Me puedo equivocar pero estoy casi seguro de que si preguntamos a la mayoría de las personas “¿Cuál fue el primer reino cristiano de la Península Ibérica?” no obtendríamos ni una única respuesta ni sería, a la primera, la acertada. El reino visigodo o el reino de Asturias acapararían el mayor número de respuestas. Pero, en realidad, no fue ninguno de ellos.

El primer reino cristiano de la Península Ibérica, entendido como que su rey y parte de su nobleza profesaban la doctrina cristiana (en cualquiera de sus modalidades o herejías) fue el reino suevo.

El reino suevo es uno de los grandes olvidados de la historiografía medieval española. Eclipsada su importancia por el reino visigodo y, además, con cerca de cien años de ausencia absoluta de fuentes directas sobre él, pasa sin pena ni gloria por los planes de estudio incluso en las facultades de Historia.

Sin embargo, de una gran parte de su discurrir tenemos un testigo de excepción: el obispo Hidacio, asentado en la sede episcopal de Chaves (actualmente al norte de Portugal). Hidacio nos dejará escrita la historia del fin del Imperio romano en Hispania y las primera décadas del reino suevo, siendo además un protagonista directo en algunos de los acontecimientos políticos que acaecieron. Para esta breve historia nos serviremos de su Cronicón (Hydatii Gallaeciae episcopi Chronicon) como principal fuente. Y cuando se silencie, utilizaremos la Historia Suevorum San Isidoro y el Cronicón de Juan de Biclaro entre otros.

La llegada de los suevos a Hispania

Los suevos, junto a vándalos y alanos, habían cruzado el helado río Rin el 31 de diciembre del 406 aprovechando el caos del Imperio Romano.

Honorio, el débil emperador romano de Occidente, estaba acosado por la proclamación de varios usurpadores. Uno de ellos era Constantino III, elegido emperador por las tropas de Britania en el 407. Rápidamente se trasladó a las Galias con el objetivo de dominar también la diócesis de Hispania.

Para ello, en el 408 envió a sus propios representantes a las distintas provincias romanas hispanas y a su hijo Constante a la ciudad de Zaragoza. Acompañó a su hijo el militar Geroncio. Tras aplacar la resistencia de los familiares de Honorio, grandes terratenientes hispanos, Constante volvió a la corte gala de Arlés.

Pero, por causas poco claras, Geroncio decide rebelarse contra Constantino III y promueve la proclamación de un nuevo usurpador imperial: Máximo. Y aquí se produce un hecho decisivo: el emperador Máximo y Geroncio deciden llamar en su auxilio a los suevos, vándalos y alanos que se encontraban en la Aquitania para así poder enfrentarse al ejército de Constantino III.

Vándalos, alanos y suevos en Hispania (409-429)

En octubre de 409 vándalos, alanos y suevos cruzaron la frontera pirenaica sin ningún tipo de oposición. Es posible que existiera algún tipo de pacto o concesión por parte del emperador Máximo, quizás incluso de foederati con adscripción de territorios.

A mediados de 411, Geroncio muere mientras atacaba a Constantino III en las Galias. El emperador Máximo, desaparecido su gran valedor, huye a refugiarse entre los vándalos. Este año se hace efectivo el reparto del territorio de Hispania entre los bárbaros: Lusitania y Cartaginense para los alanos; la Bética para los vándalos silingos; y la Gallaecia se dividió entre los vándalos asdingos y los suevos. El resto de provincias de la diócesis de Hispania (Tarraconense, Baleárica y Mauritania Tingitana) quedaron fuera del reparto.

Dentro de la Gallaecia, los suevos recibieron la parte más occidental, los antiguos conventos jurídicos de Lugo y Braga; los vándalos asdingos los de Astorga y Clunia (actual Coruña del Conde, en Burgos).

Entre los años 417 y 418 el ejército visigodo de Walia va actuar en nombre del Imperio Romano con el objetivo de expulsar a los bárbaros de Hispania. El resultado fue que los alanos y los vándalos silingos fueron completamente derrotados y sus restos se unieron a los vándalos asdingos y suevos. Lusitania, Cartaginense y Bética volvieron al control de Roma.

La Gallaecia no fue objeto de esta campaña militar, pero la presión de los contingentes derrotados provocó enfrentamientos entre el rey suevo Hermerico y el rey vándalo Gunderico, de modo que los vándalos tenían bloqueados a los suevos en los montes Erbasios (419). Es aquí cuando se menciona por primera vez a un rey suevo, aunque según san Isidoro Hermerico era el monarca suevo al menos desde su entrada a la Península Ibérica.

Sin embargo, una nueva campaña imperial, bajo el mando de Asterio, derrotó a los vándalos en las cercanías de Braga (420). En esta ocasión los vándalos apoyaban una nueva proclamación imperial de Máximo, quien fue capturado y ejecutado. Los vándalos decidieron establecerse en la Bética con los que la Gallaecia quedó en exclusiva para los suevos.

El reino suevo: único reino germánico en Hispania (429-456)

Tras la migración vándala a África, los suevos quedan como el único pueblo germánico asentado en Hispania. Su posición de todas formas no es fácil. A falta de un acuerdo oficial con el Imperio sobre su asentamiento, Hermerico tuvo que negociar un acuerdo con la población de la Gallaecia, la cual, siendo sometida a saqueos, no duda en enfrentarse a los germanos.

El pacto fue efímero. En el 431 los suevos vuelven a realizar pillajes. El obispo Hidacio acude en embajada a las Galias donde se reúne con el dux Aecio. Éste envió a Hispania al comes Censorio quien parece que medió para conseguir otro acuerdo.

Durante los últimos años del rey Hermerico hay constancia de contactos con la corte imperial y también de acuerdos con la plebis Galleciae, con los habitantes de Gallaecia: Los suevos trataban de formalizan tanto con el Imperio como con la población hispana su presencia en la Gallaecia.

Desde el 434 Hermerico está enfermo y en el 438 decide abdicar (o al menos asociar al trono) en su hijo Requila.

Reino suevo en el 438
Reino suevo en el 438 (Modificado de original de Wikimedia Commons)

El reinado de Requila (439-448)

Requila, aprovechando la práctica inexistencia de las estructuras de defensa imperiales, va a emprender una política agresiva de expansión contra las provincias de Lusitania y Bética. El mismo año de su acceso al poder derrotó al ejército de un tal Andevoto (¿militar imperial? ¿terrateniente hispanorromano? ¿jefe de alguna banda bárbara?) a orillas del río Genil, obteniendo un importante tesoro de oro y plata.

Durante los años siguientes, el reino suevo se engrandece. En el 440 Requila toma Mérida, donde estableció su corte, y Mértola (donde apresó al enviado imperial Censorio) consolidando su poder en la Lusitania; y en el 441 entra en Sevilla y parece que controla (al menos en su mayor parte) las provincias Bética y Cartaginense.

Salvo alguna embajada infructuosa, el Imperio Romano no pudo hacer nada frente al empuje suevo. En este momento únicamente la provincia Tarraconense está gobernada por el Imperio.

En el 442 el Imperio Romano concierta una alianza con el reino vándalo del norte de África con el objetivo de acosar a los suevos y a los visigodos. Esto motiva a un acercamiento entre estos dos últimos pueblos, hecho que se concretará en el acuerdo matrimonial entre Requiario, hijo de Requila, y una hija del rey visigodo Teodorico II.

En el 446 un ejército al mando del romano Vito fue derrotado por Requila cuando intentaba recuperar las provincias Cartaginense y Bética.

Requila falleció de muerte natural en Mérida en agosto del 448. Su sucesor fue su hijo Requiario quien, según el cronista Hidacio, tuvo cierta oposición por parte de alguna facción de los nobles suevos.

Reino suevo en el 448
Reino suevo en el 448 (Modificado de original de Wikimedia Commons)

El reinado de Requiario (448-456)

La razón de esta resistencia pudo ser, precisamente, la que ha originado el título de este artículo. Según Hidacio, Requila era pagano, pero Requiario profesaba la fe católica. Es posible que esto no fuera aceptado por algunos suevos y, por esta razón, se opusieron inicialmente a su sucesión en el trono. Aquí tenemos al primer rey cristiano que gobernó en Hispania.

Requiario va a seguir la política expansiva pero también respeta el acuerdo con los visigodos que había negociado su padre: En julio del 449 se casa con una princesa visigoda en Toulouse.

Parece que se siente fuerte en sus dominios y ese mismo 449 se atreve a realizar intervenciones en la Tarraconense: una incursión contra los vascones en febrero y, tras su vuelta de las Galias, saqueos junto a los bagaudas, liderados por Basilio, en Lérida y las cercanías de Zaragoza.

Silicua de Requiario encontrada en Castro Lanhoso y conservada el el Museu D. Diogo de Sousa (braga)
Silicua de Requiario de 1,07 g encontrada en Castro Lanhoso, Braga (Portugal). Ceca de Braca y el anverso presentando al emperador Honorio.
Silicua de Requiario de 1,8 g y 18 mm. conservada en la Bibliothèque Nationale de France
Silicua de Requiario de 1,8 g y 18 mm. conservada en la Bibliothèque Nationale de France. Ceca de Braca. En el anverso se menciona al emperador Honorio (DN HONORIVS PF AVG).En el reverso al rey Requiario (IVSSV RICHIARI REGES)

Requiario fue el primer rey europeo cristiano en acuñar moneda con su propio nombre, junto al del emperador Honorio.​ Son silicuas, monedas de plata que siguen el modelo romano, que mantiene el nombre y la imagen de Honorio, pero con la leyenda IVSSV RICHIARI REGES. Se han encontrado en Castro Lanhoso (Braga), en las excavaciones de Casa do Infante (Oporto) y en Alcáçovas de Santarém.

Asimismo parece que fue Requiario quien estableció definitivamente la capital del reino suevo en Braga.

Estatua del rey suevo Requiario en la fachada del Palacio Real, Madrid. Esculpida entre 1750 y 1753
Estatua del rey suevo Requiario en la fachada del Palacio Real de Madrid (Fuente: Wikimedia Commons)

Ante la presión del Imperio, Requiario decide formalizar el asentamiento de los suevos en Hispania, algo que hasta el momento no estaba oficializado por ningún tratado de foedus. Entre los años 452 y 454 se negocia un acuerdo por el cual se reconoce a los suevos la posesión de la Gallaecia, incluida la Autrigonia (es decir toda la Gallaecia diocleciana), la Lusitania y gran parte (sino el total) de la Bética mientras que la Cartaginense vuelve al dominio imperial.

Pero Requiario no duda en aprovechar cualquier momento de debilidad del Imperio para ampliar sus dominios. En el 455 fallece el emperador Valentiniano III y los suevos atacan de nuevo las provincias Cartaginense y Tarraconense. El nuevo emperador Avito no tardó en responder y apoyándose en el reino visigodo de Tolosa, con quien había recompuesto una alianza, se enfrentará a los suevos.

La intervención visigoda (456) y la fragmentación del reino suevo

En el 456, por orden del emperador Avito, Teodorico II entra en Hispania con un gran ejército dispuesto a castigar a los suevos por haber atacado los dominios imperiales. Sendos ejércitos se enfrentaron el 5 de octubre del 456 en la batalla del río Órbigo, en las cercanías de la actual población de Puente de Órbigo (León).

La derrota sueva fue apabullante. Requiario huyó precipitadamente hacia Portus Cale (actual Oporto) y Teodorico II saqueó Braga el 28 de octubre. Finalmente, Requiario fue capturado y ejecutado en diciembre de ese mismo año.

En este momento el reino suevo parece abocado a su fin. Teodorico II toma Mérida en el 457, sin saquearla, e instala una guarnición goda. Seguidamente nombra a Aiulfo o Agiulfo, de origen varno, para gobernar en Gallaecia en su nombre. Y, para mayor confusión, cuando Teodorico II vuelve a las Galias, saqueó Astorga y Palencia y lo intentó, aunque sin éxito, con Coyanza. Aiulfo, posiblemente instigado por los suevos, se rebeló contra su señor y usurpó el poder, aunque las fuentes no le dan el título de rey. Teodorico II no tardó en enviar un ejército contra él y fue apresado y asesinado en junio del 457 en Portus Cale.

A su muerte, los suevos no alcanzan una jefatura única. Dos son los aspirantes: Maldrás, hijo de Massilia, concentrado en la Lusitania, y Framtano o Framtán, asentado en la Gallaecia. Maldrás ejecuta numerosas acciones de saqueo contra los hispanorromanos en Lisboa y Oporto entre los años 457 y 459 y es presentado por Hidacio más como un jefe bandido que como rey. Por otro lado Framtano muere en el 457 o 458 y es sucedido por Requimundo o Rechimundo.

El rey visigodo parece dispuesto a comenzar a controlar Hispania. En el 458 envía al dux Cyrila para hacerse con Sevilla en la Bética. En el 459 se suceden más acciones visigodas contra la Bética así como el saqueo por parte de los hérulos (aliados de los romanos) de la costa cantábrica del reino suevo.

Maldrás mató a Ricimero, hermano de su rival Rechimundo en el 460. Pero al poco, en febrero del 460, murió degollado y fue sucedido por Frumario. El conflicto entre las facciones suevas sume en el caos el territorio. Los hispanorromanos de la Gallaecia negocian un acuerdo con los visigodos y parece que el obispo Hidacio fue uno de los negociadores principales. Las distintas facciones suevas reaccionaron mal ante estos movimientos. Así puede explicarse que, en el 460, Hidacio sea apresado por los suevos de Frumario en su sede episcopal. Y también que la facción de Requimundo saqueara la zona de Lugo.

El panorama parece aclararse a partir del 463. Frumario fallece ese año y es sucedido por Remismundo quien, según Isidoro de Sevilla, era hijo de Maldrás. Tanto él como su contendiente Rechimundo tratan de conseguir el apoyo de los visigodos, a quienes envían embajadas.

Es Remismundo quien va a conseguir el apoyo visigodo, seguramente también avalado por la aristocracia hispanorromana. Teodorico II le da como esposa a una hija suya y le reconoce como rey. En el año 465 ya ha impuesto su autoridad sobre todas los suevos.

Se ha supuesto que Remismundo y Requimundo fueran la misma persona. No existe una prueba concluyente ya que es un periodo narrado de forma confusa en las fuentes hist´rocias que nos han llegado.

El rey Remismundo (c. 463-469)

Remismundo logró ser rey de los suevos gracias al apoyo visigodo. Sus dominios territoriales son mucho más reducidos que los del 456. A grandes rasgos abarcaría la Gallaecia hasta no mucho más allá de Astorga y León; y por el sur parece que no llegaban hasta el río Tajo. Además, algunos grupos hispanorromanos se enfrentaban activamente contra los suevos. Es el caso de los llamados aunonenses, con los que Remismundo llegó a un acuerdo de paz en el 468.

Sin embargo, el fallecimiento de Teodorico II (466) dio alas a Remismundo. Decidido a recuperar el control de la Lusitania, en el 468 entró en Coimbra y, al año siguiente, en Lisboa (aunque no la retuvo).

Para asegurar su posición, envió una embajada al emperador Antemio fruto de la cual, posiblemente, consiguió un acuerdo de no agresión con el nuevo rey visigodo Eurico.

Durante su reinado, un gálata de nombre Aiax, enviado por Teodorico II, comenzó a predicar el arrianismo entre los suevos.

Remismundo falleció en el 469. Su gran labor fue la de asegurar la continuidad del reino suevo cuando parecía que estaba destinado a desaparecer.

Años oscuros (469-550)

El relato del cronista Hidacio se detiene en el 469. Tenemos una enorme laguna de información entre este año y el 550 que es difícil de alumbrar.

En este período de tiempo sabemos que los reyes suevos se convirtieron al arrianismo y que lograron consolidar las fronteras de su reino entre los ríos Mondego y Tajo pues Santarem y Mérida eran visigodas. Al oriente, la línea incluiría Zamora, Astorga y León y continuaría hacia el norte, por el río Esla, hasta la cordillera Cantábrica.

Extensión del reino suevo a principios del siglo VI

Y la falta de noticias parece también adivinar que se logró llegar a un acuerdo con la población nativa que atenuó los conflictos. Si bien los reyes suevos de este periodo son arrianos, no parece que se enfrentaran a la estructura eclesiástica católica ya existente. Conocemos una carta del año 538 del papa Vigilo al obispo de Braga gracias a la cual podemos saber que las preocupaciones de la jerarquía católica sueva son la persistencia del priscilianismo y la confusión entre los usos arrianos y católicos entre la población.

Poco más sabemos de este período. Como hecho anecdótico, unas inscripciones halladas en 1608 en la iglesia portuguesa de San Salvador de Vairão citan a un rey llamado Veremundo. La datación es discutida (algunos dan los años 485 o 535; otros la retrasan hasta el siglo VIII o IX) pero puede que tuviéramos así el nombre de uno de los reyes de este período.

Inscripción de San Salvador de Vairão en la que se cita al rex Veremundo, posiblemente suevo
Inscripción de San Salvador de Vairão en la que se cita al rex Veremundo, posiblemente suevo (Imagen tomada de AEHTAM: http://hesperia.ucm.es/consulta_aehtam/pdf.php?id=4)

Mientras tanto, desde el último tercio del siglo V los visigodos comenzaron a asentarse de forma efectiva en Hispania. De tal modo que, tras la derrota ante los francos en Vouvillé (507), acabaron por trasladar la capital de su reino a Toledo, en el corazón de Hispania.

Esta nueva realidad hizo también que el reino suevo afianzara las relaciones de amistad con los reinos francos y con el Imperio Bizantino, ambos adversarios de los visigodos.

Por otro lado, a finales del siglo V y principios del VI, contingentes de población britana que huía de los invasores anglosajones, se asentaron en la costa lucense, aproximadamente entre el río Eo y la ría de Ferrol. Esta población se organizó en torno a una diócesis propia con sede en Britonia, lugar que los expertos identifican habitualmente con la actual parroquia de Santa María de Bretoña, ubicada en el municipio lucense de Pastoriza. Más adelante queda atestiguada esta migración por la participación de su obispo Maliosus o Maeloc en los dos primeros concilio de Braga (561 y 572).

El fin del reino suevo (550 – 585)

El reino suevo “vuelve a la historia” gracias a la acción del misionero panonio Martín a partir del 550, quién logrará que los reyes suevos abandonen el arrianismo por el catolicismo.

Según Gregorio de Tours la conversión fue obra del rey Karriarico y tuvo lugar alrededor del año 550, pero según Isidoro de Sevilla fue el rey Teodomiro y la data en 570. Sin embargo, ambas versiones coinciden en lo fundamental: en el protagonismo que tuvo en este hecho Martín, quien sería abad de Dumio y obispo de Braga.

San Martín de Braga o de Dumio en una miniatura del Códice Albeldense, Códex Albeldensis, a. 976, Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid
San Martín de Braga o de Dumio en una miniatura del Códice Albeldense (Imagen de Wikimedia Commons)

La historiografía actual se inclina a favor de la versión de Gregorio de Tours, situando la llegada de Martín al reino suevo en el reinado de Carriarico y relacionando su conversión al catolicismo con la creciente influencia en el reino suevo de los francos merovingios y de los bizantinos, enemigos de los visigodos. Martín de Braga, antes de ir a Galicia, había estado en Bizancio y su llegada al reino suevo coincide con el desembarco de los bizantinos en el sur de la península, donde fundarán la provincia de Spania, y, por otro lado, la influencia merovingia —que habría llegado a la Gallaecia por la vía comercial marítima que unía la zona de Burdeos con las costas del noroeste de la península— se manifestaría en la muy extendida veneración que existía entre los católicos galaicorromanos por San Martín de Tours.

Martín habría logrado curar de lepra al hijo del rey y por eso se convirtió al catolicismo.

Cuando Martín llega a la Gallaecia gobierna un rey llamado Karriarico o Carriarico. En torno a los años 558 o 559 sube al trono Ariamiro, quien es mencionado en las actas del I Concilio de Braga (561). En dicha asamblea se trató el tema de la herejía priscilianista.

I Concilio de Braga, con el rey Ariamiro a la derecha. Miniatura del Códice Albeldense, 976.
I Concilio de Braga, con el rey Ariamiro a la derecha (Imagen de Wikimedia Commons)

Después, en una fecha desconocida, es sucedido por el rey Teodomiro quien posiblemente sea el responsable de convertirse al catolicismo de manera oficial y promovió la reorganización de la iglesia católica sueva.

El Concilio de Lugo fue convocado por Teodomiro el 1 de enero del año 569 “para confirmar la fe católica y por otras causas de la Iglesia”. En él se redactó el Parroquial Suevo (Parrochiale suevum) donde se relacionan las parroquias pertenecientes a cada sede episcopal.

Estatua del rey Teodomiro en el Palacio Real de Madrid
Estatua del rey suevo Teodomiro en el Palacio Real de Madrid (Imagen de Wikimedia Commons)

El reinado de Miro (570-583)

El rey Miro sube al trono en el 570 y con él volvemos a tener detalles históricos del reino suevo. Mantiene numerosos enfrentamientos con el enigmático pueblo de los ruccones (¿en la cordillera Cantábrica?).

Miniatura medieval que representa a Martín de Braga con Miro, rey suevo, en el libro titulado "De virtutibus quattuor". Actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de Austria. Año 1145 (Federzeichnung lm Co. 791, fol. 109v).
El rey Miro y Martín de Braga (Imagen de Wikimedia Commons)

Bajo su gobierno se celebró el II Concilio de Braga (572) y Martín de Braga completó la reorganización de la iglesia católica sueva. Se dividió el reino en 13 diócesis, a su vez agrupadas en dos provincias eclesiásticas: una meridional, cuya sede metropolitana sería Braga, y otra septentrional, con Lugo como nueva sede metropolitana. Los trece obispados de la reorganizada Iglesia católica sueva fueron los siguientes: Britonia; Lucus Augusti; Laniobrense; Iria Flavia; Tudae; Auriensis; Asturica Augusta; Dumiun; Portucale; Lamecum; Viseum; Conimbriga; Egitania.

El propio Martín de Braga dedicó al rey Miro su famosa obra Formula vitae honestae.

Mientras tanto, el rey visigodo Leovigildo se encontraba embarcado en hacerse con el control de toda Hispania. Entre el 573 y el 576 se ocupó del noroeste del reino, fronterizo con el reino de los suevos. Así en 573 sometió la Sabaria (el pueblo de los sappos), un territorio del que se desconoce su localización exacta, pero que pudiera estar en la frontera del río Duero con los suevos, y al año siguiente tomó la ciudad de Amaya, y con ella toda la provincia de Cantabria quedó sometida.

En 575 se apoderó de la región de Orense haciendo prisionero a Aspidius, señor local de aquel territorio. De esta forma recuperó la enorme franja de terreno de la parte visigoda de la frontera con el reino suevo, formada por Orense, Asturias y Cantabria, y que en la práctica eran independientes.

En 576 penetró en el reino suevo, pero llegó a firmar la paz con el rey Miro.​ Parece que el enfrentamiento definitivo entre suevos y visigodos se hace esperar.

En el 580 se inició en el reino visigodo la rebelión de Hermenegildo, hijo primogénito de Leovigildo, que se había convertido al catolicismo. Dos años después Leovigildo inició la ofensiva para recuperar la Lusitania y la Bética que estaban en poder de los sublevados. En seguida tomó Mérida y en el 583 sitió Sevilla, donde vivían Hermenegildo y su esposa franca.

Miro era aliado de los francos y éstos apoyaban la decisión de Hermenegildo. Miro envió al ejército suevo en ayuda de Hermenegildo, pero Leovigildo lo cercó y le obligó a jurarle fidelidad, permitiéndole retirarse a Galicia, donde murió poco después, según el cronista franco Gregorio de Tours, aunque el cronista godo Juan de Biclaro sitúa su muerte en Sevilla.​

Los reinados de Eborico (583-584) y Audeca (584-585)

Tras la muerte del rey Miro le sucedió su hijo Eborico. Pero la derrota ante los visigodos, que quebrantó la fortaleza militar del reino suevo, y el malestar creado entre la aristocracia del reino por la renovación por el nuevo rey de la fidelidad a Leovigildo jurada por su padre, pudieron ser las causas de que al año siguiente Eborico fuera destronado por su cuñado Audeca o Andeca y relegado a un convento. Gregorio de Tours afirma que fue ordenado, primero diácono y después presbítero.

Audeca, para fortalecer su posición, se casó de inmediato en segundas nupcias con la viuda del rey Miro, Siseguntia. Y es posible que acuñara moneda, aunque el único testimonio es una pieza con la leyenda Odiacca Reiges que se conservaba en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid hasta que desapareció en 1936.

Moneda con la leyenda Odiacca Reiges atribuida a Audeca
Moneda con la leyenda Odiacca Reiges atribuida a Audeca. Se perdió en 1936

Leovigildo no intervino en seguida porque todavía estaba intentando acabar con la rebelión de Hermenegildo, pero en cuanto consiguió ponerle fin, encabezó un ejército en 585 que penetró en el reino suevo y se apoderó de él. El rey Audeca fue recluido en un monasterio de Beja y Leovigildo se hizo con el tesoro real.

Así dejó de existir el reino suevo que quedó convertido en una provincia del reino visigodo de Toledo. Tras la marcha de Leovigildo, hubo un intento de restauración del reino por parte de un tal Malarico pero fue derrotado por los ejércitos visigodos.

Como consecuencia de la conquista, fueron establecidos obispos arrianos en Viseo, Lugo, Tuy y Oporto, aunque no parece que Leovigildo llevase a cabo ninguna acción violenta contra la Iglesia católica del antiguo reino suevo: los obispos católicos continuaron en sus sedes, incluso allí donde se establecieron arrianos.

Bibliografía