ʿAbd al-Raḥmān III. Abd ar-Rahman ben Muḥammad (عبد الرحمن بن محمد)

[Córdoba, 891- Medina Azahara, 15 de octubre 961]
Emir de Al-Ándalus (912-929) y  primer califa de Córdoba (929-961) con el sobrenombre de  an-Nāir li-dīn Allāh (الناصر لدين الله)

Subió al poder tras la muerte de su abuelo ʿAbd Allāh, quién le dejó en herencia un estado fragmentado. Abandonó la política cobarde de ʿAbd Allāh y la sustituyó por otra más enérgica.

Su primer objetivo fue acabar con los diferentes focos rebeldes del emirato. Prometió un amplio perdón para todos los que se le sometieran y al resto les advirtió de que no quería sus tributos sino sus territorios y guerrearía contra ellos. ʿAbd al-Raḥmān III inició entonces una lenta e inexorable pacificación. Muchas ciudades se rindieron sin lucha como es el caso de Sevilla (913).

Pero diferente fue su enfrentamiento con ʿUmar ben Hafsun. Desde el 914 comenzó a acosarle tomando plazas en la zona de Bobastro, entre ellas Algeciras, cortando los suministros que el rebelde recibía del norte de África. ʿUmar murió en el 917 y sus hijos continuaron la resistencia pero al final fueron vencidos y en el 928 ʿAbd al-Raḥmān III entró en Bobastro. Poco después pacificó la rebelión de Ibn Waddah en Lorca (924) y la ocurrida en Murcia. En el 929 marchó contra Badajoz que asedió y rindió. Pero más difícil fue la toma de Toledo, que recibía ayuda del reino leonés. Sin embargo capituló tras dos años de asedió, en el 933.

Mientras tanto ʿAbd al-Raḥmān III tomó la decisión de nombrarse califa para confirmar su dominio sobre Al-Ándalus y oponerse así al califato fatimí del norte de África. Fruto de este enfrentamiento es la toma de Ceuta (931) y Tánger (951) para impedir la ayuda fatimí a los rebeldes andalusíes. Además firmó una alianza con las principales tribus bereberes y apoyó sus sublevaciones contra los fatimíes. Finalmente éstos abandonaron su pretensión de dominar todo el Magreb y trasladaron su capital a El Cairo, en Egipto.

También supo oponerse a la expansión de los reinos norteños. A la acometida de Ramiro, rey de Galicia, sobre la zona de Mérida (914) respondió atacando San Esteban de Gormaz (917) aunque con poco éxito. Mejor le fue en el 920, donde tras arrasar las fortalezas castellanas del río Duero, se dirigió hacia Pamplona y derrotó a leoneses y navarros en la batalla de Valdejunquera. En el 939 Ramiro II le infligió una fuerte derrota en Simancas, obligando al propio califa a huir para salvar su vida. Desde entonces no volvería a comandar ninguna operación militar personalmente.

Sin embargo, la victoria leonesa no pudo ser aprovechada por los problemas internos que surgieron en León en torno a la sucesión de Ramiro II. ʿAbd al-Raḥmān III envió numerosas aceifas contra el valle del Duero obligando a Ordoño III y a Fernán González a firmar numerosas treguas y a desmantelar y entregar fortalezas fronterizas. Las fronteras de Al-Ándalus se mantuvieron estables.

Durante su gobierno Córdoba se convirtió en una de las ciudades más pobladas, ricas e influyentes del mundo a la altura de Constantinopla y Bagdad. La agricultura, el comercio y la industria alcanzaron un gran desarrollo, e integró a los muladíes en la administración de su estado.

Murió el 15 de octubre de 961 siendo sepultado en los jardines del alcázar real de Córdoba. Le sucedió su hijo Al-Ḥakam II.