Hoy en día el hospital es un servicio fundamental para cualquier ciudad. Imprescindible y de una gran importancia para el bienestar de los ciudadanos. Son frecuentes la listas de hospitales mejor valorados, las quejas por las listas de espera, la comparación entre hospitales públicos y privados. En muchas ciudades grandes existe cierta competencia por definirse como el mejor.

Pero la historia de la asistencia hospitalaria nos demuestra que el acceso a este tipo de servicios no siempre fue algo tan sencillo. Hoy en día es sencillo ir o buscar y llamar por ejemplo el teléfono de Cruces y recibir una rápida asistencia hospitalaria. En principio no existía ni siquiera esa labor de cuidar al enfermo y de asistirle y, a medida que se fueron creando instituciones, la gran mayoría era fundaciones privadas, laicas o eclesiásticas, con una labor de caridad, más que de curación.

En el siglo IV concurrieron una serie de factores que determinaron la aparición de establecimientos eclesiásticos de beneficencia que pueden ser considerados como los primeros hospitales. En primer lugar, por influencia del cristianismo, se produjo un cambio en los valores sociales: la asistencia material a los enfermos y desvalidos fue promovida a la categoría de deber moral. Asimismo, la enfermedad fue despojándose progresivamente de su tradicional valoración negativa debido a la identificación de los padecimientos del enfermo con el sufrimiento físico de Cristo. Como resultado, el enfermo ya no era visto como un incapacitado físico y moral, sino como un ser digno cuya dolencia le acercaba más a Cristo, siendo por ello merecedor de ayuda.

En este contexto, las iglesias cristianas, que desde el siglo IV gozaron de plena legitimidad legal y de abundantes recursos económicos, organizaron unos centros de asistencia denominados xenodochia, palabra que deriva de los términos griegos xénos (extranjero) y dékhomai (recibo o admito), es decir, hospedaje de extranjeros. Pero sus funciones iban más allá pues se daba albergue a toda clase de necesitados y se prestaban cuidados médicos a los enfermos.

Estos establecimientos se difundieron rápidamente por las ciudades del Imperio Oriental y, ya en el siglo V, comenzaron a perder su carácter de hospicios para convertirse en edificios exclusivamente destinados a la atención de los enfermos. Poco a poco se fueron difundiendo también por el antiguo Imperio occidental, ahora fragmentado en diversos reinos bárbaros.

El xenodoquio de Mérida

En época del reino visigodo sabemos de la existencia de un xenodoquio situado en la ciudad de Mérida y fundado por el obispo Masona fundó a fines del siglo VI. Su objetivo era dar albergue a los peregrinos que visitaban la tumba de Santa Eulalia pero también actuaba como hospital para pobres.

Los restos conservados nos muestran un edificio central con planta rectangular rematada en un ábside y orientado de esta a oeste. El ábside ábside está flanqueado por sendas habitaciones cuyos muros presentan contrafuertes. Este edificio era cruzado transversalmente de norte a sur por dos alas rectangulares compartimentadas en tres naves, siendo la central porticada y que funcionaba como un corredor al que daban las estancias ubicadas en las otras dos naves. En el ángulo norte podemos ver una estructura de planta cuadrada, independiente de todas las anteriores, quizá una torre o campanil.

Por el grosor de los cimientos es muy probable que el edificio tuviera una segunda planta, con una galería porticada que daba al corredor central.

Restos arqueológicos del xenodoquio de Mérida
Restos arqueológicos del xenodoquio de Mérida
Reconstrucción del xenodoquio de Mérida. Tomado de http://www.mirabiliaovetensia.com/glosario/glosario_x.html
Reconstrucción del xenodoquio de Mérida. Tomado de http://www.mirabiliaovetensia.com/glosario/glosario_x.html

Mérida era una ciudad importante en la época y podemos suponer que otras como Toledo, Sevilla, Cartagena o Zaragoza también dispusieran de edificios similares.

Recintos hospitalarios en al-Andalus

Por influencia del cristianismo, a partir del siglo VIII también se fundaron centros asistenciales denominados maristanes en las principales ciudades islámicas. Pero a diferencia de los establecimientos cristianos, el control de los maristanes no dependía de eclesiásticos sino del Estado, lo que permitió una mayor y más temprana implantación de los profesionales laicos de la medicina.

Se trataba de edificios espaciosos en los que el aire podía circular con facilidad y en los que se combinaba la atención a los enfermos con la enseñanza de la medicina. En Al-Andalus, durante el periodo omeya se construyeron edificios asistenciales al menos en Algeciras, Córdoba (796), Toledo, Sevilla y Ceuta (961).

Recintos hospitalarios en los reinos cristianos hispánicos (s. VIII-S.XI)

Son escasísimas las referencias a hospitales en la crónicas históricas y documentos altomedievales. Los albergues hospitalarios eran en principio instituciones monásticas pero se aprecia un auge de fundaciones cuando se consolida el peregrinaje por el Camino de Santiago a partir del siglo XI.

Sin embargo, tenemos algunas noticias anteriores. A fines del siglo X se construyó en las inmediaciones del palacio episcopal de Girona un xenodochium cuya función básica era dar albergue a viajeros y peregrinos. Hacia el año 1200 la institución se trasladó al barrio Sant Pere de Galligants con el nombre de Hospital dels Capellans, probablemente porque fue necesario realizar obras de ampliación en el palacio del obispo.

En Oviedo, la capital del reino de Asturias, la tradición atribuye a Alfonso II la fundación de, al menos, un hospital, extramuros de la ciudad episcopal, al sur de la misma, dotado de una capilla consagrada a San Nicolás de Bari.

Este hospital se configuraba en dos edificios simétricos, articulados interiormente por un patio, y con salida a sendas calles extramuros de la ciudad: desde el situado al este, al ramal de la calzada romana, que discurría ante la puerta Rutilante, entrada principal a San Salvador; desde el ubicado al oeste, a otro ramal más alejado, que conducía, igualmente, a la calzada mayor que se dirigía hacia Siero. Esta configuración, y su carácter extramuros, hacen pensar en una separación entre transeúntes sanos y enfermos.

Por último, con la cada vez menor importancia de la ciudad como sede regia, en 1096 Alfonso VI donó el Palacio Francisco, también ubicado extramuros de la ciudad episcopal, edificado por su antecesor Alfonso III, para albergue de pobres, peregrinos y enfermos, con lo que se completaría la red hospitalaria del Oviedo medieval.

El Camino de Santiago y los hospitales

Nadie duda hoy en día que fue a lo largo del siglo XI cuando se establece una primera y planificada red de centros asistenciales en los reinos cristianos peninsulares, en consonancia con el auge de las peregrinaciones y la fijación de una ruta estable.

Al acabar el siglo, podía darse por establecida una ruta de peregrinos y comercial, la clásica del Camino Francés, dotada ya de una primera red de centros asistenciales que contribuirían a consolidarla. La mayoría eran fundaciones monásticas o reales. Había ya hospitales en todas las etapas del Camino: Jaca (1084), Pamplona (1087), Estella (1090), Nájera (1052), Burgos (1085), Frómista (1066), Carrión, Sahagún, León (1084), Villafranca del Bierzo, El Cebrero, Portomarín y, como culminación, Compostela.


Esta cobertura hospitalaria se distinguía por su carácter monástico y unido a las nuevas órdenes procedentes de Francia, con la reforma cluniacense. Fueron los monasterios benedictinos vinculados a Cluny los más activos: Santa María la Real de Nájera, Santa Coloma de Burgos, San Zoílo de Carrión…

En León las noticias sobre hospitales son también de fines del siglo XI. El 13 de diciembre de 1084 el obispo Pelayo declara en el acto solemne de su dotación que «mandó hacer una casa hospital ante las puertas de la Catedral en un terreno propiedad de la misma»; en acto similar, pero el 4 de enero de 1096, el obispo Pedro relata que «construyó, junto a la iglesia de San Marcelo que él había reedificado, una casa que sirviese al hospedaje de pobres y peregrinos».

En Burgos, se tiene constancia de dos hospitales en esas mismas fechas. El 22 de febrero de 1085 se funda el Hospital del Emperador, llamado así por ser fundando por Alfonso VI. Se situaba en el actual barrio de San Pedro de la Fuente y le dotó de numerosas posesiones para su mantenimiento, entre las que figuraban la iglesia y hospital de San Juan Evangelista, situados al otro extremo de la ciudad y con la misma función asistencial.

El hospital de San Juan será poco después cedido a San Lesmes (1091) para que estableciera una nueva fundación monástica ligada al monasterio francés de Casa-Dei.