[¿Córdoba?, ¿? – Saltés (Huelva), 15 sawwal 462H/27 julio 1070] En árabe عبد الملك بن جهور

Último rey de la taifa de Córdoba (1063-1070)

Hijo de Abu-l-Walid Muhammad ben Yahwar, su antecesor el el gobierno de la taifa de Córdoba.

Su acceso al poder se produjo de la mano de su padre tras el asesinato de su visir Ibn Saqqa en ramadán del 455H (28 agosto a 26 septiembre 1063).

Su intervención en este asesinato, al parecer instigado por al-Mu’tadid de Sevilla, es narrada por Ibn Qattan:

Lo había puesto Abu l-Walid ben Yahwar al frente de todos sus asuntos, y los ordenó con el mejor orden y los administró con el mejor gobierno. Se apesadumbró por ello ‘Abbad, señor de Sevilla, y se dobló su ambición sobre Córdoba por su causa. Entonces incitó contra él a ‘Abd al-Malik ben Abu l-Walid ben Yahwar y lo indujo a matarlo para ocupar él solo inmediatamente su puesto. Era ‘Abd al-Malik de poca inteligencia y de malas ideas. Ibn ‘Abbad sabía que si mataba a Ibn as-Saqqa y dominaba a ‘Abd al-Malik estaría Córdoba en sus manos. Trabajó sobre ello con ‘Abd al-Malik y lo incitó a matarlo.
Reunió, pues, ‘Abd al-Malik a sus hombres y los introdujo en una de las algorfas de la casa de su padre, les dio armas y él tomó un cuchillo en sus manos, y quedóse esperando a Ibn as-Saqqa, porque venía todos los días a [donde] su padre y conferenciaba con él sobre los asuntos. Así, cuando iba por uno de los corredores, le salió el mañoso al paso y le hirió con el cuchillo, llamó a sus hombres, que salieron presurosos, y le cortaron la cabeza. Fue puesta en una pica y se salió con ella por los zocos. Entonces huyó todo el que era de sus adeptos y se mató a quien se encontró de ellos.

Tras el asesinato, Muhammad ben Yahwar decidió compartir el gobierno con sus dos hijos: ‘Abd al-Rahmán, el primogénito, y el propio ‘Abd al-Malik,

Dada la rivalidad manifiesta entre sus dos hijos, al-Rasid procuró arreglar su enfrentamiento encargando al mayor, ‘Abd al-Rahmán, de los asuntos financieros, y al otro, ‘Abd al Malik ben Yahwar, de los militares.

Sin embargo, movido por su ambición, ‘Abd al-Malik apartó a su hermano ‘Abd al-Rahmán del poder y lo recluyó en su casa. Una vez que su padre se retiró en el 456H (1063/1064), ‘Abd al-Malik se convirtió en el verdadero gobernador de la taifa de Córdoba.

Gobierno en Córdoba (1063-1070)

A diferencia de sus dos antecesores, su padre y su abuelo, la imagen que las crónicas transmiten de ‘Abd al-Malik es negativa.

Su ambición le llevó a tratar de emular a los antiguos califas, adoptando títulos como Du-l-siyadatayn (el de las dos soberanías), al-Mansur bi-llah (el victorioso por Dios) y al-Zafir bi-llah (el vencedor por la gracia de Dios) y ocupando en la mezquita la macsura reservada a los soberanos omeya. A ello se añadió un ejercicio autoritario del poder, acompañado de actuaciones arbitrarias y confiscaciones de bienes.

Como muestra, un fragmento transmitido por al-Bayan al-Mugrib:

[…] sino que puso a su hijo ‘Abd al-Malik al frente de la gente y la obligó al juramento y a la proclamación del citado hijo; pero su hijo había cometido excesos y era amigo de la gente baja. Se apropió de los bienes de los musulmanes y dio autoridad sobre ellos, [sobre los muslimes] a gente depravada; descuidó los preceptos legales y atemorizó los caminos; se metió en el pecado y en el libertinaje e hizo ver su indecencia; entonces se acrecentaron contra él las maldiciones de las gentes de Córdoba.

Pese a su impopularidad, el fin de ‘Abd al-Malik y de la dinastía yahwarí no vino del interior, sino de fuera.

‘Abd al-Malik comenzó a intervenir en los distintos conflictos entre las taifas, algo que había evitado su padre. Era aliado de al-Aziz ben Ishaq de Carmona. E incluso parece que le temía pues autorizó a que circulara en Córdoba moneda de muy baja calidad que había emitido este rey taifa.

Precisamente esta alianza hizo que en el 1066 apoyara a una coalición formada por las taifas de Carmona, Ronda y Granada, liderada por el rey de esta última taifa, Badis ben Habbus, con el objetivo de atacar Manad ben Muhammad de la taifa de Morón. El asedió obligó al rey de Morón a ceder su reino al rey de Sevilla, frustrando el objetivo de la alianza.

Tuvo que sufrir la actividad militar de al-Ma’mum de Toledo, que pretendía hacerse con Córdoba antes de que lo consiguiera la taifa de Sevilla. El rey toledano asedió Córdoba en el año 462H (20 octubre 1069-8 octubre 1070).

Careciendo de fuerzas propias suficientes para hacerle frente, ‘Abd al-Malik hubo de pedir ayuda a al-Mu’tamid de Sevilla, quien le envió un contingente de mil trescientos caballeros que lograron alejar a los atacantes toledanos.

Sevilla conquista Córdoba

Sin embargo las tropas sevillanas no se retiraron. Tras obtener el apoyo de algunos dirigentes cordobeses, al-Mu’tamid decidió hacerse con Córdoba.

Un grupo de mercenarios cristianos, encabezados por Muhammad ben Martín entró en la alcazaba de Córdoba y apresó a ‘Abd al-Malik y a su familia, parece que incluyendo a su padre, que estaba hemipléjico y escondido en la macsura de la aljama.

Una vez despojados de sus bienes, al-Mu’tamid perdonó la vida a los yahwaríes y les concedió un exilio en la ciudad de Saltés. Según cuenta al-Bayan al-Mugrib, cuando ‘Abd al-Malik salía de la ciudad, justo en medio del puente de Córdoba y montado en una vil cabalgadura, levantó sus manos al cielo y empezó a implorar a Dios en estos términos:

¡Dios mio! [Así] como respondiste favorablemente a los ruegos [hechos] contra nosotros, responde, pues a los nuestros

Retiro y muerte en Saltés

‘Abd al-Malik se exilió a la isla de Saltés, en la actual Huelva, donde sobrevivió alrededor de 40 días, falleciendo el 15 de sawwal de 462H/27 de julio de 1070.


Bibliografía

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad- por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Universidad de Salamanca, 1993.