Contenidos
[✝ 840] Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār b. Rāḥila al-Māridī Rebelde contra el emir ʿAbd al-Raḥmān II en Mérida.
De sus orígenes poco sabemos, salvo su ascendencia bereber y su adscripción a la ciudad de Mérida. La mayor parte de lo que conocemos acerca de sus andanzas procede del Muqtabis del historiador cordobés Ibn Ḥayyān (987-1076), quien a su vez transmite noticias de los historiadores Aḥmad b. Muḥammad al-Rāzī (887-955) y de su hijo, ʿIsà b. Aḥmad al-Rāzī (✝. d. 977)1.
Primera rebelión en Mérida (828 – 830)
Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār es el protagonista de la tercera rebelión conocida de la ciudad de Mérida contra el emirato omeya de Córdoba. Marwān al-Ŷillīqī, el líder de la revuelta anterior, había sido eliminado en el 211H (17 abril 826 – 5 abril 827) y la ciudad había quedado al cargo de un gobernador fiel a los cordobeses.
Pero la paz duró poco en la antigua capital de la Lusitania. En el 213H (26 marzo 828 – 14 marzo 829) otra revuelta prende en Mérida, aunque las noticias de su comienzo no nos dicen nada sobre el cabecilla de la misma. Esta es la información trasmitida en el Kitāb Nihāya-l-arab de al-Nuwairī (dos noticias similares son respectivamente del al-Kāmil de Ibn al-Athīr y del Kitāb al-‘Ibar de Ibn Jaldun):
En el año 213 mataron los habitantes de Mérida a su gobernador, y estalló en ellos la guerra interior. El emir ʿAbd al-Raḥmān envió contra ellos un ejército que les sitió, asoló sus sembrados y taló sus árboles. Entonces los de Mérida volvieron a la obediencia del Emir y entregaron rehenes. El ejército se retiró de ellos, luego que hubo derribado los muros de la ciudad. Después envió el Emir a los de Mérida quien hiciese trasladar las piedras de los muros a otro sitio, a fin de que aquéllos no entrasen en deseo de repararlos. Pero cuando esto vieron los de Mérida, volvieron a sublevarse, prendieron a su gobernador, reconstruyeron los muros y los fortificaron aún más.
Gaspariño García; Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pp. 158-159.
Al año siguiente, 214H (15 marzo 829 – 3 marzo 830), nos narra Ibn Ḥayyān una nueva incursión contra Mérida y nos proporciona ya los nombres de los cabecillas: Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār y a Sulaymān b. Mūsá:
En él hizo una expedición el emir ʿAbd al-Raḥmān contra la ciudad de Mérida. Su gente había violado los pactos y habían puesto a su frente, después de que fuera muerto su caudillo, Marwān al-Ŷillīqī, a Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār y a Sulaymān b. Mūsá. Se abatió sobre ellos el emir ʿAbd al-Raḥmān con su ejército y se refugiaron de él en la fortaleza de su castillo. Arruinó sus sembrados y destrozó sus medios de vida, maltratándolos intensamente. Después regresó.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 167
Durante la incursión el emir cordobés entregó a los rehenes que estaban en su poder a cambio del gobernador. Tras generar importantes destrozos en los alrededores de la ciudad, se retiró a Córdoba sin haber logrado sofocar la rebelión.
Los años siguientes se van a repetir las incursiones y los asedios a la ciudad de Mérida sin que el emir ʿAbd al-Raḥmān II logre sofocar la rebelión ni desalojar a Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār de la seguridad de su alcazaba emeritense. Ibn Ḥayyān resume así su acción rebelde durante estos años:
Maḥmūd b. ʿAbd al-Yabbār b. Rāḥila el bereber, el campeón rebelde en la ciudad de Mérida, se lanzó al extravío, mostró su cara en la rebeldía contra el soberano y echó a su gobernador; y fue la más penosa de las criaturas de Dios por sus emboscadas contra él y la intensidad con que le combatía; cuando le atacaba el soberano y los que estaban con él de la gente de su tierra, se refugiaba en su ciudad sin salir a combatir a sus hombres más allá de sus puertas con sus compañeros alzados, abandonándoles las llanuras del país para que se alimentasen. Cuando se retiraba el ejército se extendían por los distritos de Mérida con sus ganados y pastaban en ellos lo que querían, saqueando y destrozando la mayor parte del año, hasta que notaban que se acercaba la aceifa y ante esto se recogíanen su castillo.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 168
Aunque encabezada por un bereber, la rebelión contó con la colaboración de la importante población muladí y mozárabe de Mérida. Muestra de ello es el apellido del compañero de Maḥmūd, Sulaymān b. Martīn; y otra posible prueba de la participación de los mozárabes es el envío de una carta de apoyo a la rebelión enviada por el emperador franco Ludovico Pío, posiblemente en el año 828.
De nuevo en el año 215H (4 marzo 830 – 21 febrero 831), concretamente en el mes de rabí I, es decir, aproximadamente durante el mes de mayo del año 830, salió el emir ʿAbd al-Raḥmān II hacia Mérida. En esta ocasión, según Ibn Ḥayyān, logró nombrar un gobernador de su confianza en la ciudad: Ḥāriṭ b. Bazī’ y organizó un intercambio de rehenes anual para asegurar la paz en la ciudad. Seguimos de nuevo al historiador cordobés:
En él salió el emir ʿAbd al-Raḥmān con sus tropas y equipos dirigiéndose a sitiar la ciudad de Mérida y a enfrentarse a ella. Le salieron al encuentro diez de los notables de su gente para pedir su ayuda, con engaño; vinieron a él de noche sin licencia y sin seguridad, y les capturó y les puso grilletes. Atacó la ciudad, la combatió y destrozó sus sembrados. Se sometieron a su obediencia y le dieron rehenes para que quedasen en su poder, con la condición de que les serían devueltos cada año y los sustituirían por otros. Puso a su frente a Ḥāriṭ b. Bazī’. Todo esto sucedió en rabí I.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 172
La carta del emperador Ludovico Pío a los rebeldes de Mérida
Se conserva una carta, atribuida al cronista y escriba de la corte carolingia Eginardom en la que el emperador franco Ludovico Pío se dirige a los rebeldes de Mérida y les muestra su apoyo. Está relacionada con los sucesos que por esa época estaban sucediendo en la Marca Hispánica donde un rebelde llamado Aizón disputaba la autoridad franca, representada por Bernardo de Septimania Aizón, y algunos nobles de la zona como Guillemó, hijo del conde Bera, habían pedido ayuda a Córdoba y el emir envió un ejército que atacó Barcelona y Gerona (827). Los francos tardaron en reaccionar y no fue hasta el año 828 cuando Ludovico Pío envió a su hijo Lotario con un ejército a la Marca Hispánica, de donde hacia ya algún tiempo de había retirado rebeldes y cordobeses.
Ante la amenaza musulmana , los francos tratan de recabar apoyos dentro de Hispania y por eso se dirigen a los rebeldes de Mérida que justo comenzaron en el 828 una nueva revuelta. El consenso actual de la datación de la misiva, a falta de una fecha en su texto, es precisamente del 828 (aunque algunos la fechan en el 830).
Texto en latín:
IN NOMINE DOMINI DEI ET SALVATORIS NOSTRI IESU CHRISTI. N. Divina ORDINANTE PROVIDENTIA IMPERATOR AUGUSTUS OMNIBUS PRIMATIBUS ET CUNCTO POPULO EMERITANO IN DOMINO SALUTEM.
Audivimus tribulationem vestram et multimodas angustias, quas patimini per crudelitatem regis Abdiraman, qui vos per nimiam cupiditatem rerum vestrarum, quas vobis auferre conatus est, sepissime violenter oppressit. Sicut et patrem eius Abolaz fecisse conperimus, qui iniustis superpositionibus censum, cuius debitores non eratis, sibi vos solvere cogebat et propter hoc de amicis inimicos et de obedientibus sibi contrarios atque inobedientes effecerat; quia et libertatem vobis tollere et iniustis censibus ac tributis vos honerare atque humiliare molitus est. Sed, ut audivimus, vos semper sicut viri fortes iniurias ab iniquis regibus vobis inlatas fortiter reppulistis et crudelitati atque aviditati eorum viriliter restitistis. Quod est vos modo facere multorum relatione didicimus.
Quapropter complacuit nobis ad vos has litteras dirigere vosque consolari atque exhortati, ut in ea, qua cepistis, libertatis vestre defensione contra cudrelissimum regem perseveretis et furori atque sevitiae illius, [ut] hactenus fecistis, cedere non dignemini. Et quia idem rex certissimus adversarius et inimicus tam noster quam et vester est, communi consilio contra sevitiam eius dimicemus.
Volumus enim cum Dei omnipotentis adiutorio proxima estate exercitum nostrum ad marcam nostram mittere, ut ibi preparatus sedeat et exspectet, donec vos mandetis, quando promovere debeat; si ita vobis bonum visum fuerit, ut propter vos adiuvandos eundem exercitum contra communes inimicos nostros, qui in marca nostra resident, dirigamus ad hoc, ut, si Abdiraman vel exercitus eius contra vos venire voluerit, isti per nostrum exercitum inpediantur, ut illi et exercitui eius in adiutorium contra vos venire non valeant.
Nam certos vos facimus, quod, si ab illo vos avertere et ad nos convertere volueritis, antiqua libertate vestra plenissime et sine ulla diminutione vobis uti [concedimus] et absque censu vel tributo inmunes vos esse permittimus et non aliam legem, nisi qua ipsi vivere volueritis, vos tenere iubemus, nec aliter erga vos agere volumus, nisi qua ipsi vivere volueritis, vos tenere iubemus, nec aliter erga vos agere volumus, nisi ut vos amicos et socios in defensione regni nostri honorifice habeamus. Optamus vos in Domino semper bene valere.
Monumenta Germaniae Historica (MGH), Epistolae Karolini Aevi, Tomus III, 1899, Einharti Epistolae, 12, pp. 115-116,
Este el texto traducido de la carta:
En el nombre del Señor Dios y Salvador nuestro Jesucristo. N. [Ludovico], por la ordenación de la Divina Providencia, Emperador Augusto, a todos los notables y a todo el pueblo de Mérida, salud en el Señor
Hemos oido vuestra tribulación, y las muchas angustias que padeceis por la crueldad del rey Abdiraman, el qual por la demasiada codicia con que quiere quitaros vuestros bienes, os ha afligido muchas veces con violencia, como tenemos noticia haberlo hecho tambien su padre Abolaz, el qual aumentado injustamente los tributos de que no erais deudores, y exigiendolos por fuerza; hacia de amigos enemigos, y de obedientes contrarios, intentando quitaros la libertad, y oprimiros con injustos tributos. Pero vosotros, según hemos oido, siempre como varones esforzados habeis rebatido con valor las injurias hechas por los Reyes malvados, y resistido á su crueldad y avaricia, segun al presente practicais, como nos asegura la relacion de muchos.
Por tanto hemos tenido á bien escribiros esta Carta, consolandoos, y exhortandoos á que persevereis en defender a vuestra libertad contra un Rey tan cruel, y resistais, como hasta aqui, á su furor y crueldad. Y por quanto no solo es vuestro enemigo, sino nuestro; peleemos contra su crueldad de comun consejo.
Yo intento con la ayuda de Dios embiar en el proximo Verano mi Egercito á los limites de mi jurisdiccion, para que alli espere vuestro orden del tiempo de pasar adelante, si os parece bien, que en vuestra ayuda se ocupe contra el comun enemigo: de suerte, que si Abdiraman, ó su Egercito quisiere ir contra vosotros, lo impida mi tropa.
Y os hago saber, que si quisiereis apartaros del, y venir á mí, os concedo plenisimamente, que goceis vuestra antigua libertad, sin alguna disminucion, ni tributo: y no pretenderemos que vivais en otra ley mas que en aquella en que quisiereis vivir: ni nos portaremos con vosotros, sino como como con amigos y confederados honorificamente en defensa de nuestro reyno. Dios os guarde como deseamos.
Flórez, Enrique: España Sagrada…, Tomo XIII, de la Lusitania antigua en común, y de su metrópoli Mérida en particular, 1756, pp. 253-254
Segunda rebelión en Mérida (832 – 833)
No parece que la paz en Mérida durara ni dos años. En el año 217H (11 febrero 832 – 30 enero 833) hay nuevas noticias de un asedio a la ciudad de Mérida que fue iniciado por el propio emir en el mes de rabí I (aprox. abril del 832) y, tras su regreso a Córdoba, continuado algún tiempo más por los militares ʿAbd al-Raḥmān b. Yazīd al-Iskandarānī y Muḥammad b. Rustum. El prolongado sitio motivó la huida de muchos de los habitantes de la ciudad, pero no consiguió su objetivo final de tomar Mérida2.
Como no podía ser menos, al siguiente año 218H (31 enero 833 – 19 enero 834), ʿAbd al-Raḥmān II volvió a encabezar una aceifa contra Mérida. Y en esta ocasión sí logró acabar con la rebelión de Mérida. Parece ser que había cierto hartazgo entre la población vecina a la ciudad por la situación que afectaba a su medio de vida. Según Ibn Ḥayyān:
Empezaron sus vecinos de los bereberes, que no habían entrado en su rebelión y sí habían manifestado su obediencia, a repetir sus ataques sobre estas gentes de Mérida y a causarles daños, sin darles descanso por sus muchos ataques. Su caudillo Maḥmūd a causa de esto salió de la estrechez de Mérida con sus hombres y se dirigió al castillo de Badajoz para eludir a estos enemigos que le atacaban, ues con el cuidado de defenderse de ellos y con los ejércitos del soberano buscándole no podía ni descabalgar ni tener un momento de descanso.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 168
La aceifa del emir de Córdoba logró en esta ocasión conquistar la ciudad y obligó a Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār y a su compañero Sulaymān b. Martīn a huir de Mérida y de Badajoz. Ibn Ḥayyān lo relata así:
Cuando advirtió la salida del emir ʿAbd al-Raḥmān hacia él con sus ejércitos en la aceifa del año 218, salió de Mérida y de Badajoz con todo lo suyo, juntamente con su compañero y aliado Sulaymān b. Martīn, huyendo de ambos lugares con los compañeros que se les unieron, hijos y mujeres. Con su jefe, Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār, iban su hermano … y la hermana de ambos, la doncella Ŷamīla, famosa entre la gente por su gran belleza y gracia, y todos fueron a parar a la fortaleza de Barrancos, sobre el Guadiana, en el distrito de al-Darb, y allí estuvieron cómodamente.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 182
Mérida volvió de nuevo al control omeya. Tenemos además al menos un testimonio arqueológico: una inscripción que estuvo sobre la puerta de la alcazaba, que nos informa de que, en abril del año 835, la administración omeya había reforzado las defensas de la ciudad3.
Rebelión en la Baja Extremadura, Huelva y el Algarve (834-835)
Mientras tanto los rebeldes se refugiaron en la fortaleza de Barrancos, cerca del río Guadiana y dentro de el distrito de al-Darb. al-Darb significa “desfiladero” o “paso” por lo que, en este contexto, parece significar un paso estrecho en el río Guadiana. Es posible que se refiera al territorio donde confluyen los ríos Ardila y Múrtigas antes de desembocar en el río Guadiana. Sería posible identificarlo con los restos del castillo de Nodar (Noudar en portugués), a unos 8 kilómetros de la localidad de Barrancos, en el Bajo Alentejo. Las excavaciones arqueológicas4 han hallado restos de una alcazaba y una muralla andalusí sobre un burj original del siglo IX.
En esa zona se refugiaron los rebeldes hasta que en el 219 H (20 enero 834 – 8 enero 835) surgieron desavenencias entre Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār y Sulaymān b. Martīn. No sabemos cuales fueron las disensiones pero la consecuencicia inmediata fue la división de los rebeldes en dos grupos.
Sulaymān b. Martīn junto a su hijo Muŷāhir y sus hombres se dirigió al castillo de Šant Firūŷ, en la cora de Rykit. Se trata posiblemente del castillo de Santa Cruz de la Sierra, cerca de Trujillo. El emir cordobés envió sus tropas contra esta facción rebelde por parecer la más débil. Sulaymān b. Martīn fue completamente derrotado y su cabeza, cortada por uno de sus compañeros, fue entregada al emir. Su hijo Muŷāhir logró huir y reunirse con Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār.
Mientras tanto Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār abandonó Barrancos y se instaló en Badajoz. Tras recibir a Muŷāhir b. Sulaymān se dirigieron a las sierras de la cora de Uksunoba (Huelva). Pero en el camino tuvo que enfrentarse a las gentes de Bāŷa (Beja).
La batalla de Ubada Biṭrūša (834)
En todo lo anterior hemos seguido el relato del Muqtabis de Ibn Ḥayyān5, y lo continuamos para contar con todo su detalle el enfrentamiento entre la hueste de Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār y los habitantes de la zona de Beja fieles a la soberanía omeya. La narración merece ser copiada integramente pue,s además de ser detallada, tenemos la importancia de la acción de Ŷamīla, la hermana del caudillo rebelde.
Supieron las gentes de Bāŷa que marchaban hacia ellos y que pasarían por parte se su tierra, y lo rechazaron y se dispusieron a impedírselo; reclutaron a todos los que acudieron y se congregaron para el encuentro. Salieron hacia él unos diez mil, entre jinetes y peones.
Lo encontraron en las proximidades del vado de Basās, en el iqlīm de Mṭl6, y se apresuraron a combatirle sin dudar de que caería en sus manos porque era patente su pequeño número. Cuando estaban a la vista y se lanzaban sobre Maḥmūd dijo éste a sus hombres:
” Nuestra situación es la que veis; no es momento para huir sino para aguantar firmes; el enemigo viene a vosotros y tenéis el mar detrás; no podéis esperar ningún socorro ni refugiaros en ninguna fortaleza próxima. ¡Esforzaos y aguantad y conseguiréis una de estas dos recompensas: la gloria de la victoria o el perfume de la fama!”.
Luego los preparó para el combate de la mejor manera; eran cerca de setecientos jinetes y se las ingenió para que parecieran más a ojos del enemigo, pues ordenó a sus mujeres que se soltasen el pelo y montasen las acémilas y tomasen el resto de las armas y se colocasen a un lado, para que las tomasen las gentes de Bāŷa, desde la distancia, por hombres situados tras los que avanzaban hacia ellos. Lo hicieron. Estaba con ellas su hermana Ŷamīla, a quien puso en la mano uno de sus estandartes y le ordenó que se marchase con ellas tras él lentamente. E incitó a sus hombres hablándoles con la mejor persuasión; les dijo:
“Compañeros! ¡haced que la gente recuerde este hecho! !Si morimos que sea una muerte honrosa, y si vivimos que sea con gloria! ¡Os ofrezco mi vida!, ¡imitad mi decisión y mi firmeza!”.Luego avanzó llevando a la gente en formación, y cuando estuvo cerca de ellos dejó atrás a Muŷāhir b. Sulaymān con la mayoría de sus hombres y se adelantó él con unos cien jinetes escogidos y cayó sobre sus filas con la mitad; a la otra mitad la dejó de apoyo y les ordenó que no se moviera nadie de su sitio hasta que le viesen en dificultades, para socorrerle. Empezó Maḥmūd por atacar a su vanguardia; alanceó y golpeó y los mató en sus entradas y salidas, y cuando iban a imponerse y superarle acudieron a él sus jinetes que había dejado atrás descansados para ayudarle y reanudaba el ataque, mientras descansaban los que habían atacado con él primero. Se enconó la guerra y se encarnizó el combate, arreció entre la gente la muerte. Cogieron vigor y cargaron todos juntos contra Maḥmūd y sus hombres, los superaron y los hicieron retroceder hasta donde estaba Muŷāhir b. Sulaymān con todos sus hombres, que estaban descansados. Se entabló el combate y se encarnizó la lucha, pero vencieron Maḥmūd y sus hombres a los de Bāŷa, que no se esperaban el mal que les alcanzó, quedaron desolados y emprendieron la huída.
Mientras estaban en esto apareció Ŷamīla, la hermana de Maḥmūd con la tropa de las mujeres en la cima de un cerro con el estandarte alzado en su mano. Cuando vieron las gentes de Bāŷa a su grupo no dudaron de que eran refuerzos para Maḥmūd o un ejército que iba tras él y que habían estado luchando con la gente de su vanguardia, y se mezcló en ellos el miedo con la fatiga del duro combate y lo difícil de su situación, y se dieron a la fuga y salieron huyendo sin volverse por nada, mientras Maḥmūd descargaba la espada sobre ellos y les hacía una gran matanza. Los persiguió hasta la aldea de Rība Awṭa, de este iqlīm7; estaban agotados sus caballos y dejó de perseguirlos. Saquearon él y sus hombres todo lo que llevaba su ejército; encontraron más de lo que podían llevar, por lo que escogieron lo mejor de ello. Se pusieron a examinar los dientes de los caballos y eligieron a los más jóvenes; al resto los dejaron o los desjarretaron.Ŷamīla, la hermana de Maḥmūd, jugó un papel importante en esta lucha; la gente lo hizo circular por las comarcas de al-Andalus y fue cantada su gesta en las bodas por la tierra de Occidente durante mucho tiempo.
Se difundió rápidamente la noticia de esta desgracia y se habló de ella; fue ampliamente conocida en esta tierra como la batalla de Ubada Biṭrūša8. Tuvo Maḥmūd, a pesar de su falsedad, suficiente ayuda divina ¡Dios sabe lo que quiere!.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pp. 190-192
Tras su victoria, Maḥmūd y su ejército saquearon toda la llanura de Beja sin encontrar oposición. Finalmente llegó a la cora de Huelva donde durante un tiempo se dedicó a saquear las posesiones de aquellos que eran fieles a los omeyas. Su núcleo fuerte era la fortaleza de Munt Šāqir, posiblemente la localidad de Monchique, en el actual Algarve portugués, que Ibn Ḥayyān describe como “una montaña inaccesible que está en las proximidades del mar”.
En el 220H (835), el emir cordobés envió una expedición para acabar con las correrías de Maḥmūd en el suroeste de al-Andalus. El discurrir de los enfrentamientos no queda demasiado claro. Parece que inicialmente Maḥmūd se encuentra en la fortaleza de Monsalud pero, ante el avance del ejército cordobés, huye hacia el norte. La situación es peligrosa pues, según Ibn Ḥayyān, aunque el emir se retiró pronto, varios caides continuaron hostigando al rebelde9. Finalmente, Maḥmūd, asfixiado y acorralado toma una sorprendente decisión: pedir la protección de Alfonso II de Asturias.
Exilio en el reino de Asturias (835 – 840)
Maḥmūd b. ʿAbd al-Ŷabbār toma la decisión de refugiarse en Ŷillīqiyya, es decir, en el reino de Asturias, gobernado en ese momento por Alfonso II. En su camino hacia el norte, con un ejército disminuido tras perder a muchos de sus hombres en los combates, Maḥmūd tuvo que enfrentarse a Ibn al-Muŷainīn en las cercanías de Lisboa, quien fue vencido. Seguimos de nuevo el relato del Muqtabis de Ibn Ḥayyān:
Escapó Maḥmūd y siguió su camino hacia Ŷillīqiyya. Escribió a su rey, Alfonso, halagando su vanidad, y le pidió que le diese refugio a su sombra y le acogiese en algún lugar de su tierra donde pudiese vivir con los que le acompañaban.
Se alegró con esto el rey, le acogió y le recibió con satisfacción y buenos auspicios. Le mandó a su mensajero con los suyos que habían llegado con su escrito, y con él le mandaba su aman y le daba órdenes para su encuentro y conversación. Marchó Maḥmūd hacia él hasta llegar a su encuentro en su capital de Ŷillīqiyya; Alfonso le recibió, honró, regaló ampliamente y lo instaló en el castillo que se le atribuye hoy día, en la parte de su país junto a la llanura que da a la tierra del Islam. Le puso allí para proteger a sus súbditos y para servir de defensa ante su tierra. Se instaló allí Maḥmūd, se buscó allí la vida y allí permaneció, tranquilos los cristianos con él, haciendo prosperar la zona y fabricándose fortalezas y aldeas alrededor…
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pp. 199-200
Tras ser recibido por el rey Alfonso en Oviedo tenemos ya a Maḥmūd instalado en tierras cristianas. A pesar de las conjeturas de otros historiadores, no es posible determinar con certeza que el rebelde estuviera recibiendo apoyo o ayuda del reino de Asturias previamente. Lo que está claro es que a Alfonso le venía bien tener a su disposicion una tropa enemiga de los omeyas y que pudiera defender su extensa frontera frente al emirato de Córdoba.
¿Donde se asentó Maḥmūd?
Es una pregunta de difícil respuesta. Solo sabemos, por Ibn Ḥayyān, que era un castillo en la llanura y en la frontera con el emirato. En aquel momento la frontera del reino asturiano apenas rebasaba la cordillera Cantábrica salvo en la parte más occidental, en la actual Galicia donde la frontera no parece que sobrepase el río Miño. Por ejemplo Oporto no es incorporada al reino de Asturias hasta el 868.
Si analizamos el texto tenemos al menos tres datos releventes: el castillo estaba en una llanura fronteriza con el territorio cordobés de la época; en el siglo XI, cuando escribe Ibn Ḥayyān, seguía siendo llamado el castillo de Maḥmūd; y además era parte de un entramado de fortalezas que se había construido gracias a la presencia de Maḥmūd y de sus hombres.
Existen varias hipótesis sobre dónde estuvo el castillo de Maḥmūd. La primera fue propuesta por Lévi-Provençal, y asume que se instaló entre las localidades de Oporto y Lamego10. Varios investigadores posteriores han apoyado esta hipótesis, donde además existen varios topónimos que pueden haber derivado de Maḥmūd (Mafamude, Mafamudes, Mafomedes…)11. Pero en su contra está el hecho de que no era una región bajo el dominio asturiano en el 840.
Otra hipótesis es que se asentara en la comarca de El Bierzo (Léon), una llanura circundada por montañas12, cercana a la antigua capital de ducado: Astorga; y límite meridional de los dominios de Alfonso, pues desde allí el conde Gatón repobló Astorga en el 854.
La tercera hipótesis, apuntada por Claudio Sánchez-Albornoz13, es que Maḥmūd se asentó en el sur de la actual provincia de Lugo, en la misma zona donde años después se rebeló contra Alfonso II. Se trata del castro de Santa Cristina do Viso, en el concello de O Incio, comarca de Sarria, Lugo.
Maḥmūd en las crónicas cristianas
El hecho de que un rebelde musulmán se refugie en el reino cristiano de Asturias era algó insólito hasta el momento y por eso no debe extrañar que sea mencionado en las crónicas asturianas.
Y en su tiempo un hombre procedente de España llamado Mahamud, que había huido del rey de Córdoba con todos los suyos a Asturias, fue acogido por este príncipe, y luego en Galicia se convirtió en rebelde en el castillo de Santa Cristina. Allí el rey acabó con él en combate, y se apoderó del castillo y de todo lo demás.
La crónica Rotense:
Por lo demás, en su tiempo [de Alfonso II] un hombre llamado Mahamud, ciudadano de Mérida y muladí de cuna, se rebeló contra el rey Abderramán, y dirigió muchos ataques contra él y puso en fuga sus ejércitos. Cuando ya no pudo habitar en aquella tierra, se dirigió al rey Alfonso, y el rey lo acogió con honores. Y él encumbrado por el fasto de su soberbia, conspiró vanamente en contra del rey y de la patria. Reunió a sus camaradas, juntó una hueste, saqueó la tierra. Cuando el rey supo de tal hecho, reunió su ejército y corrió a Galicia. Una vez que el dicho Mahamud oyó de la llegada del rey, se refugió con sus camaradas en un castillo muy fuerte. El rey lo persigue, y él queda rodeado en el castillo por el ejército. ¿Para qué muchas palabras? El mismo día entablan combate y matan al dicho Mahamud; llevan su cabeza cortada a presencia del rey. Al momento rompen las formaciones, entran en el castillo; a más de 50.000 sarracenos que habían venido con él desde las provincias de España les dan muerte. Y el rey, en gran triunfo, se volvió a Oviedo.
Y así, en un tiempo posterior de este reinado, habiendo llegado huyendo de la presencia del rey de Córdoba Abderramán, un hombre llamado Mahamud, en un tiempo ciudadano de Mérida, que había sostenido una larga rebelión contra aquél, fue acogido por la regia clemencia en Galicia, y allí moró por siete años. Mas al octavo año, tras reunir una tropa de sarracenos, saqueó a los convecinos y se refugió para protegerse en un castillo que se llama Santa Cristina. Cuando tal hecho fue anunciado a los reales oídos, haciendo avanzar el ejército ese día el castillo en el que estaba Mahamud, dispone las formaciones, rodea el castillo de guerreros. Acto seguido, en el primer enfrentamiento armado aquel Mahamud, famosísimo guerrero, resulta muerto, y su cabeza es presentada a la contemplación del rey. Y se ocupa el tal castillo, en el que casi 50.000 sarracenos, que para auxiliarlo habían afluido de España, son degollados, y Alfonso, felizmente vencedor, se volvió en paz a Oviedo.
Rebelión contra Alfonso II y muerte de Maḥmūd b. ʿAbd al-Yabbār
En el año 840 Maḥmūd se rebela contra el rey asturiano que le había acogido. Según las crónicas árabes, quería volver a la Umma, a la Comunidad islámica y por eso solicitó el perdón del emir, que éste concedió. Pero las crónicas cristianas indican que, antes de ser asediado en el castillo de Santa Cristina, Maḥmūd saqueó los territorios vecinos, seguramente el entorno de Lugo.
Existen dos documentos de la catedral de Lugo que hacen referencia a estas devastaciones realizadas por Maḥmūd: uno del 27 de marzo del 832 y otro del 1 de enero del 841. Ambos diplomas o son falsos o están manipulados y fueron redactados en los siglos XI-XII en un contexto de litigio entre las sedes de Lugo, Orense, Braga y Oviedo. Pero, siguiendo Miguel Novo Güisán14, sí sirven para situar el castillo de Santa Cristina en la comarca lucense de Sarria.
Los últimos momentos de la vida de Maḥmūd b. ʿAbd al-Yabbār son relatados con detalle por Ibn Ḥayyān:
[…] permaneció Maḥmūd b. ʿAbd al-Yabbār así unos años; luego supo dar muestras de arrepentimiento y no volverse mas que a la Comunidad, a pesar de la necesidad de la obediencia, y volver a la tierra del Islam y al desahogo.
Escribió al emir ʿAbd al-Raḥmān en secreto haciéndole ver esto e informándole sobre lo que había decidido, y pidiéndole el aman para él y sus compañeros y el perdón de lo que habían hecho él y ellos y que los devolviese a la tierra del islam con una posición desahogada, asentándoles donde quisiera de sus comarcas. Se alegro el emir ʿAbd al-Raḥmān con lo que le ofreció; le concedió lo que pedía y le prometió cumplir sus esperanzas y ayudarle a librarse de lo que le ataba y permitirle entrar en la tierra del Islam y favorecerle. Pero mientras Maḥmūd esperaba la respuesta del emir ʿAbd al-Raḥmān y tardaban sus mensajeros, lo denunció un traidor al rey Alfonso, al que puso en conocimiento de lo que pretendía y buscaba Maḥmūd … y comprobó con las pruebas; habló a sus personas de confianza sobre lo que había sabido de Maḥmūd y le incitaron a apresarlo y a utilizar la fuerza con él; le dijeron: “Remedia a la cristiandad calentando la casa de este diablo antes de que escape de tus manos; conoces la extensión de su prestigio, la profundidad de sus incursiones, la violencia de sus ataques y la fuerza de su lazo, a lo que hay que añadir la preocupación por su conocimiento de tu tierra y porque está al corriente de tus incursiones, lo que no permite a los cristianos estar tranquilos respecto a él a esta parte del desfiladero”.
Se retrajo Alfonso ante ellos y manifestó repugnancia por la traición. Dijo: “Abandonó su tierra y le dimos refugio, estaba atemorizado y le dimos seguridad, y no hemos dejado de obtener de él hasta hoy más que el bien, ¿cómo le vamos a traicionar?”. Condenaron su opinión y no dejaron de denigrarle ante él y quitar importancia a traicionarle, asustándole con la ruina que le ocasionaría la huída de Maḥmūd, hasta que se le quitaron los escrúpulos con las cosas de Maḥmūd y la traición, y dijo: “Le convocaré como suelo hacerlo y cuando venga a mí le diré que se haga cristiano sin contentarme con ninguna otra cosa. Si lo hace lo apartaré de la gente de su religión por completo y lo trasladaré al centro del país, asentándolo en medio de mis súbditos, donde estaré tranquilo y podrá serme útil y quedaréis aliviados de él. Si se niega habré encontrado un motivo para matarlo y caer sobre él”.
Quedaron conformes con este plan, y se dio prisa en mandar un enviado a Maḥmūd llamándole. Pero uno de los que sabía este plan de los hombres de Alfonso, que era amigo de Maḥmūd y no quería su muerte, previno a Maḥmūd con su aviso y le pidió que mirase por sí mismo. Le llegó el enviado de Alfonso cuando estaba avisado, e hizo ver que estaba enfermo, pretendiendo que el mal le impedía moverse, y lo devolvió a él con esta excusa. Aumento la inquietud del bárbaro y se llenó de miedo; salió con su ejército hacia Maḥmūd, traicionando su pacto. Se detuvo ante su castillo y lo sitio en él; se quedó allí unos días, combatiéndole, mientras Maḥmūd se mantenía en la puerta de su fortaleza, para su sufrimiento y humillación.
Mientras estaban en ello, uno de estos días supo ver Maḥmūd un descuido en los infieles y que estaba disperso la mayor parte de su ejército; aprovechó la ocasión y cargó contra ellos con sus hombres con firme decisión, poniéndolos en fuga y matándolos. Supo reconocer que se estaban agrupando y rápidamente se dio la vuelta hacia su fortaleza. Pero se desbocó su caballo, que no solía encabritarse nunca, y lo espoleó Maḥmūd con violentas sacudidas, buscando enderezarlo, pero se acrecentó su descontrol y acabó con él una encina contra la que se lanzó y que le alcanzó en el pecho derribándolo muerto al instante. Sus hombres se dispersaron.
Se dice que permaneció en tierra abatido por un tiempo mientras los jinetes de los cristianos se mantenían a la espera en un altozano, recelosos de acercarse y temiendo que no fuese más que uno de sus ardides, hasta que se acercó a él un jinete de sus más decididos, se paró un momento a su lado y lo movió para comprobar su muerte; descabalgó y le cortó la cabeza. Fue entrado por los cristianos ante esto el castillo, mataron a todos los que alcanzaron de los hombres según pudieron e hicieron prisioneros a los que se rindieron. Cautivaron a la familia de Maḥmūd y a las de sus hombres, y fue hecha cautiva Ŷamīla bint ʿAbd al-Ŷabbār, la hermana de Maḥmūd, entre los cautivos de la gente de su familia y sus hijos. Se la disputaron los notables de los cristianos por lo que reunía en ella de encanto, belleza y valor, hasta el punto de sorteársela. Resultó para uno de sus grandes que la convirtió al cristianismo, la desposó y la hizo su favorita, y le dio hijos.
Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pp. 232-234
La fecha en la que el historiador cordobés data su muerte es el año 225H (16 noviembre 839 – 3 noviembre 840). El Kitāb Nihāya-l-arab de al-Nuwairī nos da el mes de rayab de dicho año, lo mismo que en el al-Kāmil de Ibn al-Athīr15, es decir, el mes de mayo del año 840.
Maḥmūd acabó su vida entonces en mayo del 840 en tierras gallegas, alrededor de cinco años después de entrar al servicio de Alfonso II (aunque la crónica Ad Sebastianum dice que fue en el octavo año, lo cual no es compatible con los hechos descritos anteriormente).
Es posible que Maḥmūd acordara con el emir ʿAbd al-Raḥmān su apoyo en la larga aceifa que ese año, en el mes de junio (sabán del 225H), realizó precisamente contra el reino de Asturias, y durante la cual tomó varias fortalezas, sin nombrarlas, saqueó y tomó cautivos16.
- Venegas Ramos, A: Las imágenes de Mahmud en la Crónica de los emires Alhakam I y Abderramán II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-1], Revista de Estudios Extremeños, 2014, Tomo LXX, Número II, pp. 871-892 ↩︎
- Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 178 ↩︎
- Barceló, Carmen: Las inscripciones omeyas de la alcazaba de Mérida, Arqueología y territorio medieval, nº 11.1, 2004, Universidad de Jaén, pp. 59-78 ↩︎
- Rego, M. (2003): “A ocupação islâmica de Noudar”, publicado en Arqueologia Medieval, nº 8. Es el estudio arqueológico de referencia que describe el paso de una torre (burj) andalusí a la alcazaba cristiana. ↩︎
- Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 190-192 ↩︎
- Para Fernando Branco Correia, B.sās podría ser la localidad de Brinches. Correia, Fernando Branco – “Maḥmūd ibn al-Ğabbār — Ponto de partida para hipóteses sobre o Ġarb al -Andalus no século IX”. In Jacinta Bugalhão; Isabel Cristina Fernandes; Susana Gómez-Martínez, Helena Catarino; Sandra Cavaco; Jaquelina Covaneiro; Ana Sofia Gomes; Maria José Gonçalves; Isabel Inácio; Marco Liberato; Gonçalo Lopes; Constança dos Santos (Grupo CIGA), eds. –Terra, Pedras e Cacos do Garb al-Andalus (Trabalhos de Arqueologia 57). Lisboa: Património Cultural, I. P., 2024, pp. 561-575. ↩︎
- Fernando Branco Correia propone la hipótesis de que esta aldea es la actual S. Bartolomeu do Outeiro, Op. cit.pág. 567 ↩︎
- Fernando Branco Correia propone la hipótesis de que esta localización es la actual Pedrógão do Alentejo, Op. cit, pág. 567 ↩︎
- Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 198-199 ↩︎
- Lévi-Provençal, E: España musulmana (711-1031). La conquista, el emirato, el califato, vol. IV de la Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Espasa-Calpe, Madrid, 1982, pág. 141 ↩︎
- Fernando Branco Correia, Op. cit, pp. 570-571 ↩︎
- Manuel Aguirre, V: Mahmud ben al Yabbar: un rebelde bereber en el reino de Alfonso II de Asturias, 2020, Letras de Deusto, pp. 121-145. ↩︎
- Sánchez Albornoz, C: Orígenes de la nación española. Estudios críticos sobre la historia del reino de Asturias, Boletín de Estudios Asturianos (BIDEA), Oviedo, 1974,, vol. II, pp. 697-711; y Sánchez Albornoz, C: Estudios sobre Galicia en la temprana Edad Media, Fundación P. Barrié de la Maza, La Coruña, 1981, pp. 143-157. ↩︎
- Novo Güisán, M: Santa Cristina do Viso, O Incio, Lugo: Un castro antiguo o un castillo medieval?, Boletín da Asociación de Amigos do Museo do castro de Viladonga, nº 12, 2002, pág. 39 ↩︎
- Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pág. 234 ↩︎
- Gaspariño García, Sebastián: Historia de al-Andalus según las crónicas medievales, vol. VII, El gobierno del emir ʿAbd al-Raḥmān II, Ed. Fajardo el Bravo, 2020, pp. 226-227 ↩︎
