[¿Pamplona?, c. 1016/1018 – León, 27 diciembre 1065]
Conde de Castilla (1029-1038)
Rey de León (1038-1065), llamado el Magno

Hijo segundo de Sancho Garcés III el Mayor, rey de Pamplona y de su esposa Muniadonna (o Mayor), hija primogénita del conde de Castilla, Sancho García.

No se sabe el año exacto de nacimiento, aunque se puede suponer entre los años 1016 y 1018. También es una incógnita dónde transcurrieron los primeros años de su vida. Es posible que tuviera un ayo llamado García Íñiguez. También se supone que fue educado en el monasterio riojano de la Cogolla, bajo la dirección del abad Gómez, después obispo de Calahorra, a quien don Fernando llama “magistro”. 1

Su primera mención documental segura es del 21 de octubre de 1022 cuando firma (Fernandus) un documento de una donación de su padre al monasterio de Leire. El 17 de mayo de 1024 aparece en otro documento de Albelda.

La biografía de Fernando Sánchez cambiará por completo el año 1029. El conde García Sánchez de Castilla fue asesinado en León, a donde había acudido para contraer matrimonio con la infanta leonesa Sancha, hermana del rey Bermudo III.

Firma de Fernando I de León en un documento del 1037
Firma de Fernando I de León en un documento del 1037

García Sánchez no tenía descendencia y entonces Sancho III de Pamplona, se apropió del condado de Castilla alegando que su mujer, Muniadonna, era la hermana mayor del conde asesinado, fallecido sin sucesión.

Seguidamente, Sancho III cedió el gobierno del condado castellano a su hijo Fernando, cuando éste apenas sobrepasaría los doce años de edad.

Conde de Castilla (1029-1038)

Fernando es citado por primera vez como conde de Castilla en un documento del 7 de julio de 1029, en una donación hecha por Onneca García en favor de los reyes de Pamplona. Y el 27 de junio de 1030 aparece en la donación de Santa María de las Muelas al monasterio de Oña.

En estos primeros documentos de Fernando aparece siempre firmando junto a su padre y solo en tres ocasiones firma como conde de Castilla, clara muestra de que el poder efectivo era de Sancho.

Además de suceder a García Sánchez en el condado de Castilla, Fernando también acabó casándose con quien fue la prometida del difunto conde, con Sancha Alfónsez. La boda se celebró en 1032, seguramente en Burgos, con la presencia de los reyes de León y Pamplona. La desposada llevaba como dote, real o hipotética, las tierras situadas entre el Cea y el Pisuerga, que ya las había incorporado al condado de Castilla el rey Sancho III.

Sancho III falleció en el 1035 y Bermudo III pudo comenzar a afianzar su poder en el reino de León, en muchos de cuyos dominios no ejercía efectivamente el poder regio debido a la intervención pamplonesa.

Bermudo III trataba de recuperar el dominio de las tierras entre el Cea y el Pisuerga y resolvió invadir los territorios castellanos para enfrentarse a las tropas de Fernando. Éste tenía el apoyo de su hermano García III de Pamplona.

Ambos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Tamarón en el 1037. Los leoneses fueron derrotados y el propio Bermudo III cayó en combate.

Bermudo había fallecido sin descendencia. Así que, de un modo similar a como su padre había obtenido el condado de Castilla para él, Fernando reclamó el trono leonés aduciendo que la legítima heredera era su esposa Sancha.

La ciudad de León se opuso a ser gobernada por Fernando y cerró sus puertas al pretendiente. Pero aquí entró en escena la capacidad negociadora de Sancha quien, finalmente, logró que los leoneses aceptaran a Fernando como legítimo rey.

El 22 de junio de 1038, casi un año después de que Bermudo III hubiera muerto, Fernando fue ungido rey de León en la iglesia de Santa María.

Rey de León (1038-1065)

Miniatura de Fernando I procedente de la catedral de León
Miniatura de Fernando I procedente de la catedral de León

Como era de prever, los primeros años de gobierno no fueron fáciles. Fernando tuvo que imponer su autoridad a unos nobles que, en su mayoría no le eran afectos, especialmente los gallegos y leoneses. Por ello, en la Historia Silense, la primera crónica que cuenta la biografía de Fernando, su autor se lamenta de lo que pudo hacer y no logró: durante muchos años no actuó contra los reinos de taifas porque hubo de emplear todos sus esfuerzos en sofocar revueltas, en someter a los nobles, ordenar sus territorios y en aguantar la rivalidad de su hermano García, rey de Pamplona.

Solo se conoce una acción en este período contra tierras de la taifa de Toledo, en torno al 1044, apoyando a Sulayman ben Hud de Zaragoza frente a Yahya al-Ma’mun que se disputaban territorios de la zona de Guadalajara. Los toledanos estaban apoyados por García III de Pamplona.

La inestabilidad en sus territorios occidentales es posible que fuera la razón por la cual, en esta primera etapa de reinado, Fernando aparezca más ocasiones en documentos de tierras castellanas.

También, y de acuerdo con la documentación, en esta primera época, sus monasterios predilectos eran los burgaleses de Arlanza, Cardeña y Oña, el primero de los cuales había elegido para sepultura propia.

Firma de Fernando I en el Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela
Firma de Fernando I en el Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela

Como rey de León, lo primero que hizo fue confirmar los fueros leoneses promulgados por su suegro Alfonso V. En la suscripción de documentos casi siempre antepone León a Castilla, cuando no aparece solamente León.

La documentación que ha llegado a nosotros nos permite afirmar que, en estos años, Fernando I y Sancha recorrieron con frecuencia sus dominios.

En 1039 visitaron los monasterios burgaleses de Cardeña y Arlanza; a este último repitieron visita en 1041. Al año siguiente se encuentran en Palencia y, nuevamente, en Sa Pedro de Arlanza. En enero de 1043 aparece la curia regia en Sahagún, y en abril los reyes confirman los privilegios del monasterio de San Andrés de Espinareda, acompañados de sus cinco hijos. 1044 registra la visita real a Burgos y San Pedro de Arlanza.

El año de 1045 recoge la visita al monasterio de San Vicente de Oviedo. La catedral de Astorga y su obispo Pedro reciben una doble visita en 1046: en enero, los reyes reúnen allí el concilio, y en junio tratan de remediar los grandes males sufridos por la diócesis asturicense después de la muerte de Alfonso V. En octubre se les encuentra nuevamente en Arlanza otorgando concesiones y confirmaciones al abad Auriolo.

En 1047 se hallaban los reyes en Villa Varuz, con todos los magnates de palacio, sentenciando un pleito entre el monasterio de Sahagún y el de San Justo y Pastor. En junio de 1049 los reyes se desplazan a Portugal, al monasterio de Guimaraes. A mitad de julio ya se encontraban de regreso en León. A finales de octubre marchan a Sahagún en peregrinación.

A comienzos de 1050 se reunía la curia regia en Burgos y hacía donaciones al monasterio de Cardeña, al obispo burgalés Gómez, y al abad Domingo de Silos, que fueron confirmadas en agosto, con la firma añadida de los cinco infantes.

En 1053 están por tierras gallegas y, a finales, en noviembre, se desplazaron a Oviedo para el traslado de los restos del niño mártir Pelayo. Les vuelven a acompañar sus cinco hijos y todos los nobles del reino.

Durante este período, Fernando también reorganizó la división interna del reino, suprimiendo muchos condados y creando otros nuevos.

Fernando I de León. Óleo de Antonio Maffei Rosal (1855). Museo del Prado
Fernando I de León. Óleo de Antonio Maffei Rosal (1855). Museo del Prado

La batalla de Atapuerca (1054)

El gobierno de Fernando I cambia por completo a partir del 1054, tras su victoria sobre su hermano García de Pamplona en la batalla de Atapuerca. Consolidado su poder en el reino y aplacado el peligro del reino de Pamplona en la zona de Castilla, Fernando inicia una etapa de actividad activa en los reinos de taifas así como de reformas políticas y eclesiásticas internas.

Según aparece en documentos y crónicas, las relaciones entre el rey Fernando de León y su hermano García, rey de Pamplona, no fueron malas en los primeros años de ambos reinados. García ayudó en la batalla de Tamarón a Fernando contra su cuñado Bermudo III. Sin embargo, como ya hemos dicho, en 1044 estaban en bandos distintos en el conflicto entre las taifas de Zaragoza y Toledo.

De las discordias que fueron naciendo entre ambos hermanos hablan las crónicas Silense y Najerense. Según la Silense:

La buena administración del reino del rey Fernando, con la educación de sus hijos y su legislación y ejército, lo hizo próspero y poderoso. Entonces fue cuando surgió la envidia de su hermano García, nacida por codiciar esa opulencia.
Fernando, que era en todo tranquilo y sosegado, con un natural benigno y piedad sólida, parecía dispuesto en su interior a tolerar los disimulas de la envidia de su hermano. Por eso, cuando aquél enferma en Nájera, corre a visitarlo con su fraterno corazón conmovido, y cuando estaba a su lado, se entera de una conjura para aprisionarle usando de concertadas insidias, lo que impidió el temor a llevarlas a cabo. Fernando puede volver rápidamente a su patria.
En caso contrario, pasó después que, enfermo Fernando, el rey García fue a verle con humildad, ya buscando perdón por su gran crimen o bien por urdir otro mal hecho. Yo estimo que fue más para fraguar otro atentado que para atender al hermano enfermo por lo que fue a verle García, con el fin de adueñarse él solo del reino, y que realmente deseaba [a Fernando] una dolencia que le alejase para siempre de este mundo, que así discurren en ocasiones las ansiosas mentes de los reyes. Cuando se percató de todo esto el rey Fernando, movido por la ira, dispuso que arrestasen [a García] en Cea. Logró éste evadirse con algunos de sus hombres de guerra y desde entonces y con gran furia buscó ya abiertamente la guerra, ansioso de sangre de su hermano, y comenzó a devastar todas las fronteras que están a su alcance.

Las hostilidades en la frontera castellana se agudizaron. Además, hemos de recordar que parte del condado de Castilla era ahora del reino de Pamplona, y, es posible, que Fernando tuviera la ambición de recuperarlo para el reino de León.

Fernando, antes de declarar abiertamente la guerra, envió a Íñigo, abad de Oña, y Domingo, abad de Silos, a negociar con García. Pero no tuvo éxito.

Finalmente el 1 de septiembre de 1054 ocurrió el enfrentamiento definitivo en la batalla de Atapuerca. El ejército navarro, reforzado con una turbamulta de moros, fue desbaratado y el rey García muerto en el combate. Dice la tradición que san Íñigo asistió espiritualmente a García moribundo, y que, en el mismo campo de batalla, Fernando I hizo proclamar rey de los navarros a su sobrino Sancho IV Garcés, primogénito del fallecido.

El concilio de Coyanza (1055)

Desde el comienzo de su reinado, don Fernando y doña Sancha pusieron gran empeño en reformar la iglesia del reino de León.

Convocaron un primer concilio de reforma en la primavera de 1055 en Coyanza, hoy Valencia de Don Juan. La asamblea fue presidida por los reyes y asistieron todos los obispos del reino y alguno de Pamplona, todos los abades y los magnates.

La finalidad de la reunión era múltiple: corregir y ordenar los cánones y costumbres de la Iglesia, y promulgar nuevos decretos, en vista de la miseria, el hambre, las pestes, las guerras, las grandes desgracias que padeció nuestra tierra a causa de nuestros pecados.

El Concilio de Coyanza estableció reglas religiosas y de convivencia para los súbditos de los reinos afectados. Entre ellas cabe resaltar la acogida del rito romano, abandonando el rito visigótico establecido desde los primeros momentos por los reyes de Asturias, y subordinando así las diócesis a la autoridad papal.

Otra importante reforma establecida en Coyanza obligó a los monasterios bajo la Regla de San Benito. El desarrollo del contenido tuvo lugar en los concilios compostelanos de 1060 y 1063.

Los reyes fueron defensores de la implantación de la reforma de Cluny. Incluso establecieron una donación anual de 120 onzas de oro.

Fernando I acogiendo a Santo Domingo de Silos, de Bartolomé Bermejo y Martín Bernat (Museo del Prado, Madrid)
Fernando I acogiendo a Santo Domingo de Silos, de Bartolomé Bermejo y Martín Bernat (Museo del Prado, Madrid)

Actividad frente a los reinos taifas

Una vez que había pacificado su reino y que se había apaciguado la hostilidad con el reino de Pamplona, Fernando I comenzó a involucrarse en el conflicto con los reinos de taifas.

En 1055 realizó una expedición contra la taifa de Badajoz, gobernada por al-Muzaffar, entrando por la Beira Alta, acercándose a Viseo, pero sin atacar la ciudad. La acción continuó en 1056 consolidando posiciones, logrando establecer una línea defensiva al este de Lamego, con puntos defensivos en Anciaes, Linhares, Paredes de Beira, Penella y San Juan de Pesquera.

A comienzos de junio de ese año de 1056 la familia real visitó Galicia. A comienzos del otoño de 1057 las tropas de Fernando cercaron la ciudad de Lamego, que se consideraba inexpugnable y cayó el 27 de noviembre; también se apropiaron de castillos cercanos como los de San Justo, sobre el río Malva, y Tarouca.

En la primavera de 1058 se dirigió contra Viseo. Las tropas leonesas cercaron la ciudad y acabaron tomándola el 25 de julio tras una gran resistencia por parte de los defensores. Allí encontraron al saetero que había dado muerte al rey Alfonso V y mandaron amputarle ambas manos. Siguieron las hostilidades de las tropas de Fernando hacia Coimbra, pero esta plaza no sería conquistada hasta seis años después. En el camino obligaron al gobernador de Santarém a pagar 5.000 dinares de oro en concepto de tregua.

La Historia Silense asegura que Fernando I regresó triunfador a León, deteniéndose en Compostela para agradecer al Apóstol Santiago la ayuda en las expediciones a Portugal.

Una vez en León, acordó con los notables del reino emprender acciones en la frontera oriental, atacar los reinos de Zaragoza y Toledo y ocupar los numerosos castillos de la línea del Duero.

Comenzaron, en 1060, las hostilidades en el Alto Duero, ocupando las huestes de Fernando I los castillos de Gormaz, Vadorrey, Berlanga, Aguilera, Santiuste, Santamera, Huermos, Parrantagón y el valle de Bordecorex.

El ataque de Fernando I contra la taifa de Zaragoza hizo que al-Muqtadir invocara la protección de Sancho IV Garcés de Pamplona. Sancho atacó, en 1061, a su tío Fernando, y éste no sólo lo derrotó, sino que aprovechó la contienda para incorporar a Castilla partes del antiguo condado castellano bajo dominio navarro como Valpuesta y Montes de Oca. Además, logró que la taifa de Zaragoza comenzará a pagarle parias a cambio de protección.

En el verano de 1062, las tropas de Fernando I atacaron la frontera meridional, en esta ocasión atacando la taifa de Toledo. Atravesaron la sierra de Guadarrama y se apoderaron de Talamanca y Alcalá. El rey de Toledo, al-Ma’mún, salió al encuentro de Fernando con una ingente cantidad de regalos de oro, plata y vestidos preciosos, se humilló ante él y pidió que recibiese bajo su protección al reino de Toledo, prometiendo pagar parias.

En 1063 la taifa de Zaragoza solicitó a Fernando I ayuda para liberar la población de Graus, que tenía cercada el rey aragonés Ramiro I, hermanastro del rey leonés. Fernando I envió una expedición castellana, mandada por el infante don Sancho, primogénito de los reyes leoneses, al que acompañaba Rodrigo, futuro Cid Campeador. El 8 de mayo de 1063 caía Graus y sucumbía Ramiro I de Aragón.

En el mismo verano de 1063, Fernando hizo una incursión hacia el sur. Llegó a Mérida a comienzos de otoño y penetró en los dominios de la taifa de Sevilla. al-Mu’tadid negoció un pago de parias a cambio de evitar el ataque. Además se comprometió a entregar a Fernando el cuerpo de santa Justa, mártir de la época romana y patrona de la ciudad hispalense. Envió una embajada a Sevilla, para recoger las reliquias, y él se volvió a León.

La basílica de San Isidoro de León

Fernando y Sancha habían iniciado un ambicioso proyecto constructivo en León junto al palacio real. Se estaba construyendo una nueva iglesia palatina y un panteón real. La labor cultural de la pareja regente de León fue intensa en todos los ámbitos. Fueron impulsores de obras bellísimas como el Beato de Fernando I y Sancha, el Diurnal o Libro de Horas y diversas obras de marfil como la famosa cruz conservada en el Museo Arqueológico Nacional

Crucifijo de Fernando I y Sancha
Crucifijo de Fernando I y Sancha

Pero es en la construcción de la Real Colegiata de San Isidoro de León donde llegó a su culmen. Esta obra maestra del arte románico fue su obra más insigne.

Panteón de Reyes en San Isidoro de León
Panteón de Reyes en San Isidoro de León

A finales del otoño, llegaba a León la embajada que había sido enviada a Sevilla. No traían el cuerpo de santa Justa, que no pudieron hallar, pero sí el del obispo Isidoro de Sevilla. El rey y sus hijos salieron a recibir las sagradas reliquias, que fueron depositadas en el nuevo templo. Además se organizaron unas fiestas fastuosas para solemnizar el acontecimiento.

El 21 de diciembre de 1063 fue consagrada la nueva iglesia y al día siguiente se celebró la traslación del santo hispalense. También se dotó al templo con un fabuloso tesoro, algunas de cuyas joyas forman todavía el tesoro de la colegiata isidoriana.

Ya en 1064 Fernando I se decidió a conquistar la ciudad de Coimbra. Tras pasar por la catedral de Santiago, a comienzos de enero de 1064, al poco se encuentra ya sitiando la ciudad. Finalmente fue tomada al asalto el 9 de julio, después de casi seis meses de asedio.

Este mismo año se celebró una asamblea en la que se acordó la división de los dominios entre sus hijos.

Sancho, el primogénito, recibió Castilla con el título de rey además de las parias del reino taifa de Zaragoza. Alfonso recibió el reino de León y las parias de Toledo; García, con título de rey, recibió Galicia y Portugal así como las parias de los reinos de Sevilla y Badajoz; por último, a su hija Elvira, le concedió el señorío de Toro y a su hija Urraca el de Zamora, ambas también con título real.

Fol. 6v Diurnal de Fernando I y Sancha. A la izquierda miniatura de Fernando I.

Intervención en Valencia y fallecimiento de Fernando I

Fernando I comenzó el año 1065 de modo similar al anterior. En la primavera está en Santiago. A continuación emprende otra campaña bélica.

Esta vez el objetivo está en el levante peninsular. Tras reclamar en la taifa de Zaragoza las parias debidas, decidió atacar el reino de Valencia.

En este empresa contaba con la alianza de Alí ben Muyahid, rey de Denia. La relación entre ambos gobernantes fue estrecha. Alí regaló a Fernando I el famoso cáliz de doña Urraca, supuestamente el Santo Grial.

Es posible que este intento de conquistar Valencia tuviera como objetivo cortar el avance del resto de reinos y condados cristianos por la parte oriental y erigir así a León en el reino protagonista de la reconquista.

La taifa de Valencia, gobernada por ‘Abd al-Malik al-Muzaffar, contaba con el apoyo de al-Ma’mun de Toledo. Sin embargo, tras una tremenda victoria en Paterna contra las tropas de Valencia y Toledo, Fernando enfermó gravemente. El ejército volvió hacia León. Su llegada a la capital del reino fue el 24 de diciembre.

El estado de salud del rey se agravó y, finalmente, falleció el martes 27 de diciembre de 1065.

Sepultura de Fernando I

Lo enterraron en el panteón que él mismo había ordenado construir. Sobre la cubierta de piedra de su sarcófago se grabó la siguiente inscripción:

“H. E. tumulatus Fernandus Rex totius ispaniae, filius Sanctii Regis Perineorum, et Tolosae. Iste transtulit corpora Santorum in Legione Beati Isidori Archiepiscopi ab Hispali, Vincentii Martyris ab Abela, et fecit Ecclesiam hanc lapideam, quae olim fuerat lutea. Hic praeliando fecit sibi tributarios omnes Sarracenos Hispaniae, et cepit Colimbriam, Lamego, Veseo, et alias. Iste vi cepit regna Garsiae, et Veremundi. Obiit VI. K. Januarii. Era MCIII”.

Aquí está sepultado Fernando rey de toda España, hijo de Sancho, rey de los Pirineos y de Tolosa. Éste trasladó a León los cuerpos de los santos Isidoro Arzobispo de Sevilla y de Vicente mártir, que estaba en Ávila; e hizo esta iglesia de piedra, que antiguamente era de tapial. Este, peleando, hizo sus tributarios a todos los sarracenos de España, y tomó Coimbra, Lamego, Viseo y otras. Y quitó los reinos a García y a Bermudo. Murió en las VI calendas de enero. Era 1103.

Matrimonio y descendencia

Estatuas de Fernando I y Sancha en la Plaza de Oriente de Madrid
Estatuas de Fernando I y Sancha en la Plaza de Oriente de Madrid

Fernando se casó con Sancha, hija de Alfonso V. La boda acaeció en el 1032, posiblemente en Burgos. El matrimonio tuvo estos hijos:

  • Urraca (c. 1033- c. 1103)
  • Sancho (1038-1072), rey de Castilla como Sancho I, y de León como Sancho II (1065-1072).
  • Elvira (m. 1101).
  • Alfonso (1040-1109), rey de León (1065–1072) y de León, Castilla y Galicia (1072-1109), como Alfonso VI.
  • García (1042-1090), rey de Galicia (1066-1071 y 1072-1073).

Según la Historia Silense:

El rey Fernando educó a sus hijos e hijas instruyéndolos en primer lugar en las disciplinas liberales, que él mismo había estudiado eruditamente, y luego dispuso que sus hijos, a la edad oportuna, aprendiesen las artes ecuestres y los ejercicios militares y venatorios al estilo español, ya las hijas, lejos de toda ociosidad, las formó en las virtudes femeninas honestas.


  1. Sánchez Candeira, Alfonso: Castilla y León en el siglo XI. Estudio del reinado de Fernando I, Real Academia de Historia, Madrid, 1999, pp. 46-47.