[¿? – d. 935]

Hijo de Ishaq, un médico cristiano célebre por su experiencia y habilidad en época del emir ʿAbd Allāh. Aunque nacido cristiano, Yaḥyà se convirtió al Islam en algún momento de su vida. Según el Libro de las Categorías de las Naciones:

[…] era inteligente y entendido en los remedios que elaboraba por su mano.[…] Compuso pandectas que reunió en cinco volúmenes en los que siguió el sistema médico de los cristianos

Y según Ibn Yulyul, historiador cordobés del siglo X, en su Libro de las generaciones de médicos:

Fue un hombre notable, sabio y hábil médico. Vivió en los comienzos del gobierno de al-Nasir, quien le nombró visir, valí y gobernador. Fue gobernador de Badajoz por algún tiempo. El emir de los creyentes lo mantuvo en alta estima y le garantizó una posición de confianza, al cargo de sus mujeres y el harén.

Kitab tabaqat al-azibba wa-l-hukama, trad. de J. Vernet en Los médicos andaluces en el ‘Libro de las generaciones de médicos’ de Ibn Yulyul, en Estudios sobre Historia de la Ciencia medieval, Barcelona, Bellaterra, 1979, p. 456.

Yaḥyà ben Ishaq contó con la confianza y la amistad de ʿAbd al-Raḥmān III pues lo nombró su visir a comienzos de su reinado (912). También tuvo el cargo de gobernador de varias provincias (wilayat).

Su labor como médico

En esta época, antes de la expansión de los métodos de la medicina de Oriente Próximo, era común que los médicos de al-Ándalus, en su gran mayoría cristianos, realizaran pandectas o compilaciones de remedios médicos.

Yaḥyà siguió en esto la tradición paterna aún cuando, por esos tiempos, otros como Aḥmad ben Iyas, seguramente de la mano del médico al-Harrani, ya practicaban los nuevos procedimientos orientales desde época de Muḥammad I.

Relativo a su labor combinada como médico, Ibn Yulyul recogió un curioso caso de bestialismo:

[…] en aquel momento se acercó un campesino montado sobre su asno y dando grandes gritos […] Yaḥyà ben Ishaq preguntó al campesino ¿Qué te sucede? Le replicó:¡Oh visir! Tengo un tumor en la uretra que me oprime y me impide orinar desde hace muchos días. Estoy a punto de morir. Le ordenó: ¡Enséñamelo! El paciente le mostró el pene tumefacto. El médico dijo al hombre que acompañaba al paciente: ¡Búscame una piedra plana¡ Fue a por ella y la entregó al visir. Este siguió: ¡Cógela con la mano y pon encima el pene! Quien me lo contaba añadió: Una vez estuvo el pene encima de la piedra, el visir cerró la mano y dio un puñetazo en el pene. El paciente se desmayó y al cabo de un momento empezó a fluir el pus con rapidez […] la orina salió después. El hombre abrió los ojos. El médico le dijo: ¡Vete! Estás curado de tu dolencia, pero nunca vuelvas pues eres un hombre corrompido: has cohabitado en el ano de un animal y casualmente has encontrado un grano de su pienso que se ha incrustado en la uretra y ha causado la inflamación. Ya ha salido con el pus. El hombre exclamó: ¡Es cierto! Así fue y así lo hice, y confesó.

Kitab tabaqat al-azibba wa-l-hukama, trad. de J. Vernet en Los médicos andaluces en el ‘Libro de las generaciones de médicos’ de Ibn Yulyul, en Estudios sobre Historia de la Ciencia medieval, Barcelona, Bellaterra, 1979, pp. 456-457.

Otra anécdota, registrada también por Ibn Yulyul, nos narra su actuación ante un intenso dolor de oídos de ʿAbd al-Raḥmān III mientras Yaḥyà ben Ishaq estaba en Badajoz. Los médicos cordobeses le trataron sin éxito y, entonces ordenó convocar a Yaḥyà ben Ishaq.

Yaḥyà atendió al requerimiento de ʿAbd al-Raḥmān III y, en su camino hacia hacia Córdoba, paró en un monasterio cristiano y pidió ver a un sabio que allí vivía. Yaḥyà le preguntó que si tenía alguna experiencia en tratar dolores de oídos. El viejo monje le contestó que con sangre caliente de paloma.

Así que Yaḥyà siguió este consejo y curó al califa. Ibn Yulyul, con cierta ironía, hace notar que Yaḥyà ben Ishaq era un buen observador más que tuviera una gran conocimiento científico.

Su labor como visir y diplomático

Como visir, Yaḥyà ben Ishaq actuó en varias ocasiones como enviado de ʿAbd al-Raḥmān III. En sus comienzos se dedicó casi en exclusiva a labores de negociación con los numerosos focos rebeldes andalusíes. Así, en el año 303H (17 de julio 915 a 4 de julio 916), acudió a Pechina para aplacar el mal gobierno de su gobernador Mas’ud ben ʿAlī y también participó en las negociaciones de paz con el rebelde ʿUmar ben Hafsun.

Al año siguiente fue enviado por ʿAbd al-Raḥmān III a comprobar la rebelión de Sulaymān ben ʿUmar ben Hafsun en la ciudad de Úbeda y hace de mediador entre padre e hijo. En 918 participó en la rendición de Sulaymān ben ʿUmar ben Hafsun; y en la de su hermano ʿAbd al-Raḥmān en el 307H(919).

Unos años más tarde, en el 935, Yaḥyà ben Ishaq acudió a la corte de Ramiro II de León para ratificar las clausulas de la paz entre Córdoba y León.

Descendencia

Una hija suya contrajo matrimonio con Muḥammad ben ʿAbd Allāh, abuelo de Almanzor.

Asimismo, en la famosa obra El collar de la paloma de Ibn Ḥazm (c. 1023), se recordaba a Yaḥyà ben Ishaq como un gran visir al hacer referencia a una mujer que estaba casada con Yaḥyà ben Muḥammad, un nieto suyo.