Almanzor fue el azote de los reinos cristianos entre los años 977 y 1002. Realizó decenas de campañas de conquista, sometimiento y saqueo y nunca fue vencido por las tropas de los distintos reinos y condados cristianos. No es de extrañar que su muerte, acaecida en el año 1002 en Medinaceli, fuera el origen de alguna leyenda.

 

La leyenda de la batalla de Calatañazor

Así se cuenta que Almanzor, tras haber asolado Galicia y haber profanado Santiago de Compostela, se encaminó hacia Castilla. Pero las tropas del rey Bermudo II de León y del conde García Fernández de Castilla le salieron al paso en la localidad de Calatañazor (Soria). El enfrentamiento fue duro, encarnizado, y murieron miles de musulmanes y al llegar la noche Almanzor, comprendiendo que no podía vencer, se dio a la fuga. Al día siguiente, las tropas cristianas fueron hacia el campamento enemigo pero lo encontraron vacío aunque repleto de botín.

La batalla de Calatañazor sería, por tanto, la primera derrota y, a la vez, la última batalla de Almanzor. Y algo admirable ocurrió después: desde el mismo día de la derrota, un hombre, que parecía pescador, se lamentaba en las calles de Córdoba en castellano y en árabe exclamando: «En Calatañazor perdió Almanzor el tambor», lo que viene a significar que Almanzor perdió su alegría, pues había sido derrotado por primera vez. La figura aparecía y desaparecía y cuentan que seguramente se trataba del diablo que lloraba el desastre de los musulmanes. Desde ese día, Almanzor no quiso ni comer ni beber y acabó por morir en la ciudad de Medinaceli, donde fue sepultado.

Efigie de Almanzor en Calatañazor

 

El hecho histórico

Realmente Almanzor no fue derrotado en ninguna aceifa por los reyes de León o los condes de Castilla. Tampoco ninguna de las campañas de Almanzor ocasionó un enfrentamiento lo suficientemente importante en Calatañazor para que aparezca en las fuentes históricas fiables y contemporáneas o más cercanas a los hechos.

La última campaña de Almanzor se desarrolló en el año 1002 siendo rey Alfonso V de León y conde de Castilla Sancho García. Esa campaña se dirigió desde Clunia, pasando por la Sierra de la Demanda, hasta Canales de la Sierra y San Millán de la Cogolla, monasterio que fue arrasado. A su vuelta, Almanzor vio agravada su artritis gotosa y acabó por fallecer en la ciudad de Medinaceli, el 9 de agosto. Fue sepultado en esa misma ciudad.

Las fuentes de la leyenda

Esta leyenda se empezó a gestar a partir del siglo XII. La Crónica Najerense es la primera en introducir hechos legendarios:

«En el año decimotercero de su reinado, después de muchas y horribles matanzas de cristianos, luchando con dicho conde Sancho y dándose a la fuga, reventó por medio y murió en la villa llamada Grajal y fue sepultado en Medinaceli el año 1002. Más tarde ocultamente arrebatado, fue trasladado.»

Comienza con un evidente error. El año 1002 no era el decimotercero del gobierno de Almanzor. Además supone que tuvo un combate contra el conde Sancho García, cuando el último enfrentamiento conocido fue la batalla de Cervera, en el año 1000, y que fue una victoria musulmana. También yerra en localizar en Grajal la muerte de Almanzor y en mencionar el traslado de su cuerpo de forma oculta. Almanzor murió y fue sepultado en Medinaceli y no se trasladó su cuerpo a ningún otro lugar.

La leyenda de la batalla de Calatañazor continuará engrandeciéndose, ya en el siglo XIII, en el Chronicon Mundi, escrito por el obispo Lucas de Tuy en torno al 1238:

«Como Almanzor saliese de Galicia y quisiera asolar de nuevo las fronteras de Castilla, le salió al encuentro con un gran ejército en un lugar llamado Calatañazor donde trabando el combate cayeron muchos miles de sarracenos y si la noche no acabase con el día el mismo Almanzor hubiera sido apresado. Sin embargo, durante el día no pudo ser vencido y llegada la noche se dio a la fuga con los suyos.

Al día siguiente el rey Vermudo ordenó formar las tropas para al llegar el crepúsculo del día luchar con el ejército sarraceno. Pero al avanzar hacia el campamento musulmán solo encontraron las tiendas fijas con abundante botín. El conde García Fernández, habiendo perseguido a los sarracenos, acabó con una gran multitud de ellos.

Y algo admirable ocurrió, el mismo día que Almanzor perecía en Calatañazor, cierto hombre que parecía un pescador se lamentaba ya en idioma árabe ya en español exclamando: ” En Calatañazor perdió Almanzor el tambor”, lo que en latín quiere decir, que en Calatañazor perdió Almanzor el tímpano o el sistro, es decir, su alegría. Acudían a él los infieles de Córdoba y al acercarse la figura se desvanecía ante sus ojos para reaparecer en otro lugar repitiendo la misma lamentación. Creemos que se trataba del diablo que lloraba el desastre de los sarracenos.

Almanzor, desde el día en que fue derrotado, no quiso comer ni beber, y llegando a la ciudad llamada Medinaceli murió y fue sepultado allí.»

En esta ocasión existen ya dos errores históricos importantes: ni Bermudo II ni el conde García Fernández de Castilla vivían ya en el año 1002. Y por supuesto aparecen ya los prodigios legendarios.

Con el paso de los años se fueron añadiendo o modificando detalles a la leyenda. Rodrigo Jiménez de Rada escribe en su obra De Rebus Hispaniae (1243) que el encuentro no fue al volver de Galicia sino cuando Almanzor, en otra ocasión, trató de atacar Castilla. Bermudo II logró una alianza con los castellanos de García Fernández y los pamploneses. En la batalla de Calatañazor estaría personalmente el rey Bermudo II, aunque en litera por padecer de gota, y la derrota de Almanzor fue posible porque previamente Dios había enviado una peste que diezmó el ejército cordobés.

Veamos el relato completo:

«Pues Almanzor con su ejército fue castigado por el Señor con la pena debida por el crimen sacrílego y el que había profanado el lugar santo del Apóstol vio casi todo su ejército consumido con una inmunda plaga de disentería, pereciendo los demás por muerte repentina. Lo cual sabido por el rey Vermudo envió multitud de peones adiestrados, que fácilmente exterminaron entre las montañas a los debilitados y consumidos por la enfermedad. De este modo forzado por la peste Almanzor regresó a su tierra.

Pero el rey Vermudo acosado por los enemigos envió su embajada al conde castellano García Fernández y a García el Temblón rey de los navarros para que dejando a un lado las rivalidades se reunieran todos a combatir por la fe. Oído lo cual el rey García envió un ejército, el conde García Fernández vino personalmente con una gran multitud y el rey Vermudo, aunque enfermo de gota, llevado a hombros de porteadores y reunidas todas las fuerzas de su reino, todos se congregaron en una única hueste, y fueron al encuentro de Almanzor, que con sus árabes venía a invadir Castilla, en un lugar que en lengua árabe es llamado Calatañazor, y en latín es designado como “la altura de los buitres”.

Y habiéndose trabado muchos mortales combates, había sucumbido la mayor parte del ejército agareno; sin embargo sorprendidos por la oscuridad de la noche ninguno cedió en el campo al otro, pero descubierta por Almanzor la mortandad de los suyos no quiso reanudar el combate al día siguiente. Por lo que huyendo por la noche al llegar al valle de Borgecorexi consumido por el pesar exhaló su alma, siendo llevado a la ciudad llamada Medinaceli.

Al amanecer del día siguiente creyó el ejército cristiano que los árabes volverían a la lucha, pero al descubrir las tiendas vacías de hombres, se apoderaron de las mismas tiendas, del ajuar y demás objetos. Pero el conde García Fernández persiguiendo esforzadamente a los que habían escapado a la matanza los aniquiló casi hasta el exterminio. Almanzor, siempre victorioso hasta aquel momento, se sintió agobiado por un dolor tal, que desde el día de la batalla no quiso comer ni beber nada hasta que acabó su último día.»

Y así, con escasas variantes, la legendaria batalla de Calatañazor pasó a la Primera Crónica General de Alfonso X y a todas las historias de España posteriores, considerándose que la batalla había ocurrido realmente y sólo en el siglo XX empezó a ponerse en duda su existencia.