Almanzor continuó, al igual que en años anteriores, atacando la frontera meridional del reino de León y, en concreto, el valle del río Duero central. En esta ocasión fue el turno de Simancas, fortaleza ocupada por los leoneses a inicios del siglo X y que ya había sido escenario de una famosa victoria cristiana en el 939.

En una expedición que duró entre el 16 de junio y el 17 de julio del 983, Almanzor logró tomar y destruir la plaza de Simancas, enfrentándose, según Ibn Jaldún, a una coalición formada por Ramiro III de León, Sancho II de Pamplona y García Fernández de Castilla. Por otro lado, es posible que se produjera otro enfrentamiento en un lugar llamado Roda.

De esta campaña tenemos algo más de información. Pues, aparte de las referencias en al-Udrí y el Dikr bilad al-Andalus, varias fuentes escritas cristianas también nos informan sobre ella.

Según al-Udrí:

Partió Muhammad ben Abi ‘Amir para la gazúa de Satmankas (Simancas), que fue la del exterminio del tirano, en el verano, el sábado a dos noches pasadas de muharram del año 373H, a 14 por pasar del mes de junio. Volvió el 4 de safar, a los 32 días.

Según el Dikr:

La decimoctava fue la campaña de Simancas, que conquistó por la fuerza el mismo día que acampó ante ella; derribó sus murallas, la destruyó y cautivó a su gente, regresó con diecisiete mil cautivas. Mató tantos cristianos en ella que tiñó su sangre el agua de su río.

Con respecto a las crónicas cristianas.

  • Los Anales Complutenses: “In MXXI. Prendierunt Sedmancas (En 1021 (983). Tomaron Simancas)”
  • Los Anales Toledanos I: “Prisieron moros a Sietmancas. Era MXXII”
  • Y el Chronicon de Cardeña: “Era de MXXII. Tomaron a Sietmancas, e fue quando la de Roda”

Pero además, de modo excepcional, tenemos varias referencias en documentos de diversos cartularios eclesiásticos. La más ilustrativa es un documento perteneciente a la cancillería de Bermudo II. Se trata de un documento datado el 7 de febrero del 985 (aunque todos los autores se inclinan porque es erróneo y debe de ser del 986).1 Según narra, los musulmanes llegaron ante los muros de la ciudad con un gran ejército e inmediatamente iniciaron el asedio con arcos y saetas; rompieron los muros, abrieron una puerta e irrumpieron en la villa pasando a cuchillo a todos los que encontraron.

Por otros documentos sabemos al menos el nombre de dos de los nobles que fallecieron en la defensa de Simancas. El primero fue el alcaide de la fortaleza, el noble Nepociano (“obsiderant mauros Septemmankas et mortuus fuit ibi Nepotianus et alii plures cum eo”)2, probablemente el tirano al que se refiere al-Udri, y que puede ser identificado con Nepociano Díaz, mayordomo de Ramiro III; y, según otro documento, esta vez procedente del monasterio lucense de Samos, el noble Tructino Bermúdez también falleció combatiendo en Simancas (“ipse iam factus Tructinus Veremudizab hysmaelitis Septimanca in urbe gladio intereptus est”).3

El enfrentamiento de Roda

Según el Chronicon de Cardeña, ese mismo año hubo otro enfrentamiento en lugar conocido como Roda. Son varias las hipótesis que se han propuesto acerca de este hecho.

Dozy sitúa este enfrentamiento antes del asalto a Simancas, en la localidad de Rueda (Valladolid), donde las tropas de Almanzor se enfrentarían a la coalición cristiana.

Ruiz Asencio identifica Roda con Roa (Burgos) y sitúa este hecho después de la toma de Simancas. De este modo, las tropas califales habrían recorrido el valla del Duero hacia el este en su regreso hasta Córdoba.

El mártir Domingo Sarracino Yáñez (m. 985)

Por último, de entre los muchos cautivos que Almanzor se llevó presos, sabemos del zamorano Dominico Sarracino Iohannis, quien más tarde fue decapitado junto a otros cautivos en Córdoba. Es el conocido como mártir Domingo Sarracino, venerado en Zamora.

Es Ambrosio de Morales en su Coronica (Tomo VIII, Libro XVII) quien nos amplia la información sobre este mártir. Primeramente traduce al castellano el ya citado privilegio de Bermudo II en el cual dona las propiedades de Domingo Sarracino que estaban en sus manos a la catedral de Santiago. En esa carta se narra que el zamorano fue hecho preso por Almanzor y pasó un tiempo cautivo en Córdoba. Sus propiedades en Zamora (una cerca en los alrededores de Santa Leocadia con todos sus bienes; una aceña en el vado de don García; otras en Tejares así como diversas tierras y huertas en ambas riberas del río Duero), a falta de herederos, pasaron a Ramiro III y, luego, a Bermudo II. Éste quiso redimir a los presos cristianos y envió emisarios pero, poco antes de que llegaran, supieron que Domingo Sarracino y otros habían sido ejecutados. Debió de ocurrir este hecho en el año 985.

Ambrosio de Morales dice que, en su época, aún hay memoria de este mártir en Zamora. Junto al vado de don García, done él tenía una aceña, hay un antigua ermita de la cual todos toman tierra para llevar al cuello como reliquia. Y se dice que allí es donde está sepultado el cuerpo de Domingo Sarracino. Se refiere sin duda a la antigua ermita de Santo Domingo del Vado.

Cuenta también que es posible que su mujer acudiera a Córdoba con el ánimo de ayudarlo o de excarcelarlo, pero murió allí sin conseguirlo. La conjetura proviene de una lápida, hecha en mármol azul, que estaba en la pared del umbral de la iglesia antigua de en el monasterio de San Acisclo y Santa Victoria de Córdoba pero que, tras su reedificación, se puso en la pared de una casa contigua. En ella se lee:

OBIIT. FAMVLA. DEI ////////
DIDICUS. SARRACINI
VXOR. ERA T. VICESIM.
V. KAL. AGS.

El propio Ambrosio de Morales corrige el latín mal escrito. Dice que donde se lee DIDICUS está tan mal escrito que parece que en realidad debía poner el genitivo de DOMINICVS, es decir, DOMINICI. Y donde debía de estar escrito el nombre de la esposa está fragmentado y, según Morales, debía de poner VIOLANTE. Por lo tanto, Violante sería la mujer de Domingo Sarracino y falleció el 28 de julio del año 987.

Por último, Ambrosio Morales conjetura que los huesos del mártir estarían enterrados juntos a los de otros muchos mártires en la iglesia de San Pedro de Córdoba hallados en 1575.

No es posible saber a ciencia cierta si algunos de sus restos fueron llevados a Zamora. La tradición asegura que Fernando III trasladó sus restos a Zamora y se depositaron en la antigua ermita de Santo Domingo del Vado llamada desde entonces también de Domingo Sarracino. Allí acudían los zamoranos pidiendo la curación de determinadas enfermedades, sobre todo de las calenturas de los niños.

Pero una riada destruyó la ermita en 1666 y la nueva construcción fue advocada a Nuestra Señora de la Peña de Francia tal y como reza una lápida fundacional:

El capitán Melchor Fernández Moran, natural de Acebo, hizo esta obra porque estando ciego se ofreció á Nuestra Señora y al bendito Santo Domingo del Vado, que por su intercesión fue el Señor servido darle vista 1666

Ermita de Nuestra Señora de la Peña de Francia en Zamora
Ermita de Nuestra Señora de la Peña de Francia en Zamora

En el suelo existen algunos ornamentos realizados con huesos, que según la tradición pertenecieron a los caballeros cristianos que murieron a manos de Almanzor. En la actualidad algunos de los supuestos restos óseos de Domingo Sarracino pueden observarse dentro de un relicario ubicado en un nicho con reja de hierro, a la izquierda del retablo mayor de la ermita de Nuestra Señora de la Peña de Francia.

Don Jerónimo Martínez de Vega, párroco del pueblo de la Hiniesta y más tarde de la zamorana iglesia de San Ildefonso, puso por escrito, a principios del siglo XVII, la historia de santo Domingo Yáñez, dando unos orígenes diferentes. Según su versión, Domingo Yáñez era de origen árabe y de religión musulmana, de ahí su mote de Sarracino, aunque había nacido en Zamora. Pero cuando llegó a una edad próxima a los veinte años, iluminado por Dios, se convirtió a la fe católica. Cuando se produjo el ataque musulmán del año 981 aún era catecúmeno, pero no dudó en ponerse al frente de los cristianos para repeler el ataque. Para salvar su vida tuvo que huir de Zamora acompañado de otros 18 hombres, refugiándose en Simancas, donde recibió el bautismo y fue hecho prisionero.


Notas

  1. Manuel Lucas Álvarez: La documentación de la catedral de Santiago de Compostela, doc. 52. Este es texto en latín citado: “Pergens armata uenit usque ad Septimancensem ciuitatem et cateruatim eam circumaullans, atque in arcu et sagita eam obsidens, diruptis muris et aperta ianua, irruit in ipsam ciuitatem… et diruta ciuitate pauci qui remanserunt ad Spaniam in Cordubensem urben ducti in captivitatem… inter quos fuit vir… nomine Sarracinus, proles Iohannis… et tenuit usque obitum suum”.
  2. Lucas Álvarez, M. (ed): El Tumbo de San Julián de Samos. Estudio introductorio. Edición diplomática. Apéndices e índices, Santiago de Compostela 1986, doc. 6.
  3. Fernández, L.: Una familia vasconavarra que emigró a León en el siglo X, los Herramélliz. León y su Historia, II,León 1975, doc. 18, 352-354 procedente del Tumbo Viejo de Lugo, f. 70r.

Bibliografía