[s. XI] Astrónomo y astrólogo. Su nombre completo era Abū Marwān ʿUbayd Allāh/ʿAbd Allāh b. Jalaf al-Istiŷī.

Su gentilicio, al-Istiŷī, nos indica que su linaje estuvo relacionado con Écija (Sevilla). Residió en Toledo, donde formó parte de los astrónomos liderados por Saʿīd al-Andalusī, así como en Cuenca.

Esto es lo que este autor nos cuenta sobre ʿAbd Allāh b. Jalaf en su Libro de las categorías de las naciones, escrito en el 1068:

En nuestros días hay individuos jóvenes que sobresalen en el estudio de la filosofía, dotados de seguro entendimiento y propósitos elevados, que han adquirido conocimiento de la mayoría de sus partes. Entre los que de ellos moran en Toledo y sus distritos están: […] ‘Abd Allah b. Jalaf al-Istiŷī […]

Entre los jóvenes [astrólogos] de nuestro tiempo está Abū Marwān ʿAbd Allāh b. Jalaf al-Istiŷī, uno de los que han estudiado a fondo la astrología, de los que han leído las obras de los antiguos y de los modernos relativas a ello. No conozco a nadie en al-Andalus, en nuestro tiempo ni antes, que sepa [acerca] de los secretos de este arte y de sus maravillas lo que él sabe de ello. Tiene sobre las direcciones y las proyecciones de los rayos [de luz], y sobre la demostración de ciertos principios de esta ciencia, un opúsculo excelente, como nadie antes que él había escrito de ello. Me envió [dicho opúsculo] desde la ciudad de Cuenca.

En algún momento posterior de su vida se ocupó de asuntos distintos a los científicos ya que al-Baqqar de Fez se refiere a él como «el visir al-Istiŷī» lo que hace suponer que al-Istiŷī llegó a desempeñar tareas de gobierno, seguramente en la taifa de Toledo.

Obras de ʿAbd Allāh b. Jalaf al-Istiŷī

Dejando a parte la falsa atribución de El libro de las cruces, se conservan dos obras de ʿAbd Allāh b. Jalaf al-Istiŷī.

En Cuenca probablemente concluyó, no más tarde del 1068, su obra astrológica Risāla fī l-tasyīrāt wa-maṭāriḥ al-šuʿāʿāt o Tratado sobre prorrogaciones y proyecciones de rayos. La proyección de rayos buscaba conocer la influencia de un planeta en una zona de la eclíptica distinta del grado que ocupaba. Se realizaba mediante las distancias de los aspectos astrológicos de tal forma que la proyección del rayo del planeta caía en otro punto si este último se encontraba a una distancia de 60 (aspecto sextil), 90 (aspecto cuadratura), 120 (aspecto trino) y 180 grados (aspecto oposición) de la posición del planeta.

Esta técnica dio lugar a numerosos métodos con diferencias notables tanto por el círculo celeste escogido para la proyección, que podía ser el ecuador o la eclíptica, como por la mayor o menor complejidad en su formulación que variaba en la inclusión de círculos y coordenadas celestes.

Como sabemos, la posición de un cuerpo celeste se determina en base a dos coordenadas: su longitud y su latitud. En su Kitab al-adwar fi tasyir al-anwar (Libro de los ciclos para la prorrogación de los elementos celestes), al-Baqqar de Fez demuestra que, en el método de proyección de rayos sobre la eclíptica, la latitud del planeta es un valor despreciable ya que no afecta significativamente a las distancias de los aspectos astrológicos: por ejemplo, en caso de que la latitud del planeta fuera máxima, la distancia del aspecto sextil sería de 59,35 grados que, como se observa, supone una escasa diferencia respecto a 60 grados, la distancia fijada del aspecto.

Al-Baqqar refiere la opinión de al-Istiŷī en la que muestra su incomprensión sobre el cúmulo de operaciones artificiales que requiere la proyección de rayos sobre el ecuador. Este juicio tiene que ver con el hecho de que las influencias
celestes se observan en el círculo del zodiaco o círculo de la eclíptica, por lo que la proyección realizada en la eclíptica salvaba el problema de traspasar el punto en el que caía la proyección de un círculo celeste a otro, algo que era necesario si la proyección se realizaba en el ecuador. La proyección de rayos sobre la eclíptica obtenía resultados correctos prescindiendo de la latitud del planeta y de utilizar círculos celestes diferentes al de la eclíptica.

Sin embargo, no parece que su simplicidad fuera del agrado de todos los astrólogos porque, para defender este método, al-Baqqar no se contentó con probar mediante una tabla la insignificancia de la latitud del planeta, sino que creyó necesario añadir la opinión de al-Istiŷī, contraponiéndola a la práctica de Ibn Mu’adh de Jaén, quien realizó la proyección sobre el ecuador.

Otra de sus obras astronómicas es Risālat al-iqbāl wa-l-idbār, escrita en torno al 1050, en el que propone un modelo propio para explicar la trepidación, es decir, la relación entre el descenso de la oblicuidad de la eclíptica y los cambios aparentes en la velocidad de precesión en el transcurso de los años.


Bibliografía

  • Julio Samsó (2004). «Ibn Jalaf al-Istiyi, Abu Marwan», en Jorge Lirola Delgado y José Miguel Puerta Vílchez (ed.). Enciclopedia de la cultura andalusí: biblioteca de al-Ándalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes, vol. 3, pp. 565-568;
  • Julio Samsó y Hamid Berrani (2005). «The Epistle on Tasyir and the projection of rays by Abu Marwan al-Istiji», Suhayl: Journal for the History of the Exact and Natural Sciences in Islamic Civilisation, 5, pp. 163-242 (véanse pp. 163-168)