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Muchos de quienes hoy en día visitan y hacen turismo en Sevilla desconocen que esta hermosa ciudad fue la capital de uno de los reinos de taifas musulmanes más poderosos del siglo XI: la Taifa de Sevilla.

Mapa de la Taifa de Sevilla

La Taifa de Sevilla (طائفة أشبيليّة, Ta’ifa Ishbiliya en árabe) es una de las taifas más tardías en ser proclamada tras la disgregación del califato de Córdoba.

No surge hasta el año 1023 cuando Abu al-Qasim Muhammad ben Ismail ben Abbad se rebela contra el califato hammudí y organiza un triunvirato que gobierna la cora o provincia de Sevilla. Al poco, el propio califa hammudí al-Qasim al-Mamun, ya depuesto, le reconoce su autonomía y Abu al-Qasim se desprende de sus colegas, gobernando en solitario.

Comienza así el gobierno de la dinastía de los Banu Abbad o abbadíes, una tribu de origen yemení que había arribado a al-Ándalus en época del valí Balch ben Bisr.

Abu al-Qasim Muhammad trató de ver completamente legitimada su posición y de encumbrarse sobre el resto de taifas. Por esta razón en el 1035 proclamó califa a un falso Hisham II que fue reconocido por varias taifas gobernadas por eslavos en la costa levantina. Pero no por las taifas bereberes vecinas contra las que batalló continuamente, con ánimo de expandir su territorios. En uno de estos enfrentamientos Abu al-Qasim Muhammad perdió la vida y fue sucedido por su hijo al-Mu’tadid (1042).

Al-Mu’tadid continuó la expansión territorial emprendida por su padre. Durante su gobierno se anexionó Mértola (1044), Huelva (1051), Algarve (1052), Niebla (1053), Algeciras (1055), Silves (1063), Ronda (1065), Morón (1066), Carmona (1067) y Arcos (1069). Por esta actitud tuvo constantes enfrentamientos con las taifas de Badajoz, Granada y Málaga.

En 1060, al-Mu’tadid decidió deshacerse del  falso Hisham II anunciando su muerte y que le había nombrado sucesor y emir de al-Ándalus. Acto seguido decidió conquistar Córdoba en contra de la opinión de su hijo primogénito, Isma’il, quien organizó un complot contra su padre, que tras fracasar llevó a Al-Mu’tadid a ordenar la decapitación de su heredero.

En 1069 fue sucedido por su hijo al-Mu’tamid, un reconocido poeta que estableció en Sevilla un corte culturalmente muy refinada.

al-Mu’tamid continuó la expansión territorial de Sevilla, anexionándose Córdoba (1070), ciudad que perdería a manos de rey de la taifa de Toledo en 1075​ y que volvería a recuperar en 1077. Poco después, en el 1079, su maestro, amigo y ministro, el poeta Ibn Ammar conquistó la taifa de Murcia, con lo que la taifa sevillana alcanzó su máxima extensión territorial.​

Por entonces, en vísperas de la intervención almorávide en la península, la taifa de Sevilla era la más importante de los estados andalusíes.

Al-Mu’tamid intentó evitar pagar las parias que su padre habían pactado con Alfonso VI de Castilla y León. Alfonso VI reaccionó sitiando Sevilla. Este hecho junto con la toma de la taifa de Toledo en 1085 por el mismo rey cristiano, llevó a Al-Mu’tamid, de acuerdo con otros reyes de taifas, a solicitar la ayuda de los almorávides norteafricanos.

Los almorávides desembarcaron en la península en 1086 y se instalaron en Algeciras, que les había sido cedida por el rey sevillano. Sin embargo, tras frenar y derrotar a las tropas cristianas en la batalla de Zalaca o Sagrajas (1086), los almorávides terminarán por conquistar los reinos taifas, cayendo el sevillano en 1091.

Al-Mu’tamid fue exiliado al Magreb donde fallecería.

Reyes de la taifa de Sevilla