Una pregunta que nos han hecho muchas veces es la de si el antiguo condado de Castilla tuvo algún emblema, escudo o seña significativa que haya llegado hasta nuestros días. Si bien de todos es conocido el escudo de Castilla, este emblema no aparece hasta el último tercio del siglo XII. Así que, en principio, NO conocemos ningún emblema propio del condado de Castilla. Este hecho suele suponer una decepción para muchos, más aún cuando hoy en día cualquier localidad, equipo de fútbol o en camisetas NBA baratas, por poner algunos ejemplos, el escudo aparece como un distintivo imprescindible.

¿Quiere esto decir que los condes castellanos no utilizaban en sus comitivas o cuando iban a alguna batalla ningún tipo de emblema para identificarse? Por desgracia, con los conocimientos que hoy en día tenemos basados en documentos escritos y en hallazgos arqueológicos no podemos afirmarlo, pero tampoco descartarlo. Entre los siglos VIII y XI, el período en el que analizamos la historia medieval de la península Ibérica, y en detalle la del condado castellano, no nos ha llegado ningún ejemplo de distintivo que se pueda calificar como propiamente castellano. Pero esto no solo ocurre en Castilla. Es lo común en todos los estados medievales. La heráldica empieza a desarrollarse a partir del siglo XII y es entonces cuando aparecen los característicos escudos de los reinos de Castilla y de León.

Sin embargo, a nuestro parecer, es probable –y me atrevería a decir que hasta necesario– que los nobles llevaran algún estandarte o señal que les sirviera para identificarse, sobre todo en los encuentros de batalla. Pero, ¿qué portaban?

 

El lábaro con la cruz: el primer emblema conocido

Si existe algún símbolo que en esta época altomedieval parezca identificar a la monarquía asturiana, leonesa o a los nobles de dichos reinos, sobre todo ante un enfrentamiento bélico, es decir como un lábaro, es la cruz. Bien es sabido que desde Alfonso II de Asturias existe un interés por fijarse en el reino visigodo de Toledo como origen de los derechos del reino de Asturias a recuperar el territorio en manos musulmanas. Alfonso II y Alfonso III van a resucitar el ceremonial regio visigodo en la coronación y la costumbre visigoda de donar cruces votivas preciosas como ofrendas a las iglesias y monasterios más importantes.

Alfonso II lo hizo con la Cruz de los Ángeles en el 808 donada a la catedral de San Salvador de Oviedo. Alfonso III con una cruz donada a Santiago de Compostela en el 874, actualmente desaparecida; y en el 908 donó a la catedral de Oviedo la famosa Cruz de la Victoria, fabricada en el castillo de Gauzón del año 908 y convertida en el símbolo por excelencia de la comunidad autónoma de Asturias. También Ramiro II donó hacia el 940 una cruz similar a Santiago de Peñalba.

Salvo la Cruz de la Victoria, que es una cruz latina, el resto son cruces griegas, es decir, con los lados iguales, y de forma patada, la forma denominada en historia del arte como cruz mozárabe. Su centro es un disco del que parte los cuatro brazos. Su alma es de madera pero están revestidas de metal (latón en el caso de la Cruz de Peñalba; oro en el resto) y piedras preciosas. En algunas de ellas además penden las letras alfa y omega.

Un detalle. En las todas las cruces, salvo en la de Peñalba, se repite una frase en las inscripciones: «HOC SIGNO VINCITVR INIMICVS» que traducido quiere decir «Con este signo se vence al enemigo». Un lema bien apropiado para acompañarse a una batalla. Así que podemos pensar que los reyes se hacían acompañar de cruces similares a estas o incluso estandartes bordados con esta figura como emblema.

Cruz representada en el Beato de Valcavado (970)

Cruz representada en el Beato de Valcavado (970)

 

El origen del escudo castellano

El origen del escudo castellano parece remontarse a una fecha en torno al año 1175, durante el reinado de Alfonso VIII. Este monarca adoptó en el año 1165 un signum regis (sello real) con forma de rueda, del tipo de los empleados en la cancillería del monarca de León desde el año 1157. Alfonso VIII utilizó en un primer momento un sello con una cruz sobre asta. Hacia el año 1163 se usaba un sello de una sola cara que contenía una representación de tipo ecuestre de Alfonso VIII portando una lanza, sin estandarte. Otros sellos posteriores continuaron contando con representaciones de tipo ecuestre como motivo central.

El castillo aparece por vez primera como reverso de uno de estos sellos reales. La primera impronta hallada en la que figura un castillo es del año 1176 y figura en un documento custodiado actualmente en la Catedral de Toledo. El castillo se introduce en el sello con una clara connotación territorial, al tratarse de un emblema parlante que alude a la denominación del reino y, por tanto, no contar con una naturaleza simbólica. Esta decisión pudo estar motivada por un deseo de afirmación de la soberanía castellana frente al reino de León.

Sello de Alfonso VIII con el escudo de Castilla

Sello de Alfonso VIII con el escudo de Castilla

Desde su aparición el castillo ha conservado unas líneas básicas – tres torres, más alta la central – diferente de los empleados en otros territorios europeos. En cuanto a la relación con los colores del escudo, la fórmula del «oro sobre gules», se encontraba ya fijada por lo menos desde el reinado de Fernando III. Esta selección pudo estar determinada por la heráldica de la esposa del rey Alfonso VIII, la reina Leonor de Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra. Las armas de la reina fueron las reales inglesas, consistentes en tres leones pasantes o leopardos de oro sobre gules. Éstas, que son uno de los emblemas heráldicos europeos más antiguos, tuvieron mucho eco en aquel momento debido a la facilidad que ofrecían para ser identificadas a distancia. Esta hipótesis se ve reforzada por el hecho de que la boda de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet se celebró entre 1170 y 1176, fechas inmediatamente anteriores a la de la adopción del emblema de acuerdo con las fuentes conservadas.

Escudo de Castilla en una pintura mural del monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos). Actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña Principios del siglo XIII.

Escudo de Castilla en una pintura mural del monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos). Actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña Principios del siglo XIII.

Fue habitual que el emblema del castillo se presentara como señal y no dentro de un escudo. Podemos observarlo en los sepulcros de los reyes Alfonso VIII y Leonor, en el Monasterio de las Huelgas (Burgos).

Escudos en els epulcro de Alfonso VIII de Castilla y Leonor de Plantagenet en el monasterio de Las Huelgas (Burgos)

Escudos en el sepulcro de Alfonso VIII de Castilla y Leonor de Plantagenet en el monasterio de Las Huelgas (Burgos)

 

El origen del escudo leonés

El león como símbolo de la realeza leonesa aparece documentado por vez primera en las monedas acuñadas por Alfonso VII, el Emperador (1126-1157). Hasta este momento, el signo preponderante utilizado por los reyes leoneses en sus documentos y monedas era la cruz. Al final del reinado de Alfonso VII, el león empezará a aparecer en los documentos regios como signo personal del monarca, y se hará omnipresente durante los reinados de Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230).

La primera referencia escrita del león como símbolo personal del rey y, por tanto, del reino, la encontramos en la Chronica Adefonsi Imperatoris, coetánea de Alfonso VII. En ella, al describir los ejércitos que participan en la toma de Almería, se dice literalmente: “(…)la florida caballería de la ciudad de León, portando los estandartes, irrumpe como un león (…) Como el león supera a los demás animales en reputación, así ésta supera ampliamente a todas las ciudades en honor. Sus distintivos, que protegen contra todos los males, están en los estandartes y en las armas del emperador; se cubren de oro cuantas veces se llevan al combate”.

Un dato a destacar: el león como emblema del reino de León es el símbolo más antiguo que existe de un reino en Europa.

Por lo tanto, algo hoy en día tan habitual como puede ser encontrar el escudo de un equipo en camisetas de baloncesto para niños no era habitual en la Alta Edad Media. No será hasta el siglo XII cuando la costumbre se extienda con celeridad por toda Europa y cuando se empiecen a crear estos emblemas que han llegado hasta nuestros días.

Monedas con leones del reino de León. A, de Alfonso VII; B de Fernando II; C, de Alfonso IX.

Monedas con leones del reino de León. A, de Alfonso VII; B de Fernando II; C, de Alfonso IX.