[¿? – Albarracín, 1044/1045]

Abu Muhammad Hudayl ben Jalaf ben Lubb ben Razin al-Barbari. En árabe هذيل بن عبد الملك بن خلف بن لُبّ بن رزين

Primer rey de la taifa de Albarracín (1012/1013 – 1044/1045)

Llamado también Ibn al-Asla (el hijo del Calvo) denominación que recibía toda la familia bereber de los Banu l-Asla. 

Hudayl inicia la dinastía Banu Razin que gobernará la taifa de Albarracín hasta la conquista almorávide. Su centro estaba en Santamariyya (Albarracín).

Según la Crónica anónima de los reyes de taifas:

 «Era de notable hermosura y bella contextura, de relación agradable y manifiesta humanidad. No se vio entre los emires [uno] de rostro más bello que él, con su facilidad de palabra, que lograse las cosas necesarias gracias a su facultad de expresarse elocuentemente».

En el inicio de la fitna (1009), Hudayl ben Razín era uno de los personajes más importante de la Marca Superior. No aceptó la proclamación como califa Muhammad II pero tampoco se implicó en las luchas internas de al-Ándalus. Tras su muerte, en la disputa entre Hisham II y Sulaymán siguió fiel a Hisham II. Pero cuando Hisham II fue vencido por Sulaymán, parece que Hudayl brevemente aceptó su gobierno y Sulaymán le confirmó en su puesto por su incapacidad de actuar contra él. 

El valí de Zaragoza, Mundir ben Yahya, trató de ganarse su apoyo frente a Sulaymán ofreciéndole ser distinguido sobre el resto de emires de la Marca, pero Hudayl no aceptó el ofrecimiento y se enemistó contra él. Igualmente, al poco, dejó de invocar el nombre del califa Sulaymán y se declaró independiente en el año 403H (23 julio 1012 – 12 julio 1013). Mundir intentó anexionarse Albarracín a su taifa de Zaragoza pero gracias a su posición inexpugnable estuvo a salvo de sus enemigos.

Su reinado se caracterizó por la calma y la seguridad ya que no ha quedado constancia de que se implicara en ninguna de las facciones que combatieron por imponer su califa en Córdoba. 

Murió en el año 436 H (29 julio 1044-18 de julio 1045) y le sucedió su hijo ‘Abd al-Malik.

 

El gusto de Hudayl ben Razín por la música y los juegos de espadas

Hudayl ben Razín desarrolló una especial sensibilidad por la música y por el tayrid, es decir, los juegos con espadas. La Crónica ya citada nos dice que se preocupó de adquirir instrumentos musicales y esclavas cantoras. Por ejemplo, compró una al médico Abu ‘Abd Allah al-Kinani por 3000 dinares de quien Ibn Hayyan cuenta:

«No se vio en su tiempo [mujer] más graciosa de talante que ella, ni más viva de movimientos, ni de silueta más fina, ni de voz más deliciosa, ni de mejor canto, ni de superior arte de escribir, ni de más excelente caligrafía, ni de cultura más refinada, ni de dicción más pura, a salvo de barbarismos en lo que escribía o cantaba merced a su conocimiento en morfología, lexicografía y métrica hasta conocimiento de medicina y ciencias naturales, conocimiento de anatomía y de otras ciencias, en las que los sabios de la época se habrían mostrado inferiores.

Era un encanto en el arte de la lucha y del combate con el escudo y [en] el juego de la lanzas, espadas y puñales afilados. No se ha oído hablar de parejo, ni semejante, ni igual con respecto a ella en eso.»

Hudayl compró numerosas esclavas reputadas precisamente en el arte de las espadas y también en el canto y llegó a constituir el conjunto músico-vocal (sitara) más apreciado de todo al-Ándalus en su época.


Bibliografía:

  • Crónica anónima de los reyes de taifas, trad. Felipe Maíllo Salgado, Ed. Akal, Madrid, 1991, pp. 57-58.
  • Ibn Idari: al-Bayan al-Mugrib, trad. por Felipe Maíllo Salgado en La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1993, pp. 155-157