[s. IX] Esclava y concubina favorita del emir ʿAbd al-Raḥmān II de Córdoba

Se desconoce el origen y el nombre real de esta esclava que durante la primera mitad del siglo IX se convirtió en la concubina preferida del emir ʿAbd al-Raḥmān II de Córdoba. El nombre de Ṭarūb significa embeleso y logró, frente a la dura competencia de otras concubinas, ser la destacada en el harén.

Era tal la pasión que el emir cordobés sentía por ella que así ha quedado reflejado en numerosas crónicas hispano-musulmanas además de ser protagonista de varias anécdotas. Dice Ibn Hayyan en su Muqtabis:

Es conocida entre la gente la fama del dominio de Ṭarūb sobre el corazón del emir ʿAbd al-Raḥmān y cómo le tenía cautivado. Sobre ello se ha dicho:

No empieza para mí el sol del día
hasta la entrada de mi recuerdo, Tarub
soy el hijo de los dos Hisham de Gálib
que enciendo y extingo guerras

Incluso llegó a abandonar una incursión contra Yilliqiya, nombrando a su hijo al-Hakam general y volviendo a Córdoba para verla tras hablarlo con el astrólogo y poeta Ibn al-Šamir.

Cuentan también que una vez Ṭarūb se enfadó con él y se negó a verse con él. El emir, angustiado, intentó congraciarse con ella sin éxito, pues Ṭarūb le cerraba la puerta y se negaba a hablar con él. Los eunucos del harén dijeron al emir que ellos podrían forzar la puerta y obligar a la concubina a salir. Pero el emir se negó a ello y les ordenó tapiar la puerta por el exterior con bolsas de dinero, lo cual hicieron diligentemente hasta cubrir la puerta por completo. Una vez hecho esto, ʿAbd al-Raḥmān II se acercó a la puerto y la habló, pidiendo que reconsiderara su postura, prometiéndole que serían suyas todas las bolsas de dinero que cerraban la puerta. Finalmente, Ṭarūb aceptó y al abrir la puerta se desparramaron por la habitación las joyas, ante lo cual, la esclava se arrodilló a los pies del emir y los besó. Todo ese dinero quedó en su poder, un total de 100 bolsas de 50.000 dinares cada una.

Es posible que también fuera ella la destinataria de un valiosísimo collar de piedras preciosas valorado en diez mil dinares conocido como al-Tuban (El Dragón) y que procedía de los califas abassíes, algo que disgustó a los visires del emir que le dijeron que era una joya demasiado preciosa para ella. Pero Abd al-Rahman les dijo que:

La que ha de vestir es más preciosa que ella en valor, de mayor rango, de más preciosa naturaleza. Si brilla con estos guijarros su rostro, y es gracioso a los ojos su brillo, también creó Dios entre las formas de los hombres joyas que ciegan las miradas y pierden a los corazones. ¿Acaso hay en la tierra, entre sus joyas ilustres, sus sublimes esplendores, los placeres de sus delicias y la seducción de sus hermosuras, algo más alegre a los ojos y tal conjunto de perfecciones como un rostro en el que Dios acumuló sus dones y al que dotó de todos los atractivos de la belleza?

Se sabe que Ṭarūb levantó una mezquita en el centro del arrabal occidental de la ciudad de Córdoba. Y también motivó un cambió en la jurisprudencia de las herencias. Ṭarūb, antes de tener a su hijo ʿAbd Allāh, fue madre de varias niñas. Rompiendo las reglas, logró establecer una especie de herencia para ellas, en el caso de que no lograran tener un hermano de madre. Para implantar esta normativa, que se haría extensible a otras mujeres del harén, fue capaz de reunir a jueces y jurisconsultos.

Ṭarūb, el eunuco Naṣr y el intento de asesinato de ʿAbd al-Raḥmān II

El principal afán de Ṭarūb era anteponer a su hijo ʿAbd Allāh al primogénito Muḥammad, elegido ya sucesor por su padre. Contaba en la empresa con el apoyo del eunuco Naṣr, el lugarteniente del emir. Así nos lo cuenta Ibn Hayyan en su Muqtabis II:

Fue Naṣr el Eunuco audaz, adelantado, despierto e inteligente; se ganó el corazón de su señor, el emir ‘Abd al-Rahman b al-Hakam, y venció en el empeño de conseguir una posición a su lado dedicándose exclusivamente a su favorita Ṭarūb, madre de ʿAbd Allāh, que ejercía el dominio sobre él de entre todas su mujeres. Se puso de su parte, y le ofreció su colaboración junto con la de los que trabajan para él, para conseguir anteponer a su hijo ʿAbd Allāh en el poder después de su padre, el Emir, contra todos los mayores preponderantes de sus hijos, cuando llegase su hora. Pagó la Señora su refuerzo, le fue fiel, se hizo mayor su influencia y quedó el poder de ʿAbd al-Raḥmān en sus manos, usándolo como quiso, y sin devolver ese poder. Fue patente su esfuerzo al final en público y en privado, por la exaltación de ʿAbd Allāh, el hijo de su señora Ṭarūb, y la alabanza de su fama, … de las clases de la gente con el deseo y el temor hacia él, y el trabajo para conseguir traspasar la sucesión de su hermano Muhammad, primogénito de los hijos de su padre, el emir ‘Abd al-Rahman, y el preferido de ellos, al necio hijo de Ṭarūb, y su tutela por él. Se dispuso a ello y lo emprendió en todos los campos, dejando apartada a la justicia por este motivo

La cuestión es que, entre los dos, idearon un plan para envenenar al emir y poner a ʿAbd Allāh en su lugar. Naṣr pidió un veneno al médico Yūnus ben Aḥmad al-Harrani. Pero éste insinuó a otra concubina, llamada Fayr o Fajr, lo que iba a pasar. El eunuco fue descubierto, obligado a tomar su propia pócima y retenido ante el emir hasta los primeros estertores de su muerte. Era el año 236H (850/851).

La esclava logró salir indemne de aquel trance. Nada más se sabe de las hijas ni del hijo de Ṭarūb; tampoco de su suerte al morir Abderramán.