La tercera crónica histórica en la que aparecen ya hechos legendarios en torno a la muerte del conde García Sánchez de Castilla es en De rebus Hispaniae del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada. Finalizada en 1243 y escrita en latín. Así cuenta la historia esta crónica. Hemos seguido la traducción de Juan Fernández Valverde1.

 

Libro V. Capítulo XXV. Sobre el infante García, que fue asesinado en León

Volvamos ahora a la historia del rey Sancho, llamado «el Mayor», de la que nos hemos apartado. A la muerte del conde Sancho le sucedió en el condado su hijo García, a quien los poderosos de Castilla le buscaron por esposa  a una hermana del rey Vermudo, que se llamaba Sancha. Cuando el infante García, acompañado de su ejército y del rey Sancho de Navarra, había llegado a Sahagún para celebrar su matrimonio, despedido allí su ejército, marchó en secreto a León con la sola compañía de unos pocos, por ver si podía conocer personalmente a su prometida. Por aquella época se encontraban en León los hijos del conde Vela, Rodrigo, Diego e Íñigo, quienes, deseosos de traicionar al hijo por el odio que aún sentían por el padre, habían reunido una facción contra él, y saliéndole al encuentro le rindieron vasallaje al besarle la mano, tal como pide la costumbre hispana; y sintiéndose seguro con este homenaje, y convencidos los servidores de la novia con una hábil explicación, le fue permitido al infante disfrutar de su anhelado goce.

Y una vez que se hubieron  conocido uno a otro, surgió entre ambos tal amor que casi no podían separarse uno del otro. Entonces, algunos caballeros del reino de León que se habían pasado a los sarracenos junto con los ya nombrados hijos de Vela, porque se habían tenido que marchar de Castilla de mala manera por obra del conde Sancho, poniendo en práctica su traición dieron muerte al infante García, que tenía trece años, hiriéndole de muerte Rodrigo Vela con la misma mano con la que lo había sacado de la pila bautismal. Y su prometida Sancha le había prevenido sobre algún tipo de acechanza, de la que ella se había enterado casualmente; pero los magnates que le acompañaban, nobles y leales como eran, no quisieron dar pábulo a tan gran felonía. Por lo que una vez cometida la felonía, los castellanos y leoneses cayeron en la tragedia de una lucha fatricida.

La prometida, que apenas había saboreado el deleite de su prometido, viuda antes que casada, sin ganas de vivir, mezclaba las lágrimas de su triste llanto con la sangre del asesinado, repitiendo sin cesar que ella había muerto con él. Cuando éste fue a ser enterrado en la iglesia de San Juan al lado del padre de su prometida, ella también quiso ser enterrada con él. Por su parte algunos de los traidores huyeron a lo más inaccesible de las montañas. A su vez Sancho, llamado «el Mayor», que estaba casado con la hermana mayor del infante García, penetró inmediatamente en el condado de Castilla, cuya sucesión le había correspondido por razón de su esposa; y también poseía el ducado de Cantabria porque su padre, el rey García, era hijo de Sancho, el que había anexionado el principado de Cantabria al reino de Navarra y había ampliado extraordinariamente el reino de Navarra, el condado de Castilla y el ducado de Cantabria con sus continuas guerras, cuya capital fue Nájera desde tiempo inmemorial. Durante su reinado, el conde Diego Porcel repobló Burgos, a la que puso este nombre porque la había formado con muchos burgueses, en la era 922, y, debido a los frecuentes ataques de los árabes en Álava y los desfiladeros de Asturias, desvió el camino de Santiago desde Nájera, hasta llegar a León y Astorga a través de Briviesca, Amaya y las cercanías de Carrión.

 

1. Fernández Valverde, Juan: Historia de los Hechos de España, Madrid, Alianza, 1989.