‘Abd al-Wahīd ben Ishaq al-Dabbī [¿Algeciras?, a. 788 / Tortosa, d. 852)]

Astrólogo y astrónomo de Hisham I, al-Hakam I, ‘Abd al-Rahmán II y Muhammad I

 

Los emires y califas andalusíes casi desde el principio utilizaron los servicios de astrólogos que les guiaban en la elección de los momentos más propicios para actuar. Los astrólogos por lo general se encontraban en la corte y estaban a sueldo. En esta época medieval astrología y astronomía se confundían. Los astrólogos tenían sólidos conocimientos matemáticos y astronómicos: hacían cálculos, compilaban tablas astronómicas… todo ello para poder ofrecer la predicción más fidedigna a sus soberanos.

El primer astrólogo que se cita en al-Andalus es ‘Abd al-Wahīd ben Ishaq al-Dabbī y lo único que se conoce de él es lo que cuentan brevemente Ibn Hayyan en su al-Muqtabis, Ibn al-Qutiyya y al-Maqqarī. Posiblemente fue el introductor de la astrología en la corte omeya cordobesa. Ibn Hayyan hace la siguiente semblanza de él:

Fue muy íntimo de nuestros califas marwaníes en al-Andalus, confidente suyo en cuestiones astrológicas, saliendo victorioso ante ellos mediante intuiciones que le permitían extraer verdades ocultas y coincidencias certeras en sus juicios

 

al-Dabbī predice el corto reinado de Hisham I

Parece ser que Hisham obligó a al-Dabbī a acudir a su presencia inmediatamente después de su proclamación como emir en Córdoba (788). El astrólogo residía en Algeciras y acudió rápidamente a la llamada del emir. Hisham pretendía conocer el vaticinio acerca de su reinado sin que se pusiera en peligro la ortodoxia religiosa. Así, el emir comienza afirmando que, pese a las preguntas que está realizando, él no cree en las respuestas del astrólogo pues solo Dios puede tener el conocimiento exclusivo. Aún así, al-Dabbī pronostica que el reinado de Hisham será afortunado pero que solo durará ocho años. ¡Acertó de pleno! Hisham I falleció en el 796.

Ibn Hayyan cita brevemente este suceso:

El es de quien se afirma que pronosticó al emir Hisham ben ‘Abd al-Rahman la breve duración [de su vida] cuando éste le preguntó sobre el tema a partir de los indicios de que disponía. lo acertado de su predicción en esta materia fue lo que llevó a sus descendientes a relacionarse con este ‘Abd al-Wahid, a mantenerlo próximo al palacio y a aprender de sus conocimientos.

 

Más novelada es la versión de esta predicción que nos ha dejado Ibn al-Qutiyya:

Cuentan que, cuando Hisham subió al trono, envió a buscar al astrólogo al-Dabbī en Algeciras y le dijo:

— No dudo de que te has interesado por mí desde que te llegó la noticia [de mi acceso al poder]. Por Dios te conjuro para que me digas qué es lo que opinas.

— Soy yo quien te conjura, por Dios, para que me dispenses de esta [obligación] — respondió al-Dabbī.

[El emir, entonces,] le dispensó. Cuando hubieron transcurrido unos días, le forzó a manifestarse. Dicen que le pasó algo por la cabeza y le hizo comparecer. Le dijo.

— Por Dios que no creo que sea verdad esto que te pregunto, pero deseo escucharlo. Ojalá que puedas explicarme lo que se me oculta. Te garantizo tu seguridad, te compensaré, te daré un vestido honorífico y te ofreceré regalos, tal como ya he hecho, si me desvelas mi secreto.

Al-Dabbī le respondió:

—De seis a siete [años].

[El emir] se quedó cabizbajo durante un rato; luego levantó la cabeza y dijo:

— Serán años fáciles si se dedican a adorar a Dios.

Le dio un vestido y regalos y le envió de vuelta a su tierra. Abandonó la vida mundana y se dedicó a prepararse para la otra vida, Dios tenga piedad de él.

Y la versión de al-Maqqarī es la más descriptiva de las tres:

Cuando Hisham subió al trono hizo venir al famoso astrólogo al-Dabbī desde su tierra en Algeciras hasta Córdoba. Era, gracias a su habilidad y acierto, el Ptolomeo de su tiempo en astrología y en el conocimiento del movimiento de los cuerpos celestes. Cuando llegó, [el emir] se quedó a solas con él y le dijo:

—No dudo, Dabbī, de que te has interesado ya por mí cuando te ha llegado la noticia de algo que no se ve dos veces. Por Dios te conjuro para que me hagas una predicción, de acuerdo con las conclusiones a que hayas llegado.

Al-Dabbī titubeó y dijo:

— Dispénsame, emir, ya que solo he empezado a ocuparme del tema y aún no lo he verificado, dada su importancia.

— Te doy un plazo para esto — respondió el emir—. Dedícate exclusivamente a estudiar aquello que aún no has considerado.

Al cabo de unos días le hizo comparecer de nuevo y le dijo:

—Lo que te pregunté me interesa mucho aunque, por Dios, no confío en que lo que me digas sea la verdad ya que pertenece al ámbito de lo oculto que Dios se reserva para sí mismo. no obstante, deseo escuchar lo que tengas que decirme.

[El emir] respiraba con dificultad y le obligó a elegir entere una recompensa o un castigo.

—Emir —respondió [al-Dabbī]—, has de saber que tu reinado será estable, afortunado y victorioso sobre tus enemigos, aunque los indicios de que dispongo señalan que su duración será, aproximadamente, de ocho años.

[El emir] quedó cabizbajo durante un rato. Luego levantó la cabeza y dijo:

— Lo que temo, Dabbī, es que a través de tu boca me haya llegado un aviso [divino]. Por Dios, aunque dedicara todos estos años a adorarle, serían escasos para este propósito.

Le dio regalos y un vestido. Llevó [, a partir de entonces,] una vida ascética y dedicada a hacer buenas obras.

 

al-Dabbī en la corte de al-Hakam I (796-822)

Parece que al-Dabbī siguió con esta faceta de astrólogo de la corte de al-Hakam I, hijo y sucesor de Hisham I. Se sabe porque en un texto del astrólogo magrebí Muhammad ben Alí al-Baqqar (s. XV) conserva treinta y nueve versos de una urŷūza o poesía astronómica de al-Dabbī para predecir los acontecimientos atmosféricos y las vicisitudes de los monarcas de acuerdo el sistema de predicción de las cruces (ahkam al-sulub).

Según Juan Vernet y Julio Samsó, estos versos suponen la versión más antigua del Libro de las Cruzes (traducido en época de Alfonso X a partir de una re-elaboración del siglo XI), en un momento en el que aún no se han recibido influencias de la astrología oriental en Al-Andalus. La sabiduría del Libro de las Cruzes parece tener un sustrato hispano, bien de época visigoda o bien anterior. Se usaba también en el norte de África. Las predicciones se basan en la presencia de los planetas Júpiter y Saturno en determinadas posiciones dentro de los signos zodiacales.

La archuza o urŷūza atribuida a al-Dabbī es una versificación de la que aparece en el capítulo 57 del Libro de las Cruzes. Este el final de la misma:

 

1. Si ves que su fuerza está en los signos de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis) [puedes pronosticar que] el año carecerá de vegetación.

Luego se verá abundante circulación de agua en virtud del poder de tu Señor el Generoso.

En las montañas habrá enfermedad en los cultivos, frutos y ganado.

El reino y la alabanza corresponden al Señor de la gente, Creador de todas las especies que desea.

5. Si ves que su fuerza está en signos de tierra (Tauro, Virgo, Capricornio), puedes predecir un año lleno de verdor.

Habrá fertilidad en las llanuras y tierras áridas, así como en ciudades y valles. E incluso en arenales y desiertos y en todas las estepas de extensos límites.

Su buena fortuna no afectará, en cambio, a las frutas y en todo el año habrá indisposiciones y melancolía.

Gloria a Aquel que permite la curación del pecador enfermo y fornicador.

 

al-Dabbī en la corte de ‘Abd al Rahman II (822-852) y Muhammad I (852-886)

Parece que al-Dabbī fue longevo ya que aún aparece con vida en el gobierno de ‘Abd al-Rahman II, hijo y sucesor de al-Hakam I y gran benefactor e impulsor de la astrología; y murió ya muy anciano durante el gobierno de Muhammad I. Según al-Muqtabis de Ibn Hayyan:

Su mayor benefactor y el más duradero fue su sucesor [de estos monarcas] el emir Muhammad ben ‘Abd al-Rahman ben al-hakam ben Hisham quien aproximó a este insensato al grupo de sus íntimos, le llenó de beneficios, le aproximó a su propio palacio y se apoyó en él en sus consultas. Cuando [al-Dabbī] hubo ascendido a la cumbre de la influencia y de la privanza, sucedió que el emir le censuró por uno de sus secretos ocultos que había revelado. por este motivo salió corriendo y su espantada hizo que no pudiera librarse de los caminos [que para él había trazado] su destino, que motivaron que el emir se encolerizara con él y derramara su sangre.

 

Caída en desgracia y ejecución de al-Dabbī

Así pues la larga vida de al-Dabbī concluye de forma violenta por orden del emir Muhammad I. ¿Qué es lo que ocurrió exactamente? Es el propio Ibn Hayyan quien narra de forma pormenorizada los últimos días de al-Dabbī, añadiendo además incluso detalles sobrenaturales o mágicos:

Leí en el libro del qadí Abu-l-Walid ben al-Faradi acerca de los varones [ilustres] los siguiente:

El astrólogo al-Dabbī, famoso en al-Andalus, se llamaba ‘Abd al-Wahid ben Ishaq y era un astrólogo hábil, preciso en sus predicciones, que acertaba en sus deducciones, autor de pronósticos [astrológicos]. Compuso la urŷūza bien conocida sobre astrología. Se decía de él que raras veces se equivocaba en un pronóstico astrológico. Estuvo al servicio del emir Muhammad ben ‘Abd al-Rahmán formando parte del círculo de sus íntimos durante un tiempo.

El emir Muhammad era el más celoso de los monarcas en lo relativo a sus propios secretos, mientras que este astrólogo suyo se mostraba extraordinariamente generoso con ellos y siempre divulgaba sus pronósticos relativos a cuestiones secretas relacionadas con él [emir], vanagloriándose de su ciencia, y los difundía entre las gentes. El emir Muhammad le amenazó por esta razón pero la cosa no terminó hasta que le sucedió al emir Muhammad, cierta noche dentro de su palacio, una anécdota que al-Dabbī utilizó como prueba de la exactitud de su pronóstico y, al llegar la mañana, se la explicó [a alguien] de manera abierta y detallada.

Aumentó por ello la cólera que el emir Muhammad sentía contra él y decidió alejarle de su lado y librarse de él. Ordenó someterle a vigilancia y acelerar su marcha hacia Tortosa, en el extremo oriental de al-Andalus y la orden se cumplió. Dicen que mientras iba por el camino, de noche, acompañado por su guardián, pasaron junto a un rebaño de ovejas y el guardián se apoderó de una, para comérsela. Entonces el pastor se puso a gritar y acudieron con armas los habitantes de la aldea. Al-Dabbī hizo una señal al muchacho que estaba junto al guardián y la cabeza del joven salió volando, separándose de su cuerpo. Cuando las gentes de la aldea vieron [que la cabeza] caía en el suelo se asustaron y emprendieron la huida. Entonces al-Dabbī le dijo al guardián: “Coge ahora lo que quieras y vete sin miedo”. El guardián lo llevó a Tortosa y lo encarceló allí.

 

Una vez en Tortosa, parece que el gobernador de la ciudad se apiadó de al-Dabbī. Pero el propio al-Dabbī había asumido su muerte: un suceso extraordinario hizo que no pudiera escapar de Tortosa a pesar de la ayuda del gobernador y, finalmente, tal y como había predicho, al-Dabbī fue ejecutado. Así lo cuenta Ibn Hayyan:

Mencionó Muhammad ben Hafs, tomándolo de Abu ‘Umar ben ‘Abd Rabbini, [quién a su vez lo tomó] de Ibn ‘Adra, colega de al-Dabbī, lo siguiente: cuando al-Dabbī compareció ante el gobernador de Tortosa y siguió viéndole, éste temió por él, consideró que no merecía la muerte y sintió deseos de salvarle. al-Dabbī, por su parte, alejaba [de su mente esta posibilidad] y consideraba que él no podía salvarse del emir Muhammad y que ya había llegado el momento de su muerte sin que tuviera escapatoria posible. [Por ello] le dijo [al gobernador]:

—Te llegará un mensajero castrado a lomos de un caballo de tal color [trayendo la orden de matarme]. Más tarde un jinete entero, montado en un caballo de tal color, te traerá un mensaje con mi indulto, pero encontrará que es demasiado tarde para mí.

El gobernador le respondió:

—Cuando me llegue la orden de matarte, se producirá un retraso [en la ejecución de la sentencia] hasta que me llegue tu perdón.

—Aunque te retrasaras un año —afirmó al-Dabbī— no te llegaría [mi indulto], mientras que sí te llegará cuando me mates.

—Tienes un mar ante tí —respondió [el gobernador]—, embárcate ahora y sálvate. Viaja por las tierras que están al otro lado. Yo me excusaré de haber participado en tu huida y me jugaré la vida.

al-Dabbī argumentó entonces:

—Esto no me sacará del apuro y ya comprenderás lo que te digo.

El gobernador le ofreció, entonces, en secreto, un barco completamente armado y le hizo embarcar, pero cuando se encontró en alta mar, el viento se calmó y el barco quedó inmóvil durante un mes. Llegó entonces el jinete castrado que [al-Dabbī] había anunciado, con un mensaje del emir al gobernador en el que le ordenaba matar a al-Dabbī. El gobernador se vio obligado, entonces, a cumplir esta orden: sacó a al-Dabbī de aquel barco, que había creído que le salvaría, y ordenó ejecutarlo. Apenas hubo transcurrido una hora cuando llegó, a la zaga [del primer mensajero], el jinete entero con el perdón para al-Dabbī, cunado ya era tarde, lo que le produjo una gran pena.

 


Bibliografía

  • Samso Moya, Julio: Sobre el astrólogo ‘Abd al-Wahid b. Ishaq al-Dabbi (fl. c.788-c.852), Anaquel de estudios árabes, ISSN 1130-3964, Nº 12, 2001, págs. 657-670.
  • Samsó Moya, Julio: Alfonso X y los orígenes de la astrología hispánica. Discurso leído el día 2 de abril de 1981, contestación de Joan Vernet i Ginés. Real Acadèmia de Bones lletres, Ed. Marcial Pons, 2004, Barcelona.
  • Samsó Moya, Julio: Astrometeorología y astrología medievales, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2008.