El 9 de julio de 981 tuvo lugar en los alrededores de Sant Biyant (San Vicente) la batalla decisiva entre Almanzor y su suegro Galib. En el transcurso de la 13ª campaña amirí, las tropas se enfrentaron seguramente en lo que hoy en día es la localidad soriana de Torrevicente, probablemente a poco más de un kilómetro del pueblo, a la derecha si vamos hacia Lumías, donde hay un cerro llamado Castilviejo.

Castilviejo visto desde el desfiladero de Talegones (Torrevicente)

Galib estaba apoyado por García Fernández, conde de Castilla, y Ramiro Garcés, rey de Viguera y hermano de Sancho II de Pamplona.

El ejército de Almanzor se dispuso en tres alas. El ala derecha comandada por Ya’far ben Alí y su hermano Yahya, compuesta por bereberes. El ala izquierda liderada por Abu-l-Ahwas Ma’an ben ‘Abd al-Aziz al-Tuyibi y Hasan ben Ahmad ben ‘Abd al-Wadud. Y la central al mando del propio Almanzor.

La batalla comenzó con buen signo para Galib pues logró derrotar a las alas derecha e izquierda. Pero, cuando se inició el combate final contra el propio Almanzor, ocurrió la muerte accidental de Galib, probablemente al caerse del caballo y golpearse mortalmente.

Las tropas de Galib entonces cesaron el combate y entablaron conversaciones con Almanzor, informándole de la muerte del general. Mientras tanto, las tropas castellanas y pamplonesas iniciaron su desbandada siendo perseguidos por los musulmanes. El rey de Viguera falleció en el combate. El conde García Fernández se salvó.

La batalla ha sido relatada en varias crónicas musulmanas. El más extenso es el de Ibn Jatib que aquí reproducimos:

Pidió tropas Galib a los reyes de los cristianos y a los que seguían su opinión de oponerse a Ibn Abí ‘Amir. Galib era el caballero de al-Andalus, sin oposición; el primero de sus campeones, formador de caballeros y valientes, y el más valiente en los combates. Se le enfrentó al-Mansur y le fue dado a Galib triunfar sobre él y derrotar a su ejército y cautivar a sus visires, se repitió esto hasta llegar a pensar Ibn Abí ‘Amir en la huida, pero a pesar de ello se esforzaba en atacar a Galib y hostigarle, hasta que le mostró Dios lo que no había creído de las señales de su victoria.
Dice el historiador: Se precipitó Ibn Abí ‘Amir con su gente hacia Medinaceli para enfrentarse a Galib. García había entrado en su tierra ante el movimiento de Ibn Abí ‘Amir, para alejarse de él; creía que se proponía atacarle. Cuando se evidenció que se dirigía contra Galib salió contra él con una tropa de cristianos, entre los que había un grupo de vascones con el hijo de su rey, Ramiro ben Sancho, el llamado “Ray Qarayu” (Rey Curvo). Salió hacia ellos Ibn Abí ‘Amir en la parte de Atienza y conquistó el castillo de Sant Biyant (San Vicente) en las cercanías de Atienza el jueves, a dos pasados de muharram del año 371 (7 julio 981).

Salió a su encuentro Galib; Ibn Abí ‘Amir había dispuesto a su ejército de la mejor manera: se quedó en el centro con los mozos y los más nuevos de las tropas presentes, situó al visir Ya’far ben ‘Alí con los bereberes en el ala derecha, y a Abu-l-Ahwas Ma’an ben ‘Abd al-Aziz al-Tuyibi y a Hasan ben Ahmad ben ‘Abd al-Wadud con la mayoría de las gentes de las fronteras en el ala izquierda. Se desarrollaron escaramuzas durante el jueves citado y el viernes, y se comprometieron al combate en la mañana del sábado, manteniéndose separados y observándose. Amanecieron el sábado, a cuatro pasados de muharram, dispuestos; estalló el combate en todas partes, agudizándose e inflamándose. Se adelantó Galib cuando estaba adelantada la mañana de este día, sobre un caballo suyo famoso llevando una cota larga, y en su cabeza un alto casco dorado al que rodeaba un turbante rojo que le señalaba, y apretaba su frente otro turbante, estaba cerca de los ochenta años. A su alrededor tenía una muchedumbre de sus pajes defensores y la protección de sus hombres. Se puso a observar las filas de Ibn Abí ‘Amir que subían o bajaban; después se inclinó hacia los que le rodeaban y señaló al ala derecha. Le dijeron: “¡Andalusíes y bereberes!”. “¡Iguales detrás de la comadrona!, ¡carguemos contra ellos en nombre de Dios!”. Y cayó sobre ellos en una carga que les rompió, sin que quedase uno en pie, quedando deshecha con su ataque el ala derecha. Luego volvió Galib a su posición y dijo:”¿Quiénes son éstos?”, señalando al ala izquierda. Le dijeron: “Ma’an y tu protegido Ibn ‘Abd al-Wadud con los clientes y sus hombres!”. Dijo:”¡Los falsos son los primeros en la discordia!, ¡vamos a dedicarles un ataque, en el nombre de Dios!”, y cargó por segunda vez sobe ellos como un león; y les llevaron sus pies como volando, sin que ninguno se cuidase de su compañero. Consiguió destrozar las dos alas en un instante, mientras el centro permanecía en su lugar. Lo controlaba Ibn Abí ‘Amir con su respeto, y él mismo se mantenía sobre ascuas agitando su mano asombrado y moviendo los pies en su estribo, viendo a dónde vigilar y dudar de su ruina. A pesar de ello se tranquilizó, rechazó su infortunio y se calmó su ánimo.

Salió Galib de la otra lucha violenta y salió a su posición. Dijo a sus hombres:”¿Cómo veis las consecuencias de la perseverancia? Hemos roto las dos alas y queda el centro. ¡Solo le quedan vivos los que están en él a este jorobado maldito!, ¡No le protegerán y le dejarán abandonado!. ¡Combatidles con denuedo y tal vez Dios los ponga en nuestras manos por Su poder!”. Después alzó las manos y dijo: “¡Dios mío!, ¡si sabes que el que yo quede es mejor para los musulmanes y malo para ellos que quede Muhammad ben Abí ‘Amir, hazle perecer y dame la victoria sobre él!, ¡y si él es mejor que yo, dale la victoria sobre mí y hazme morir!”. La plegaria fue decidida por Dios a favor de Muhammad. Atacó Galib tras esto y se lanzó contra el centro, mezclándose entre sus filas, se levantó una gran polvareda en la que se perdió su silueta, y cayó entre los caballos. Se perdió su caballo y cayó abatido sobre sí, muerto, sin rastro de herida en su cuerpo. Dijeron que el remate del arzón de su silla andalusí -que le produjo un intenso ahogo cuando salió disparado de ella por la fuerza del golpe- le golpeó en la parte del corazón. Dijeron otras cosas, pero no se ha estado de acuerdo con la causa de su muerte hasta ahora. Pretenden algunos de sus pajes que se apartó de ellos al principio de este choque tras la plegaria, se mantuvieron aparte y pensaron que quería satisfacer una necesidad, y se sustrajo a sus miradas en un barranco. Se retrasó y le buscaron, y le encontraron caído y muerto, sin ningún movimiento, mientras su caballo mascaba la brida a su lado. Había caído ante ellos, que apartaron el rostro.

Se adelantó hasta Ibn Abí ‘Amir uno de los hombres de Galib que le anunció su muerte; pero no creyó que fuese verdad hasta que vino con su mano y en ella estaba su anillo; después vino con su cabeza. Cayó prosternado. Los musulmanes alabaron la pérdida de los politeístas, que se dieron a la fuga como pudieron corriendo en todas direcciones, sin encontrar acceso a Atienza. Cabalgaron los musulmanes a su zaga y mataron a una cantidad inmensa, entre ellos Ray Qarayu. Se salvó García, que no se volvió a su país. Pidió la hospitalidad de Ibn Abí ‘Amir en su ejército, sus ciudades y sus bienes, porque supo que Dios es todopoderoso.

La victoria de Almanzor supuso el culmen de su poder. Tras deshacerse de su suegro, alcanzó el poder supremo e incontestado en Córdoba, manteniendo en la sombra al califa Hisham II. Es ahora cuando toma el sobrenombre de al-Mansur (el Victorioso).