La instauración de una línea fronteriza en el río Duero en el 912 es vista como una amenaza por parte de los cordobeses y por ello enviarán varias incursiones: la primera en el 916, al parecer exitosa, seguida de otra en el verano del 917. En ésta los castellanos se defendieron valerosamente en el castillo de San Esteban de Gormaz, causando grandes bajas, aprovechando de las disensiones surgidas entre andalusíes y bereberes.

Cuando llegaron los refuerzos leoneses, los andalusíes se retiraron y los bereberes fueron derrotados, siendo la cabeza de su jefe Ahmad ben Abu-l-Abbad clavada en una pica junto con la de un jabalí en los muros de San Esteban de Gormaz.