Una glera es un lugar abundante en fragmentos de piedra o grava y arena. Típicamente se forman en algunos tramos de las orillas de los ríos como resultado de la acumulación de la erosión de las rocas, sobre todo durante las grandes avenidas de agua.

Y quizás una de las gleras más famosas es la Glera del río Arlanzón, en Burgos. No porque sea extensa, espectacular o llamativa. Simplemente por ser el lugar donde se ubican dos hechos de la épica medieval castellana recogidos en el Poema del Mio Cid y en la Leyenda de los Siete Infantes de Lara.

La Glera en el Cantar del Mio Cid

Cuenta el Cantar de Mío Cid que cuando Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, fue desterrado de Burgos por el rey Alfonso VI, en esa su primera jornada de destierro, los burgaleses le cerraron las puertas de sus casas y posadas, ya que el rey había prohibido cualquier tipo de ayuda bajo pena de que perdieran sus propiedades y los ojos de la cara.

Por esta razón, el Cid cruza el río Arlanzón y duerme en su orilla izquierda, en la glera, donde en el siglo XI dormían los vagabundos y leprosos.

La Glera del Arlanzón aparece en el poema épico entre los versos 50 y 61.

 Ya lo vee el Çid que del rey non auie graçia.
Partios de la puerta, por Burgos aguijaua,
Lego a Sancta Maria: luego descaualga.
Finco los ynoios, de coraçon rogaua.
La oraçion fecha luego caualgaua.
Salio por la puerta e en Arlançon posaua.
Cabo essa villa en la glera posaua,
Fincaua la tienda e luego descaualgaua.
Myo Çid Ruy Diaz, el que en buen ora çinxo espada,
Poso en la glera quando nol coge nadi en casa.
Derredor del vna buenna conpanna.
Assi poso Myo Çid commo si fuesse en montanna.
 Harto lo está viendo el Cid, que del Rey no había gracia.
Alejóse de la puerta, por Burgos se apresuraba,
llegó a Santa María, al punto descabalgaba,
hincóse de rodillas, de corazón rogaba.
Acabada la oración, luego a caballo montaba;
salió por la puerta, y el Arlanzón pasaba.
Junto a la ciudad de Burgos, en la glera acampaba,
hincaba la tienda, y al punto descabalgaba.
Mio Cid Ruy Díaz, el que en buena hora ciñó espada,
acampó en la glera, porque nadie le acoge en su casa;
en derredor de él, mucha y buena gente de armas.
Así acampó Mio Cid, cual si estuviera en montaña.

En la actualidad la orilla izquierda del río es parte integral de la ciudad, que ha crecido mucho más hacia el sur.

Por donde estaba la glera discurre un tranquilo paseo arbolado, el Espoloncillo, desde el cual se disfruta una hermosa vista del casco antiguo burgalés.

En el lugar donde se ubicaba esta glera existe un hito monumental con los versos del cantar.

Monumento de La Glera, Burgos
Monumento de La Glera, Burgos

La Glera en la Leyenda de los Siete Infantes de Lara

La glera del Arlanzón aparece también en la Leyenda de los Siete Infantes de Lara, aunque en esta ocasión no es posible saber si se refiere exactamente al mismo lugar de la margen izquierda del río.

Así lo cuenta la versión de la leyenda que nos ha llegado en la Crónica General en el capítulo 736:

Et dieron en estas bodas el conde Garçi Fernández et todos los otros altos omnes grand aver además et muchos dones. Mas una sedmana antes que las bodas se acabassen, mandó Roy Blásquez parar un tablado muy alto en la glera cerca’l río, et fizo pregonar que quienquier que l’ crebantasse que l’darie éll un don muy bueno. Los cavalleros que se preciavan por alançar fueron todos ý allegados;

Es en la glera donde se instala el tablado para ser alanceado por los caballeros durante las celebraciones por la boda de Ruy Velázquez, tío materno de los infantes, y doña Lambra.

Aquí da comienzo la Leyenda de los Siete Infantes de Lara. Es el sitio donde, a causa de la rivalidad entre Álvar Sánchez, primo de doña Lambra, y Gonzalo González, el menor de los infantes de Lara, da inicio la trágica historia de venganzas familiares que narra este épico poema.

El río Arlanzón a su paso por Burgos
El río Arlanzón a su paso por Burgos