Rodolfus Glaber (Rodolfo el Calvo, Raúl Glaber c. 985 – c. 1047) fue un monje y cronista medieval. Alumno de Guillermo de Volpiano, pasó por diversos monasterios de la Borgoña, hasta que encontró asilo en Cluny, donde en 1047 acabó de redactar sus cinco libros de historia entre los años 800 y 1044 (Historiarum libri quinque ab anno incarnationis DCCCC usque ad annum MXLIV).

Las referencias a Hispania son muy escasas y casi siempre breves. Solo existen menciones en los tres primeros libros. Hemos tomado los textos en latín de este enlace. Las traducciones al castellano se han hecho a partir de la traducción al francés.

Libro I

Capítulo V: La plaga pagana

Denique circa nongentesimum Verbi incarnati annum, egressus ab Hispania rex Sarracenorum Algalif, veniensque cum exercitu maximo in Italiam, scilicet traditurus humanas res cum suis in praedam, cum gladio atque incendio demoliendas. Qui cum venisset, depopulans totam regionem usque Beneventum progressus est. Ex aliquibus tantum civitatibus Italiae primates, collecto agmine, nisi sunt adversus praedictum Algalif inire pugnam. Sed cum se cernerent exercitu nimium impares, ut saepius mos est istis modernis Italicis, fugae potius quam bellum , petiere praesidium. Interea reversi cum suo principe ad Africam Sarraceni, ab illo tempore non destiterunt impugnare regionem Italiae, quamvis plurimis fuissent praeliis lacessiti tam ab imperatoribus quam a patriae ducibus ac marchionibus, usque ad Altmuzor illorum principem, et praedictum Henricum Romanorum imperatorem.

Finalmente, hacia el año 900 de la Encarnación del Verbo, Algalif, rey de los sarracenos, salido de Hispania, dirigió un gran ejército en Italia, contando con enriquecerse con los despojos de este país, y dispuesto a devastarlo, hierro y llama en mano. Avanzó hacia Benevento, devastando todo a su paso. Sin embargo, los grandes de algunas ciudades italianas unieron fuerzas para presentar la batalla a Algalif. Pero viendo que sus tropas no estaban en condiciones de medirse con él, prefirieron, según la costumbre de estos italianos modernos, buscar su seguridad en la huida, que en la resistencia valiente. Mientras tanto, los sarracenos regresaron a África con su príncipe; y desde entonces, aunque golpeados en varios encuentros, tanto por los emperadores como por los duques y marqueses del país, no dejaron de venir a atacar Italia, hasta la época de su rey Altmuzor y Enrique, emperador de los romanos.

Todo indica que Rodolfus se hace aquí eco, de forma difusa y poco informada, de las acciones de los piratas sarracenos en Italia: el establecimiento de su base de Fraxinetum en el 889 y que perduró hasta el 973; y la conquista total de Sicilia (902) por los aglabíes de Túnez y sus ataques a los dominios bizantinos del Benevento.

Libro II

Capítulo IX: Gran hambruna e incursión de los sarracenos

Subsequente namque tempore, gens Sarracenorum cum rege suo, Almuzor nomine, egressa est ab Africanis partibus, occupans pene universam Hispaniae regionem usque in Australes Galliarum fines, plurimasque Christianorum dedere strages. Sed licet impar exercitu, saepius tamen iniit cum eis praelia Willermus dux Navariae, cognomento Sanctus. Tunc etiam ob exercitus raritatem compulsi sunt regionis illius monachi sumere arma bellica. Caesae denique graviter utraeque partes, tandem concessa Christianis victoria post grande suorum dispendium, qui superfuere Sarracenorum ad Africam fecere confugium. Sed et in illis diutinis conflictibus praeliorum constat Christianorum religiosos plures occubuisse, qui potius ob fraternae charitatis amorem cupiebant decertare, quam propter aliquam gloriam laudis pompaticae.

Al mismo tiempo, los sarracenos, con su rey llamado Almuzor, abandonaron las costas de África y llegaron a ocupar casi toda Hispania hasta las fronteras meridionales de la Galia. Hicieron, en varias reuniones, una gran carnicería de cristianos. Sin embargo Guillermo, duque de Navarra, cognomento Sancho, no dudó en presentarles la batalla en varias ocasiones, aunque con un ejército mucho menor en número. El número de soldados que componían esta tropa no era suficiente para la defensa del país, los monjes también estaban obligados a tomar las armas. Después de pérdidas considerables en ambos lados, la victoria finalmente quedó en manos de los cristianos, pero les costó caro. Los sarracenos que sobrevivieron a su derrota regresaron a África. Está comprobado que los cristianos perdieron, en estas batallas diarias, un gran número de religiosos que habían sido entrenados en el campo de batalla, más por un sentimiento de caridad y amor a sus hermanos, que por la atracción de las vanas glorias de este mundo.

En esta ocasión se hace eco de una posible incursión de Almanzor contra la Gascuña, dominada por Guillermo Sánchez, relacionado con Sancho II Garcés de Pamplona. Probablemente se refiere a la 37ª campaña de Almanzor, la de Gālīš.

Capítulo XII: Herejía descubierta en Italia

Ipso quoque tempore non impar apud Ravennam exortum est malum. Quidam igitur Vilgardus dictus, studio artis grammaticae magis assiduus quam frequens, sicut Italis mos semper fuit artes negligere caeteras, illam sectari. Is enim cum ex scientia suae artis coepisset, inflatus superbia, stultior apparere, quadam nocte assumpsere daemones poetarum species Virgilii et Horatii atque Juvenalis, apparentesque illi, fallaces retulerunt grates quoniam suorum dicta voluminum charius amplectens exerceret, seque illorum posteritatis felicem esse praeconem; promiserunt ei insuper suae gloriae postmodum fore participem. Hisque daemonum fallaciis depravatus, coepit multa turgide docere fidei sacrae contraria, dictaque poetarum per omnia credenda esse asserebat. Ad ultimum vero haereticus est repertus, atque a pontifice ipsius urbis Petro damnatus. Plures etiam per Italiam tempore hujus pestiferi dogmatis reperti, quique ipsi aut gladiis aut incendiis perierunt. Ex Sardinia quoque insula, quae his plurimum abundare solet, ipso tempore aliqui egressi, partem populi in Hispania corrumpentes, et ipsi a viris catholicis exterminati sunt. Quod praesagium Joannis prophetiae congruit; quia dixit Satanam solvendum, expletis mille annis, de quibus in tertio jam libello prolixias tractabimus.

Al mismo tiempo estalló un contagio desastroso en Rávena. Un tal Vilgard cultivó el estudio de la gramática con pasión más que con celo, según el uso constante de los italianos, que siempre han descuidado todas las demás ciencias para dedicarse a esta. Este hombre, hinchado por el vano orgullo que le daba su ciencia, empujó aún más la locura. Los demonios tomaron una noche la forma de Virgilio, Horacio y Juvenal para aparecerle, y bajo este disfraz le agradecieron por abrazar con tanto cariño el estudio de sus escritos; lo llamaron el heraldo de su gloria inmortal, e incluso prometieron asociarlo pronto con su celebridad. Engañado por estos engañosos artificios de los demonios, comenzó entonces a enseñar enfáticamente principios opuestos a nuestra santa religión, y a afirmar que era necesario creer ciegamente en todas las palabras de los poetas. Finalmente fue convencido de herejía y condenado por Pedro, obispo de Ravena. Varios partidarios de esta doctrina contagiosa fueron descubiertos en Italia, y todos perecieron por hierro o fuego. Otros salieron al mismo tiempo de Cerdeña, tan fértil en herejías, y se fueron a corromper parte de Hispania, pero también fueron exterminados por los católicos. San Juan predijo todos estos males en la profecía donde declara que Satanás debe ser desatado después de mil años; pero trataremos este tema con más detalle en el tercer libro.

Breve relato de una herejía protagonizada por un letrado de Rávena llamado Vilgardo en torno al año 1000. Según el cronista, algunos de su seguidores partieron desde Cerdeña hacia Hispania pero no parece que tuvieran éxito en sus predicaciones.

Libro III

Capítulo II: Roberto, rey de los francos

Ab aliis quoque regibus satis gratifice fuit semper habitus, Adalrado scilicet rege Anglorum, et Rodulpho rege Austrasiorum, nec non et Sancio rege Navarriae Hispaniarum; mittebantque ei munera et petebant ab eo auxilia.

Roberto siempre fue tratado con la misma liberalidad por otros reyes, como Ethelred, rey de los ingleses, Rodolfo, rey de los Austrasianos, y Sancho, rey de Navarra en Hispania. Estos príncipes le enviaron regalos y le pidieron ayuda.

Habla aquí el cronista de Roberto II, rey de los francos (996-1031), aunque asociado al trono desde el 987. Aquí se refiere a otros reyes contemporáneos con los que estableció relaciones diplomáticas como Etelredo II de Inglaterra (978-1013 y 1014-1016), Rodolfo III de Borgoña (993-1032) y Sancho III de Pamplona (1004-1035).

Capítulo III: Aparición de un cometa y lo que anuncia

Tunc igitur temporis in Italia, atque in Galliis, plerique episcoporum nonnulla inter se diversis quaestionibus habuere synodorum conciliabula. Nam de jejuniis, quae plerique fidelium scilicet inter Ascensionem Salvatoris et Pentecosten observant, ita decreverunt ut ne per imperium sacerdotum fierent, excepto Sabbato Pentecostes; et a quibus fieri vellent, ne prohiberentur fieri. Simulque incidit quaestio cur monachi per tres vel quatuor Dominicas dies ante diem nativitatis Dominicae, seu quadragesimalis observationis tempore, hymnum, scilicet Te Deum laudamus, decantarent contra morem Romanae Ecclesiae. Qua videlicet quaestione aggressi tam abbates quam monachi responderunt se pro nulla re illud agere, nisi ex beati Benedicti nominatissimi atque excellentissimi Patris praeceptione, cujus etiam actus simulque dicta a summo Romanorum pontifice, videlicet Gregorio, haberentur descripta ac laudabiliter roborata. His denique compertis episcopi, usus monachorum authentico ex more viguit. Nec non etiam de die annuntiationis Dominicae, qui celebratur octavo Kalendarum Aprilium, si forte quolibet alio tempore praeter Quadragesimam excoli congruentius potuisset, ab eisdem pontificibus non parva illata est quaestio. Ferebatur enim a quibusdam eamdem videlicet annuntiationem Dominicam, more Hispanorum, quinto decimo Kalendarum Januariarum die irreprehensibiliter posse celebrari. Nam cum ego postmodum in monasterio Cluniacensi cum caeteris fratribus degerem, convenerunt illuc ab Hispaniis quamplures honestae conversationis jamdudum more viventes propriae regionis monachi. Propinquante vero die nativitatis Dominicae, petierunt praedicti monachi venerabilem Odilonem ejusdem loci abbatem, ut more suorum liceret eis celebrare Annuntiationem. Quod cum fecissent, segregati a caeteris, visum est nocte eadem duobus senioribus loci, quod unus de Hispanis fuscina focaria arriperet desuper altare puerum, mitteretque illum in sartaginem prunis plenam, ita clamantem: « Pater, pater, quod tu dedisti isti auferunt. » Quid plura? apud nos antiqua consuetudo, uti decebat, praevaluit.

Los obispos de Italia y Galia estaban entonces agitando varias cuestiones en sus sínodos y asambleas; por ejemplo, el de los ayunos, que la mayoría de los fieles observan entre la Ascensión del Salvador y Pentecostés. Decidieron que los sacerdotes solo podían exigir la abstinencia el sábado de Pentecostés, pero que no se impediría a los fieles someterse voluntariamente a ella. También se preocupó por saber por qué los monjes cantaban, contra el uso de la Iglesia romana, el himno Te deum laudamus tres o cuatro domingos antes de la Natividad, o incluso durante la Cuaresma. Los abades y los monjes respondieron a esta acusación que no tenían otra excusa que los preceptos de la regla de san Benito, ese excelente padre tan justamente famoso, del que el mismo Papa Gregorio había escrito y colmado de alabanzas, vida y palabras. Los obispos reconocieron la verdad y la corrección de esta respuesta, y se mantuvo la práctica de los monjes. Los mismos prelados también discutieron otra cuestión durante mucho tiempo. Se trataba de decidir si no sería más adecuado ubicar en otro momento que no sea la Cuaresma el día de la Anunciación del Señor, que se celebra el 26 de marzo. Algunos afirmaron que se podría, siguiendo el ejemplo de los hispanos, celebrar este día santo el 18 de diciembre. De hecho, mientras estaba en el monasterio de Cluny, con los otros hermanos, vinieron de Hispania varios monjes de conducta ejemplar, y que habían practicado durante mucho tiempo las costumbres de su país. Cuando se acercaba el día de la Natividad del Señor, pidieron permiso al venerable Odilón, abad de Cluny, para celebrar la Anunciación según su costumbre. En verdad lo obtuvieron, y se separaron de los otros hermanos para realizar esta solemnidad; dos ancianos del lugar tuvieron una visión durante la noche: les pareció que uno de los monjes hispanos estaba tomando un niño en el altar con una pala de fuego y arrojándolo en una caldera llena de brasas: “Padre mío, padre mío, gritó el niño, me están quitando lo que me has dado “. En resumen, el uso antiguo tenía que prevalecer, y así fue.

En este párrafo narra la aparición de un cometa en el año 1001 y una discusión litúrgica que muestra a las claras las diferencias entre la liturgia hispana y los usos de Cluny.