Según la Leyenda de los Siete Infantes de Lara, el pueblo de Barbadillo de Mercado era propiedad de doña Lambra, la malvada tía de los siete infantes e instigadora de su muerte. Así lo dice la propia dama en uno de los múltiples romances que narra la leyenda, llamado Las Quejas de Doña Lambra:

—Yo me estaba en Barbadillo, en esa mi heredad;

mal me quieren en Castilla los que me habían de guardar;

los hijos de doña Sancha mal amenazado me han,

que me cortarían las faldas por vergonzoso lugar,

y cebarían sus halcones dentro de mi palomar,

y me forzarían mis damas, casadas y por casar.

Matáronme un cocinero so faldas del mi brial;

Si de esto no me vengáis yo mora me he de tornar.

Allí habló don Rodrigo, bien oiréis lo que dirá:

—Calláos, mi señora, vos no digáis tal,

de los Infantes de Salas yo os pienso vengar;

telilla les tengo urdida, bien se la pienso tramar,

que nacidos y por nacer, de ello tengan que contar.

Las primeras versiones de la leyenda cuentan que tras el enfrentamiento ocurrido en Burgos y una vez pacificados los ánimos, doña Lambra y sus sobrinos se alojaron en Barbadillo, en un palacio propiedad de Ruy Velázquez y de ella misma, situado cerca del río Arlanza. Estando en Barbadillo los infantes salieron de caza y trajeron perdices y otras aves para su tía. Después, Gonzalo, uno de los infantes tomó un baño semidesnudo en el río Arlanza y así lo vio su tía, hecho que tomó como una provocación sexual. En consecuencia, doña Lambra envió a uno de sus siervos con un cohombro ensangrentado para que se lo lanzara a Gonzalo. Éste no pudo soportar el desprecio y, junto a sus hermanos, persiguió al siervo hasta encontrarlo refugiado bajo las vestimentas de doña Lambra. Aún así, protegido por la dama, los sobrinos no dudaron en matar al siervo. Este es el origen de la furibunda venganza que urdirá contra sus sobrinos y que acabará con sus vidas.

Cuenta Menéndez Pidal que visitando Barbadillo los lugareños, a los que por cierto aún se le seguía llamando alambraos (de doña Alambra), en la calle de Doña Alambra, «mostraban la huerta y la casa de los palacios de Doña Alambra; pero no se ven sino unas tierras y una tenada o establo.» Bien es verdad que según los romances, el palacio fue posteriormente destruido por Mudarra. Actualmente aún existe una calle de Doña Alambra en la parte noroeste del pueblo.

También es tradición del lugar que el episodio del cohombro no ocurrió exactamente en el palacio sino que, estando los Infantes de caza, fue a una legua del pueblo, junto a la Fuente Buena, en el valle de Santa María, entre Pinilla de los Moros y Piedrahita de Muñó. Asimismo, la imponente Peña Gayubar, fue el lugar donde estuvo oculta doña Lambra temerosa de la venganza de Mudarra. Los lugareños señalan concretamente en la peña de Huerta La Mora.

En la actualidad existe un monumento conmemorativo a doña Lambra en la entrada del pueblo levantado en 1998 y obra de Ricardo Santamaría.

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