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Ermita prerrománica de San Esteban de Viguera

por Javier Iglesia Aparicio
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San Esteban de Viguera

La ermita de San Esteban de Viguera (La Rioja) se encuentra algo alejada de la localidad, en la orilla izquierda del río Iregua, frente al puente medieval, en una oquedad bajo unos farallones.

Los orígenes de la construcción actual se remontarían al siglo X, aunque en el siglo XII fueron reformadas las cubiertas y la cabecera. Por otro lado, los desprendimientos de rocas motivaron que en 1953 fuera restaurada pues tenía desplomada gran parte de la bóveda de la cabecera y de la nave.

Mª Ángeles de las Heras, basándose en un documento del año 992, abría un interrogante a la posibilidad de que existiera un monasterio advocado a San Esteban, en este lugar y en época visigoda, y que desaparecido con la ocupación árabe se habría restablecido a partir del año 923 con la victoria de Sancho Garcés I de Pamplona. El documento es un diploma en que Sancho II Garcés realizaba una donación al monasterio de San Millán, confirmado por Belasio abba Sancti Stephani. Junto al abad confirmaban el diploma otros personajes vinculados a esta zona, como los hijos de Ramiro, rey de Viguera.

Ábside de San Esteban de Viguera

Descripción de San Esteban de Viguera

La ermita es de pequeñas dimensiones (8,48 m x 4,68 m). Está construida con mampostería unida con argamasa. En el exterior está completamente enlucida con una gruesa capa de cal. Su planta se compone de cabecera semicircular cubierta con bóveda de horno y una nave con bóveda de cañón.

La nave tiene planta ligeramente trapezoidal. En ella está el único acceso de la ermita, una puerta pequeña en arco de medio punto, que se abre al final del muro norte, aunque éste no es el ingreso original, que se ubicaba en el flanco meridional.

La nave y el ábside están separados por una iconostasis. Es posible que el ábside semicircular fuera posterior. Luis Alberto Monreal ha destacado que el muro que separa la nave respecto al santuario no parece trabar con el resto de muros, sólo un exiguo contrafuerte en el muro sur resulta de la prolongación del muro separador o iconostasis, que considera del siglo IX según sus características formales. En opinión de este autor habría existido una iglesia anterior que pudo quedar enmascarada o que prácticamente desapareció con la refacción románica que afectó a la cabecera y quizá, también a la nave, y que culminó con el programa de pinturas murales. Según el informe previo a la restauración de las pinturas de la iglesia, ésta habría sufrido varias intervenciones en su historia, como remodelaciones en los siglos XII y XIII, y restauraciones posteriores.

En el ábside se abren tres vanos, abocinados y angostos, a modo de aspilleras que permiten entrar una tenue luz, mientras que la nave carece de vanos y queda en la penumbra. Los vanos abiertos en la cabecera fueron rehechos, aunque siguieran el modelo original. No son equidistantes y presentan tamaño y formas diferentes, aun cuando coinciden en el coronamiento de medio punto. Las fotografías antiguas, anteriores a la restauración, parecen mostrar un pequeño vano de iluminación en el muro oeste, pero si era original, debió de estar en la parte baja del muro ya que las pinturas no se interrumpían en esta zona.

En la zona norte de la cabecera, que pertenece a la construcción original, se utilizaron piedras más voluminosas que sobresalen del muro para reforzar la línea de impostas, de modo que ni siquiera el espesor del revoque puede ocultarlas. A esta línea de piedras sobresalientes del muro pertenece una laja horizontal, que descarga el pequeño vano arqueado del costado norte de la cabecera, hecho en argamasa y derramado hacia el interior.

La iconostasis

En el interior, el elemento arquitectónico más interesante es el muro que separa la nave de la cabecera. Es un muro transversal al eje dominante de la construcción, con un grosor que oscila entre los 54 cm y 60 cm. Esta iconostasis consta de tres vanos: uno central, que constituye una puerta para acceder de un espacio a otro, y dos pequeñas ventanas a media altura, que en parte están cegadas por los muros del ábside.

El vano central es un arco que tiende al medio punto, y que apea sobre impostas sencillas y desiguales que se encuentran a distinta altura, tal vez debido a los desplomes que han afectado a este arco. La imposta izquierda es una laja de piedra que presenta una breve inscripción, lo mismo que la jamba enlucida del mismo lado. No se ha podido leer con precisión la inscripción de la imposta que parece terminar en acusativo, quizá conste Baselicam o Ecclesiam. En la jamba parece leerse los nombres de San Julián, San Román y San Isidoro, aunque no se ha determinado el nombre que va en primer lugar, que pudiera ser femenino (¿Santa María?) o bien contener una abreviatura.

Con(n)[secra]ta a S(an)c(t)i Iuliani
e S(an)c(t)i Rom(ani?) S(an)c(t)i Isidorii
(signum) MC? (crux) era
Texto dado por AEHTAM

Las dos ventanas arqueadas que flanquean el arco central, aunque son de medio punto, son muy desiguales, incluso arrancan a diferente altura del suelo. El vano izquierdo es más estrecho y alto que el de la derecha, que arranca a mayor altura del suelo.

La mayoría de los autores coinciden en la función separadora entre la estancia de los fieles y el primitivo ámbito del altar, en consonancia con la separación entre fieles y clero postulada por la antigua liturgia hispana, que se mantuvo en vigor hasta el siglo XI.

Las pinturas murales de San Esteban de Viguera

En el interior, los tramos antiguos se distinguen claramente de los restaurados por la presencia o ausencia de las pinturas murales. Y precisamente estas pinturas son otros de los atractivos de esta singular ermita. San Esteban presentan un completo contenido iconográfico, pese a que una parte del mismo se perdió con el desplome de la bóveda del ábside, de buena parte de la bóveda de la nave y del muro sur. Debido a esa desaparición, la lectura de las imágenes queda en ocasiones reservada al campo de la hipótesis.

La restauración de las pinturas se llevó a cabo en el año 1998 por el Taller Diocesano de Restauración de Santo Domingo de la Calzada. A partir de ese momento, un estudio realizado por Raquel Sáenz Pascual contribuyó a la interpretación y descripción estilística de las mismas.

Para una completa descripción de las imágenes recomendamos la lectura de este enlace: 7_pinturas-de-la-ermita-de-San-Esteban.pdf (estudiogeneraldehumanidades.es)

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