[¿? – ¿Zaragoza?, 412H / 1021 – 1022]

Munḏir I, Munḏir ben Yaḥyà ben Muṭarrif al-Tuyibi al-Mansur. En árabe المنذر بن يحيى التجيبي

Primer rey de la dinastía tuchibí en la taifa de Zaragoza (c. 403 H./1013 C. – 412 H./1021-1022 C.)

Hijo de Yaḥyà, tuyibí y militar al servicio de Almanzor que murió en combate contra los cristianos. Los tuchibíes o tuyibíes se encontraban en la zona desde el siglo VIII y a partir del siglo IX gobernaron en numerosas ocasiones la Marca Superior por delegación de los omeyas, aunque en ocasiones también se rebelaron.

En época de Almanzor, Munḏir perteneció a las tropas regulares y destacó por sus cualidades guerreras, que le valieron su ascenso a caíd en los últimos tiempos de Almanzor, antes pues de 1002. Ibn ʽIḏārī lo describe de la siguiente forma:

Era Munḏir Ibn Yaḥyà un hombre de la masa de la tropa y ascendió al mando del gobierno de Ibn Abī ‘Āmir […] este Munḏir, era un jinete que tenía dotes caballerescas [furūsiyya], saliéndose [así] de los límites de la ignorancia.

Tres o cuatro años más tarde, ʿAbd al-Malik, hijo de Almanzor, nombró a Munḏir gobernador de Tudela, a la muerte de su pariente Ḥakam ben ʿAbd al-ʿAzīz, que hasta entonces lo desempeñaba.

Munḏir en los comienzos de la fitna (1009 -1013)

En 1009 estalló la guerra civil (fitna). Muḥammad II al-Mahdí, que puso en su contra a los partidarios de Almanzor, parece que obtuvo al principio el apoyo de Munḏir, seguramente siguiendo a Wadih, el general de la Marca Media.

La actuación de Munḏir durante la fitna seguirá sus propios intereses en los nombramientos califales. Munḏir aparece en Córdoba en junio del 1010, con sus contingentes y los eslavos de Jayran, que preparaban ya, por la traición de Wadih, el asesinato del califa al-Mahdí y la vuelta al trono del incapaz Hisham II, como ocurrió el 23 de julio. Es posible que Munḏir recibiera entonces prebendas de Hisham II, pero seguramente el dominio de Zaragoza lo consiguió ya del califa Sulaymān al-Mustain, a cuyas filas se pasaría quizás Munḏir tras el asesinato del general Wadih, en octubre de 1011.

Munḏir, ahora en apoyo de Sulaymān al-Mustain, intervino activamente en su asedio de Córdoba y en la nueva destitución de Hisham II, tras lo cual Sulaymān volvió a alzarse con el califato, en mayo de 1013. Premió entonces a las tribus bereberes que le habían ayudado, otorgándoles algunos dominios, concediendo Zaragoza a Munḏir.

Inicios expansivos de la taifa de Zaragoza

Sulaymān confirmó también, entonces, en sus dominios de Albarracín a Hudayl de los Banu Razin, que al final también le había reconocido. Esta concesión de Albarracín disgustó a Mundir, que ambicionaba incluso las tierras donde los Banu Razin venían gobernando desde siglos atrás. De hecho, combatirá Munḏir contra este Hudayl al comenzar la constitución de sus respectivas taifas, mientras Munḏir consolidaba el territorio, extenso, que había conformado la Frontera Superior, limítrofe con las taifas de Toledo, Albarracín, Valencia y Tortosa. Tuvo que invadir Huesca y desplazar de allí a su pariente Ibn Sumadih, que marchó al Levante, y luego regirá la taifa de Almería.

Munḏir despojó a Labib brevemente del poder en Tortosa, en 407H (1016/1017), aunque al poco tiempo Labib, con la ayuda de Mubarak, rey de la taifa de Valencia, recuperaron lo perdido.

Mientras tanto siguió involucrado en la fitna. En 1016 apoyó al califa ʿAlī ben Ḥammūd, asesino y sucesor en el califato de Sulaymān al-Mustaʿīn, e incluso mata a un hijo de este último que acudió a refugiarse junto a él en Zaragoza. Luego retira su lealtad al califa hammudí, alzando contra él al pretendiente omeya ʿAbd al-Raḥmān al-Murtaḍà, a quien proclama califa, en abril 1018, en connivencia con otros cabecillas andalusíes, como el eslavo Jayran de Almería y refuerzos catalanes del conde Ramón Borrell, o mejor, ya, de su hijo y sucesor (desde febrero de 1018) Berenguer Ramón I. Según Ibn al Jaṭīb:

Acordaron los emires de la Frontera Munḏir Ibn Yaḥyà, Ibn Ḏī-l-Nūn y Zuhayr al-ʻĀmirī la vuelta al Estado Omeya, y juraron a uno de los Banū Umayya ʻAbd al-Raḥmān Ibn Muḥammad Ibn ʽAbd al-Malik Ibn ʻAbd al-Raḥmān al-Nāṣir li-dīn Allāh.

Todos ellos atacan, en el verano de 1018, a la taifa bereber de Granada gobernada por Zawi ben Zīrī, y tras la derrota abandonan a su candidato al-Murtada, que será asesinado al poco.

Mundir, tras el desastre ante Granada, se retira a Almería con los eslavos, y vuelve enseguida a Zaragoza, para centrarse desde entonces en su taifa. Solo de un modo nominal, y a distancia, reconoce al califa al-Qāsim ben Ḥammūd, que ya coincide con el resto del tiempo de Munḏir I.

Munḏir siempre guardó lealtad a la familia de Almanzor, acogiendo en su corte de Zaragoza a varios personajes que otrora formaron el séquito brillante de Almanzor y sus hijos, como a sus secretarios y poetas Ibn Darray y Saʿīd; también tomó Munḏir bajo su protección a un nieto de Almanzor, llamado ʿAbd al-ʿAzīz, que en 1021 será proclamado soberano de la taifa de Valencia.

Precisamente Ibn Darray, instalado en la capital del Ebro, canta el reconocimiento de al-Qāsim por Munḏir en un verso: «al-Munḏir al-Mansur ha pasado a ser nuestro valí, / y el soberano al-Qāsim al-Ma’mun nuestro mawlà».

La taifa de Zaragoza en época de Munḏir I

Munḏir I se denominó háyib, como tantos otros fundadores de taifas, siguiendo el modelo de Almanzor y sus hijos, que así legalizaban su poder de facto, mientras reconocían el poder de derecho de un califa. Solo en los versos elogiosos de su poeta cortesano Ibn Darray aparece titulado “el Victorioso” (al-Mansur); también fue llamado Du l-ri’asatayn (“el de doble jefatura”). Siguiendo a este poeta, quien dice en uno de sus versos: “Munḏir al-Manṣūr ha pasado a ser nuestro señor y el príncipe al-Qāsim al-Māʽmūn nuestro soberano”, la taifa de Zaragoza reconocía al califa al-Qāsim de la dinastía hammudí.

Es posible que acuñara moneda aunque reconociendo como califa a al-Qāsim. Esto se desprende de una serie de cuatro dinares de oro hallados en Valencia y fechados en el año 411H (1020/21) y en el que aparece mencionado su hijo y sucesor Yaḥyà como háyib. Según Domenech Belda1 serían atribuibles a Munḏir I y sería las primeras monedas acuñadas por un rey de taifas.

Dinar del 411H atribuido a Munḏir I
Dinar del 411H atribuido a Munḏir I
Dinar del 411H atribuido a Munḏir I
Dinar del 411H atribuido a Munḏir I

Munḏir I quiso dar tono de gran corte a Zaragoza, y acogió a literatos cordobeses, asegurándose a la vez sus elogios. Dedicó atención a las construcciones públicas, como el gran poeta Ibn Darray le alaba, indicando que ordenó construir unos baños, pero sobre todo, en sus días, se amplió la mezquita aljama de Zaragoza, y, recordándose que había sido fundada por el venerable Hanas cuando la conquista musulmana de la ciudad, se quiso ahora respetar la hornacina de la alquibla que él colocara, aunque trasladándola para que siguiera sirviendo en la nueva ampliación, según describen al-Udri e Ibn Abi l-Fayad.

Relaciones con otros estados: Su actuación en el acuerdo matrimonial entre los condados de Castilla y Barcelona

Mantuvo buenas relaciones con castellanos y catalanes, y su gran oponente fue Sancho el Mayor de Pamplona, que alentó las disensiones internas de la taifa y logró tomarle algún territorio, como Buil y toda la ribera del Cinca hasta Perarrúa. Sancho tomó Roda de Isábena y el resto de las plazas ocupadas por los musulmanes cuando la algara de al-Muẓaffar, en 1006. Desde el norte, Sancho tomaba ya posiciones sobre la llanada de Huesca, presentándose como el restaurador cristiano de estas zonas, aun desalojando a los condes locales.

Puede interpretarse que también la alianza matrimonial entre los condados de Castilla y Barcelona fue una reacción contra Pamplona. Al menos, Munḏir I utilizó el suceso como un recurso amistoso con castellanos y catalanes, aunque su participación en el hecho, hiperbólicamente cantada por su poeta Ibn Darray, no fue decisiva: permitió cruzar por tierras de su taifa al conde Sancho García que iba a Barcelona a concertar la boda de su hija con Berenguer Ramón I, primogénito del conde Ramón Borrell. Este viaje tuvo que ocurrir antes del 5 de febrero de 1017, en que murió el conde castellano, que entonces pasó junto a Tudela, según el precioso relato de un testigo al cronista Ibn Ḥayyān, conservado en la Dajira de Ibn Bassam:

«Al comenzar el poder de Munḏir [en la taifa de Zaragoza], el conde Sancho García de Castilla pasó ante las puertas de Tudela…. Iba el conde hacia los confines de la Marca Superior, a encontrarse allá con el conde Ramón de Barcelona, para concretar una alianza matrimonial entre ellos, siendo la dama de la casa de Sancho. Sabía Munḏir, nuestro señor, que éste iba a poner pie en nuestra tierra, con garantías de que su ejército no nos haría ningún mal. Pero las gentes de Tudela, entonces altivas y poderosas, desaprobaron aquello y decidieron contrariarle para evitar el baldón [de recibir al conde], que, enterado de todo esto, cuando estuvo cerca de la ciudad, envió mensajeros para convocar a una comisión de sus notables, con los que hablar en el camino […]

Llegamos a la tienda campal y [el conde castellano] estaba en su estrado, vestido a la usanza de los musulmanes; llevaba la cabeza descubierta y tenía escasos cabellos; aunque era de edad madura, su canicie no era total. Era de color moreno y tenía hermosa apariencia. Nos habló con gratas y bellas palabras, exponiendo el motivo de su viaje y el acuerdo concertado con nuestro señor. Le informamos del disgusto de nuestros conciudadanos por su paso y cómo tenían decidido intervenir [con las armas]. Nos disuadió, refiriéndose a los males de las guerras….” [La mayoría de las gentes de Tudela quisieron atacarle, y el conde Sancho les repelió; los tudelanos se refugiaron tras sus murallas, y el conde siguió camino. El narrador acaba con este curioso elogio del conde castellano:] “No he visto entre los cristianos guerreros como los suyos, ni entre los príncipes quienes le igualen en gravedad de porte, valor, inteligencia, saber y elocuencia, excepto su pariente político y homónimo Sancho Garcés [III, el Mayor, de Pamplona]».

Tras este viaje, anterior a 1017, tuvo que haber otro, atestiguado por dos poemas de Ibn Darray sobre el paso por Zaragoza, donde les agasajó Munḏir I, del cortejo castellano que conducía a la prometida. Es posible que hasta la misma delegación catalana bajara a la capital del Ebro, si entendemos al pie de la letra la frase del cronista Ibn Ḥayyān: «de tal modo Munḏir se había conciliado a los señores cristianos que, ante él y en su corte, se arregló el matrimonio de uno de ellos», y esta segunda parte tuvo que ocurrir después de abril de 1018, cuando ya Ibn Darray, que testimonia el hecho con sus versos, se había incorporado al palacio zaragozano.

Y ya para entonces habían muerto los condes de Castilla y Barcelona, con los que Munḏir I había tratado, y Sancho Garcés III asumía la tutoría de García Sánchez de Castilla. Poco aprovechó a Munḏir, pues, su colaboración en el suceso, porque las hostilidades entre Zaragoza y Pamplona fueron continuas, y su mejor reflejo son los versos de Ibn Darray.

En estas guerras destacaron dos hijos de Mundir: su heredero Yaḥyà, al que da el título de  háyib y otro, al-Ḥakam, que desempeñó el doble visirato.

Muerte y sucesión de Munḏir

El juicio de las fuentes es favorable a Munḏir I. Ibn Ḥayyān señala cómo «la gente reconoció lo acertado de su postura política, sin que tras él viniera nadie que pudiera llenar su hueco».

Murió Munḏir en 1021-1022, y le sucedió su hijo Yaḥyà.


  1. Domenech Belda, C. (2021). Las emisiones monetarias de los Banū Tuŷīb de Zaragoza: una revisión a la luz de nuevos hallazgos. Arqueología Y Territorio Medieval, 28, e6220. https://doi.org/10.17561/aytm.v28.6220

Bibliografía