Obispo de Oca y Valpuesta (c. 1034 – c. 1044)

Según Gregorio de Argáiz¹ y Juan Briz Martínez², Atto era un obispo de origen aragonés o catalán. Siguiendo la virtud y el ejemplo de San Íñigo, familiar de Atto, renunció a lo que tenía y se fue a vivir en compañía de él en los alrededores del monasterio de Oña. Se estableció en un lugar llamado Aldenal (La Aldea del Portillo de Busto, Burgos) llevando una vida de retiro.

El primer documento en el que aparece citado es precisamente del mismo año en el que Íñigo llegó a Oña, del 2 de noviembre del 1034, procedente de Nájera, y en el confirma como «Atto Aucensis Episcopus confirmat». Sería por tanto nombrado obispo de Oca y Valpuesta por Sancho III de Pamplona para afianzar su dominio sobre Castilla y además iniciar el proceso de reforma cluniacense. Desplazó de la sede al obispo Julián, quien desde ese momento se titula obispo de Burgos. Atto era obispo de un territorio que comprendía Oca, Castilla la Vieja, La Bureba y Valpuesta, es decir, a grandes rasgos, los dominios castellanos que habían pasado a manos del reino de Pamplona.

Aparece mencionado en varios documentos procedentes de los monasterios de San Millán de la Cogolla, Leyre y Nájera. En el 1037, procedente de San Millán de la Cogolla, donde firman los obispos Atto de Castilla la Vieja y el obispo García de Álava. Su nombre también aparece en la donación de Arras, que García III de Pamplona hizo a su esposa Estefanía en 28 de mayo de 1040, en Nájera, dándola entre otros pueblos y bienes Auca con su Gobernador Fortunio Iñiguez, y allí después de las firmas de los Obispos de Nájera, Pamplona y Álava, se lea: «Deo annuente Atto Aukensis Episcopus confirmat». Ese mismo año, el 20 de julio aparece en una donación que Tello Díaz y su mujer hacen al abad Oveco de Santa María de Valpuesta; y en el 1039 en la donación de un presbítero de posesiones en Alcedo al mismo lugar.

Otras escrituras proceden del monasterio de Leyre: una del 13 de abril de 1042, junto al rey García ya los obispos Sancho de Nájera, Sancho de Pamplona y García de Álava;  y la última del año 1044 junto a los obispos García de Álava, Gómez de Nájera, Sancho de Pamplona, Guillermo de Urgel y Bernardo de Palencia
 
Atto debió de fallecer en torno a ese mismo año de 1044. Sus restos fueron acogidos por su maestro, San Íñigo, y enterrados en el monasterio de Oña, en el claustro viejo. Posteriormente, en 1165, fueron trasladados al claustro nuevo, junto al paño de la iglesia.
 

Los milagros de San Atto

Aunque según Yepes hubo hechos milagrosos durante el traslado de su cuerpo hasta el monasterio, el hecho por el que es reconocido como santo ocurrió en un nuevo traslado del cuerpo. En esta ocasión el abad Juan II de Oña trasladó los restos de San Íñigo y San Atto al otro paño de la iglesia. Resulta que encontraron los huesos con toda su ligadura y la vestimenta y un anillo. Uno de los presentes en el traslado hurtó el anillo y entonces el demonio se apoderó de él, maltratándole a la vista de todos, hasta que confesó el robo y devolvió el anillo.
 
Además, cuando el cuerpo se depositó en su nuevo lugar se puso delante un enjambre de abejas que con su zumbido acompañaba los cánticos de los monjes, sin molestar ni picar a ninguno de los religiosos y sin alterarse mientras se ofrecía alguno de los oficios religiosos.
 
Finalmente en 1470 los huesos de Íñigo y Atto se colocaron en un hueco de la pared maestra que corresponde al claustro de los Caballeros. En 1598 o 1600 se volvió a reformar el lugar y las reliquias de Atto dentro de un arca de madera.
 
 
 
2. Briz Martínez, Juan: Historia de la fundación y antigüedades de San Juan de la Peña (Zaragoza, 1620)