[¿? – Sevilla, a. 1060]

Califa andalusí proclamado en Sevilla (1035-1060)

Según Ibn Qatan, se llamaba realmente Jalaf al-Husrí.

Tras la caída del califato de Córdoba (1031) y su disgregación en decenas de reinos de taifas, existían en al-Andalus dos partidos que se disputaban el poder: el partido bereber, que defendía la legitimidad de los califas hammudíes; y el partido andalusí, representado principalmente por Abu-l-Qasim Muhammad de Sevilla, que se oponía a los hammudíes y proponía una restauración omeya.

El principal problema del rey sevillano era que no existía ningún pretendiente omeya a quien los andalusíes pudiesen invocar en sus oraciones públicas para dar legitimidad a su causa.

El ocultamiento de la muerte de Hisham II

Cuando Sulayman al-Mustain accedió por segunda vez al califato de Córdoba, en el 1013, obligó a abdicar a Hisham II en su favor. Y se sospecha que lo asesinó pero no se llegó a mostrar su cuerpo.

Aunque posteriormente el califa Alí ben Hammud (1016) acusó a Sulayman del homicidio, empezaron a circular rumores y leyendas sobre el verdadero destino de Hisham II.

Una de estas leyendas nos la ha trasmitido Ibn Hayyan a través de Ibn Idari:

Se contaba que [Hisham II] había escapado de las manos de Sulayman, su opresor, y que se había ocultado en los países de Oriente durante largo tiempo. Luego regresó a al-Andalus, produciendo esa impresión en los corazones de la gente, por las dudas que le habían precedido acerca de su muerte; ya que su asesino, Sulayman, había dejado de mostrarlo a la gente -como la prudencia de los reyes lo había hecho antes con quienes depusieron- sea por menosprecio de Sulayman entonces, por quien reinó sobre sus principales mediante la violencia, sea por descuido, que Dios quiso, logrando [así] el destino su propósito para que se cumpliese lo que se anticipó en la primera sura del Libro.

No cesó un grupo de sus partidarios de negar su muerte y de propagar acerca de aquello relatos que se apartaban de la verdad y que procedían de las mujeres y de los eunucos, de la gente del alcázar de Córdoba; hasta que se tomó eso por los que estaban [más] arriba que ellos del partido de los marwaníes, que fortalecieron los argumentos de su salvación y aseguraron que vivía. Explicaron que vivió inquieto en Córdoba durante el reinado de los bereberes, sirviendo en persona para ganarse la vida. Luego pretendieron, después de algún tiempo, que pasó a tierras de Oriente y que recorrió aquellas regiones y cumplió todos los actos de devoción allí. Luego volvió de regreso a sus lares para un fin determinado, para hacer retornar el estado de los marwaníes, aunque se cuentan sobre su persona historias extraordinarias.

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, pp. 167-168

Otra versión es la de Ibn Qatan, también transmitida por Ibn Idarí:

Se había dicho que Hisham escapó de la fitna y abandonó el poder, ocultó su rango y se escondió él mismo durante largo tiempo. Se estableció en una aldea de la cora de Sevilla ejerciendo de almuédano en su mezquita y cuidando de ella, mientras se mantenía con el trabajo del esparto. Entonces fueron a su encuentro el cadí, este Abu al-Qasim Muhammad ben Ismail ben Abbad, su hijo Ismail y todos sus dignatarios y esclavos [trayendo] él consigo vestiduras, ropajes, atuendos y cabalgaduras califales.

No se dio cuenta el hombre, que estaba fuera de la mezquita trabajando en su esparto, cuando la gente lo sorprendió y rodeó. Desmontaron el cadí, su hijo y todos los que iban con él y besaron el suelo ante él, mientras el cadí y su hijo se arrojaron a sus pies para besarlos.

El hombre se quedó estupefacto de aquello que veía y se puso a decir:”No soy el que imagináis ni el que buscáis”; mientras, ellos no le replicaban nada, salvo [mostrar] la sumisión y la buena voluntad, hasta que, por fin, lo sacaron del lugar, lo despojaron de sus harapos y lo vistieron con el atuendo califal, pusieron las tocas en su cabeza y lo hicieron montar a caballo, mientras el cadí y todos los que vinieron en su compañía marchaban delante de él – a este hombre se le llamaba Jalaf al-Husri y se parecía a Hisham – hasta que llegaron con él a Sevilla

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, pág. 168-169

Otras fuentes afirman que en 1033 fue expulsado de Málaga un pordiosero que afirmaba ser el mismo Hisham II que había gobernado entre los años 976 y 1013.

Y por otro lado que en 1034 fue expulsado de Almería un supuesto Hisham II por Zuhayr de Almería, tras comprobar que no era quien afirmaba ser. Se refugió en Calatrava bajo Ibn Di-n-Nun de Toledo.

Proclamación en Sevilla (1035)

Sea como fuere, lo cierto es que Muhammad de Sevilla aprovechó la ocasión del rumor del regreso de Hisham para encumbrar a un esterero de una aldea cercana a Sevilla cuyos rasgos se parecían a los del fallecido califa y proclamar en al-Andalus el regreso de Hisham II, es decir, ya disponía de un legítimo califa omeya.

Así cuenta Ibn Idarí el nombramiento de este falso Hisham :

En en el año 427H (5 noviembre 1035 – 24 octubre 1036) el cadí Muhammad ben Ismail ben Abbad descubrió a al-Mu’ayyad Hisham ben al-Hakam y lo hizo traer de la aldea en que estaba, lo alzó y proclamó como soberano e invitó a la gente a entrar en su obediencia. Le dio por hayib a su hijo Ismail ben Muhammad y se le adhirieron algunos arraéces de al-Andalus […]

Los escritos de ellos con aquel [reconocimiento] llegaron a él y se convino renovar la proclamación en su favor en Córdoba. Eso sería a primeros de muharram del año (hacia el 5 de noviembre de 1035). El acta de la proclamación fue redactada por el visir secretario Abu Hafs Ahmad ben Burd, que compuso también por su cuenta, una felicitación [al califa] por su aparición y la vuelta al califato.

Se discutió acerca de este al-Mu’ayyad con gran diversidad de opiniones, si era él o no, y la mayor parte convino [en] que se le parecía y que Ibn ‘Abbad lo había suscitado para conseguir por medio de él, sus propósitos. Otros afirmaron que era al-Mu’ayyad en persona y nombre. Se recordó -y sólo Dios sabe la verdad- que estaba oculto en Málaga cuando se apoderó Alí ben Hammud del califato en Córdoba, y se ocultó su situación; luego pasó de Málaga a Almería con el afán de ocultarse, hasta que tuvo noticia de él su señor, Zuhayr al-Fatá, que le ordenó salir de Almería. Salió, pues, de ella y se refugió en Calatrava, dependencia de Ibn Di-n-Nun; luego el cadí lo trasladó […]

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, pp. 161-162

En 1035 juraron fidelidad al falso Hisham II ‘Abd al-Aziz de Valencia, Muyahid de Denia, Labib de Tortosa, Ismail al-Zafir de Toledo y Yahya al-Muzaffar de Zaragoza.

En un primer momento también lo hicieron Muhammad al-Birzalí de Carmona y Abu-l-Hazm Yahwar de Córdoba, aunque el primero de ellos se pasó al partido hammudí rápidamente y el segundo abandonó la causa sevillana cuando supo que Muhammad de Sevilla pretendía entronizar a su patrocinado en el palacio califal de Córdoba; entonces envió una embajada a Sevilla para comprobar la identidad del pretendido califa, después de lo cual retiró su apoyo a la causa andalusí (1039).

También al-Mundir II de Zaragoza retiró su apoyo, invocando al difunto Hisham III. Pero sí fue reconocido por su sucesor ‘Abd Allah ben Hakim cuando, tras cortar la cabeza a al-Mundir, y ponerla en un palo en lo alto del alcázar exclamó:

Este es el galardón a quien se rebela contra el emir de los creyentes Hisham y se opone a sus derechos.

Citando a Ibn Hayyan, lo escribe Ibn Idari en al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, pág. 153

El supuesto califa residió en el alcázar de Sevilla oculto sin que los reyes de Sevilla dejaran visitarlo. Tras la muerte de Abu-l-Qasim Muhammad de Sevilla, su hijo Abu Amr Abbad continuó con la farsa iniciada por su padre y siguió invocando el nombre de Hisham en las oraciones públicas del viernes.

En el año 451H (17 febrero 1059-5 febrero 1060), cuando ya no tenía oposición hammudí, el rey sevillano al-Mu’tadid anunció su muerte y dejó de ser invocado en los rezos.

La tercera muerte de Hisham

Según diversas crónicas fue esta su tercera muerte:

Fue esta muerte para el portador de este nombre la tercera muerte y quizás fuese -si Dios quiere- la verdadera ¡Cuántas veces fue matado y cuántas murió, y luego se lo sacudió la tierra!

Éste es el que murió varias veces y fue enterrado; mas se sacudió la tierra y se desgarró la mortaja

Ibn Idari, al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, pp. 207

La razón de que se hable de tres muertes es la siguiente. Hisham II fue primero destronado por Muhammad II (1009) y enterrado públicamente. Pero fue resucitado por Wadih y reinó de nuevo. Después fue asesinado por Sulayman al-Mustain y se le enterró ocultamente (1013). Pero su cadáver fue exhumado por Alí ben Hammud, quien gobernó en su nombre. Y luego ocurrió esta citada muerte.