‘Abd al-Rahman III es el gobernante indiscutido de todo al-Ándalus. Se autoproclama califa en el 929 y gran parte del norte de Marruecos se encuentra bajo su vasallaje. Su único enemigo está en el norte, en los reinos de León, Pamplona y en el conjunto de condados aragoneses y catalanes. Pero son sobre todo los dos primeros los que hasta el momento le han plantado cara e incluso han realizado saqueos en territorio musulmán. Ha llegado el momento de realizar una acción definitiva que destroce la línea defensiva del Duero y que concluya con la sumisión de ambos reyes al poder supremo del califa. Y es que así se va a llamar la siguiente acción del califa, “la campaña del poder supremo” en la fuentes árabes.

Un fuerte ejército parte de Córdoba hacia Medinaceli en los comienzos del verano del 939 con ‘Abd al-Rahman III y su esclavo Nadja al frente. Mientras la alianza de leoneses, castellanos y pamploneses se concentra en la frontera del Duero. En el transcurso de los preparativos ocurrió un fenómeno natural que debió impresionar a ambos bandos tal y como describen las diferentes fuentes: un eclipse total de Sol el 20 de julio del 939.

El ejército musulmán avanzó siguiendo el curso del Duero hasta llegar a la fortaleza de Simancas, donde instaló un campamento esperando el inicio del enfrentamiento con Ramiro II, sus tropas y las de castellanos y pamploneses allí reunidas. El 6 de agosto del 939 se entabló una primera batalla que duró varios días y acabó en una importante derrota cordobesa, en parte por los recelos de los generales ante el mando de un esclavo, obligando a los musulmanes a retirarse con grandes pérdidas. La alianza norteña persiguió al ejército musulmán y volvió a enfrentarse con él, esta vez en un lugar que suele ser identificado como Alhándega, el 21 de agosto del 939.

Fue una batalla de gran trascendencia, incluso en el resto de Europa, por la magnitud de la derrota cordobesa. Los Anales Castellanos Primeros abandonan su laconismo y se expanden en su explicación:

En la era 977 (año 939), martes, a las diez de la mañana del 20 de julio, fue cuando mostró Dios señal en el cielo, y convirtióse el sol en tinieblas en todo el mundo casi una hora. Dieciocho días después, es decir el 6 de agosto, día en que los cristianos celebraban a los santos Justo y Pastor, vinieron los cordobeses a Simancas con su nefandísimo rey Abderramán y todo su ejército, y allí fijaron sus tiendas. Pero les salió al encuentro el rey Ramiro rodeado de condes, que se unieron a él con sus huestes; es, a saber: Fernán González y Assur Fernández y otra multitud de tropas. Con la ayuda de Dios se arrojaron sobre los moros y allí cayeron segados por la espada más de tres mil, y entre otros fue preso Aboyahia de Zaragoza; los demás huyeron. Después, a los dieciséis días, es decir, el 21 de agosto, como ellos prosiguiesen en su fuga, estando a punto de salir hacia su tierra, se les opusieron los nuestros en el lugar llamado Leocaput y el río que llaman Vérbera, y allí fueron dispersados los ismaelitas, muertos y despojados. Regocijáronse los adoradores de Cristo, volvieron a sus casas con rico botín y se enriquecieron con sus despojos Galicia, Castilla, Álava y Pamplona, con su rey García Sánchez. A Dios gracias.

 Esta derrota va a permitir al reino de León reanudar su labor de reorganización más allá de río Duero.