Término procedente del árabe صقالبة, siqlabí, (su plural es ṣaqāliba) y que a su vez procede el griego sklavinoi, que hace referencia a los esclavos procedente de los países cristianos. Habitualmente se traduce por eslavos por la procedencia de muchos de ellos de la Europa oriental (por ejemplo varias fuentes musulmanas se refieren al rey de los búlgaros del Volga como rey de los ṣaqāliba), pero en un sentido amplio se refiere a cualquier esclavo cristiano.

Los ṣaqāliba eran obligados a realizar multitud de funciones: sirvientes, concubinas del harem, eunucos, artesanos, soldados e incluso guardias del califa. La existencia en al-Andalus de estos eslavos se hizo más notable desde la segunda mitad del siglo X, pues entonces muchos de ellos, bien instruidos, ocuparon puestos significativos en la administración, tanto palatina y cordobesa como provincial. Solían ser castrados, aunque los destinados a servicios militares no lo serían. A los ṣaqāliba manumitidos con altas posiciones se le llamaba fatá o esclavones.

Como hemos dicho, su número e importancia palatina creció desde tiempos de Almanzor y sus hijos que se apoyaron ampliamente en los eslavos y en los bereberes recién llegados del norte de África, grupos no implicados en los intereses de los andalusíes, proclives a una lealtad más plena hacia los amiríes, quienes, al apoyarse en ellos, les dieron en consecuencia mucha influencia.

Tras la subida al califato de Muhammad II al-Mahdi en 1009 los eslavos huyeron de Córdoba y se hicieron con el poder en diversas comarcas: Muyahid en Valencia primero y luego en Denia y Baleares donde fundó una dinastía; Mubarak y Muzaffar en Valencia;  Sabur en Badajoz; Aflah al-FatahJayrán y Zuhayr en Almería; Labib en Tortosa, sucedido por otros eslavos como Muqatil, Ya’la y Nabil, etc.