Cuentan acerca de la localidad jienense de Segura de la Sierra una curiosa leyenda cuyo protagonista es Mudarra González, el hijo que el padre de los siete Infantes de Lara tendrá en Córdoba con una pariente de Almanzor y quien luego vengará a sus hermanos. La historia es recogida en el Boletín de Estudios Giennenses nº 67 del año 1971 (págs. 55-60) por Genaro Navarro López, aunque su origen se encuentra en la descripción que de la localidad de Segura de la Sierra se hace en las Relaciones topográficas de los pueblos de España ordenadas por Felipe II en el año 1575. Así narra la leyenda:

«El sobrino del rey de Córdoba, que era hijo del padre de los siete Infantes de Lara, que lo había habido en una hermana del rey de Córdoba estando cautivo, estando jugando a las tablas en la dicha ciudad con el rey moro de Sigura, el rey le dijo El Mudarra, hijo de ninguno, e por esto con el tablero le dio en la cabeza de que murió y el Mudarra fué luego a su madre y le puso la espada a los pechos diciéndole que si no le decía quien era su padre, que la había de matar, y su madre respondió que su padre era el padre de los siete Infantes de Lara, que estando cautivo se había hecho en cinta de él. Y el rey de Córdoba le dió trescientos cautivos a caballo y con esto se salió de Córdoba y fue a Sala de Bureba, que era heredad del dicho Gonzalo Bustos de Lara, que así se llamaba el padre de los siete Infantes de Lara, y allí le recibieron él y Dª Sancha su mujer, la cual le metió por una manga de la suya y le sacó por otra manga, con que mostró hacerle por legítimo. Este vengó la muerte de los siete Infantes de Lara, bautizáronlo en Burgos y fue su padrino el Conde Fernán González.»

El episodio, como se ve, aporta hechos que no aparecen en las primeras redacciones de la leyenda. Y, en algunos casos, incorrecciones como identificar Salas (de los Infantes) con la localidad de Salas de Bureba o situar la historia en época de Fernán González cuando las primeras versiones coinciden en situar el hecho más tarde, en época del conde García Fernández.

El episodio de la partida de ajedrez entre Mudarra y el rey de Segura fue luego tomado por otros autores y se escribieron romances donde se abunda en detalles de cómo Mudarra conoció su identidad. Este es un ejemplo, de autor anónimo, recogido en el Romancero de romances caballerescos é históricos anteriores al siglo XVIII de Agustín Durán:

Sentados a un ajedrez
Despacio su juego entablan
Aliatar, rey de Segura,
Y el gran bastardo Mudarra,
Delante del rey Almanzor
Y en presencia de Axa,
Mora, que sirve Aliatar,
De mucho donaire y gracia.
Discurriendo van por lances,
Juegan con destreza y maña,
Que pierde mucho el que pierde
Y gana mucho el que gana.
El rey moro, que los ojos
Tiene puestos en quien ama,
Tocó una pieza por otra
Jugando una treta falsa;
Mudarra, que no conoce
Del rey la mano turbada,
Ni si por ver a su mora
Vino a jugar o jugaba,
A una parte echó la silla;
Las piezas todas baraja,
Y dando mano al tablero
En pie se pone y levanta,
Diciendo: -Tráteme bien
Quien a su juego me llama;
Que aunque no soy rey, la injuria
Con quien me injuria me iguala.-
Aliatar se espantó de esto,
Y de Mudarra se agravia:
Llámale bajo y espurio,
Hijo de ninguno, y nada.
A sus razones replica
Mudarra, no con palabras,
Mas levantó para el rey
Juntos ajedrez y tabla,
Con que sin reparo alguno
De muerte le descalabra

 

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