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La campana laurentina de San Isidoro de León y el Cid Campeador

por Javier Iglesia Aparicio
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Campana laurentina

La campana Laurentina o de San Lorenzo de la Real Colegiata de San Isidoro es una de la campanas más antiguas de España. Hasta el momento, solo se han encontrado dos campanas mozárabes más antiguas que ella: la que el abad Sansón donó a la iglesia de San Sebastián de Córdoba en el 930 y la de Omar b. Zakaria hallada en Huelva, de la primera mitad del siglo XI.

Hoy en día se encuentra en la capilla de las Vacas de la colegiata. Con un diámetro de 57 centímetros, 1,75 metros de circunferencia y un peso de aproximadamente 80 kilogramos, la campana destaca por su peculiar forma de tulipán. Desafortunadamente una grieta impide su utilización en la actualidad. A lo largo de los años, se han realizado diversos intentos de soldadura para intentar solucionar este problema y preservar su estado original. Sin embargo, hasta el momento estos esfuerzos no han logrado restaurarla plenamente, convirtiendo su sonido en un tesoro silenciado.

Pero lo que la hace interesante son las tres anillas en su corona, siendo la central la más grande y potente. Además, cuenta con dos pequeñas foraminas triangulares conocidas como “oídos”, que son orificios estratégicamente ubicados para modificar y mejorar su sonoridad. En la superficie de la campana, en el círculo o anillo sonoro, se encuentra una inscripción grabada en escritura visigótica.

Esta inscripción, de aproximadamente tres centímetros de altura, está situada entre dos franjas con cordones incisos y revela información sobre el donante que ofreció esta campana como objeto votivo:

INNME DNI OBHoNOREM SCI LªVRENTi ARCE DCNI RVDERICVS GVNDISaLBIZ HoC SiGNUM FiERI ISSIT INERA CXXIIII P T S

EN NOMBRE DEL SEÑOR. EN HONOR A SAN LORENZO EL ARCEDIANO RODRIGO GONZÁLEZ MANDÓ QUE SE HICIERA ESTA CAMPANA EN LA ERA DE 1124 (Año 1086)

Las campanas votivas

Este tipo de campana tiene una especial simbología de protección apotropaica, es decir que aleja el mal, porque después de elaborarlas se hacía un ritual con ellas.

Los eclesiásticos las limpiaban por dentro y por fuera con agua bendita, les hacían una bendición y para terminar, las ungían con el óleo. Durante la ceremonia, la campana se suspendía sobre el suelo mientras participaban tanto los fieles como el clero. El padrino y la madrina, si los hubiera, se situaban junto al obispo, quien rociaba la campana con agua bendita con el objetivo de ahuyentar a los demonios, protegerla de alimañas, granizo, rayos y otros peligros. A continuación, los diáconos procedían a lavar minuciosamente tanto el interior como el exterior de la campana con agua bendita, mientras se entonaban salmos sagrados.

Posteriormente, el obispo se colocaba debajo de la campana con un incensario, llenando su interior de su fragancia sagrada. Durante este momento, se ungía la campana tanto por dentro como por fuera con los óleos sagrados, otorgándole así una bendición especial. Los padrinos, por su parte, tenían la responsabilidad de elegir un nombre para la campana, generalmente correspondiente a un santo venerado.

La tradición cidiana

La tradición cuenta que esta campana se tocó cuando nació Diego Rodríguez, el hijo primogénito del Cid Campeador. Se dice que el Cid estuvo residiendo en León con su esposa doña Jimena tras su casamiento en dicha ciudad. Su casa se encontraría en los aledaños de la plaza del Cid. Otras tradiciones dicen que fue durante la boda de Rodrigo y Jimena.

En ambos casos es muy difícil que esto ocurriera. Lo más probable es que el matrimonio ocurriera en Burgos, en cuya catedral se conserva la carta de arras datada en el 1074. Además, en esas fechas la campana aún no se había fabricado. Y tampoco cuando nació Diego Rodríguez, en torno al 1075.

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