[c. 1068 – Valle de Arán (Lérida), septiembre 1104]
Rey de Aragón y Pamplona (1094-1104), llamado el Católico.

Pedro Sánchez era el hijo primogénito de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, y de Isabel, hija de Armengol III de Urgel.

Nació en fecha desconocida, pero situada, en torno al año 1068, puesto que su madre ya había sido repudiada en el 1070. Además, la Crónica de San Juan de la Peña dice que murió a los treinta y cinco años.

La primera aparición pública del infante tuvo lugar en 1072 y desde 1080-1081 figuró regularmente en el entorno real. A partir de esas fechas, todos los compromisos importantes de la dinastía plasmados por escrito que se pueden verificar llevaron la firma de Pedro.

El nombre de Pedro, absolutamente ajeno a las prácticas onomásticas del linaje real, sugiere que Sancho Ramírez quiso, al imponérselo, reforzar de manera simbólica la alianza con la Santa Sede, tras la prestación de un vasallaje al Papa durante un viaje a Roma en 1068.

Se carece de información sobre la educación de Pedro, si bien es muy probable que se llevara a cabo bajo la dirección del abad de Alquézar, Galindo de Muro, un personaje muy vinculado a él desde mediados de la década de 1080.

Una costumbre muy peculiar de Pedro es que, a diferencia de todos sus antecesores y sucesores, que trazaban signos cruciformes, solía firmar sus documentos con un signo autógrafo en árabe, con una fórmula correcta gramaticalmente que reza “Pedro, hijo de Sancho lo escribió”. Es posible, por tanto, que supiera algo de árabe y es bastante probable que quisiera, con este gesto, realzar su dignidad copiando modelos y prácticas principescas andalusíes.

Firma de Pedro I de Aragón en un documento de 1094
Firma de Pedro I de Aragón en grafía árabe en un documento de 1094
† رشم بيطره ابن شانجه †. Transcripción fonética en árabe dialectal andalusí: /ráš(a)m Béṭro (a)ben Šánǧo/ o /ráš(a)m Péṭro (a)ben Šánčo /. Traducción al español: ‘Señal [= signum] de Pedro, hijo de Sancho’.

Rey asociado en Sobrarbe y Ribagorza (1085-1094)

En junio de 1085, Sancho Ramírez asoció al poder a su hijo mediante la entrega del dominio sobre los territorios de Sobrarbe y Ribagorza. De este modo preparaba su sucesión al trono. El 13 de junio del 1085 firma allí su primer documento en el cual el abad de San Victorián donaba el “castello…de Valle Magna…et…in castro de Gradus” a “Bita Garcez de Chavallera”, y lo data “iste anno quando…dedit rex ad filio suo Petro Sangiz Suprarbi et Ripacurcia”.

El 24 de junio de 1089 Sancho y el infante Pedro conquistaron Monzón, que fue confiado a la custodia del heredero, e iniciaron una larga serie de campañas contra Zaragoza y otras ciudades del valle del Ebro.

Firma de Pedro I de Aragón
Firma de Pedro I de Aragón

Es probable que Pedro acudiera en socorro de castellanos y leoneses ea la batalla de Sagrajas del 1086, donde fueron derrotados por los almorávides.

En el marco de la actividad diplomática de su padre, éste concertó el matrimonio del infante Pedro con Inés, hija de Guy-Geoffroi, también conocido como Guillermo VIII, conde de Poitou y duque de Aquitania (1058-1087), que se celebró en enero de 1086.

Guy-Geoffroi había participado en la expedición de Barbastro (1064) y ejercía una fuerte dominación en Gascuña.

Sancho Ramírez falleció en el sitio de Huesca, el 4 de junio de 1094, al ser herido mortalmente. Su hijo Pedro le sucedió en el trono.

Rey de Aragón y Pamplona (1094-1104)

La llegada al poder de Pedro I se rodeó de ceremoniales que tuvieron, con toda probabilidad, una doble vertiente. Por una parte, solemnizar la memoria de Sancho Ramírez, con donaciones funerarias a las principales iglesias y monasterios del reino, culminadas con el enterramiento en San Juan de la Peña, panteón dinástico, el 4 de diciembre —en la misma fecha en que se consagró la iglesia románica de este centro monacal—; por otra, manifestar públicamente la presencia del nuevo rey, con gestos como la reacuñación de la moneda en circulación, que tuvo lugar a fines de 1094 o principios de 1095.

Retrato de Pedro I según el pintor romántico del siglo XIX Manuel Aguirre. Diputación de Zaragoza.
Retrato de Pedro I según el pintor romántico del siglo XIX Manuel Aguirre. Diputación de Zaragoza.

Durante el verano de 1094, Pedro completó la asunción de su autoridad viajando a Valencia para ratificar su alianza con el Cid —al que había prometido en matrimonio a su hijo con María Rodríguez, su hija— y después recorriendo las diferentes comarcas del Reino, para entablar los contactos necesarios con los nobles menos asiduos en el entorno real.

Una carta dirigida a Urbano II, datada en esos meses, y con la cual Pedro enviaba el censo prometido, refleja la voluntad de mantener los canales de comunicación con el Papa, que, en contrapartida, extendió su protección apostólica sobre Pedro I y su Reino.

El espacio político sobre el que Pedro I gobernó se componía esencialmente de dos núcleos centrales, estructurados alrededor de Pamplona y de Jaca, en los que se reagrupaban las posesiones fiscales de la monarquía, las fidelidades nobiliarias más adictas y los centros monásticos cercanos a los linajes reales.

En 1095 una serie de campañas desde Sobrarbe permitieron a Pedro I ocupar una zona que corresponde, a grandes rasgos, con el Somontano de Barbastro, entre los ríos Vero y Alcanadre, con Naval como núcleo más significativo.

La toma de Huesca (1096)

Al año siguiente, en mayo, se formalizó por segunda vez el asedio de Huesca, cuyos dirigentes solicitaron ayuda de al-Musta’ín, el soberano de la taifa de la que dependían. La amenaza era lo suficientemente grave como para que un reticente al-Musta’ín hiciera un esfuerzo militar excepcional, que contó con el soporte de algunos nobles castellanos con intereses en La Rioja, que veían con malos ojos la posibilidad de que el valle medio del Ebro se desplomase en manos de los aragoneses, en concreto García Ordóñez de Nájera y Gonzalo Núñez de Lara.

El 19 de noviembre de 1096 se enfrentaron ambos ejércitos en las cercanías de Huesca, en Alcoraz. Pedro I contó con la ayuda de refuerzos enviados por el Cid y obtuvo una victoria aplastante de Pedro I, que destrozó el dispositivo de las tropas de la taifa y capturó a los dirigentes castellanos. La derrota musulmana fue de tal magnitud que es probable que nunca se recuperase el potencial bélico zaragozano, como lo sugiere la facilidad de maniobra de Pedro I y Alfonso I en los diez o quince años siguientes, hasta la llegada de los almorávides a la capital del Ebro.

El 27 de noviembre se entregó Huesca mediante una capitulación pactada cuyos términos se ignoran, pero que, sin duda, conllevó la posibilidad de emigrar para los musulmanes que lo desearan, de permanecer en la ciudad y su periferia bajo la protección del rey, conservando sus bienes, pero debiendo desalojar la parte interior del casco urbano para instalarse en una nueva barriada habilitada en el exterior del recinto amurallado, y, en general, con el derecho a preservar la fe islámica y las costumbres tradicionales.

Aunque existían precedentes al respecto —el caso de Naval, en 1095, es el más evidente—, se trataba del primer ensayo para una ocupación a gran escala de territorios densamente poblados de musulmanes, aplicando fórmulas que, con pocas variaciones, demostraron su validez hasta mediados del siglo XIII. Sin embargo, como ocurriría también posteriormente, es muy probable que la gran mayoría de los habitantes de la región partiera hacia el exilio en un proceso que se inició antes de la conquista, con la depredación efectuada en tiempos de Sancho Ramírez en las tierras oscenses, y que prosiguió sin duda después de la instalación de los cristianos, a medida que se hizo evidente que la nueva situación no tenía vuelta atrás y cristalizó una oposición más firme contra los invasores liderada por los almorávides.

Con el principio de 1097, Pedro I y su hermano Alfonso se encaminaron hacia Valencia para ayudar a Rodrigo Díaz a abastecer Benicadell y, durante el regreso, libraron la batalla de Bairén, en la que vencieron a un importante ejército almorávide que sitiaba Peña Cadiella. Además, el monarca aragonés reafirmó su control sobre las localidades de la Plana castellonense que actuaban como nexo de unión con la Valencia del Cid.

Durante el otoño e invierno del 1097 tuvo lugar el reparto de las tierras de los musulmanes de Huesca, transcurrido un año después de la rendición tal y como estaba pactado.

Durante los años 1098 y 1099, Pedro dedicó algunos esfuerzos diplomáticos a conseguir la aprobación de Urbano II y Pascual II para sus decisiones sobre la ordenación eclesiástica de la diócesis de Jaca-Huesca y para el futuro de la de Roda-Barbastro, en particular respecto a la distribución de los diezmos que afectaba también a la gran abadía de Montearagón.

Para ello, no dudó en satisfacer el equivalente a dos años del censo establecido por su padre, para captar la benevolencia papal. También ofreció importantes donaciones a Cluny, en la misma escala que el emperador alemán y Alfonso VI de Castilla y León.

La toma de Barbastro (1101)

La última parte del reinado de Pedro I registra como acontecimiento central la ocupación de Barbastro, una ciudad pequeña pero bien defendida, que se incrustaba entre las tierras conquistadas en el decenio anterior.

Durante dieciocho meses, las tropas de Pedro I devastaron el territorio barbastrense y construyeron varios castillos que asfixiaban a las poblaciones rurales y urbanas de la comarca.

Es posible que en la primavera de 1101, al-Musta’in volviese a intentar levantar el asedio de Barbastro y fuera vencido una vez más en los alrededores de Huesca, pero solamente se cuenta con noticias indirectas. Finalmente, Barbastro capituló el 18 de octubre de ese año, mientras que la campaña se prolongó con la ocupación de varias localidades del bajo Cinca.

En el contexto del inicio de la Cruzadas, en la que participó sunex-cuñado Guillermo IX de Aquitania, llamado Guillermo de Pitiers, tomó la decisión de participar en ellas en la Pascua de 1101. Pero nunca pudo cumplirlo pues centró su actividad en consolidar su frontera frente a la taifa de Zaragoza.

Ese mismo año atacó Zaragoza y levantó un campamento fortificado en Juslibol (Deus o vol, “Dios lo quiere”, el grito de los cruzados), a cinco kilómetros de la capital.

La actividad de Pedro I durante los últimos años de su reinado estuvo presidida por la necesidad de consolidar las conquistas, de reducir las bolsas de resistencia que quedaban —asunto cerrado con la toma de Bolea (1101) y Piracés (1103)—, y de perfilar las líneas de su política con respecto a los principados occidentales catalanes. En concreto, en diciembre de 1101 obtuvo una renovación de la fidelidad vasallática del conde Armengol V de Urgel, que se remontaba a casi medio siglo antes, y en 1103 llegó a un acuerdo con los condes Arnaldo Ramón I y Pedro Ramón que cogobernaban el Pallars Jussá.

Muerte de Pedro I (1104)

En el otoño del año siguiente, aprovechando una pausa en la lucha contra los almorávides, Pedro I emprendió una campaña contra el conde Artal II de Pallars-Sobirá, en particular en el valle de Arán. Pero estaba enfermo y falleció el mes de septiembre de 1104 en el transcurso de esta expedición.

La fecha exacta de su muerte no es clara pues tenemos distintas fuentes, aunque todas coinciden en fines del mes de septiembre: La Crónica de San Juan de la Peña dice que falleció en “III Kal Oct“, el 29 de septiembre.  Los Annales Compostellani el “IV Kal Oct”, el 28 de septiembre. Y las Corónicas Navarras en “V Kal Oct“, el 27 de septiembre.

Fue enterrado en el monasterio de San Juan de la Peña. Al fallecer ese mismo año su primogénito, el reino pasó a manos de su hermano Alfonso I, conocido como el Batallador.

Matrimonio y descendencia de Pedro I

El primer matrimonio de Pedro I fue concertado en vida de su padre, en el 1086. Su esposa fue Ines de Aquitania (Agnes d’Aquitaine), hija de Guillermo VIII, duque de Aquitania y conde Poitou. Inés falleció en 1097 y tuvo al menos dos hijos:

  • Pedro (c. 1087 – 1 febrero 1104).
  • Isabel (m. 1103).

Pedro I contrajo un segundo matrimonio el 16 de agosto de 1097 con una enigmática Berta, cuyo origen es desconocido. Es probable, no obstante, según algunas hipótesis recientes, que fuese italiana y proveniente de la familia de los marqueses de Turín, en concreto de Pedro de Aosta.

Acuñaciones de moneda de Pedro I

Moneda jaquesa de Pedro I

Pedro continuó las emisiones monetarias que había iniciado su padre, sin apenas variaciones tipológicas: En las monedas de Pedro I la cabeza del anverso da paso a bustos frontales y de perfil tocados con moño.

Además con Pedro I de Aragón aparecen también emisiones con ceca en Monzón con la leyenda MONSON.

Ovolo de Pedro I con la ceca de Monzón
Ovolo de Pedro I con la ceca de Monzón