[Sevilla, 1015 – Sevilla, febrero/marzo 1069] En árabe المعتضد بالله أبو عمرو عبَّاد بن محمد بن إسماعيل اللخمي

Segundo rey de la taifa de Sevilla (1042-1069)

Abu ‘Amr ‘Abbad ben Muhammad ben ‘Abbad al-Mu’tadid bi-llah era hijo de Abu-l-Qasim Muhammad ben Abbad, primer rey de la taifa de Sevilla.

Fue uno de los gobernantes más poderosos de su época. Asumió la jefatura del partido andalusí frente al partido bereber. Logró engrandecer el reino taifa sevillano. Contaba con suficientes recursos y un ejército adecuado para enfrentarse sobre todo a las taifas gobernadas por bereberes. Se erigió en el hombre fuerte del partido andalusí frente a las taifas bereberes.

Según Ibn Hayyan, su contemporáneo:

‘Abbad había sido dotado de belleza física, [era] de perfecta constitución, de majestuoso porte, generoso, de penetrante inteligencia, presencia de ánimo y certeza de percepción, con lo que sobrepasó a sus iguales. Se dedicó además a las bellas letras […]

Ibn idari: La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas, al-Bayan al-Mugrib, trad. Pelipe Maíllo Salgado, pág. 174

Era además muy dado a las mujeres, las tenía de todas las categorías y procedencias, llegando a pasar por su harén unas ochocientas. Dejó al morir, además de su esposa, setenta esclavas concubinas, y una descendencia de unos cuarenta hijos de ambos sexos. Todos los principales cronistas señalan que era hombre de gran valor y que no tenía reparos en eliminar a quien se opusiera a sus planes, ya que era extremadamente cruel.

Comienzos del reinado y guerra contra Badajoz

Sucedió a su padre tras su muerte y comenzó a reinar el 1 de yumada del 443H (26 de enero del 1042) a la edad de veintiséis años. Tomó el título de hayib del falso Hisham II, continuando la farsa iniciada por su padre y el de al-Mu’tadid bi-llah, (el que implora la protección de Dios).

al-Mu’tadid continuó la lucha contra la taifa de Carmona, logrando en el primer año de su reinado matar en una emboscada a Muhammad ‘Abd Allah al-Birzalí (434H, 1042/43), aunque no pudo apoderarse de la taifa de Carmona.

al-Mu’tadid optó por atacar las taifas situadas al oeste de Sevilla, menos fuertes militarmente que las taifas bereberes del sur. En el segundo año de su reinado, efectivamente, atacó el señorío de Mértola, aliado de sus enemigos los aftasíes de Badajoz, desalojando de allí a Ibn Tayfur en 436H/1044. Luego se dirigió contra Niebla, pero no pudo tomarla, pues su régulo Muhammad al-Yashubí, pidió auxilio a Abu Bakr Muhammad al-Muzaffar de Badajoz.

En respuesta, el sevillano envió su caballería contra el reino de Badajoz, asolando parte del territorio sin apenas oposición. Y luego se dirigió hacia Niebla, donde hubo una batalla con resultado incierto pero causó grandes bajas en ambos bandos.

En el 439H (1047/48) en vista de la agresividad de al-Mu’tadid, pronto las taifas vecinas se coaligaron. El jefe de la alianza era Badis ben Habbus de Granada, y le apoyaban al-Muzaffar de Badajoz, Ishaq de Carmona, de Málaga, Muhammad ben Nuh de Morón, Abdun ben Muhammad de Arcos, y el califa hammudí Muhammad ben al-Qasim al-Mahdí, proclamado en Algeciras.

Pero al-Mu’tadid supo cómo superar esa coalición. En torno al 442H (26 mayo 1050 a 14 mayo 1051) Muhammad al-Yashubí de Niebla rompió la alianza con Badajoz y se alió con su anterior enemigo sevillano. al-Muzaffar de Badajoz, además de quedarse el dinero que le había confiado anteriormente el rey de Niebla, se encamino está vez hacia Niebla para dar un escarmiento a su antiguo aliado. En esta ocasión al-Mu’tadid acudió en ayuda del soberano ilipense.

El ejército sevillano estaba comandado por Ismail, hijo de al-Mu’tadid, y su visir Ibn Sallam. Mientras tanto al-Muzaffar había conseguido la colaboración de Ishaq de Carmona, quien envió a su hijo al-‘Izz. La batalla dio como resultado una enorme derrota a las tropas de Badajoz, falleciendo al-‘Izz de Carmona y ‘Ubayd Allah al-Jarraz, tío paterno de al-Muzaffar y gobernador de Évora.

al-Mutadid aprovechó la ocasión para expandir su territorio a costa del los pacenses. Invadió la taifa de Badajoz, tomó numerosos castillos, asoló los cultivos. Un nuevo descalabro de al-Muzaffar cerca de Évora, donde se había refugiado al-Muzaffar, provocó que estuviera a la defensiva sin poder recuperar ninguno de los territorios perdidos hasta que al-Mu’tadid cesó la acometida en sawwal del 442H (16 febrero a 16 marzo 1051) y volvió a Sevilla.

El conflicto cesó gracias a la mediación de Abu-l-Walid ben Muhammad ben Yahwar de Córdoba en rabí I del 443H (13 julio a 11 agosto 1051).

Al-Mu’tadid y la taifa de Denia

Al-Mu’tadid tuvo entre su esposas favoritas a una hija de Muyahid de Denia. A causa de esta relación, al-Mu’tadid se vio comprometido en la sucesión de dicho reino. Cuando falleció Muyahid (1045), hubo una disputa entre dos de sus hijo: Alí y Hasán.

Hasán fue en busca del apoyo de su cuñado para desbancar del trono a Alí. Pero la conjura fue descubierta y Hasán tuvo que refugiarse en Sevilla. Pero al-Mu’tadid no quiso seguir apoyándolo y le obligo a exiliarse a Valencia.

Las relaciones entre Denia y Sevilla fueron cordiales durante el resto del reinado de al-Mu’tadid.

Conquista de Huelva, Algarve, Niebla y Carmona

Una vez asegurada la paz con el reino de Badajoz, al-Mu’tadid se lanzó contra las pequeñas taifas del suroeste peninsular. En 443H/1051-52 se hizo con Huelva y Saltés, obligando a ‘Abd al-Aziz ben Muhammad al-Bakri a abdicar en él y a exiliarse a Córdoba. Ese mismo año o en el 449H (1057-58), pues las fuentes difieren, Muhammad ben Said ben Harun del Algarve también abdicó en favor de al-Mu’tadid.

La taifa de Niebla fue absorbida en el 445H/1053-54 tras la huida de Fath ben Jalaf hacia Córdoba. La expansión se completó en el 1063 con la toma de la taifa de Silves tras degollar a Isa III.

Enfrentamiento contra las taifas bereberes del sur

Una vez completado el dominio sobre las débiles taifas del suroeste, al-Mu’tadid decidió hacerse con los dominios de los beréberes zanata, situados al sur de su reino.

En el mes de rayab del 445H (17 octubre a 15 noviembre de 1053) los reyes de tres taifas zenatas fueron invitados a la corte de al-Mu’tadid ben Abbad en Sevilla para sellar un paz que cesara sus frecuentes enfrentamientos. Eran Muhammad ben Nuh de Morón, a Abu Nur ben Abi Qurra de Ronda, y a ‘Abdun ben Jizrun de Arcos.

Atraídos por la magnificencia sevillana, acudieron a la cita al frente de doscientos caballeros que montaban sus mejores caballos y sus armas mejor ornadas con orfebrería. Una vez allí, el rey sevillano al-Mu’tadid se quedó con los caballos, los mulos, las tiendas y todos los pertrechos y aprisionó a los tres reyes , y los maltrató.

Después de cierto tiempo, el rey sevillano liberó al señor de Ronda. Pero antes preparó la ejecución de los reyes de las taifas de Arcos y de Morón. La ejecución quiso tener una clara función de advertencia para cualquier otro que osara coaligarse contra él. Según cuenta al-Bayan al-Mugrib, el rey de Sevilla ordenó liberar a los presos de Morón y de Arcos y les devolvió todo lo que les había tomado. Después preparó un banquete en su honor. Les colmó de honores y ordenó a los esclavos que les preparan un baño perfumado.

Los esclavos acompañaron a los dos reyes al Hamman ar-Raqqaqin (el Baño de los Pergamineros). Una vez que entraron, los esclavos tapiaron la habitación del baño con cal y ladrillo y se ordenó al calderero que avivara el fuego. El baño se calentó tanto que los reyes acabaron allí sus vidas. Este baño quedó inutilizado hasta que los almorávides entraron en el alcázar sevillano.

Las cabezas de los dos reyes taifas ejecutados se guardaron con su nombre escrito en un papel pendiente de la oreja. Se limpiaron, perfumaron y embalsamaron y fueron emplazadas en picas en los jardines de su alcázar. Prontos otras cabezas acompañarían a estas.

Al-Mu’tadid atacó a continuación Algeciras gobernada por el califa hammudí al-Qasim ben Muhammad quien entregó la ciudad en 1055 y se refugió en Córdoba.

En el 1065 atacó sin éxito Ceuta, gobernada por Saqqut al-Bargawatí.

Finalmente, conquistó la taifa de Ronda en 1066 tras provocar una rebelión contra Abu Nasr Fatuh ben Hilal. Ese mismo año se hizo también con la taifa de Morón, en esta ocasión porque Manad ben Muhammad le entregó la ciudad ante el sitio de Granada y otras taifas, y se exilió en Sevilla. La taifa de Arcos también fue sometida en diciembre del 1066 y la cabeza de Muhammad ben Muhammad ben Jizrun al-Qaim, su último rey, engrosó la colección de sus jardines privados en Sevilla. El mismo destino tuvo la cabeza de al-Aziz ben Ishaq de Carmona en el 1068 tras un vano intento de dar la taifa a Córdoba.

Mapa expansión de la taifa de Sevilla
Mapa expansión de la taifa de Sevilla

Rebelión de su hijo Ismail

La última década de la vida de al-Mu’tadid fue bastante sombría: su hijo y heredero Ismail, que tanto había colaborado con su padre en las conquistas conduciendo ejércitos, se rebeló contra él instigado por su consejero Abu ‘Abd Allah al-Bizilyaní, un emigrado malagueño.

Ocurrió en torno al año 449H (10 marzo 1057 – 27 febrero 1058) o 450H. Ismail había partido para asediar Córdoba pero regresó a Sevilla aprovechando que su padre se hallaba en el palacio-fortaleza de al-Zahir, una de sus residencias palaciegas al otro lado del Guadalquivir, y se adueñó de cuanto pudo en el palacio de la capital, llevándose a su madre y a un grupo de mujeres del harén en dirección a Algeciras.

Al-Mu’tadid, enterado del hecho, ordenó a los jefes de los castillos que se hallaban en el camino de Sevilla a Algeciras, que cerraran las puertas al rebelde. Ibn Idarí da cuenta pormenorizada de esta aventura. Refugiado en la fortaleza del alcalde Abu Ayyub al-Hassadí, en el distrito de Sidonia, éste le instó a que se entregase al rey y le pidiera perdón, mientras él le servía de mediador. Al-Mu’tadid lo hizo volver a Sevilla con la gente que le acompañaba y, aunque perdonó al príncipe, ordenó que le cortaran la cabeza al consejero de su hijo y a otros cómplices de la traición.

Aun cuando al-Mu’tadid hubiese retirado el trato a su hijo, le restituyó sus bienes, e incluso acrecentó sus dádivas. Ismail, desconfiando de su padre, intentó un golpe de estado, previo asesinato del rey, pero la nueva acción no tuvo éxito. Y esta vez nada pudo salvar al príncipe y a los que le secundaron, pues parece que al-Mu’tadid los mató por su propia mano.

Este parricidio fue considerado por los andalusíes una impiedad, al-Mu’tadid tuvo que dirigir un escrito a la comunidad de sus aliados a fin de justificar esa muerte.

Al-Mu’tadid y el califato

Al-Mu’tadid continuó la ficción del falso Hisham II que había pergeñado su padre. Pero después de deshacerse del califa hammudí de Algeciras, prescindió también del falso Hisham II. En el año 451H (1059/60) hizo entonces saber que el supuesto califa había muerto en el 436H/1044.

Aún así, al-Mu’tadid siguió acuñando sus monedas con el nombre del califa Hisham II hasta el año 461H/1069. Su hijo y sucesor al-Mu’tamid, como algunos otros reyes de taifas, hizo figurar en el numerario el nombre califal de ‘Abd Allah, invocando así la supremacía ficticia de un califa del todo inexistente.

Dinar de oro emitido por al-Mu'tadid, rey taifa de Sevilla, en 438H
Dinar de oro emitido por al-Mu’tadid, rey taifa de Sevilla, en 438H

Intervención en Málaga (1054/55)

La taifa de Málaga era objeto del deseo de Badis ben Habbus de Granada y fue logrando apoyos en la corte malagueña.

Sevilla también tenía aspiraciones a quedarse con Málaga. Por eso envió a sus hijos Muhammad y Yabir con un ejército. Lograron entrar en la ciudad pero no en la alcazaba.

Aúna sí, los príncipes sevillanos festejaron una victoria mientras los de la alcazaba pedían socorro a Badis ben Habbus. Éste los socorrió con un ejército que atrapó a los sevillanos entre la ciudad y la campiña. Los granadinos hicieron una carnicería en las tropas del rey de Sevilla.

Mientras los dos príncipes se retiraron vencidos a Ronda, no atreviéndose a entrar en Sevilla por miedo al castigo de su padre. Desde allí, Muhammad envió una composición poética a su progenitor, que luego fue muy conocida, implorando su benevolencia.

El peligro de Fernando I de León

En la parte final de su reinado, Fernando I se convirtió en una amenaza real para el reino sevillano. Primero conquistó Lamego y Viseo (1057) y Coimbra (1064) a la taifa de Badajoz. Luego realizó incursiones contra Zaragoza y Toledo.

El año 1063 llegó a tierras sevillanas saqueándolas. Al-Mu’tadid se vio obligado a comprar la paz al castellano mediante el pago de un tributo anual. Sevilla, el reino más poderoso y extenso de al-Andalus, se convirtió así en un reino tributario de Castilla, sometido y humillado a pagar parias.

En el acuerdo para el cobro de parias se incluyó la entrega de los restos de Santa Justa. Cuando vinieron a buscarlos (los obispos de León y Astorga fueron los encargados de ello) no encontraron los restos de la Santa, pero sí los de San Isidoro. Fernando I se llevó a León los restos de San Isidoro, depositándolos en la recién construida Iglesia de San Juan Bautista y San Pelayo, que desde entonces se llamará de San Isidoro.

Por otro lado, al-Mu’tadid al final de su reinado parece que intuyó, según recoge Ibn Bassam, el peligro que supondría para su reino el irresistible avance de los almorávides por el oeste del Magreb, que por entonces se hallaban en las llanuras de Marrakech, donde fundarían dicha ciudad. Los rumores y las misivas que le llegaban de su inmenso poder, le llevaron a ordenar a su gobernador en Algeciras que pusiera vigilancia en Gibraltar y se aprestase a reforzar sus defensas.

Muerte y sucesión de al-Mu’tadid

Los cronistas musulmanes nos dicen que al-Mu’tadid falleció de una angina de pecho en el 461H, aunque nos proporcionan dos fechas distintas: 2 yumada II (29 de marzo 1069) y 2 yumada I (27 de febrero de 1069)

Antes de fallecer, y tras la ejecución de su hijo Ismail, al-Mu’tadid nombró heredero a su hijo Muhammad, el futuro al-Mu’tamid, el rey poeta, mucho menos dotado que su hermano para los asuntos militares y políticos.

Matrimonios y descendencia

Dice Ibn Hayyan que al-Mu’tadid sentía gran interés por las mujeres. Su preferida era la hija de Muyahid de Denia y Baleares. Su harén era enorme,. Su favorita disponía de setenta concubinas.

De sus numerosas mujeres se cuenta que tuvo veinte hijos varones y otras tantas mujeres.

Se conocen al menos a estos hijos:

  • Ismail, seguramente su primogénito y favorito hasta que se sublevó y fue ejecutado
  • Muhammad, su sucesor con el apelativo de al-Mu’tamid.
  • Yabir

Al-Mu’tadid y la literatura

Segín Ibn Hayyan, al-Mu’tadid se dedicó también a la poesía:

Se dedicó además a las bellas letras (adab), antes de desviar su pasión hacia la procura del poder, con las más inmediata consideración [y] la más penetrante disposición; produjo, debido a su agudo ingenio, cantidad de composiciones que redactó sin preocuparse de ellas, ni fijarse en su copiosidad, ni abundar en su consideración. Su producción le procuró además lo que quiso [en materia] de ornato de estilo. Realizó composiciones poéticas dotadas de gracia, en las que sus cualidades innatas le ayudaron, consiguiendo con ellas su propósito. Las copiaron los literatos en su provecho.

Op. cit. pp. 174-175

Estos son algunos de sus versos:

Bebimos, mientras el párpado de la noche lavaba su antimonio
con el agua de la mañana y el céfiro sutil.
Añejo, como oro en polvo [el color]. Su origen
es fuerte, pero su cuerpo es ligero.
Llega a ti el ruiseñor cantando con voz dulce;
su canto alarga con sus melodías
como las cantoras de la Medina,
y me mueve como si me llevase de la brida.
Cuando canta en las ramas,
as hojas son sus cuerdas.

Dedicó también unos versos a su cuñado Alí ben Muyahid:

¡Oh mi querido Abu-lYays, acaso se decrete nuestro encuentro,
y se consolarán mis ojos con tu mirada.
Se ha alejado el lugar de la visita para nosotros, pues tu casa es Denia.
¡Qué buena señal, si son verdaderos sus presagios!

Y tenemos un ejemplo de una composición que dedicó a Ronda tras conquistarla:

En verdad has sido lograda, ¡oh Ronda!
y has llegado a ser para nuestro reino su collar.
[…]
Cuántas veces maté, tras ella, a muchos de ellos.
Dispuse sus cabezas como un collar.
Entonces el pecho desató l fuerza.


Bibliografía