Como en otros muchos casos, el origen de los linajes nobiliarios tiene sus leyendas y sus tradiciones. Y es este también el caso de los condes de Saldaña. La primera mención de estos orígenes legendarios se encuentra en la Primera Crónica General de Alfonso X. En los capítulos 617 a 655 se narra la vida y proezas de uno de los personajes épicos más importantes de España: Bernardo del Carpio. Su nombre es hoy en día apenas conocido y está eclipsado por otras épicas, pero Bernardo del Carpio ha sido protagonista de numerosos romances, dramas y tragedias.

Por su puesto, hoy en día se rechaza la veracidad de su historia, pero durante siglos fue aceptada como cierta por los distintos cronistas e historiadores. Resumamos qué cuenta la crónica de Alfonso X sobre Bernardo del Carpio y sus orígenes en Saldaña.

 

La leyenda según la Primera Crónica General

A los 21 años del gobierno del rey Alfonso II el Casto, en el año 800, una hermana del rey llamada Jimena tuvo relaciones amorosas a escondidas con el conde Sancho Díaz de Saldaña. Y fruto de este amor tuvieron a un hijo: Bernardo. Cuando el rey se enteró de estos hechos no fue de su agrado y envió a dos nobles (Orios Godos y el conde Tiobalte) en busca del conde a Saldaña para que acudiera a la corte.

Con un pequeño ejército se encaminaron a Saldaña donde el conde Sancho les recibió bien. Le convencieron y acabó viajando con ellos hacia León. Al llegar a la ciudad no hubo ningún recibimiento, cosa que Sancho Díaz no tuvo por buena señal. Y tenía razón, pues cuando entró en el palacio los monteros del rey le apresaron y le ataron, tan fuertemente, que le hicieron sangrar por las uñas.

Sancho Díaz pregunta entonces al rey que qué ha hecho mal y el rey le contesta que este castigo se debe a sus amores con su hermana Jimena. Sancho Díaz, antes de ser encerrado ruega al rey que, ya que va a ser encarcelado, que se ocupe de la crianza de su hijo Bernardo. Sancho Díaz fue llevado preso al castillo de Luna; a Jimena la ingresó en un convento. Después mandó a por Bernardo y le crió como si fuera su propio hijo, ya que no tenía descendencia.

Bernardo se convertirá en un fabuloso guerrero y en un legendario héroe en lucha contra francos y contra musulmanes, defendiendo el reino de Asturias, con encuentros tan famosos como la batalla de Roncesvalles. Ya en época de Alfonso III, en el año 843 (sic), Bernardo se enfrentó a unas huestes francas comandadas por Bueso que habían invadido Castilla. Asturianos y francos se encontraron en Ordejón, cerca de Amaya. Allí Bernardo entabló combate singular con Bueso y acabó venciendo, provocando la huida de los francos. Gracias a esta hazaña, Bernardo arrancó de Alfonso el compromiso de que liberaría a su padre, el conde Sancho Díaz. Pero el rey no cumplió su palabra y dejaba pasar el tiempo. Finalmente Bernardo dejó de servir al rey en la guerra y estuvo un año sin salir de León.

Al año siguiente, mientras se celebraban festejos en la ciudad leonesa, los nobles Orios Godos y Tiobate, aquellos que habían apresado a su padre, pidieron a la reina que llamara a Bernardo para que abandonara su retiro y participara con ellos en el alanceo de un tablado. Así se lo pidió la reina a Bernardo y le aseguró que se encargaría de que el rey cumpliera su palabra de liberar a su padre. Bernardo aceptó participar y venció en el juego. Entonces Orios Godos, Tiobalte y la reina, todos juntos, fueron a ver al rey para pedir la liberación de Sancho Díaz.

Pero el rey argumentó que no quería quebrantar lo que había hecho Alfonso II y que no iba a liberar a Sancho Díaz. Y que si Bernardo volvía a insistir en ello, lo encarcelaría en el mismo castillo donde se encontraba su padre. Bernardo recordó al rey todas las veces que le había ayudado. De nada sirvió el alegato pues finalmente Alfonso III acabó desterrando a Bernardo.

Bernardo se enemistó con el rey y se refugió en su castillo de Saldaña. Desde allí Bernardo se enfrentó a las huestes del rey y cada vez tenía más seguidores. La fuerza de Bernardo crecía, así como los territorios que dominaba. Entre ellos la fortaleza salmantina de Carpio que acabaría por ser su sobrenombre. Estando en el asedio de esta fortaleza, los consejeros del rey le dijeron que era mejor que liberara al conde Sancho Díaz que seguir enfrentándose a Bernardo.

Restos del castillo de Carpio Bernardo (Salamanca)

Restos del castillo de Carpio Bernardo (Salamanca)

Finalmente, el rey cedió. Orios Godos y Tiobalde fueron con el mensaje real hasta la fortaleza de Carpio, donde se encontraba Bernardo. Le dijeron que si él cedía la fortaleza, el rey liberaría a su padre. Bernardo aceptó el trato. Dio las llaves del castillo de Carpio a Alfonso y éste envió a Orios Godos y a Tiobalde junto a doce caballeros a por el conde Sancho Díaz. Pero cuando éstos llegaron a León se enteraron de que el padre de Bernardo había muerto tres días atrás.

El rey y sus nobles decidieron acondicionar el cuerpo del fallecido, vestirlo y sentarlo en un sillón, y llevárselo a Bernardo. Bernardo, al darse cuenta de que su padre estaba muerto se enfureció con el rey y éste acabó desterrándolo. Bernardo se refugió entonces en la corte franca, en París. Y luego vagaría sin rumbo fijo hasta su muerte.

 

El Romancero Viejo de Castilla también recrea estos pasajes pero aclara que Bernardo se entera tardíamente de quién es su verdadero padre, pro su aya Elvira Sánchez y pone en boca del legendario conde don Sancho Díaz:

«El Conde don Sancho Díaz,

ese señor de Saldaña.(…)

los tiempos de mi prisión,

tan aborrecida y larga…”

[se queja de que su hijo no acude a socorrerle]:

¿Qué descuido es este, hijo?

¿Cómo a voces no te llama

La sangre que tienes mía

A socorrer donde falta?”

 

[Pero es que Bernardo desconoce su linaje y se tiene por bastardo. Hasta que un día su aya, Elvira Sánchez, aclara sus dudas:]

 

“–Sabredes, fijo, sabredes,

por lo que habéis preguntado

que non sois bastardo, non,

del Rey don Alfonso el Casto.”

Bernardo replica: “—Pues

Algún padre me ha engendrado.”

“—Padre fidalgo habéis, fijo,

fidalgo, que non villano.

El Conde don Sancho Díaz,

Que en Saldaña es su condado,

Os ovo en Doña Ximena

En casa del rey estando.

Y como su hermana era,

Por vengarse del agravio,

En el castillo de Luna

Puso al Conde aprisionado,

Y a vuestra madre también,

Reclusa y a buen recaudo,

Porque aunque público,

Non fue el matrimonio aclarado.”

 

La historia de los orígenes saldañeses de Bernardo del Carpio crecerá con el tiempo en obras como La libertad de España por Bernardo del Carpio, de Juan de la Cueva, La casa de los celos y selvas de Ardenia, de Miguel de Cervantes, Las mocedades de Bernardo del Carpio y El casamiento en la muerte, de Lope de Vega, y en El conde de Saldaña (primera parte) y en Hechos de Bernardo del Carpio (segunda parte del conde de Saldaña), de Álvaro Cubillo de Aragón.