Como no podía ser de otra manera, Salas, la localidad de procedencia de los siete infantes, tiene numerosas tradiciones con respectos a estos insignes y legendarios nobles.El primer hecho de la importancia del cantar en su historia es su propio nombre. Hasta el siglo XVI se llamaba Salas de la Hoz de Lara pero desde ese siglo ya se denomina Salas de los Infantes. Puede este cambio ocurriera tras el hecho que pasamos a relatar: el descubrimiento de sus cabezas en la iglesia parroquial.

El cantar nos cuenta que Mudarra, el hermanastro vengador de los infantes, cuando llegó a Salas se acercó a la iglesia y allí vio un arca que contenía las siete cabezas de los infantes y la de su ayo Nuño Salido. Tras llorar sobre ellos, Mudarra juró venganza y comenzó la persecución de Ruy Velázquez y doña Lambra. Los cuerpos de los siete infantes se encuentran, según la tradición, en San Millán de Suso, en La Rioja.

La arqueta con la cabezas de los Siete Infantes de Lara en Santa María de Salas de los Infantes

En la iglesia de Santa María de Salas se encuentra una arqueta con una leyenda en latín que dice:  «Nobilium Castellae procerum “Los Siete Infantes de Lara” eorumque institutoris diutissime hic pie condita octo capita servantur», es decir, «Aquí se conservan, guardadas piadosamente durante mucho tiempo, ocho cabezas de los nobles señores de Castilla, los Siete Infantes de Lara, y de su instructor». La arqueta es del año 1924 cuando tras la última exhumación de los restos, el cardenal Benlloch ordenó introducir los restos en este nuevo contenedor. Fue fabricada en Burgos y decorada con motivos históricos. Actualmente se encuentra en el mismo lugar donde se encontraron los restos, aunque en 1924 fue ampliado y reformado el hueco para albergar la nueva arqueta.

El descubrimiento de las cabezas en 1579

El 12 de diciembre de 1579 se levantó un acta notarial en el que se afirmaba que se había descubierto y abierto dicha arca en la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes, en la pared del lado del Evangelio y que era el mismo arca en el que Almanzor había enviado las cabezas. Merece la pena leer cómo cuenta el acta notarial los hechos:

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«[…] resulta que pues allí había en la Iglesia mayor de Sta. María, en la pared de la capilla, del lado del Evangelio, las cabezas de los Siete Infantes de la Hoz de la Lara y la de Gustios, su padre, y la de Mudarra González, su hijo bastardo, que por hacer tantos años que estaban allí y ser los letreros antiquísimos, dudaban algunas personas si era verdad, mandóse abrir las pinturas de ellas y armas con que estaba cubierta dicha pared, para saber lo que había dentro y enterarse de la verdad. Y dicho Gobernador, poniéndolo en ejecución mandó a un oficial que quitase una tabla pintada, que estaba inclusa en la dicha pared, la cual tiene siete cabezas de pintura antigua, al parecer de más de cien años, y encima de ellas hay siete letreros cuyos nombres dicen: “Diego González”, “Martín González”, “Suero González”, “Fernán González”, “Rodrigo González”, “Gustios González” y “Gonzalo González” y al cabo de ellas, un poco más abajo, está otra cabeza, que dice el letrero que está sobre ella, “Nuño Salido”. Y de la otra parte de arriba de las cabezas está un castillo dorado y encima pintados dos cuerpos de hombres de la cinta arriba. El letrero del uno dice “Gonzalo Gustios” y el otro “Mudarra González”, los cuales tienen cada uno en la mano medio anillo y lo están juntando. Y quitada la dicha tabla, pareció en la pared otra pintura muy antiquísima con los mismos nombres que la primera, excepto que el nombre de la cabeza que está en la parte de abajo en la primera tabla dice “Nuño Salido” y en el más antiguo “Nuño Sabido”. Y visto que dichas pinturas estaban sobre piedra y que no había ningún oficial de cantería que rompiese la pared suspendieron la diligencia.

En el día 16 de dicho mes y año de 1579 mandó el propio Gobernador a Pedro Saler, cantero, que tantease la dicha pared para saber si estaba hueca y dando golpes con un martillo donde estaban las armas (que es un castillo dorado) sonó hueco. Y quitando la pintura que estaba sobre la dicha piedra se halló otra piedra de cerca de media vara de largo y una tercia de alto que se meneaba y estaba floja. Y dicho cantero, presentes muchos vecinos de la villa, la quitó y dentro había un hueco grande, a manera de capilla, en el cual estaba un arca, clavada la cubierta con dos clavos. Y sacada la pusieron junto a las gradas del altar, donde se desclavó y pareció dentro de ella un lienzo muy delgado y sano, sin ninguna rotura, en el cual estaban envueltas las dichas cabezas, algo deshechas, desmolidas y descoyuntadas del largo tiempo, aunque las quixadas y cascos están de manera que claramente se conoció ser cabezas antiguas, que estaban en la dicha arca. Y vistas por mucha parte de los vecinos de aquella villa, y otros, el dicho gobernador mandó al oficial tornase a clavar el arca y él lo verificó con 5 o 6 clavos en la cubierta, dejando dentro las dichas cabezas y volviendo a poner el arca en la capilla y lugar donde antes estaba.»1

Hoy en día no quedan restos de las pinturas citadas en el acta notarial, aunque en el Ayuntamiento de Salas se guardan unas copias del siglo XVIII.

El reconocimiento de 1846

El 9 de octubre de 1846 se hizo un reconocimiento de los restos de los infantes. Asistieron personalidades y vecinos de Salas. En él se comprobó que el cuadro en el que estaban pintadas las cabezas había desaparecido aunque estuvo colocado sobre el muro hasta cuarenta años antes.  El acta notarial también se conserva en el Ayuntamiento de Salas y dice:

«[…] y en el medio del expresado nicho se halló una caja de madera de pino toscamente trabajada, carcomida, agujereada en la esquina derecha de su parte inferior por la polilla, con tapa sobrepuesta de lo mismo, que demostraba haber estado clavada, de una cuarta de altura, otra de anchura y cuarta y media de longitud; y descubierta por el indicado señor jefe superior político, se encontró dentro de ella algunos pedazos de cráneo humano en regular estado de conservación, y en mayor abundancia, fragmentos de los mismo, y otros pulverizados, así como varios retazos de un lienzo sumamente fino, en tal estado de descomposición, que se deshacían a la más leve presión del tacto, sin que ni en dicha caja ni en el nicho donde se encerraba se hallase ninguna otra cosa; y habiéndose tapado el agujero de la caja, se coloco ésta del mismo modo y en el mismo paraje de donde había sido extraída, y cerrado el nicho y tapiado a presencia de los concurrentes […]»

La exhumación de los restos de 1924: 950º aniversario de la fundación de Salas

Parece que el arca fue abierto en más ocasiones como el 9 de octubre de 1846. La última ocasión fue el arca se abrió por última vez en el año 1924. El 9 de julio se levantó el acta de la exhumación de los restos. Días después,  el 6 de septiembre de 1924, dentro de los actos en conmemoración por el 950º aniversario de la fundación de la villa de Salas de los Infantes, los restos fueron exhumados y procesionados por Salas con una comitiva presidida por las autoridades políticas, religiosas y militares de la provincia y escoltados por fuerzas de los Lanceros y del II ligero de Artillería de Burgos y la banda de San Marcial.

En esta ocasión, el cardenal Benlloch guardó el arca original dentro de otra más moderna que, como hemos dicho, es la que podemos contemplar hoy en día. De estos actos se conservan algunas fotografías, dos de ellas se pueden ver en la entrada del Ayuntamiento de Salas y son las que aquí reproducimos.

 Procesión de los restos exhumados de los siete infantes de Lara en Salas de los Infantes (1924)

Arca con las cabezas de los siete infantes de Lara en la procesión de 1924

Este fue el acta notarial que se levantó y que se conserva en el Archivo Municipal de Salas:

«En la villa de Salas de los Infantes a nueve de julio de de mil novecientos veinticuatro: Yo Demetrio Méndez Curiel, Notario del Ilustre Colegio e Burgos, con vecindad en Covarrubias, Distrito de Lerma, sustituto legal de la Notaría de Salas de los Infantes, me persono previo y especial requerimiento, en la iglesia parroquial de Santa María de esta villa para levantar acta de la apertura del nicho donde están sepultadas las cabezas de los llamados históricamente “Los Siete Infantes de Lara”, hijos de Gonzalo Gustios de Lara, y estando presentes las autoridades requirentes señores: párroco de dicha iglesia D. Anastasio Elices Moras, Coadjutor D. Melitón Sainz Ortiz, Juez de Primera Instancia e instrucción de este Partido D. José Spiegelberg y Horno, el Delegado Gubernativo D. Mariano Jaquetot Alcobendas, Diputado Provincial por este Distrito D. Jesús Aparicio Rica, Alcalde Constitucional de esta villa D. Julio Vivar Bengoechea, Jefe de Línea de la Guardia Civil…. (nombre borroso) D. Antonio Aristoy Santo, y Secretario del Ayuntamiento de esta villa D. Manuel Huerta de Juan; nos dirigimos al sitio designado en la copia del acta que se levantó para efectuar un registro del nicho y arca cineraria donde se hallan los cráneos de las “Siete Infantes de Lara, acta autorizada en esta villa el día nueve de octubre del año mil ochocientos cuarenta y seis (1846), por el Escribano de la misma, estando presentes entre otras personas, el Jefe Superior Político de la provincia de Burgos D. Mariano Muñoz López; procedió el albañil Juan Casado Martín, de 59 años de edad, de esta vecindad, a tirar con un pico la capa de cal que cubría las piedras de la pared que da al norte, o sea, al lado de del Evangelio, a una altura de un metro ochenta centímetros sobre el nivel del Presbiterio, y a una distancia de un metro veinticinco centímetros de la verja que cierra dicho Presbiterio, y a cincuenta y cuatro centímetros contados desde al arco que forma el nicho; sacando a mi presencia y la de los señores requirentes, una piedra de sillería de cuarenta centímetros de larga y treinta de ancha, dejando al descubierto un nicho que está formado en el remate de un arco de medio punto cuya base y demás hueco hasta aquella elevación fue rellenado al parecer hace mucho tiempo; en el centro del citado nicho se encontró una “caja de madera”, algo agujereada y carcomida por la polilla, estando caída y desclavada la tapa posterior de dicha caja, cuya anchura es de veinticinco centímetros por cuarenta de larga; sacada del nicho fue puesta junto al altar mayor, y examinado su contenido se encontró algunos trozos de cráneos humanos, bastante gruesos, en mayor abundancia fragmentos diminutos, y el resto pulverizados; así como un pedazo pequeño de madera antigua con molduras pintadas de dorado; una vez examinado su contenido procedió el Señor Párroco a rezar un responso; fue puesta en dicha caja la tabla que tenía caída siendo precintada con una cuerda, poniéndole en su remate o nudos un lacre encarnado con un sello cuyas iniciales son C L; a fin de sellarlo mejor se colocó un pequeño papel debajo de la cuerda quedando unido al lacre, fue envuelta después en un lienzo blanco, atándolo de nuevo con otra cuerda; una vez hecho esto se colocó interiormente en un arca de madera que existe en la Sacristía de dicha iglesia, se hizo cargo el Sr. Cura Párroco D. Atanasio Elices. Y no teniendo más que hacer constar se dio por terminado el acto».

Este acta la he recogido del blog Memorias de Burgos, de Elías Rubio Marcos (http://arqytrad.blogspot.com.es).

Las cabezas y Salas

El impacto del supuesto descubrimiento de las cabezas en Salas fue enorme. la consecuencia más visible, ya apuntada, fue el cambio de su propio nombre pasando a denominarse desde ese momento Salas de los Infantes. Además su escudo también es reflejo de esta historia pues trata, de algún modo, de representar la pintura que cubría la arqueta en el siglo XVI, pues aparecen Gonzalo Gustios y Mudarra González, en cuerpo de cintura para arriba, juntado las mitades del anillo y una bordura de oro con las cabezas de los siete infantes.

Escudo de Salas de los Infantes

 1. Extraído de una nota de Ángel de Saavedra (1791-1865), duque de Rivas, en su obra El moro expósito o Córdoba y Burgos en el siglo décimo. Leyenda en doce romances de 1834. Reeditado por Ed. Maxtor en 2001, pág. 427.

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