Como todo héroe que se precie, Fernán González también ha sido protagonista de apariciones. Cuenta una leyenda procedente del monasterio de San Pedro de Arlanza un hecho curioso relativo al sepulcro que allí existía del conde de Castilla Fernán González. Parece ser que los huesos del insigne conde tenían vida propia y se movían cuando estaba a punto de acontecer algún hecho de armas relevante para la historia de Castilla y de España. Y no solo esto, sino que el fantasma de Fernán González junto al de otros insignes militares y reyes, se aparecía para avisar de que algo importante iba a ocurrir.

La primera noticia de estos hechos nos la transmite un abad de San Pedro de Arlanza. Se trata de Fray Gonzalo de Arredondo y Alvarado (m. c. 1527). Este abad arlantino hizo de Fernán González, además del virtual fundador del monasterio, una verdadera hagiografía, haciendo del conde un modelo de conducta e ideales. Dedicó al conde al menos tres obras específicas: Crónica arlantina de los famosos y grandes hechos de los bienaventurados sanctos cavalleros conde Fernán Gonzales y Cid Ruy Diez, Historia del Conde Fernán González (que incluye la Vida rimada del Conde Fernán González) y Crónica del Conde Fernán González (c. 1512).

En los últimos capítulos de estas obras se hablan de hechos milagrosos relacionados con el conde Fernán González. Incluso en el libro II, en el último capítulo de la Crónica de Fernán González se incluye una acta notarial del año 1483 sobre el movimiento de los huesos del conde y de su amigo “San” Pelayo.

La leyenda según Fray Antonio de Yepes

Así nos cuenta algo más adelante el historiador Fray Antonio de Yepes (m. 1618), que sigue a Arredondo en su disertación, la tradición que en el monasterio de San Pedro de Arlanza existía con respecto a los huesos de Fernán González así como algunas de sus apariciones fantasmales.

«Quiero rematar y concluir las cosas de esta casa (el monasterio de San Pedro de Arlanza) con una tradición que hay heredada en ella, de muchos años, y confirmada con muchos ejemplos y testigos, que sino hubiera tantos, no me atrevería a escribirla. Pero las grandes cosas que Dios hace de cuando en cuando, es bien contarlas, para que en ellas se conozca la providencia, que tiene particular en algunos sucesos.

Dicen pues que algunas veces, en ocasiones de grandes jornadas y empresas de armas, cuando ha de haber algún notable suceso en ellas, se oye un gran ruido en la tumba del Conde Fernán González, que como él fue el Capitán y Maestro de la disciplina militar de Castilla, y le levantó Dios en ella, para que librase España del poder de infieles, parece que quiere su Majestad que sus huesos hagan este movimiento, como animando a sus sucesores y a su sangre, para que sigan por el mismo camino, por donde él anduvo. Y no es cosa nueva ni solo acontecida en esta casa que el Conde Fernán González haga algún movimiento y se muestre en Castilla, favoreciendo a los cristianos, pues es cosa muy sabida y cantada en España de un caso notable que aconteció en aquella famosa batalla de las Navas de Tolosa, porque la noche antes del rompimiento hubo gran ruido por toda la ciudad de León, que parecía que pasaba por ella un gran ejército, el cual llegó al Real Monasterio de San Isidoro. Dieron un golpe en la puerta y dijeron a un clérigo que estaba velando en la iglesia que los capitanes de los que allí venían eran el Conde Fernán González y el CID Ruy Díaz y que iban a llamar al Rey don Fernando el primero, que estaba enterrado en San Isidoro para que se hallase en la batalla. Túvose cuenta con aquel ruido y asonada de armas y después por buena cuenta se hayó, que otro día fue el rompimiento de aquella famosísima y gloriosísima batalla en que el Rey don Alfonso llamado el octavo venció infinitos millares de moros, de aquende y allende, que como una avenida grande habían cubierto a toda España.

En este día mostró nuestro Señor lo que quería a estos reinos y se vieron otros milagros patentes y claros (que no son de mi historia) y por ello la iglesia de España celebra tanto esta victoria. La noche pues que precedió a este tan señalado día, permitió Dios que se presentasen aquellas visiones en León para que se entienda que las personas  a quienes la vanidad de los gentiles llamaba antiguamente héroes, y el mundo ha tenido por hombres excelentes, tienen cuidado en el cielo de los negocios importantes de la tierra. Y aunque realmente no se hallaron presentes los cuerpos, pero como las almas deseaban el buen suceso, y lo pedían así a nuestro Señor, hízose aquel movimiento y ruido sensible, para que echemos de ver la vigilancia y el deseo que ellos tienen de favorecer a España y el que la Majestad Divina muestra de oírles en semejantes ocasiones.

De manera que el Conde Fernán González parece que ha tomado a su cargo dar muestra en los hechos de armas de algún grande acaecimiento, y como hemos contado esto que sucedió en León, veremos algunos ejemplos que cuenta la historia de Arlanza, que se han experimentado dentro en el mismo monasterio. Testifica pues, y dice, que el día de la Transfiguración del año de mil y cuatrocientos y cincuenta y seis2, en que los cristianos alcanzaron aquella señalada victoria contra el Gran Turco Maomero (vencido en Belgrado por el valor de Ioan Uniades, y principalmente por las oraciones del insigne varón Juan Capistrano, excelente predicador y fraile de santa vida, de la Orden del Seráfico padre San Francisco) habiéndose advertido que un día en San Pedro de Arlanza hubo gran ruido y golpes en la tumba donde estaba enterrado el Conde Fernán González, y que respondieron con los mismos golpes en otra donde se conservaban los huesos de San Pelayo3, tuvieron los monjes cuidado y advertencia de notar el tiempo en que había sido este estruendo. Y se vino a entender llegando la nueva de tan gran victoria cómo otro día después del ruido que precedió en San Pedro de Arlanza se había rompido la batalla y tenido los nuestros tan celebrado victoria.

Pero el ejemplo que se puede traer que está más verificado y confirmado con muchedumbre de testigos es en la memorable guerra de Granada, cuando los Reyes Católicos conquistaron aquel reino, el año de mil y cuatrocientos y noventa y dos, que como en semejante año hubo tantos sucesos grandes, así los huesos del Conde Fernán González y de San Pelayo hicieron gran ruido y estruendo y muchas veces, y en diferentes días, pronóstico de los buenos sucesos que luego acontecieron. Pues entonces España sacudió de sí el yugo tan afrentoso que tantos años había traído al cuello, echando a todos los moros de estos reinos y limpiándolos de la abominable secta de Mahoma por merced del cielo y por las heroicas hazañas de los caballeros españoles, a quienes el Conde Fernán González parece que animaba para que entrasen con más calor en la batalla. Y si el Capitán Cisca en Bohemia quiso que del pellejo de su cuerpo, después de muerto, se hiciese un tambor para que sus soldados se animasen con aquel sonido y se mostrasen más esforzados en la guerra, no es mucho creamos que los huesos de nuestro Capitán, el Conde Fernán González, que quisieron hacer este oficio tocando al arma dentro de su tumba y ayudándolo de la suya San Pelayo.

De estos últimos acontecimientos tan notables y movimientos que hicieron los huesos del Conde hay una información muy larga que yo he visto, hecha a petición del Abad don Diego Ruiz, ante los Alcaldes de Covarrubias (que es villa principal, una legua de San Pedro de Arlanza) llamábase Martín Fernández del Corral y García Sánchez, y porque fuese más autorizada la probanza, asistieron a hacerla dos escribanos de la dicha villa, Juan Alonso y Pedro de Ferrera, y habiendo tomado juramento a ocho personas religiosas y seglares, cuyos nombres callo por no ser prolijo, todos declararon que en diferentes días de aquel año habían notado el estruendo en ambas tumbas, así en la del Conde Fernán González como en la del santo monje Pelayo, y por ser negocio tan notable se habían maravillado y lo testifican, para que venga a noticia de todos.

Yo vi esta probanza y me satisfizo de manera que me pareció punto digno de historia y tengo por cierto que aconteció lo que se refiere en aquel proceso. Y parece gustó nuestro Señor mostrar la merced que quería hacer a España y los huesos fueron pronóstico de los buenos sucesos que acontecieron en ella, pues se alborotaban y regocijaban y hacían más ruido aquel año que los otros, porque iban desterrados los moros de España. Y los mismos santos daban  gracias a Dios con David diciendo: “Omnia ossa mea dicent Domine quis similis tibi?” Todos mis huesos (dice David) dirán quien es Señor semejante a vos que libráis al necesitado de los más fuertes y poderosos, y al menesteroso y pobre de las manos de los robadores?»1


1. Fray Antonio de Yepes: Coronica General de la Orden de San Benito, Volumen I, Centuria Segunda, pág. 382-384 https://books.google.es/books?id=enjD_l-dV3kC&dq=inauthor%3A%22Antonio%20de%20Yepes%22%20centuria%20segunda&hl=es&pg=RA1-PA382-IA2#v=onepage&q=fernan%20gon%C3%A7alez&f=false

2.  El 6 de agosto de 1456 (día de la Transfiguración) fue roto el sitio de Belgrado a cargo de las tropas turcas del sultán Mehmed II gracias a la acción del militar húngaro Juan Hunyadi y del franciscano italiano Juan Capistrano.

3.  Se refiere al monje ermitaño Pelayo que profetizó las victorias de Fernán González en su Poema. No es realmente Santo.