[ ¿? – †965]

Conde de Cerdaña (927 – 965) y conde de Besalú (957-965)

Hijo primogénito de Miró II de Cerdaña y de Ava de Cerdaña.

Regencia de Ava de Cerdaña (927 – c. 941)

A la muerte del conde Miró II, sus dominios pasaron a sus hijos pero como todos eran menores de edad, el testamento nombraba a su mujer Ava de Cerdaña como usufructuaria «in potestate de filiis meis legitimis». Esta regencia materna duró al menos hasta el año 938, cuando Sunifredo comienza a colaborar en las tareas de gobierno. Ava de Cerdaña se retira totalmente de la regencia  en torno al 941.

Los años de regencia de Ava fueron especialmente difíciles, ya que hubo traiciones de fieles y rebeliones internas. La nobleza local pretendía conseguir el dominio de los condados de Cerdaña y Besalú, aprovechando la supuesta debilidad del gobierno de la condesa. A la vez, el conde Suniario I de Barcelona parecía querer ejercer las funciones de regente. Hubo un intento de sedición por parte de Unifredo, vizconde de Cerdaña, quien intentó sustraer del fisco condal ciertos derechos no especificados. La sedición de Unifredo fue causa de la muerte de fieles de la condesa Ava. Estas dificultades pudieron ser resueltas y los bienes de los causantes de estas muertes fueron confiscados.

Tras la regencia de su madre, Sunifredo II se ocupó del gobierno del condado nuclear de Cerdaña junto con las comarcas de Conflent y Berguedá. A partir del año 945 su hermano Wifredo II gobernó en el condado de Besalú junto con las comarcas de Vallespir y el Ripollés, aunque en una posición subordinada con respecto a su hermano.

Conde de Cerdaña (c. 941 – 957)

Como el condado de Cerdaña no tenía un obispado propio, Sunifredo II tuvo interés en fomentar la implantación y desarrollo de los monasterios de sus dominios. El año 944, junto con el conde Gausfredo I de Ampurias, amparó las actuaciones del prior Tassi de San Pedro de Roda: Tassi envió monjes a la corte de Luis IV de Francia, para que éste ratificara la independencia del monasterio y terminasen las disputas sobre su posesión por parte de Bañolas y San Policarpo de Rasés.

El conde participó junto con sus hermanos en la fundación del monasterio de San Pedro de Camprodon y en 952 viajó con ellos a la corte para solicitar de Luis IV un precepto de confirmación de su posesión y de la libre elección de su abad y la adjudicación de los bienes de un tal vizconde Sunifredo, acusado de traición, que comprendían territorios en el Conflent y el Ripollés, tras lo cual prestaron homenaje al monarca francés. En diciembre de 951 viajó a Roma junto con los más importantes eclesiásticos de Cataluña, entre los que se encontraban el obispo Guisad de Urgel, el abad Arnulfo de Ripoll, Sala, abad de la Grassa, el abad Cesáreo de Santa Cecilia de Montserrat, etc.  Sunifredo II conseguía del papa Agapito II una amplia independencia eclesiástica para los condados catalanes.

Conde de Cerdaña y Besalú (957-965)

El año 957 se produce en Besalú una revuelta nobiliaria, liderada por un clérigo llamado Adalberto y promovida por el conde Borrell II de Barcelona, y en la que seguramente estaban implicados los hijos del antiguo conde Radulfo, culminó en el asesinato de Wifredo II. Sunifredo II consiguió dominar el alzamiento con un ejército propio y confiscó los bienes de los sublevados. El 958 los condes Sunifredo II y Oliba Cabreta y la condesa Ava actuaron como albaceas del difunto y Sunifredo adjunta a sus condados el de Besalú y el Vallespir. Desde entonces hasta su muerte gobernó solo la totalidad de las tierras que otrora había reunido su padre, aunque a veces se hizo ayudar a su hermano Oliba.

Sunifredo II se destacó por su labor de promoción religiosa en sus condados. Realizó donaciones al monasterio de Ripoll (962), a San Pedro de Rodas, pero sobre todo fue el gran benefactor del monasterio de San Miguel y Germán de Cuixà. Además de donaciones como la del 951, impulsó la construcción de la nueva iglesia de San Germán de Cuixà consagrada el 953 por el obispo Ricvulfo II de Elna. Además, durante el gobierno de Sunifredo II se añadirá la iglesia de San Miguel, al oeste de la de San Germán. El 17 de febrero del 956 el abad Ponç y el conde Sunifredo comienzan su construcción. Finalmente se constituyó en el templo principal del monasterio y se derruiría la iglesia de San Germán. De todas formas Sunifredo II no logró ver acabada la hora que fue finalizada por sus hermanos los condes Oliba Cabreta y Miró.

Sunifredo fue responsable del inicio de la influencia cluniacense en sus territorios. En julio de 965 situó a Garí, del monasterio cluniacense de Lezat, como abad de Cuixá, al conocer las buenas cualidades del joven abad a través de su primo Roger, vizconde de Carcassona. Este nombramiento supuso para Cuixá la adopción de la regla benedictina, lo cual fue promovido por el conde que, al final de sus días, mencionó en su testamento su adhesión a la orden de Cluny y realizó una donación al monasterio de San Pedro de Cluny.

Sunifredo II muere en el año 965 sin descendencia pues no contrajo matrimonio. Sus territorios pasarán a sus hermanos: Oliba será conde de Cerdaña; Miró de Besalú y Vallespir.