[Córdoba, c. 908 – Córdoba, 980] En latín Recemundus y en árabe conocido como Rabí ben Zayd al-U(s)quf al-Qurtubi (رثموندو)

Obispo mozárabe de Iliberris (Granada). Astrónomo, matemático y filósofo

Recemundo fue uno de los mozárabes (cristianos que vivían en al-Ándalus) más influyentes en las corte de los califas ʿAbd al-Raḥmān III y al-Ḥakam II.

Tuvo altos cargos en el gobierno cordobés y era una persona culta que hablaba perfectamente tanto latín como árabe, por lo que fue embajador del califato.

Embajadas de Recemundo

En el año 950 ʿAbd al-Raḥmān III había enviado una embajada a la corte del emperador Otón I encabezada por un obispo mozárabe de nombre y sede desconocidos. Aunque la legación fue recibida, se dilató en el tiempo y el obispo acabó falleciendo. Además, según cuenta Juan de Gorze,

Empezaron, pues, a tratar los nuestros de las personas que habrían de enviarse a aquel soberano, y después de largas deliberaciones, se convino por último, en que siendo infiel y sacrílego, hallándose muy apartado de la verdadera fe, como sarraceno que era, y habiendo además estampado algunas blasfemias contra Cristo en las cartas que remitiera, aun cuando por otra parte pedía la amistad de un príncipe cristiano, los legados que se le enviaran deberían dirigirle sus exhortaciones, al mismo tiempo que le presentasen las cartas del Emperador, o intentar apartarle de su impiedad, si el cielo les proporcionaba algún medio oportuno.

Más allá de estas pías intenciones, la realidad es que existían quejas entre los territorios del emperador que estaban siendo víctima de los saqueos de los sarracenos andalusíes establecidos en la ciudad de Fraxinetum, en la Provenza.

A finales del 953 o en la primavera del 954, Otón I envió a Juan de Gorze, abad de San Arnoldo, un monasterio cercano a Metz, como embajador a la corte de Córdoba. Llevaba una carta escrita por Bruno, arzobispo de Colonia y hermano de Otón I rechazando las ofensas contra la religión cristiana.

Tras esperar quince días en Barcelona, recibieron la autorización del gobernador de Tortosa para ir a la corte cordobesa. Fueron retenidos un mes en Tortosa y, a continuación, siguieron su viaje hasta Córdoba siendo agasajados durante todo el camino. Una vez en Córdoba, Juan se hospedó en un palacio esperando la audiencia.

Pero el califa retrasó la audiencia, quizás en venganza por el retraso que la suya había tenido al ser recibida en Alemania. Además, existía un problema con las cartas que portaba Juan de Gorze, las cuales podían considerarse blasfemas y ese delito era castigado con la muerte en Córdoba. Juan de Gorze fue aleccionado en el protocolo a seguir para ver al califa y se le conminó a no presentar la carta escrita por Bruno. Pero éste se negó a ello.

Embajada de Juan de Gorze ante Abderramán III. De Dionisio Baixeras Verdaguer (Universidad de Barcelona, 1885)

Juan de Gorze permaneció prisionero y, mientras tanto, los cordobeses decidieron enviar una nueva embajada ante el Otón I. En esta ocasión estaría encabezada por el mozárabe Recemundo.

La Vita de Juan de Gorze, escrita por Juan, abad de San Arnulfo, a fines del siglo X, hace esta semblanza de él:

Había entre los empleados de palacio uno llamado Recemundo, excelente católico, y tan conocedor de nuestra literatura como del idioma árabe, que hablaban aquellos entre quienes vivía. Consistía el cargo que desempeñaba en oír las peticiones de las diferentes personas que allí acudían para sus asuntos, llevar nota de ellas y darles respuesta por escrito, porque en aquella dependencia se recibían y se evacuaban todas las causas y reclamaciones por medio de cartas, para cuyo efecto había otros muchos subalternos.

Embajada de Recemundo a Francfort (955-956)

Recemundo se reunió con Juan de Gorze y se informó de todo lo necesario sobre las costumbres y las leyes del Imperio así como de la personalidad del propio emperador. Tras considerarlo todo, Recemundo aceptó la empresa, aunque pidió en contrapartida un obispado que acababa de quedar vacante (seguramente el de Ilíberis).

En el 955 Recemundo inició su viaje a Alemania. Llegó a Gorze en diez semanas y,

Recibido allí con general regocijo e invitado a poco por el santo Prelado a hospedarse en su casa, pasó con él algunos días con el mayor contento, visitando en su compañía su diócesis, y permaneciendo a su lado el otoño y el invierno, en atención a haber venido a fines de Agosto, hasta que pasada la fiesta de la Natividad se dispuso su presentación al Emperador. Entre tanto sus asuntos, y muchos otros de los suyos quedaron en Gorze, convenientemente administrados, y luego, días antes de la festividad de Santa María, Madre de Dios, fue presentado al Emperador por el mismo venerable Prelado, a quien acompañaba también el abad Eguinoldo, siendo recibido honoríficamente en el palacio de Francfort

En enero del 956 fue finalmente recibido por Otón I en Francfort. Las cosas se templaron y, finalmente, se decidió que se prescindiese de presentar las cartas y que los embajadores solo acudieran ante el califa con los regalos y que procurasen por cualquier medio ajustar paz y amistad, a fin de lograr que cesasen las correrías de los piratas sarracenos.

Dudo de Verdún fue el encargado de llevar los nuevos presentes e instrucciones a Juan de Gorze. Mientras tanto Recemundo volvió a Gorze, saliendo de allí a fines de marzo y llegando a Córdoba en junio del 956.

En el tiempo que Recemundo estuvo en Francfort entabló amistad con Luitprando de Cremona, a quien convenció para escribir una historia de los tiempo, por lo que acabó dedicándole su obra Antapódosis:

Ad Recemundum Hispaniae provintiae Liberritanae ecclesiae episcopus, editum.

Inicio de la obra Antopódosis de Liutprando de Cremona con la dedicatoria a Recemundo
Inicio de la obra Antopódosis de Liutprando de Cremona con la dedicatoria a Recemundo (Biblioteca Estatal de Baviera, Signatura BSB: Clm 6388, fol. 8v)

Viaje de Recemundo a Oriente (c. 960)

Consta por otro lado que Recemundo estuvo también en Oriente a fines del gobierno de ʿAbd al-Raḥmān III. Según al-Maqqari:

Por lo que se refiere a la pila esculpida y dorada, de admirable forma y muchísimo precio, se la presentó al califa Aḥmad al-Yunaní (el Griego), que la trajo al volver de Constantinopla en compañía del obispo Rabí, que a su vez regresaba de Jerusalén. La pequeña pila verde, esculpida con bajorrelieves de figuras humanas, fue traída por Aḥmad de Siria, o, según otros, de Constantinopla, al volver en compañía del obispo Rabí. Se dice que era de valor, de riqueza decorativa y de una belleza incomparables.

Por lo tanto, el objetivo de este viaje del obispo Recemundo no está nada claro. El texto citado da a entender que a la vuelta trajo varias obras de arte para el califa de cordobés pero no queda claro si esa era su comisión o lo que hizo fue una visita a Tierra Santa.

De todos modos, según al-Maqqari, los objetos fueron depositados por el califa en Madina al-Zahra:

Esta pila fue llevada de localidad en localidad hasta llegar al mar. Al-Nasir la colocó en la alcoba del gran salón oriental, llamado al-Munis. Hizo poner encima de ella doce estatuas de oro obrizo con preciosas perlas engastadas, las cuales representaban: un león, que tenía a la derecha e izquierda una gacela y un cocodrilo; en frente, un dragón con un águila y un elefante; y a los lados otros dos grupos, compuestos respectivamente de una paloma, un halcón y un pavo real, y de una gallina, un gallo y un buitre.

De su estancia en Oriente da cuenta en su Calendario, donde hace memoria de ciertas festividades que celebran los cristianos de Siria.

Poco más se sabe de la vida de Recemundo tras esta embajada. Falleció en el 980 en Córdoba.

El calendario de Córdoba

al-Maqqari nos dice que Recemundo escribió varios tratados sobre astronomía pero solo nos ha llegado una de sus obras: Junto al médico e historiador ‘Arib ben Saʿīd, escribió El Libro de la división de los tiempos o Calendario de Córdoba, obra bilingüe en latín y en árabe dedicada al califa al-Hakám II.

Esta obra se inserta dentro de la tradición de los libros árabes de astrometeorología, presentando aspectos bastante originales. En él se exponen diversos temas, las constelaciones astronómicas, las fiestas de los santos cristianos, las prácticas agrícolas de al-Ándalus, las precisiones meteorológicas, prácticas médicas y de higiene, estudios astronómicos. Y todo este material, tomado de las más diversas fuentes: griegas, árabes, cristianas, hindúes, iraníes.

Se conoce por dos traducciones latinas. La primera, del siglo XII, realizada por el médico y astrónomo Gerardo de Cremona; otra de entorno al 1235 conservada en los folios iniciales del códice Liber regius sive descriptio temporum anni conservado en el Museo Episcopal de Vich (manuscrito 167).

Entre sus contenidos tenemos:

  • Un santoral eclesiástico mozárabe. Es el más antiguo de los calendarios mozárabes conocidos y en sentido estricto el único, pues los otros siete conocidos son posteriores y escritos en los reinos cristianos del norte por mozárabes retornados.
  • Una parte astronómica que incluye: tablas de alturas meridianas, sombras del gnomon según la cotangente, duraciones del día y la noche a lo largo del año y duración del crepúsculo. La entrada del Sol en los signos del Zodíaco se establece por dos sistemas diferentes: el primero procede del Sind-Hind, versión del Siddhanta, obra astronómica india, cuyas fechas estaban retrasadas respecto al calendario juliano de la época; el segundo sistema se basa en las tablas astronómicas de las observaciones de al-Battani para el año 882.
  • Referencias a prácticas agrícolas y ganaderas preislámicas, y al régimen de vida: prescripciones dietéticas sobre comidas y bebidas, ejercicios físicos, relaciones sexuales y actos médicos.
  • Pronósticos meteorológicos según el sistema de los anwa, derivado del mes sidéreo con 28 divisiones o mansiones. Consistía en observar al amanecer una serie de ocasos y ortos de 28 anwa, cada uno formado por una estrella o asterismo.

Bibliografía