La vigesimosexta edición del Cronicón de Oña se celebrará este año del 14 al 18 de agosto en la iglesia abacial de San Salvador de Oña.

La venta y reserva de entradas se abre el domingo 28 de julio. La venta se realizará en la taquilla de la localidad de Oña pero también se pueden reservar en el teléfono 947 300 462 y en la web www.elcronicondeona.com. El aforo conjunto de los 5 días es de unas 2.200 plazas. La coordinadora del espectáculo, Berta Tricio, explicó una serie de novedades en cuanto a los nuevos actores que encarnarán a ciertos protagonistas, como Víctor Ibáñez en el papel del conde Sancho García y Juan Luis Gredilla que interpretará a San Íñigo. También incidió en la importancia de este evento para «divulgar y preservar el patrimonio cultural de Oña al amparo de un proyecto colectivo del pueblo».

El Cronicón de Oña, que relata la fundación del monasterio de Oña por el conde Sancho García en el año 1011 dentro del contexto de la formación del Condado de Castilla y de su conversión en Reino, cuenta con la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional e implica a doscientos onienses. La mitad sale al escenario y el resto se dedica a labores de costura, maquillaje y montaje.

Sinopsis del Cronicón de Oña

En el año 970 ha muerto el conde Fernán González. Su hijo, García Fernández va a consumir su vida en una continua lucha con los árabes. Su desgracia es que se enfrenta al más temible jefe que ha tenido y va a tener el Califato: Almanzor. Esta política de luchas va a enfrentar al Conde con su hijo Sancho García.

En el año 995 muere en batalla García Fernández, y Sancho García comienza su política de paz y entendimiento con Almanzor. Esto hace que las incursiones árabes respeten el condado y que éste gane en prosperidad recuperándose económica y socialmente.Pero tras la recuperación de fuerzas aparece el conde guerrero y se inician las hostilidades. La lucha es desigual, aunque se mantienen las espadas en alto hasta la muerte de Almanzor en el año 1002.

Ahora el resurgir de Castilla es veloz. El califato pierde fuerza militar y política, y a la muerte del califa se desatan las luchas por la sucesión. En estas luchas el Conde Sancho hace de valedor de Suleyman. Este alcanza el califato y colma de regalos valiosísimos a los castellanos. Devuelve, además, todas las plazas fuertes de la frontera del Duero. Jamás se había soñado en Castilla con tanto y tan pronto. Y sigue la reconstrucción, los pactos, la política… En el año 1011 Sancho y Urraca fundan el Monasterio de Oña con inmensas donaciones. Su hija Tigridia será la primera abadesa.

Su hija Doña Mayor ya es la mujer del rey Sancho III de Navarra. Otra hija, Sancha, lo es del conde de Barcelona, Ramón Berenguer. Cuentan las crónicas que el séquito de los castellanos era fastuoso y sus tropas causan admiración por donde pasan. Ya de edad avanzada Sancho García, tendrá un hijo, lo que asegura la sucesión.

En el año 1017 muere el conde Sancho García, el de los buenos fueros, como le conocerán sus vasallos en reconocimiento. Pero el destino de Castilla va a cambiar de manera radical. García, heredero del condado, muere asesinado el día de su boda en León y el condado pasa al rey navarro a través de su esposa. Son momentos de enormes convulsiones en que los castellanos ven traidores y asesinos de su conde por todos lados, tantos son los intereses desplegados. El rey navarro tiene que hacer enormes esfuerzos políticos para ganarse a los castellanos.

En este sentido, tiene lugar la reforma del Monasterio de Oña (1011), y así va a entrar como abad Íñigo, un ermitaño de gran prestigio que será pronto estimado a pesar de no ser castellano. Mientras tanto llega el testamento del rey Sancho donde establece la ruptura del reino que se reparte entre los hijos. Algo que el primogénito García no admite. Y a la muerte del padre llega la guerra. García avanza sobre Burgos. En Atapuerca le sale al paso su hermano Fernando, quien vence y aparece en el futuro como Fernando I. Pero la historia se repite, las disputas fratricidas se suceden y los hijos del monarca castellano se enfrentan. La intriga da paso a la muerte de Sancho II. Por expreso deseo de este monarca, Rodrigo Díaz de Vivar porta su cadáver hasta este Monasterio de San Salvador de Oña.

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