiones de 35x45x30 centímetros, y un peso de unos 35 kilos cada una. En una de sus caras tienen tallados en bajorrelieve unos personajes que muestran entre sus manos unos libros y que se han interpretado como la representación de dos de los evangelistas.

A raíz de la sustracción de los dos relieves se decidió trasladar al Museo de Burgos las otras obras que se encontraban en la ermita. Allí está de nuevo todo el conjunto tras 15 años de separación.

Adelaida Rodríguez, restauradora del Museo de Burgos, ha confirmado que las piezas tienen mucha cantidad de agua y contaminación biológica, con musgo, por haber permanecido mucho tiempo a la intemperie.

Ahora se someterá a los relieves a un secado lento, de un mes como mínimo. «Han sido transportadas en una caja que no estaba cerrada por completo para que la pieza siguiera respirando y no se produjera condensación que podría dar lugar a aumentar la contaminación biológica», ha apuntado Rodríguez.