Portada » Personajes » Azarquiel, astrónomo andalusí

[Toledo, 420H (1029/1030) – Córdoba,10 de safar de 494H (15 de octubre de 1100)] Abū Isḥāq Ibrāhīm b. Yaḥyā al-Naqqāsh az-Zarqālī. (En árabe أبو أسحاق إبراهيم بن يحيى التّجيبيّ النقّاش). En latín Azarchel, Azarchiel o Azarchiel Hispanus.

Fue uno de los más destacados astrónomos de toda la Edad Media europea. Entre otros logros, fue el primero en proponer una órbita elíptica para los planetas además de compilar unas tablas astronómicas que fueron utilizadas hasta el siglo XVI. Asimismo, fue inventor y constructor de excelentes instrumentos astronómicos y de precisión, que fueron utilizados por los navegantes castellanos y portugueses en el siglo XV y XVI.

Biografía de Azarquiel

Abū Isḥāq Ibrāhīm b. Yaḥyā al-Naqqāsh az-Zarqālī nació muy probablemente en Toledo en el año 420H (1029/1030). Según el astrónomo sefardí Isaac Israelí ben Joshep (Isaac Israelí el Joven) del siglo XIV, en su obra Yesod Olam (Liber Jesod colam seu fundamentum mundi en su traducción al latín)1:

Azarquiel al principio no era más que un hábil artista o forjador en hierro o metal y que trabajaba en la confección de instrumentos astronómicos que le encomendaban sabios musulmanes y judíos de la ciudad de Toledo.

Así que se supone que Azarquiel era de extracción humilde, perteneciente a una familia de herreros. Pero seguramente tuvo apoyo del cadí toledano Saʿīd al-Andalusī quien en su Libro de las Categorías de las naciones (escrito en 1068) nos dice que era uno de los jóvenes mejor dotados de conocimiento en su época:

En nuestros días hay individuos jóvenes que sobresalen en el estudio de la filosofía, dotados de seguro entendimiento y propósitos elevados, que han adquirido conocimiento de la mayoría de sus partes. Entre los que de ellos moran en Toledo y sus distritos están: Abu Hasan Ali b. Jalaf b. Ahmar as-Saydalani, Abū Isḥāq Ibrāhīm b. Yaḥyā al-Naqqāsh, conocido como Walad az-Zarqiyāl […]

Sello postal emitido en España en 1986 en honor de Azarquiel
Sello postal emitido en España en 1986 en honor de Azarquiel

De este modo, Azarquiel consiguió el mecenazgo de la corte del rey taifa Yaḥyà al-Ma’mūn (1043-1075). Pudo así aprender de otros astrónomos como Ibn al-Samḥ y dedicarse a observar con precisión el cielo toledano y a inventar y construir numerosos artefactos. Son varios los autores que comentan que Azarquiel realizó estas observaciones en el cielo toledano durante años: Abū l-Ḥasan ‘Alī al-Marrākušī (s. XIII), autor de la Summa de los principios y de los objetivos de la ciencia de la determinación de la hora (Ŷāmic al-mabādī’ wa-l-gāyāt fī ‘ilm al-mīqāt), indica que Azarquiel realizó observaciones en Toledo en el 1061; e Ibn al-Hā’im al-Išbilī (fl. 1204-1205), en su Tabla astronómica matemáticamente completa (al-Zīŷ al-kāmil fī al-ta‘ālīm), lo confirma al atribuirle veinticinco años de observaciones solares y treinta y siete de observaciones lunares.

Una fuente egipcia anónima del siglo XIV (Kanz al-yawāqīt, MS 468 Leiden Universitätsbibliothek) recoge un pasaje de una obra perdida de Saʿīd al-Andalusī, Generaciones de sabios (Ṭabaqāt al-ḥukamā’) que atribuye a Azarquiel la construcción de un instrumento astronómico, una azafea o zarqāla, para al-Ma’mūn en el año 1048-9 y la redacción de un tratado en cien capítulos sobre el mismo. Al-Marrākušī le atribuye un cuadrante de senos con cursor móvil (maŷarra) parecido al del cuadrante vetustissimus. También en Toledo construyó dos clepsidras o relojes de agua a orillas del río Tajo.

Azarquiel residió en Toledo hasta la toma de esta ciudad por Alfonso VI de León en el 1085. Huyó entonces hacia la taifa de Sevilla, estableciéndose en la ciudad de Córdoba (en ese momento dominada por la taifa de Sevilla) recibiendo la protección el rey al-Mu’tamid. En ese período escribió también varias obras astronómicas y construyó un ecuatorio y perfeccionó la azafea. Falleció en Córdoba2 el 10 de safar de 494H (15 de octubre de 1100).

Sobre el sobrenombre de Azarquiel

Saʿīd al-Andalusī, en el ya citado Libro de las categorías de las naciones, y el erudito egipcio Yamal al-Din al-Qifṭī (m. 1248), en Noticias de científicos y sabios (Ajbār al-’ulamā’ bi-ajbār al-ḥukamā’), se refieren a él como walad al-Zarqiyāl (hijo del Zarquiel) de donde procede la forma hispanizada Azarquiel y también el cultismo Ibn al-Zarqālluh. Otras denominaciones en fuentes andalusíes son: al-Zarqālluh, al-Zarqāl o Ibn al-Zarqāl y en fuentes orientales: al-Zarqāla y al-Zarqālī o al-Zarqānī. Se ha sugerido que su significado sea debido a sus intensos ojos azules (zarcos); o también es posible que la palabra correcta para el apodo fuera zarqāla que significa discusión.

Principales teorías de Azarquiel

La trepidación de los equinoccios

La teoría de la trepidación (también conocida como teoría de acceso y receso o del vaivén de los puntos equinocciales) fue una hipótesis astronómica medieval formulada para explicar por qué la posición de las estrellas fijas y la velocidad de la precesión de los equinoccios parecían variar a lo largo de los siglos.

El problema que intentaba resolver. Desde Hiparco y Ptolomeo, se sabía que las estrellas variaban lentamente sus coordenadas debido a la precesión de los equinoccios. Sin embargo, al comparar mediciones tomadas en distintas épocas históricos (griega, babilónica y árabe), las cifras no coincidían: Ptolomeo calculó que los equinoccios se desplazaban a un ritmo de 1º cada 100 años; y los astrónomos de Bagdad (siglo IX) midieron un ritmo más rápido: 1º cada 66.6 años. Dado que la astronomía geocéntrica de la época asumía que los movimientos celestes debían ser regulares, esta aparente aceleración y desaceleración desconcertó a los sabios. En lugar de asumir errores de medición en los instrumentos antiguos, concluyeron que el movimiento de precesión no era constante ni uniforme.

La teoría de la trepidación propone, en vez de un movimiento continuo y circular en un único sentido alrededor de la eclíptica (como es el movimiento de precesión real), lo siguiente:

  1. Oscilación de vaivén (acceso y receso): Se postulaba que la esfera de las estrellas fijas (o el plano ecuatorial) realizaba una pequeña oscilación pendular o de vaivén. Los puntos equinocciales avanzaban un tiempo (acceso) y luego retrocedían (receso) dentro de un rango acotado de grados.
  2. Mecanismo geométrico: Azarquiel diseñó un sistema basado en un epiciclo móvil conectado a la eclíptica. Al girar un punto sobre este pequeño círculo, el punto equinoccial trazaba un movimiento oscilatorio periódico.
  3. Variación de la oblicuidad: El modelo de Azarquiel no solo explicaba el vaivén equinoccial, sino que también justificaba la variación periódica en la inclinación (oblicuidad) de la eclíptica.

La versión de Azarquiel influyó enormemente en la astronomía europea posterior. Fue incorporada en las famosas Tablas Alfonsíes del rey Alfonso X el Sabio y aceptada por astrónomos hasta el propio Nicolás Copérnico, quien aún incluía una forma de trepidación en sus modelos celestes. Con el perfeccionamiento de los instrumentos de medición y la llegada de Tycho Brahe, Johannes Kepler e Isaac Newton, se demostró que el vaivén no existía: era un espejismo fruto de la acumulación de imprecisiones observacionales de los astrónomos antiguos.

La precesión de los equinoccios es, en realidad, un movimiento uniforme y continuo causado por la atracción gravitatoria del Sol y la Luna sobre el abultamiento ecuatorial de la Tierra.

Cálculo del apogeo solar

Ptolomeo sostenía que la posición del apogeo solar en el firmamento era fija e inmutable. Azarquiel descubrió que el apogeo del Sol (punto de la órbita terrestre en el que la Tierra se encuentra a la máxima distancia del Sol) no es fijo respecto a las estrellas fijas, sino que tiene un movimiento propio de precesión (calculado por él en 12,04 segundos de arco por año, extremadamente cercano al valor real). Lo que Azarquiel midió fue el movimiento de precesión del perihelio/afelio terrestre (precesión apsidal).

Este dato siglos después lo utilizaron Copérnico y Kepler para perfeccionar el modelo del sistema solar

Obras de Azarquiel

Azarquiel fue uno de los grandes astrónomos medievales y muchas de sus obras fueron utilizadas hasta bien entrado el siglo XVI. Escribió numerosos tratados sobre astronomía teórica, tablas, instrumentos astronómicos y magia talismánica. La gran mayoría no han llegado en la lengua árabe original sino en traducciones al latín, al hebreo o al castellano medieval.

Astronomía teórica y tablas astronómicas

  • Un tratado sobre el movimiento de las estrellas fijas (Maqālat al-kawākib al-ṯābita), c. 1084-1085, del cual existe una traducción hebrea. En él describe tres modelos diferentes de trepidación, en el tercero de los cuales la precesión pasa a ser independiente de la oscilación de la oblicuidad de la eclíptica.
  • Una obra titulada Tratado sobre la invalidez del método de Ptolomeo para obtener el apogeo de Mercurio (Maqāla fī ibṭāl al-ṭarīq allatī salaka-hā Baṭlīmūs fī istijrāǧ al-buʿd al-abʿad li-ʿUṭārid) que sólo conocemos por una referencia indirecta en Avempace (m. 1139).
  • Una obra perdida titulada Sobre el año solar (K. fī sanat al-šams) o Epístola comprehensiva sobre el Sol (al-Risāla al-ŷāmi‘a fī al-šams), también conocida como Summa referente al movimiento del Sol, probablemente escrita entre el 1075 y el 1080 y conocida a través de fuentes secundarias árabes y latinas. En ella Azarquiel habría establecido el movimiento propio del apogeo solar y habría ideado un modelo solar de excentricidad variable cuya influencia alcanzó el Magreb y la Europa latina.
  • El Almanaque (al-Qānūn li-Awmātiyūs), conservado en árabe, en latín y en traducción alfonsí; está basado en la obra de un tal Awmātiyūs (siglos III o IV), aunque las tablas solares parecen ser resultado de las observaciones de Toledo. Da comienzo el 1 de septiembre de 1088.
  • K. al-tadbīr (Libro del régimen o de las disposiciones), enfocada en el movimiento de los astros y los cálculos celestes. Aborda la disposición de las esferas celestes y los cálculos aplicados a la observación del cielo.
  • Las Tablas de Toledo (al-Zīǧ/al-Azyāǧ). Seguramente su obra más conocida y difundida. Azarquiel encabezó el grupo de astrónomos toledanos que las confeccionó. Parecen ser el resultado de la adaptación a las coordenadas toledanas de material astronómico oriental procedente de al-Jwārizmī y al-Battānī. Las tablas de movimientos medios son originales y resultado de observaciones realizadas durante años en Toledo. Como novedad, introducen la teoría del vaivén de los puntos equinocciales o “teoría de acceso receso” o “de la trepidación”. El original árabe está perdido pero se conocen traducciones al latín (Gerardo de Cremona, Juan de Sevilla) y al griego (c. 1340). Actualmente se conocen aproximadamente 130 manuscritos que incorporan estas tablas lo que da una idea de su éxito y expansión durante la época medieval.
  • Por último, una obra perdida y, según afirma Ibn al-Ha’im, autógrafa, en la que Azarquiel propone una corrección al cálculo de la longitud de la Luna en el modelo lunar ptolemaico. Ibn al-Ha’im interpreta esta corrección como resultado del desplazamiento del centro del movimiento medio en longitud de la Luna a un punto sobre la recta que une el centro de la Tierra con el apogeo solar y a una distancia de 24’. Esta corrección aparece posteriormente en Ibn al-Kammād y en las tablas magrebíes para el cálculo de eclipses y de la Luna nueva de los astrónomos Ibn Iṣḥāq (1193-1222) e Ibn al-Bannā’ (m. 1321). También en los cánones de la primera versión de las Tablas Alfonsíes y en la versión provenzal de las tablas de eclipses de Levi ben Gerson (1288-1234), aunque en éstas el valor estimado es de 29’.

Instrumentos astronómicos

Astrología y magia

Finalmente, una única obra sobre astrología y magia titulada Epístola sobre los movimientos y las influencias de los planetas (Risāla fī ḥarakāt al-kawākib al-sayyāra wa-tadbīri-hā). Es un tratado de magia talismánica basado en el uso de cuadrados mágicos. Existen dos resúmenes distintos del texto preservados por dos manuscritos árabes, así como un tercero preservado en una traducción latina. Se difundió con otros títulos como Tratado de las influencias de los planetas y Libro de las juicios e influencias de las siete planetas.

Azarquiel observó y midió que el apogeo solar (el punto en que el Sol está más distante de la Tierra en el modelo geocéntrico) no era fijo ni variaba solo según la precesión, sino que experimentaba un movimiento propio y que el centro de la órbita solar variaba con el tiempo. Para explicar estas variaciones en la velocidad y distancia del Sol que el círculo perfecto de Ptolomeo no lograba justificar, Azarquiel propuso un modelo geométrico con un centro móvil que trazaba una figura similar a una oval o elipse ovoide.

Instrumentos creados por Azarquiel

Las clepsidras de Azarquiel

Azarquiel construyó en Toledo, a orillas del río Tajo, unas clepsidras o relojes de agua tan precisas que daban la hora del día y de la noche y calculaban el día lunar. Tenemos una descripción de las mismas gracias al geógrafo granadino Muḥammad b. Abū Bakr al-Zuhrī (m.1137)3 y al-Maqqarī, que sigue al anterior, que dicen:

Lo que hay de maravilloso y sorprendente en Toledo, tanto que no creemos que haya en todo el mundo habitado ciudad alguna que se le iguale en esto, son dos recipientes de agua que fabricó el famoso astrónomo Abú-l-Qasim ibn Abd al-Rahman, el conocido con el nombre de al-Zarquel. Cuentan que este al-Zarquel oyó hablar de cierto aparato que hay en la ciudad india de Arín y determinó fabricar un ingenio o artificio, por medio del cual supieran las gentes qué hora del día o de la noche era, y pudieran calcular el día de la luna. Al efecto hizo dos grandes estanques en una casa de las afueras de Toledo, a orillas del Tajo, no lejos del sitio llamado La puerta de los Curtidores (Bab al-dabbagin), haciendo de suerte que se llenasen de agua o se vaciasen del todo, según el creciente y menguante de la luna. Según nos han informado personas que vieron estas clepsidras funcionaban así: en cuanto aparecía el novilunio, el agua empezaba a afluir a los estanques por tuberías invisibles de tal modo que al anochecer el día siguiente había la mitad de un séptimo justo de agua. De este modo iba aumentando el agua en los estanques, así de día como de noche, hasta que al fin de una semana estaban llenos hasta la mitad y la semana siguiente se veían rebosar llenos del todo. Luego, a partir de la decimoquinta noche del mes, la Luna empezaba a decrecer el agua del estanque a razón de la mitad de un séptimo cada día, y el día vigésimo noveno del mes quedaban vacíos del todo los estanques. Si durante este ciclo de aumento y disminución del agua alguien extraía parte de ella, aumentaba el flujo de las tuberías de abastecimiento de tal modo que no se alteraba el ritmo del ciclo. Lo mismo ocurría si alguien aumentase el caudal de los estanques, pues lo que sobraba salía inmediatamente.

Según los mismos autores, el astrónomo judío Hamis (o Hunayn) ben Zabara solicitó al rey Alfonso VII de León en el año 527H (1132/33) que le dejase desmontar una de las clepsidras a fin de estudiar su mecanismo. Pero ni logró entender el mecanismo ni tampoco volver a montarla, por lo que quedó inutilizada. La otra clepsidra superviviente fue arrasada por una crecida del río Tajo en 1545.

En 2016 los arqueólogos Julián García, Francisco Miguel Gómez, Javier Peces e Isabel Corral, al realizar una excavación en el barrio toledano de las Tenerías, concretamente en la zona llamada Huerta de la Alcurnia, junto a los restos de los baños árabes de Yuso, advirtieron que en días concretos el agua desbordaba el nivel del espacio excavado, inundando los estanques de curtido (noques) de forma progresiva hasta quedar llenos. Aunque se instaló un sistema de evacuación por bombeo, resultó insuficiente dado que el agua seguía brotando hasta mantener un nivel constante; en cambio, a partir de cierto día, el agua comenzaba a reducir progresivamente su altura, llegando a dejar los estanques vacíos. El equipo de arqueólogos no tardó en relacionar aquel extraño flujo de ascensos y descensos con la descripción de las clepsidras de Azarquiel, cuyos estanques, según el texto de al-Zuhri, se llenaban y vaciaban en relación con los movimientos de la luna4.

La azafea (al-Ṣafīḥa al-Zarqāliyya)

La azafea es un instrumento universal que muestra, en su faz, una proyección estereográfica meridiana, en el plano del coluro de los solsticios, de las coordenadas ecuatoriales y eclípticas de la esfera celeste. En realidad se trata de una doble proyección que corresponde a cada uno de los dos hemisferios, una con el punto de vista en el principio de Aries y la otra en el principio de Libra. El resultado final se obtiene por la superposición de la proyección desde Aries, que habrá que girar, sobre la proyección desde Libra. En el dorso, además de los elementos que se pueden encontrar en el astrolabio, presenta una proyección ortográfica meridiana de la esfera celeste, un cuadrante trigonométrico y un pequeño círculo usado para calcular la distancia geocéntrica de la Luna. El mismo Azarquiel es autor de una variante simplificada de este instrumento que se conoce como azafea šakkāziyya, mencionada por al-Marrākušī en la Summa y bien conocida también en la tradición magrebí gracias a una recensión de Ibn al-Bannā’.

El astrolabio convencional requería una placa grabada (lámina) diferente para cada latitud geográfica desde la que se pretendiera observar. Azarquiel inventó un astrolabio universal conocido como la azafea azarquielina (al-Ṣafīḥa al-Zarqāliyya).Como innovación, Azarquiel utilizó una proyección estereográfica sobre el plano del ecuador o de los solsticios en lugar del ecuador celeste habitual. Esto permitió realizar cálculos astronómicos y de navegación en cualquier latitud del globo con un solo instrumento, simplificando radicalmente las herramientas náuticas de la época.

Recomendamos la lectura de este artículo para entender mejor el avance que supuso la azafea sobre el astrolabio: Azarquiel, el astrolabio y la azafea. Su aportación a la ciencia astronómica y a la navegación del Renacimiento de Alfredo Surroca.

El ecuatorio de Azarquiel

Como ya hemos indicado, Azarquiel escribió dos tratados sobre el ecuatorio: uno sobre su construcción y otro sobre su uso. El ecuatorio era una máquina mecánica que se utilizaba para calcular las posiciones verdaderas de la Luna, el Sol y los cinco planetas conocidos en esa época (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) en un momento dado, sin necesidad de realizar complejos cálculos matemáticos a mano. El ecuatorio de Azarquiel se diferencia del de Ibn al-Samḥ (c. 1025-26) en que aprovecha ambas caras de una sola lámina para representar los deferentes de todos los planetas, mientras que los epiciclos correspondientes van en una segunda lámina. El deferente de Mercurio es una elipse.

Esfera armilar de Azarquiel

El instrumento que se describe en el Libro de las armellas y atribuido a Azarquiel está mucho más elaborado que el que describe Ptolomeo pues, además de poder hallar las coordenadas eclípticas también servía para obtener las coordenadas horizontales. Estaba compuesto por nueve armillas.

Discípulos de Azarquiel

No se tiene constancia de que existiera una escuela donde Azarquiel enseñara a un conjunto de discípulos. Pero sí puede deducirse que al menos tuvo un discípulo directo y otro indirecto.

El discípulo directo sería Abu Jafar Ahmad b. Yusuf b. al-Kammad (m. 1195), conocido como bn al-Kammād. Hay poca información sobre su vida. Probablemente nació en Sevilla, aunque dedicó su vida laboral en Córdoba. La referencia a un horóscopo elaborado por Ibn al-Kammād en Córdoba entre 1116 y 1117 que aparece en la versión existente de Ibn Isḥāq El zīj de al-Tūnisī sugiere que floreció a principios del siglo XII. Ibn al-Kammād escribió tres zījes (manuales astronómicos con tablas): al‐Kawr ʿalā al‐dawr, al‐Amad ʿalā Al‐abad, y al-Muqtabas, que es una recopilación de los dos zījes anteriores. No se conserva ninguna en una versión completa del árabe original. Lo que ha sobrevivido es la traducción latina de al‐Muqtabas realizada por Juan de Dumpno en 1260 en Palermo (Biblioteca Nacional de Madrid, MS 10023).

Ibn al-Kammād también escribió un tratado astrológico, el Kitāb Mafātīḥ al-asrār, de de los cuales solo se conservan los capítulos 10–15. Estos capítulos (kalām fī al‐naymūdār li‐taṣḥīḥ ṭawāli ʿal‐mawālid), sobre obstetricia astrológica, Explique cómo utilizar mediciones astronómicas para determinar la duración de Un embarazo. Están relacionados con al-Kawr y con algunas de las tablas Acompañando, pero no perteneciendo, a al-Muqtabas.

Ibn al-Kammād fue duramente criticado por Ibn al-Hāʾim al-Ishbīlī en el al-Zīj al-kāmil de este último (hacia 1205); Ibn al-Hāʾim señala hasta 25 errores en la obra de Ibn al-Kammād, especialmente en al‐Kawr ʿalā al‐dawr y al‐Amad ʿalā Al-Abad. Estos tienen principalmente que ver con los movimientos solares y lunares, modelos de trepidación, trigonometría, medición del tiempo y astrología. Sin embargo, la de Ibn al-Kammād la influencia se observa en varios astrónomos posteriores que escribieron en árabe, hebreo y latín, como Abū al-Ḥ asan al-Marrākushī (en el siglo XIII), Juan Gil, al-Ḥ adib, Joseph ibn Waqār y, en particular, Jacob Corsuno, autor de las Tablas de Barcelona dedicadas al Rey Pedro el Ceremonioso en el siglo XIV.

Ibn al-Hāʾim al-Ishbīlī sería el discípulo indirecto. Llamado Abu Muhammad Abd al-Haqq al-Ghafiqi al-Ishbili (fl. c. 1213), fue un astrónomo y matemático musulmán medieval de Sevilla. Es conocido por los estudiosos modernos por su obra al-Zīj al-kāmil fī al-talim(“El manual perfecto de astronomía matemática”) (1204/05), un tratado que constaba de una introducción y siete libros. El trabajo ha proporcionado a historiadores modernos información importante sobre astrónomos anteriores en al-Ándalus. Proporciona datos históricos sobre la vida y obra del fabricante de instrumentos y astrólogo Azarquiely la creación de las Tablas de Toledo.

Ibn al-Hāʾim amplió aún más las teorías de Azarquiel sobre la oscilación de la oblicuidad de la eclíptica, presentó fórmulas trigonométricas esféricas, dio una longitud del apogeo solar de 85° 49′ y confirmó aún más los trabajos de Azarquiel. La obra también trata sobre el cálculo de la longitud y latitud lunares, intentando corregir la teoría de Ptolomeo.

Reconocimientos

Hoy en día un cráter de la Luna recibe el nombre de Azarchel en su honor, ya nombrado así desde el siglo XVII gracias al astrónomo italiano Giovanni Riccioli.

En 1986 Correos emitió un sello postal con su efigie y la azafea. En el IES Azarquiel de Toledo existe un busto en su nombre inaugurado en 2017. Asimismo ha inspirado obras literarias como Azarquiel, el astrónomo de Toledo de Mariano Calvo e incluso composiciones musicales como Almanaque de Azarquiel, Azafea de Azarquiel, Astrolabio de Azarquiel y Clepsidra de Azarquiel entre otras composiciones en el álbum Taifa de Toledo. Al-Mamun y Azarquiel, siglo XI de Eduardo Paniagua publicado en 2016.

Busto de Azarquiel en el IES Azarquiel de Toledo
Busto de Azarquiel en el IES Azarquiel de Toledo

  1. Millás Vallicrosa, J. M: Estudios sobre Azarquiel. Instituto Miguel Asín, CSIC, 1943-1950, pp. 12-13 ↩︎
  2. En el siglo XIII, la obra encargada por Alfonso X el Sabio, los Libros del Saber de Astronomía, atribuyó erróneamente Sevilla como la ciudad del fallecimiento de Azarquiel. El motivo de esta confusión es político: cuando Azarquiel abandonó Toledo, solicitó la protección y el mecenazgo del rey poeta al-Mu’tamid, que era el soberano de la Taifa de Sevilla. ↩︎
  3. Kitāb al-Dja‘rāfiyya: Mappemonde du calife al-Ma’mūn reproduite par Fazārī (III e / IX e s.) rééditée et commentée par Zuhrī (VI e / XII e s.), ed Muḥammad Hadj-Sadok, Damasco 1968, pág. 39; Cf. J.M. Millas Vallicrosa, Estudios sobre Azarquiel, Madrid-Granada, 1943-1950, pp. 8-9 ↩︎
  4. Noticia en el periódico ABC ↩︎