En la versión de la leyenda de los Siete Infantes de Lara que nos ha transmitido la Crónica de 1344 se nos cuenta, con gran detalle, la venganza que Mudarra, el hijo que Gonzalo Gustios tuvo con una princesa cordobesa, lleva a cabo en Castilla contra el asesino de sus hermanastros. En concreto narra cómo Mudarra se encontró con Rodrigo Velázquez en la zona entre Coruña del Conde y el cañón del río Lobos. Así nos los cuenta:

“[…] e quando don Mudarra llego a Aranda, el traydor era en Coruña, que la tenia en grant onrra como suya, e los que y moraban como suyos; e aluergo y esa noche, e madrugo quando cantauan los gallos, e fuese agua de Espeja açima; e quando fue mañana, yua catando la rribera con su açor muy bueno que traya, e ante que llegase a Espeja, fallo una garça muy brava, e lançole el açor de muy lueñe, e el açor no la pudo alcançar, e rodeola a tan alto que lo perdieron de vista. E Ruy Vasques fue por esto muy sañudo; e començo de lo buscar, con sus tresientos cavalleros que traya, por toda parte. E ellos asy buscando su açor, vieron venir a don Mudarra con mill cavalleros que traya con sigo; e los atalayas que Ruy Vasques traya vieron venir a don Mudarra e fueronse para el y dixeronle: señor, afevos aqui viene don Mudarra con muy grandes compañas. E aquel lugar do le esto dixeron avia nombre Val de Espeja, e dijo estonçe Ruy Vasques qure alli los esperaria; e porque los espero alli, ovo nombre de alli adelante Val de Espera, e asy lo ha oy dia”.

Es en el Valle del Espeja donde Mudarra se encuentra con Mudarra. El río Espeja nace en las cercanías de la localidad soriana de Espeja de San Marcelino y desembocada en el río Arandilla pocos kilómetros antes de que este cruce la localidad de Coruña del Conde. La leyenda sitúa el encuentro precisamente en la cabecera del río Espeja.

Tras el encuentro, Mudarra y Ruy Velázquez acuerdan enfrentarse en combate singular. Ruy Velázquez acabó siendo herido por un lanzazo de Mudarra. Atendiendo a su padre, Mudarra no remató al herido. Lo cargó en una acémila y lo llevó hasta Vilviestre del Pinar, un dominio de Ruy Velázquez. Allí mandó llamar a doña Sancha, la madre de los infantes y hermana de Ruy Velázquez para que viera a su hermano. Ésta vino desde Salas pues había soñado que bebería la sangre de su traidor hermano. Una vez que llegó doña Sancha, Mudarra y sus acompañantes comenzaron a decidir qué hacían con el reo.

Montaron un tablado y allí colgaron de pies y manos a Ruy Velázquez. A continuación, invitó a todos los familiares de los soldados muertos por la traición que lanzaran piedras contra él. Y tantas le lanzaron que acabó completamente despedazado y cubierto de piedras.

 

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