Socueva se encuentra en el valle del río Asón, no muy lejos de su nacimiento. En esta pequeña localidad, perteneciente al municipio cántabro de Arredondo, encontramos uno de los más mágicos santuarios prerrománicos rupestres que han sobrevivido en Cantabria: la ermita de San Juan Bautista.

La ermita se construyó aprovechando un voladizo y una serie de cavidades kársticas en un enorme farallón rocoso que rodea la localidad por el noroeste.

Farallón rocoso a cuyos pies se encuentra la ermita de San Juan de Socueva
Farallón rocoso a cuyos pies se encuentra la ermita de San Juan de Socueva

El acceso a la ermita es sencillo. Desde la ermita de la Magdalena de Socueva existe un camino señalizado. En un cuarto de hora andando llegaremos a San Juan de Socueva.

Casi escondida por la vegetación, la primera visión de la ermita es la un corral rústico desde el que se accede a un soportal ruinoso construido en el siglo XIX, aviso claro del lamentable estado de conservación de la iglesia.

Acceso a San Juan de Socueva
Acceso a San Juan de Socueva
Vistas del valle del Asón desde San Juan de Socueva
Vistas del valle del Asón desde San Juan de Socueva
Atrio de San Juan de Socueva
Atrio de San Juan de Socueva

La iglesia consta de dos partes bien diferenciadas. En primer lugar, como ya hemos adelantado, un atrio, la parte más moderna. De planta más o menos rectangular, está soportado por pilares de madera y un muro de mampostería. En su interior podemos ver un retablo, posiblemente del siglo XIX. En el muro que divide el atrio de la iglesia hay un modillón hecho en madera a estilo prerrománico.

Plano de San Juan de Socueva
Plano de San Juan de Socueva
Interior del atrio de San Juan de Socueva
Interior del atrio de San Juan de Socueva
Retablo siglo XIX en el atrio de San Juan de Socueva
Retablo siglo XIX en el atrio de San Juan de Socueva
Atrio de San Juan de Socueva
Atrio de San Juan de Socueva
Modillón de estilo prerrománico en madera de San Juan de Socueva
Modillón de estilo prerrománico en madera de San Juan de Socueva

En el muro rocoso una desvencijada puerta de madera cubre la entrada a la construcción rupestre.

La parte rupestre de la ermita está datada entre los siglos VII y IX. Se realizó aprovechado una cavidad natural por lo que prácticamente no hubo que hacer excavación.

Tras acceder a ella y subir unos rústicos escalones podemos ver una sencilla construcción de una nave y un ábside semicircular. La división entre sendas partes es un muro abierto por un sencillo arco de herradura. En el muro, que estuvo encalado y pintado, aún se conservan algunos restos de decoración geométrica.

Acceso a la parte rupestre de San Juan de Socueva
Acceso a la parte rupestre de San Juan de Socueva
Oquedades en el suelo de la nave rupestre de San Juan de Socueva
Oquedades en el suelo de la nave rupestre de San Juan de Socueva
Arco de herradura en el interior de San Juan de Socueva
Arco de herradura en el interior de San Juan de Socueva
Restos de decoración pictórica en el arco de herradura de San Juan de Socueva
Restos de decoración pictórica en el arco de herradura de San Juan de Socueva

En la nave existen varios huecos excavados en el suelo y un pequeño vano en el muro de mampostería que ilumina la estancia.

Quizás la construcción más interesante es el ábside semicircular. Está cubierto por un cuarto de esfera elaborado por mampostería sin argamasa. Un vano abierto al este, a modo de tronera, ilumina la estancia.

Arco de herradura, altar y vano del ábside de San Juan de Socueva
Arco de herradura, altar y vano del ábside de San Juan de Socueva
Altar de San Juan de Socueva
Altar de San Juan de Socueva
Exterior del ábside de San Juan de Socueva
Exterior del ábside de San Juan de Socueva

En su interior la Asociación Cántabra para la Defensa del Patrimonio Subterráneo (ACPDS) reconstruyó un pequeño altar compuesto por un pequeño pilar de sección troncopiramidal y una mesa cuadrada. Cuando fue restaurado se descubrió una pequeña caja de reliquias situada bajo el ara.

Como ya hemos dicho, el estado de conservación del conjunto es penoso. A pesar de ser un Bien de Interés Cultural desde 1985, el edificio se encuentra desde 2007 en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra.

La ermita no aparece en ningún documento medieval. La primera mención de su existencia procede de 1896 cuando M. Regil y Alonso publicó un artículo periodístico en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Excavaciones arqueológicas realizadas en los años 90 encontraron restos atribuibles al paleolítico y época protohistórica.

En una nueva investigación llevada a cabo en 2017 patrocinada por la Fundación ACANTO se han realizado varias dataciones obtenidas por carbono-14 a partir de micromuestras de restos orgánicos existentes en los paramentos del edificio.

Estos dataciones sitúan la construcción del edificio entre la segunda mitad del siglo VII a la primera del VIII, es decir, en el tramo final de la monarquía hispano-visigoda.

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