Marwan II, Marwan ben Muhammad ben Marwan [688- 6 agosto 750] (en árabe, مروان بن محمد بن مروان بن الحكم)

Decimocuarto y último califa omeya (744-750)

Era nieto del califa Marwan I, hijo de Muhammad ben Marwam al-Himar. El califa Hisham lo había nombrado gobernador de Armenia y Azerbaiyán en el 732. En el 735 invadió Georgia, devastándola, y tomó tres fortalezas a los alanos. También mantuvo una serie de campañas contras los kázaros.

En el 744, al enterarse del complot contra el califa al-Walid II, escribió a sus familiares omeyas en contra de dicho acto. Posteriormente se rebeló contra Yazid III y su sucesor, Ibrahim. Tras varios enfrentamientos logró la abdicación de Ibrahim y se proclamó califa en noviembre del 744.

Marwan nombró herederos a sus sobrinos Ubayd Allah y ‘Abd Allah. Nombró a numerosos gobernadores y trató de imponer su autoridad por la fuerza. Pero los sentimientos anti-omeyas estaban ya muy extendidos y se había fortalezido la oposición abbásida, sobre todo en Iraq y Persia. Su gobierno estuvo enteramente dedicado a mantener el poder del clan omeya.

Chiítas, jariyíes y otros grupos luchaban entre sí para derrocar a Marwan II y conseguir el califato. Por ello, no sintiéndose seguro en Damasco, el califa trasladó su residencia a Harran, al noroeste de Mesopotamia, para protegerse en medio de su clan, los qaysíes. Uno de aquellos grupos en liza, los chiítas, provocó violentas revueltas con el apoyo de muchos árabes descontentos. Revueltas que fueron duramente sofocadas. Pero el golpe mortal que pondrá el definitivo fin a la dinastía omeya será el ejecutado por una familia, los abbasíes, que se benefició de lo realizado por los chiítas y luego los apartó para hacerse con el poder. Descendientes, según ellos, de Abbas, tío de Mahoma, los abbasíes entraron en la contienda política poco antes de su victoria aprovechando la descomposición omeya. El máximo organizador del movimiento fue Abu Muslim, liberto iraní criado en Kufa, que consiguió aglutinar a árabes y persas en una coalición antiomeya bajo el lema de un nuevo orden de paz y justicia para los desfavorecidos. Formó un ejército que se enfrentó y derrotó uno por uno a los sorprendidos jefes omeyas de Irán en pocos meses. Y así, en 749, el ejército de las banderas negras de los abbasíes entraba en Kufa y proclamaba califa a Abu-l-Abbas al-Saffah. Las aspiraciones de los chiítas de ver un descendiente de Alí en el califato se habían frustrado.

En el 750, el autoproclamado califa Abu-l-Abbas al-Saffah desató una sangrienta campaña contra los omeyas que culminó el 25 de enero en la batalla del río Gran Zab (Irak), cuando consiguió la definitiva victoria sobre las tropas del califa Marwan II. Éste, abandonado por los suyos, huyó con un puñado de hombres leales hacia Egipto, pero fue cogido y asesinado en una pequeña ciudad del delta del Nilo. Su cabeza no tardó en ser enviada a su sucesor, Abú-l-Abbas.

La muerte de Marwan II supuso la desaparición del califato omeya. Los abásidas ajusticiaron a todo el clan y solo se salvó el príncipe ‘Abd al-Rahman, que acabó refugiado en al-Andalus donde fundo el emirato omeya de Córdoba, independiente del califato abbásida.

Situación en al-Andalus

En al-Andalus gobernaba desde Yazid III el valí Abu-l-Jattar. Perteneciente al clan de los kalbíes, había conseguido con sus iniciativas pacificar las rivalidades entre las diferentes tribus árabes. Pero la concordia duró el tiempo que tardó el valí en comenzar una política descaradamente favorable a los kalbíes. Las hostilidades comenzaron cuando uno de los principales jefes qaysíes, al-Sumayl ben Hatim al- Kilabí, reprochó violentamente la sentencia, manifiestamente parcial, que dictó el valí contra dos miembros del partido contrario y el valí consideró como una ofensa el reproche. Como los qaysíes estaban en inferioridad numérica con respecto a los kalbíes, al-Sumayl buscó el apoyo de las tribus de origen yemení, que estaban enfrentadas a Abu-l-Jattar. Aprobada por sus compañeros qaysíes esta alianza contra natura, al-Sumayl recorrió la región de Sevilla para ganar adhesiones a su causa. Fue primero a Écija y después a Morón, donde pactó una alianza con el jefe sirio Tawaba ben Salama, al que ofreció el mando de la coalición. En 745, los insurgentes se reunieron en el distrito de Sidonia y se enfrentaron junto al río Guadalete a Abu-l-Jattar que mandaba sus tropas. El valí fue derrotado y hecho prisionero. Tawaba ben Salama se dirigió a Córdoba y se proclamó valí.

El nuevo gobierno pro-qaysí duró poco más de un año, pues el valí murió en septiembre de 746. Su muerte fue el inicio de nuevas luchas intestinas. Dos candidatos aspiraban a suceder a Tawaba: su hijo Amr y Yahya ben Hurayth. Pero el que detentaba el poder en la sombra, al-Sumayl, impuso, en enero de 747, a un hombre de bastante edad, y a quien sabía poder manejar, Yusuf ben Abd al-Rahman al-Fihrí, un qaysí descendiente por línea directa del general Uqba ben Nafi, conquistador del Magreb y fundador de Qairuán y pariente de los Fihríes, gobernadores independientes de facto de Ifriqiya.

Influenciado por su mentor al-Sumayl, Yusuf desarrolló una política muy favorable a los qaysíes en detrimento de los kalbíes y demás yemeníes. Uno de los aspirantes al cargo de valí, Yahya ben Hurayth, que había obtenido en compensación el mando del distrito de Reyyo, fue destituido sin explicaciones. El despecho hizo que, coaligado con el antiguo valí Abu-l-Jattar, se alzase contra Yusuf ben Abd al-Rahman. El enfrentamiento tuvo lugar en Secunda, junto a Córdoba, y se resolvió con la derrota de los sublevados. Yahya ben Hurayth y Abu-l-Jattar fueron hechos prisioneros y ejecutados. La victoria consolidó la autoridad y el prestigio del valí. Fundado en ello, ofreció el gobierno de Zaragoza a al-Sumayl para poder liberarse de su tutela, sin perder las formas. al-Sumayl aceptó y llegó a Zaragoza en 750, cuando el territorio estaba en medio de una terrible hambruna.