A principios del siglo XX aún podían visitarse en la localidad de Lara de los Infantes los restos de la antiquísima ermita de San Julián.

Probablemente edificada en época visigoda y restaurada en la época condal, tenía planta cuadrangular y estaba construida con fuertes sillares y entre ellos, tal y como cita Huidobro, había estelas romanas reutilizadas, algunas con inscripciones del siglo III: “Cella cuadrangular construida con excelentes sillares de gran tamaño con los que se mezclan varias lápidas sepulcrales romanas, dos de ellas con inscripciones del siglo III”.

Nada queda hoy en día de este templo salvo alguna antigua fotografía y uno de los escasos monumentum fundationes conservado en la península Ibérica. Un monumentum fundationes es un elemento que conmemora la fundación de una localidad generalmente haciendo referencia a sus fundadores y a la fecha.

Ermita de San Julián de Lara de los Infantes, 1924. Gonzalo Miguel Ojeda (Photo-Club)
Ermita de San Julián de Lara de los Infantes, 1924. Gonzalo Miguel Ojeda (Photo-Club)
Ermita de San Julián de Lara de los Infantes, 1924. Gonzalo Miguel Ojeda (Photo-Club)

El de Lara de los Infantes se encontraba precisamente en el altar de la ermita de San Julián. En la actualidad se puede ver en el Museo Arqueológico de Burgos.

Monumentum fundationes de Lara en la ermita de San Julián, 1924, Gonzalo Miguel Ojeda (Photo-Club)

Según los lugareños, con el resto de los sillares de la emita se construyó la actual fragua.

Primera edición del MTN donde se puede ver la localización de la ermita de San Julián

La lápida fundacional de Lara de los Infantes

La lápida, de 85 x 40,5 cm, tiene incisa una inscripción en lengua latina y grafía visigótica. Algunas letras se encuentran parcialmente borradas, aunque no llegan a dificultar su lectura ni interpretación. Conserva líneas de pautado.

Lápida de la fundación de la Lara de los Infantes conservada actualmente en el Museo de Burgos
La lápida en el Museo de Burgos

La inscripción dice así:

Imagen tomada de Esteras, José Ángel; Lorenzo, Josemi; Montaner, Alberto: Dos inscripciones sobre la fundación de Lara y una sobre sus siete infantes,con un análisis evolutivo de su iglesia parroquial, Magnificat Cultura i Literatura Medievals 3, 2016, 95-160.

Su traducción sería:

En nombre del Señor. Gonzalo y Rodrigo hicieron [o mandaron hacer] esta ciudad bajo el rey don Alfonso en la era de 900 [= año 862]”

Se encuentra en buen estado de conservación. Sin embargo, el comienzo de la palabra RUDERICUS se encuentra en muy mal estado de conservación, lo que dificulta la interpretación de las letras a través de los rasgos conservados, por lo que habitualmente también se ha interpretado como FRIDERICVS. La RI también pueden tratarse de una única letras que leeríamos como A. Por el actual estado de la pieza no podemos estar seguros si en FECERUN[T] falta o no esta T final, aunque el sentido de la oración pide que así sea.

La pieza se encuentra mutilada en la parte de la data, y no siendo posible asumir la fecha de 862 pues no reinaba todavía Alfonso III (866-910), nos ofrece datas posibles entre DCCCCIV a DCCCCXLVIII. En el espacio pueden caber un numeral (V,X) o el XL abreviado. Es decir los años 867, 872 o 902.

Con respecto a los nombres de los fundadores, si nos atenemos a aquellos que tienen un rango condal bajo el reinado de Alfonso III pueden ser:

Si suponemos que ese Rudericus pudiera ser el conde Rodrigo quien estaba al mando del condado de Castilla al menos hasta el año 873, dentro del gobierno de Alfonso III. Esto nos dejaría dos fechas posibles: 867 y 872.

¿Quién sería su acompañante Gundesalbus? ¿Un señor de la zona, un tenente de la incipiente fortaleza?. Sinceramente, creo que es imposible saberlo a falta de más datos. Desde nuestro punto de vista, a pesar de las consideraciones de algunos autores, suponer que pudiera ser Gonzalo Fernández, el padre de Fernán González, no causa ningún problema cronológico, bien pudiera tener la veintena de años en el 867 u 872.

A este hilo, el artículo de 2016 citado en la bibliografía supone que la lápida es una falsificación del siglo XVI. Si bien coincidimos con su correcta interpretación de Rudericus frente a Frindericus, creemos que sus razones son bastante endebles y forzadas.

Bibliografía