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VIII.4 Batalla de Lara – Donación a San Pedro de Arlanza

Estrofas 278 a 282 del Poema de Fernán González   278 Fallaron de marfil arquetas muy preçiadas, con tantas de noblezas que non serien contadas; fueron pora San Pedro las mas d’aquellas dadas, estan todas oy dia en su altar asentadas. Hallaron de marfil arquetas muy apreciadas, con tantas cosas nobles que no serían contadas; fueron para San Pedro las más de ellas donadas, aún están hoy en día en

VIII.3 Batalla de Lara – Victoria, persecución y botín – Poema de Fernán González

Estrofas 269 a 277 del Poema de Fernán González   269 Demando su cavallo por lidiar con sus manos, fueran y venturados caveros castellanos: muerto fuera o preso de los pueblos cristianos, mas non lo consejaron los sus pueblos paganos. Pidió su caballo para luchar con sus manos, fueran allí afortunados los caballeros castellanos pues muerto habría sido o preso de los cristianos, pero no los consintieron sus pueblos paganos.

VIII.2 Batalla de Lara – La batalla – Poema de fernán González

Estrofas 261 a 268 del Poema de Fernán González   261 Pues que ovo acabada el conde su razon, e esforçadas sus gentes commo omne de sazon, mando a sus conpañas desbolver su pendon: firieron en los moros todos d’un coraçon. Cuando hubo acabado el conde su razón, y animadas sus gentes como hombre con valor, mandó a sus huestes desplegar su pendón: Atacaron a los moros con todo el

VIII.1 Batalla de Lara – La arenga – Poema de Fernán González

Estrofas 257 a 260 del Poema de Fernán González   257 Bien vemos nos que a moros quiere Dios ayudar; ¿commo podremos  nos contra ellos lidiar?» Dixo estonçes el conde: «Querades me escuchar: non querades en poco mal prez sienpre ganar. Ya vemos que a los moros quiere Dios ayudar; ¿Cómo podremos nosotros contra ellos luchar?» Dijo entonces el conde: «Si me queréis escuchar: no pretendáis tan pronto mal honor

VIII. Batalla de Lara – Poema de Fernán González

Estrofas 251 a 256 del Poema de Fernán González   251 Otro dia mañana mando mover sus gentes; pora cada cristiano avie mill descreyentes; los del conde eran pocos, mas buenos conbatientes, todos eran iguales, d’un coraçon ardientes. A la mañana siguiente mandó mover sus gentes; por cada cristiano había mil no creyentes; los del conde eran pocos, pero buenos combatientes, todos eran iguales, de corazones valientes. 252 Bien se