Pueblo de La Rioja cercano a Miranda de Ebro.

Privilegiado enclave desde el que se pueden conseguir las vistas más completas de La Rioja, por eso se llama a este punto “El Púlpito de La Rioja”. Su estratégico emplazamiento le permitió jugar un papel decisivo durante la Reconquista. A partir del siglo IX su fortaleza fue atacada en varias ocasiones por las tropas musulmanas. Los enfrentamientos más importantes fueron las batallas de los años 882 y 883 por el príncipe al-Mundir y era defendida por del conde alavés Vela Jiménez.

Posteriormente se documentan como señores del castillo y aldea de Cellorigo a Munio y Vela Ovecoz (1012). En 1040 reaparece el nombre de Cellorigo con el conde Munio González. En una escritura de donación al Monasterio de Santa María de Piasca, en el año 1062, aparece como señor de aquella plaza Fernando Pérez. Cuando Fernando I, en 1064 ó 1065 (diez años después de la batalla de Atapuerca), recobró lo que entonces era Castilla la Vieja, el rey dio en tenencia los castillos de Luna y Cellorigo a Rodrigo Álvarez, abuelo del Cid. En 1129 Lope Ennequiz (Iñiguez) gobierna en aquel lugar.

El castillo de Cellorigo aparece después, en 1174, como uno de los cuatro que el rey de Castilla da a Enrique, rey de Inglaterra, árbitro de las disputas de aquél con el rey navarro. En la célebre escritura de compromiso, firmada conjuntamente por Alfonso VIII y por Sancho de Navarra, nombrase a Cellorigo castillo de judíos «Celorigon, castellum iudeorum», a los cuales el castellano se lo entregaba en tercería. Finalmente, en 1191 aparece como señor o tenente de Cellorigo Martín Bravo, mientras en la región mandaba Diego López de Haro. Cellorigo, aldea y castillo, fue otorgada más tarde a Miranda en virtud de privilegio de Sancho IV, dado en Haro el 1 de Julio de 1288.  Del castillo apenas queda huella, aunque se conservan restos de dos torres fuertes de los siglos XII y XIV en el peñasco de Peñaluenga.

También merece mención la fuente cubierta que se encuentra en la otra vertiente de la peña, parece ser del siglo XIII. En su arquitectura destacan la parroquia de San Millán construida a partir del XV y la ermita dedicada a Santa Mª de Barrio, hoy arruinada y cuya cabecera recta puede ser de origen prerrománico.

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