[Córdoba, 1000 – Córdoba, c. 1065/1069]
Rey de la taifa de Córdoba (1043-1063)

Hijo de Abu-l-Hazm Yahwar, primer rey de la taifa de Córdoba. Su nombre completo en árabe era أبو الوليد محمد بن أبي الحزم جهور بن محمد بن جهور بن عبيد الله بن محمد بن الغمر بن يحيى بن عبد الغافر بن يوسف بن بخت بن أبي عبدة

Llamado al-Rasid (el guía bien encaminado), Abu l-Walid Muhammad ben Yahwar tuvo una educación muy esmerada con algunos de los principales maestros de la antigua capital de al-Andalus y secundó la actividad de su padre cuando éste accedió al poder en Córdoba.

Gobierno de Muhammad ben Yahwar (1043-1063)

Durante su gobierno no adoptó título soberano alguno, siguiendo en esto a su padre y mantuvo su condición de hayib y su residencia particular, sin tomar posesión del alcázar omeya.

La seguridad interior y exterior de Córdoba fueron las principales preocupaciones de Muhammad ben Yahwar, que hubo de enfrentarse a intentos de partidarios de los omeyas de restaurar el califato, a las apetencias expansivas de los reinos de Sevilla y del de Toledo. Sin embargo un delicado equilibrio, en el que enfrentaba a unos con otros, le permitió mantener la independencia durante unas décadas más, hasta que la descuidada actuación de su hijo y sucesor ‘Abd al-Malik dieron al traste con su política.

Una de sus virtudes más citadas en las crónicas musulmanas es su labor diplomática como apaciguador de conflictos entre los distintos reinos taifas.

También mantuvo los esfuerzos iniciados por su padre para mediar en las disputas de los reyes de taifas, especialmente entre al-Mu’tadid de Sevilla y al-Mu’zaffar de Badajoz. Así nos lo cuenta Ibn Hayyan:

El visir Ibn Yahwar, según su costumbre, temió que de aquella acción de ellos se derivase lo que [había acaecido] en otras parecidas y aplicó su esfuerzo en [separarlos] y alejarlos. Envió emisarios de confianza a las gentes de ellos, habida cuenta que eran propagadores de invocaciones – entre ellos ‘Abbad, proclamador de los marwaníes, y Muhammad ben Idris, señor de Málaga, propagador de la invocación a los hammudíes- que [apartasen las invocaciones como] él las había apartado lejos de la sospecha; pues él y la comunidad de Córdoba entonces habían suprimido toda invocación.

Cuando sus emisarios llegaron a ellos, no hizo con aquello sino acrecentar la confusión. Y no cesó Ibn Yahwar de citarles ejemplos y atemorizarlos con las malas consecuencias y los [terribles] resultados, hasta llegar a ser para ellos como Moisés, que llegó a Faraón con [la] advertencia y [la] exhortación; pero la gente se adentró en la palestra del error.

Muhammad ben Yahwar acogió en Córdoba a distintos reyes destronados de al-Andalus, generalmente víctimas del expansivo reino de Sevilla: Abu Nasr Fath ben Jalaf de Niebla, ‘Abd al-‘Aziz al-Bakrí de Huelva-Saltés y al-Qasim ben Hammud de Algeciras, aunque en algún caso también a los descendientes de Sabur, el primer rey de la taifa de Badajoz. Todos ellos recibieron asilo en Córdoba tras perder sus reinos.

Muhammad ben Yahwar levantó la confiscación de los bienes de los personajes huidos de la guerra civil, devolviéndoselos a sus dueños; también redujo el poder de los jefes de policía. Su gobierno en Córdoba es generalmente alabado. Según Ibn Bassam:

Ocurrió entonces, lo extraordinario de lo extraordinario: la gente se abstuvo por lo general de las injusticias y de los engaños, en contra de lo que sucedía bajo el dominio duro, que sobrepasaba las sanciones instituidas por el Corán, por la mano de los opresores jefes de policía en los días de la comunidad unida; así, pues, apenas se oía de sus maldades en ese punto, sino [en ocasiones] raras y aisladas.

El visir Ibn Saqqa Ibrahim y su asesinato

En el 440H (16 junio 1048 – 4 junio 1049) nombró visir a Abu l-Hasan ibn al-Saqqa. La delicada salud de Muhammad ben Yahwar le condujo a delegar buena parte de sus funciones en dicho primer ministro.

Sin embargo, asesinado por ‘Abd al-Malik ben Yahwar, hijo y sucesor de al-Rasid, posiblemente por intrigas de Mutadid Abbad de Sevilla, que ambicionaba Córdoba, hasta acabar su sucesor consiguiéndola. El asesinato ocurrió en ramadán del 455H (28 agosto a 26 septiembre 1063). Así nos lo narra Ibn Qattan:

Lo había puesto Abu l-Walid ben Yahwar al frente de todos sus asuntos, y los ordenó con el mejor orden y los administró con el mejor gobierno. Se apesadumbró por ello ‘Abbad, señor de Sevilla, y se dobló su ambición sobre Córdoba por su causa. Entonces incitó contra él a ‘Abd al-Malik ben Abu l-Walid ben Yahwar y lo indujo a matarlo para ocupar él solo inmediatamente su puesto. Era ‘Abd al-Malik de poca inteligencia y de malas ideas. Ibn ‘Abbad sabía que si mataba a Ibn as-Saqqa y dominaba a ‘Abd al-Malik estaría Córdoba en sus manos. Trabajó sobre ello con ‘Abd al-Malik y lo incitó a matarlo.
Reunió, pues, ‘Abd al-Malik a sus hombres y los introdujo en una de las algorfas de la casa de su padre, les dio armas y él tomó un cuchillo en sus manos, y quedóse esperando a Ibn as-Saqqa, porque venía todos los días a [donde] su padre y conferenciaba con él sobre los asuntos. Así, cuando iba por uno de los corredores, le salió el mañoso al paso y le hirió con el cuchillo, llamó a sus hombres, que salieron presurosos, y le cortaron la cabeza. Fue puesta en una pica y se salió con ella por los zocos. Entonces huyó todo el que era de sus adeptos y se mató a quien se encontró de ellos.

Retiro y sucesión

Tras el asesinato de su visir, Muhammad ben Yahwar se apoyó en sus dos hijos en las tareas de gobierno. El primogénito era ‘Abd al-Rahmán pero su hermano ‘Abd al-Malik albergaba deseos de ser el sucesor de su padre y se afanó en desbancar a su hermano.

La rivalidad entre sus dos hijos llenó los últimos años de al-Rasid y fue la comidilla de los cordobeses, como señala Ibn Hayyan. Al-Rasid procuró arreglar su enfrentamiento encargando al mayor, ‘Abd al-Rahman, de los asuntos financieros, y al otro, ‘Abd al Malik ben Yahwar, de los militares. Desde esta fuerza, contando con la preferencia paterna, accederá al poder, a pesar de sus pocas cualidades.

Mientras tanto Muhammad ben Yahwar se retiró al alcázar, donde acabó falleciendo en un fecha incierta, quizás en torno al 1065. Otras fuentes indican que aún estaba vivo cuando los sevillanos toman Córdoba (1069).

Muhammad ben Yahwar y la cultura

Fracción de dinar de Muhammad ben yahwar, al-Rasid, de Cördoba. Acuñada en electro
Fracción de dinar de Muhammad ben Yahwar, al-Rasid, de Cördoba. Acuñada en electro

Muhammad ben Yahwar protegió a algunas de las figuras intelectuales más destacadas de su tiempo, en especial debemos agradecerle el nombramiento del historiador Ibn ­Hayyan para un puesto en la cancillería, con lo que éste no sólo dispuso de medios económicos para vivir sino también de acceso a los documentos con los que redactó gran parte de sus obras, fundamentales para el conocimiento de la historia de al-Andalus. Así lo cuenta el propio historiador:

Entre las gentes distinguidas, a pesar de mis flacos merecimientos; salió al paso de mi estrechez, cuando me ahogaba ya la miseria, y me encargó completar el registro de la Cancillería Real (Diwan al-sultan), lo cual iba bien con mi formación y casaba con mis aficiones, dándome una generosa pensión

Por otro lado, dada la preeminencia cultural que Córdoba aún tenía, Muhammad ben Yahwar era en numerosas ocasiones requerido por otros reyes taifas como proveedor de esclavas con cualidades artísticas. Por ejemplo al-Muzaffar de Badajoz le pidió esclavas músicas; Ibn Sumadih de Almería una esclava que tocara el laúd; Ibn ‘Abbad otra que tocara la flauta, Suqqut de Ceuta en cambió le pidió almocríes, lectores del Corán.


Bibliografía

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad- por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Universidad de Salamanca, 1993.