Suevos, alanos, vándalos y, sobre todo, visigodos, son los pueblos bárbaros que entraron en Hispania desde principios del siglo V aprovechando la debacle del Imperio Romano. Pero, ¿fueron los únicos?

No. Sin tener la relevancia histórica de los anteriores, hubo otro pueblo bárbaro que trató al menos en dos ocasiones de tener su lugar en Hispania: los hérulos.

Son dos las noticias que tenemos de la presencia de los hérulos en Hispania y ambas proceden del Cronicón del obispo Hidacio de Chaves, contemporáneo de los sucesos.

La primera noticia es del año 456 y nos dice:

El Augusto Ávito envía al conde Fronto de embajador a los suevos y Teodorico, rey de los godos, como amigo fiel que era del Imperio Romano, les envió legados también, para que cumpliesen las promesas del pacto jurado, tanto con él como con los romanos, con quienes se hallaba unido en alianza de paz; pero los suevos, despidiendo a los legados del uno y del otro, y violando todo principio de derecho, invaden la provincia Tarraconense, que estaba sometida al imperio.
Habiendo arribado en siete naves a la costa lucense como unos cuatrocientos hombre de la gente de los hérulos, armados a la ligera, reunidos en gran número los naturales del país, les salen al encuentro de improviso y, ahuyentados de allí, habiendo perecido dos de ellos solamente, vuélvense a su residencia habitual, depredando al paso con la mayor ferocidad los lugares costeros de la Cantabria y la Vardulia.
Los godos envían por segunda vez legados a Requiario, rey de los suevos, el cual, después de la venida de aquellos, invade con gran número de tropas las regiones de la provincia Tarraconense, depredándolas y llevándose a Gallaecia considerable número de cautivos.

La segunda, en el año 461:

Teodorico envía a la Bética algunas tropas de su ejército con su general Sunierico. Cirila es llamado a las Galias. Los suevos, sin embargo, depredan, unos con Maldrás las comarcas de la Lusitania; y otros, con Remismundo, la Gallaecia.
Los hérulos que se dirigían a la Bética, llevan a cabo ferocísimas incursiones en algunos lugares de la costa del convento lucense.
Maldrás mata a su hermano carnal y se apodera del castro de Portucale.
Exacérbase el espíritu de hostilidad entre los suevos y los habitantes de Gallaecia a consecuencia de haber sido muertos algunos (de éstos) de origen ilustre.
Preséntanse a los habitantes de Gallaecia los legados que el general Nepociano y el conde Sunierico les envían para anunciarles que, vencidos en un combate los godos, el Augusto Mayoriano y el rey Teodorico habían estipulado entre sí bases firmísimas de paz.

¿Qué buscaban los hérulos en Hispania?

En ambas noticias, Hidacio nos presenta a los hérulos como atacantes que disponen de un flota y que se dedican a asolar las costas de Hispania.

Es por ello que una primera hipótesis es que, simplemente, estuviéramos antes acciones de rapiña y saqueo aprovechando los problemas internos de Hispania. Esta es la opinión de historiadores como López Silva (LÓPEZ SILVA, José Antonio. A Crónica de Idacio de Limia. Bispo de Chaves, Ourense:
Deputación Provincial, 2004, pág. 149) o Arce Martínez (ARCE MARTÍNEZ, Javier. Bárbaros y romanos en Hispania (400-507 A.D.), Madrid: Marcial Pons, 2007). Este último propone que el verdadero objetivo era la rica provincia de la Bética y que la anterior únicamente sería una expedición preliminar, de tanteo. Pero hay una segunda hipótesis nos parece más explicativa, que da las verdaderas razones de las acciones hérulas. Es seguida por Torres Rodríguez (TORRES RODRÍGUEZ, Casimiro. El reino de los suevos, A Coruña: Fundación Pedro Barrié, 1977, pág. 135) y Halsall (Halsall, Guy (2007). Barbarian Migrations and the Roman West, 376–568. Cambridge University Press).

Para desarrollarla es preciso conocer más en detalle el discurrir de los acontecimientos entre los años 456 y 461 en Hispania. Podremos ver, entonces, que los ataques hérulos parecen estar coordinados con los visigodos en las acciones militares, y que juntos actúan como aliados del Imperio en Hispania contra el reino suevo. Esta es la razón por la que hemos transcrito los fragmentos del Cronicón de Hidacio en su totalidad para esos dos años. Él nos da el contexto aunque no asocie directamente a hérulos con visigodos.

Los hérulos: aliados de los visigodos frente a los suevos

En el 455 el reino suevo es la entidad política más poderosa en Hispania. El Imperio Romano solo conservaba su dominio sobre las provincias Cartaginense y Tarraconense; el reino suevo campeaba en la Gallaecia, la Lusitania y la Bética. Tras el fallecimiento del emperador Valentiniano III, con quienes los suevos habían firmado el tratado de repartición de Hispania, el rey suevo Requiario decide expandir sus dominios y comienza a hacer incursiones en las dos provincias romanas imperiales.

Esto motiva la reacción romana. Pero, ante la imposibilidad de mandar un ejército propio, Ávito, el nuevo emperador romano, ordena en el 456 a los visigodos de Teodorico II, asentados en la Galia, que entren en Hispania y corten las ansías expansionistas suevas.

Teodorico II envió primero embajadores ante Requiario pero las negociaciones fueron infructuosas. En consecuencia, los visigodos entraron en Hispania y derrotaron por completo a los suevos en la batalla del río Órbigo (456). La devacle sueva fue apabullante: Requiario huyó precipitadamente hacia Portus Cale (actual Oporto) y, finalmente, fue capturado y ejecutado en diciembre de ese mismo año.

Curiosamente es en ese año 456 cuando los hérulos, que tenían buena fama de marinos, como veremos posteriormente, atacan las costas del norte del reino suevo. Siete naves con alrededor de 400 guerreros hérulos asolan la costa del convento lucense aunque son contenidos por sus habitantes. En su regreso arrasaron con otros núcleos costeros de la costa cantábrica tanto central (Cantabria) como oriental (Vardulia) y luego volvieron a sus bases, en el norte del continente europeo. Esta acción no tiene mucho sentido sobre una zona no demasiado rica, sin grandes ciudades, sino es como acción de distracción o de apoyo a la invasión terrestre protagonizada por los visigodos.

En este momento el reino suevo parece abocado a su fin. Teodorico II toma Mérida en el 457, sin saquearla, e instala una guarnición goda. Seguidamente nombra a Aiulfo o Agiulfo, de origen varno, para gobernar en Gallaecia en su nombre. Aiulfo, posiblemente instigado por los suevos, se rebeló contra su señor y usurpó el poder, aunque las fuentes no le dan el título de rey. Teodorico II no tardó en enviar un ejército contra él y fue apresado y asesinado en junio del 457 en Portus Cale.

A su muerte, los suevos no alcanzan una jefatura única. Dos son los aspirantes: Maldrás, concentrado en la Lusitania, y Framtano o Framtán, asentado en la Gallaecia. Framtano muere en el 457 o 458 y es sucedido por Requimundo Rechimundo.

Esta situación de desmembración del reino suevo es aprovechada por Teodorico II para comenzar a tener una mayor presencia en Hispania. En el 458 envía al dux Cyrila a la Bética, donde llegó en el mes de julio.

Mientras tanto, Maldrás, en febrero del 460, murió degollado y fue sucedido por Frumario. El conflicto entre las facciones suevas sume en el caos el territorio. Los hispanorromanos de la Gallaecia negocian un acuerdo con los visigodos y parece que el obispo Hidacio fue uno de los negociadores principales. Las distintas facciones suevas reaccionaron mal ante estos movimientos.

En este contexto Teodorico decide hacerse con la Bética. Precisamente en el 461 Teodorico envía a la Bética algunas tropas de su ejército con su general Sunierico para sustituir a Cyrila. Y, de nuevo, otra flota hérula aparece sobre Hispania. Según Hidacio, en su camino hacia la Bética, los hérulos vuelven a saquear las costas lucenses y, es de suponer, que luego llegarían a su destino y ayudarían a la conquista visigoda de la Bética.

Nada más se vuelve a saber de los hérulos e Hispania. Por lo tanto, más allá de considerarlo como precursores de las razzias vikingas de siglos posteriores, los hérulos habrían actuado, a nuestro entender, como la flota aliada con los visigodos frente a los suevos.

Hérulos en la corte de Eurico

Para reforzar aún más esta alianza entre hérulos y visigodos tenemos el testimonio del poeta griego Sidonio Apolinar quien nos dice que vio en la corte del rey visigodo Eurico, en torno al 478, a hérulos. En concreto, en un poema en el que narra distintas nacionalidades presentes en la corte visigoda:

Hic glaucis Herulus genis vagatur,
imos Oceani colens recessus
algoso prope concolor profundo.

Aquí pasea el hérulo con sus mejillas glaucas,
habitante de la orilla más lejana del Océano,
y de una tez con sus profundidades llenas de algas.

Sidonio Apolinar, Epístolas, 8.9

Los hérulos en el Imperio Romano de Occidente

Los hérulos son un pueblo germánico, posiblemente originario de Escandinavia, que en el siglo III se estableció a orillas del mar Negro. Las primeras menciones en fuentes griegas y romanas proceden de un serie de campañas que llevaron en el 267/268, siendo emperador Galieno (260-268): godos, eluri (Eλουροι) y otros pueblos llamados “escitas” de forma general, procedentes del mar de Azov iniciaron un ataque naval y tomaron el control de varias ciudades griegas del mar Negro, pasando el Bósforo y llegando al Peloponeso, logrando atacar Atenas.

Sin embargo, no es este el grupo de hérulos que va a estar activo posteriormente en el oeste del Imperio Romano. Se tienen noticias de grupos hérulos que actuaban como tropas auxiliares de la legiones romanas al menos desde el 360. Ese año, según Amiano Marcelino (Historia, 20.1.2) los hérulos, apoyando a los romanos de Juliano, lucharon contra pictos y escotos en Britania:

En consecuencia, una fuerza auxiliar de tropas ligeras, hérulos y bátavos, con dos legiones de Mœsia, fueron puestas bajo el mando de este general [Lupicinus] en pleno invierno, con el cual marchó a Boulogne, y habiendo adquirido algunos barcos y embarcado con sus soldados sobre ellos, navegó con buen viento y llegó a Richborough en la costa opuesta, desde cuyo lugar se dirigió a Londres, para que allí pudiera deliberar sobre el aspecto de los asuntos y tomar medidas inmediatas para su campaña.

Pero resulta que, casi al mismo tiempo, el emperador Constancio II había ordenado a Juliano que parte de sus tropas se dirigieran hacia el frente oriental para luchar contra los partos, como dice Amiano (Historia, 20.4):

Influido [Constancio II] por estas consideraciones, y temiendo que la influencia de Juliano fuera mayor, por instigación, como se dice, del prefecto Florencio, envió a Decencio, el tribuno y secretario, para que trajera de inmediato las tropas auxiliares de los hérulos y bátavos, y los celtas, y la legión llamada Petulantes, y trescientos hombres escogidos de las otras fuerzas; ordenándole que hiciera todo lo posible con el argumento de que se requería su presencia con el ejército que estaba destinado a marchar a principios de la primavera contra los partos.

Ante esta situación, el ejército de Juliano, establecido en las Galias, se rebeló contra Constacio II y proclamó emperador a Juliano. Tras la muerte de Juliano (363), los hérulos siguieron apoyando a las tropas romanas.

Según Amiano Marcelino (Historia, 27.1.6), en el 366 el líder bárbaro Charietto, aliado con los romanos, se enfrentó a los alamanes cerca del Rin. Pero murió en la batalla y dice Amiano:

Y después de su muerte se perdió el estandarte de los hérulos y de los bátavos, y los bárbaros lo levantaron en alto, insultándolo, bailando alrededor de él, pero después de una feroz lucha fue recuperado.

Por orden del emperador de Valentiniano I, Teodosio, en la primavera del 368, pasó a Britania con hérulos, bátavos y las legiones Joviana y Victoriana para enfrentarse a los saqueos de pictos, escotos y sajones (Historia, 27.8).

Por último, existen noticias de contingentes hérulos que junto a frisones y sajones practican la piratería en el mar del Norte y las costas del canal de La Mancha entre los años 400 y 407. Estos bandidos dejaron en un estado lastimoso las defensas costeras de la marca militar costera de Armórica o Litus armoricus, y establecieron puestos avanzados de observación o pequeños establecimientos de población en la costa atlántica.

Por lo tanto, aunque los hérulos no establecieron un reino como tal, sí estaba asentados en algún lugar del norte de la Galia y tenían conocimientos navales que aplicaban a acciones piráticas.