El expolio a uno de los centros espirituales e identitarios de Castilla continua ante la absoluta inacción de todos los agentes políticos autonómicos y nacionales.

El robo se produjo hace más de un año, pero acaba de salir a la luz. Dos claves de bóveda góticas de 2.000 kilos cada una que se encontraban en un almacén del monasterio de San Pedro de Arlanza desaparecieron. Los ladrones accedieron sin complicación aunque el traslado de estas piezas tuvo que estar muy preparado.

Los alcaldes de Hortigüela y Covarrubias, a través de una carta, pidieron hace unos días que el monasterio cuente con luz para poder instalar alarmas, proporcionar vigilancia y que sea un punto de referencia: “Que las administraciones de una vez den solución a la dejadez y el abandono de la comarca y de este patrimonio”, destaca el alcalde de Covarrubias, Millán Bermejo.

También quieren que se dote de infraestructuras a este Bien de Interés Cultural y se ubique el Centro de Interpretación del nuevo Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla. Todos los partidos políticos ya han mostrado su interés por revitalizar y proteger este convento.

¿Qué administración tiene la responsabilidad de velar por la seguridad de una de las joyas más esplendorosamente decadentes del patrimonio burgalés y de mayor simbolismo en el origen de Castilla?

Pues depende de quién responda a esa pregunta y en qué momento. Una vez que ha trascendido el robo de dos claves de bóveda que se guardaban en un almacén del exterior del complejo monástico de San Pedro de Arlanza, propiedad del Ministerio de Cultura, el Estado señala a la Junta de Castilla y León como responsable de la seguridad.

Sin embargo, desde el Servicio Territorial de Cultura devuelven la pelota al Estado. «Es el Ministerio el competente para la adopción de las posibles medidas no sólo porque es el titular, sino también porque de conformidad con lo establecido en el artículo 6 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, compete a la Administración del Estado la defensa frente al expolio del Patrimonio Cultural».