Los modos de ganar, intercambiar y acumular la riqueza han variado en las distintas etapas históricas. Hoy en día, si conocemos cómo ganar dinero en Internet, podemos almacenarlo en monedas digitales o virtuales y hacer compras en el mismo medio sin necesidad de utilizar ninguna moneda física.

Sin embargo ha habido épocas en las que el dinero apenas se utilizaba. Es ampliamente conocido el hecho que desde las invasiones bárbaras y durante todo el período altomedieval, los intercambios económicos disminuyen y se hacen a menor distancia. Esto provocó el decrecimiento del uso de la moneda como medio de compra y su sustitución por el trueque. No se trataba de acumular moneda sino de obtener otros productos o propiedades.

Tras la caída del reino visigodo, ningún gobernante de los reinos de Asturias, León o Castilla acuñó moneda propia hasta los tiempos de Alfonso VI, con una primera acuñación tras la conquista de Toledo (1085). Por lo tanto, no podemos hablar de monedas propias del condado de Castilla.

El reino visigodo sí realizó acuñaciones pero, tras su desaparición, los núcleos cristianos del norte no tuvieron la necesidad (y puede que ni la capacidad) de producir su propia moneda. De hecho, será la zona del occidente europeo que más tardíamente acuñe su moneda. Pero esto no quiere decir que no se utilizará el dinero. En varias fuentes históricas contemporáneas se citan unidades monetarias; y en hallazgos arqueológicos se han encontrado monedas. ¿Qué monedas se utilizaban? ¿Cuál era su procedencia? ¿De qué estaban hechas?

Las monedas en circulación en el condado de Castilla

En la zona geográfica del condado de Castilla, entre los siglos VIII e inicios del siglo XI, circularon monedas de diferentes orígenes: las acuñadas por los visigodos; las originarias del Imperio Bizantino; las procedentes de Al-Andalus; y las del imperio carolingio. De las fuentes históricas contemporáneas también se deduce que la moneda no era la forma de pago más habitual. El trueque era el sistema más utilizado, así como el uso de monedas en especie como el modio de trigo (unos 10 litros), las ovejas o la plata al peso. Veremos a continuación las monedas que pueden haber estado en circulación en esta época.

La moneda visigoda

El estado visigodo acuñó moneda desde su creación. En principio realizaban monedas similares a la imperiales romanas y desde el 476 imitan la moneda imperial bizantina. Desde la época de Leovigildo (572-586), acuñaron monedas con su propio nombre. La mayoría de las monedas eran de oro (trientes o tremises), lo que demuestra su poca utilización en la economía real y su uso más como medio de prestigio, de afirmación de su poder y de acumulación de bienes por parte de la realeza y de la alta nobleza.También se acuñaron algunas monedas de plata (silicuas) pero sólo en los momentos iniciales del reino visigodo. De todas formas, seguirían en circulación monedas de bronce y de cobre de época tardorromana (follis y nummus).  Los folles eran grandes monedas de bronce de 8 a 10 gramos con un 4% de plata. Los nummi eran monedas de cobre de mala calidad y escaso valor. Los bizantinos también hicieron emisiones de este tipo de monedas.

Su economía monetaria se basaba en el triente o tremis, una moneda de oro que equivalía a un tercio del sólido aúreo del emperador Constantino. Por lo tanto era una moneda de oro de 18 quilates con un peso teórico de 1,45 gramos. Un triente equivalía a 8 silicuas. Pero la ley y el peso del triente se fueron modificando (y empeorando con el tiempo). Con Leovigildo y su hijo Recaredo se mantuvo en 18 quilates; en la época de Chindasvinto y Wamba se redujo a 15 quilates, para seguir empeorando en sucesivas acuñaciones. Algo similar ocurrió con el peso de la moneda.

Las monedas visigodas se fabricaban en numerosas cecas. De entre ellas, se encuentran dos en las cercanías de nuestra zona geográfica de estudio: Mave y Saldania. Se refieren a las localidades de Saldaña y Mave, en la actual provincia de Palencia.

Leyenda de la ceca visigoda de Mave

Leyenda de la ceca visigoda de Mave

La ceca de Saldania acuña moneda al menos entre los años 572 y 610, con las leyendas Leovigildo, Recaredo I, Witerico, Chindasvinto, Suintila y Sisebuto; la ceca de Mave fabrica monedas entre los años 631 y 649, para los reyes Chintila, Sisebuto, Sisenando y Chindasvinto.

 

Triente visigodo de Chindasvinto procedente de la ceca de Mave

Triente visigodo de Chindasvinto procedente de la ceca de Mave

El uso de monedas visigodas en época altomedieval se cita en algunos documentos de la época. Un diploma del 796 de Santo Toribio de Liébana valora un buey en un sueldo y un tremis. En el mismo lugar se vuelve a citar el tremis en los años 827 y 868. Pero, en general, desde mediados del siglo IX desaparecen las menciones a las antiguas monedas visigodas, salvo en la zona más occidental del reino.

El uso del oro va a ir declinando poco a poco por diversos motivos y las menciones a las libras, sueldos y talentos que aparecen en los documentos son ya excepcionales, y sólo se hacen para referirse a las grandes sumas, que teóricamente, debían pagar los que quebrantaban los privilegios o donaciones reales o particulares. Por ejemplo, en el Fuero de Brañosera (824) pena de “tres libras aureas“, en la donación de Ordoño I a la sede de Oviedo (857) “mille libras purissimi auri“; en la de Fernán González al monasterio de Cardeña (941) “auri soldos D.“; en la fundación del monasterio de Covarrubias (978) “centum auri libras“. E incluso estas penas poco a poco van a ir también expresándose en sueldos de plata, como luego veremos.

 

Las monedas carolingias

La disminución de la circulación de oro en toda Europa y su alto valor adquisitivo llevaron en un momento dado a sustituir, parece ser que desde el reinado de Alfonso II (791-842), aunque no de forma oficial sino de hecho, el antiguo sistema monetario visigodo, basado en el patrón oro y el tremis, por el carolingio, que contaba con el sueldo de plata como unidad de cuenta (solidus argenteus), algo lógico si tenemos en cuenta las estrechas relaciones de este monarca con el reino franco.

Sólidos de plata carolingio. Época de Carlos II, el Calvo

Este cambio del viejo oro visigodo por la plata como moneda de cambio y cuenta aparece en documentos de 891 y 897 donde se cita expresamente a los sólidos argénteos, y en otros muchos donde la valoración de los bienes se hace únicamente en sólidos, que en ningún caso pueden ser de oro por la enormidad de las cifras. También en documentos de 968 y 980, aparece el precio de los bienes vendidos pagado enpretio x argenteis solidos et fuerunt in pondere pesatos coram multitudine.

Es por tanto en la segunda mitad del siglo IX cuando se generaliza en el núcleo del reino asturleonés el uso de la plata como moneda de cambio y cuenta, y en el siglo X el triunfo de la plata parece ya un hecho cierto, y en la documentación el uso de sólidos argénteos es ya muy común, pero mucho más el de simplemente sólidos, entendiéndose ya que son obviamente de plata, llegando su uso incluso a aparecer en las penas con que se castigaba a los que contravenían los contratos y donaciones.

Este cambio de patrón se va a reflejar en la valoración de las cosas y llevó a una grave devaluación de la unidad monetaria de cuenta, que inmediatamente llevó a un alza del precio de la vida, que se aprecia en los documentos asturleoneses desde mediados del siglo IX.

El arienzo de Castilla

En el caso específico de Castilla tenemos una denominación especial: el arienzo, equivalente a ocho o doce sueldos de plata. En un documento fechado el 1 de enero del año 964, procedente del Monasterio de San Pedro de Cardeña, el conde Fernán González concede al monasterio de San Julián y Santa Basilisa de Bezares una dehesa en Urrez y establece una serie de multas. Por ejemplo, si se encuentra pastando a algún animal sin autorización la multa será de: por un buey se pagará un carnero; por un caballo, II arienzos; por una mula, II arienzos; por un asno II arienzos; por ovejas, por cada quince ovejas, un carnero; y de cada quince cabras, un cabrón; y lo mismo para los corderos; y los becerros, por cada becerro, II arienzos. Las siguientes multas ya se expresan en sólidos: Y quien corte ramas, V solidos; y por un haz de leña, I sólido; y por un asno cargado de leña, II solidos… En ese mismo documento el conde acepta un regalo del abad López: un caballo pelirrojo con su silla y arreos por valor de CC solidos argenti.

 

Las monedas de Al-Andalus

Desde el mismo momento de la conquista musulmana existen ya acuñaciones de moneda. El sistema de monedas andalusí es deudor del sistema califal y se componía de dinares de oro, dirhames de plata y falusíes o fals de cobre (una corrupción del nombre la moneda romana follis) . El dinar de oro es la unidad canónica de medida de cuenta, pero su circulación es escasa. Se inspiraba en la moneda del emperador bizantino Heraclio.

La moneda realmente utilizada es el dirham, cuyo valor era 1/10 del dinar. Una particularidad es que, en ocasiones, los dírhemes se partían. El patrón monetario de plata se adoptó porque al-Ándalus se vio afectado en el siglo VIII y parte del IX por la escasez de oro y sólo se acuñaron monedas de cobre y plata hasta que Abderramán III intervino en el Norte de África y entró en contacto con la ruta de caravanas del oro sudanés acuñando las primeras monedas de oro en el año 929. A partir de ese momento se abandonó el patrón monetario de plata y se impuso el patrón oro con un dinar de 2,90 g. Entre los cristianos recibió el nombre de mancuso.

Desde la época de ‘Abd al-Rahmán I toda la producción de moneda se concentra en la ceca de Córdoba, salvo la excepción en el gobierno de ‘Abd al-Rahmán III con la ceca de Medina Azahara.

En el siglo XI se va a producir un drástico cambio en el equilibrio de poder en España. La caída de los gobernantes amiríes va a provocar el inicio del colapso del Califato Omeya de Córdoba y su disolución en los reinos de Taifas enfrentados entre sí, que pronto pedirán ayuda a los cristianos para vencer a sus enemigos o bien intentarán asegurar su supervivencia poniéndose bajo la protección de algún monarca cristiano. Estas ayudas siempre serán pagadas con grandes cantidades de moneda (las parias), con lo cual entre los años 1040 y 1086 el flujo de numerario musulmán hacia el norte cristiano se disparó.

La colección Tonegawa conserva múltiples ejemplos de estas monedas. Se pueden visitar en http://www.andalustonegawa.50g.com/

 

El oro musulmán

Su utilización es muy excepcional en los siglos iniciales, pero no totalmente desconocido. Por un diploma de Ordoño II sabemos que Alfonso III (866-909) otorgó en su testamento al obispo de Zamora, San Genadio, para la iglesia de Santiago la cantidad de “500 metcales ex auro purissimi”, siendo metcal la palabra que indica el peso del dinar y como los Omeyas cordobeses anteriores a Abderramán III no acuñaron moneda de oro, la conclusión es que se refería a dinares acuñados en oriente. Las citas referentes al oro musulmán andalusí son escasísimas y sólo se hacen más frecuentes en el siglo XI coincidiendo con el pago de las parias a los reinos y mercenarios cristianos, como luego veremos.

 

El uso de monedas andalusíes de plata

El mayor desarrollo estatal, y por tanto económico y monetario de Al-Andalus, hizo que las monedas andalusíes, acuñadas en grandes cantidades, especialmente las de plata, tuvieran una gran difusión dentro y fuera de su territorio. Por ello no es de extrañar su presencia en numerosos documentos de reino asturleonés, donde se denomina a estas piezas solidos o argentum mahomati, hazimi o kazimi, etc., nombres que se refieren a los prefectos de la ceca cordobesa (shaib al-Sikka) en el momento de su acuñación.

Desde el siglo X, y en especial en el XI, son muy numerosas estas referencias a argentum o solidos kacimies o mahometies, incluso se suman a la hora de hacer negocios, y los continuos hallazgos de plata cordobesa en el norte confirman su frecuente utilización, cuyo uso también debieron llevar al norte los mozárabes repobladores de extensas zonas del territorio, en especial la meseta del Duero.

 

Fragmentos de dirham y monedas de bronce

A estas alturas de nuestro conocimiento sobre la moneda andalusí es indudable que en la época de la conquista y primeros años del emirato independientes, conviven dirhames y feluses, cumpliendo estos últimos la función de moneda fraccionaria de uso cotidiano como demuestra su nivel de pérdida y su presencia en múltiples yacimientos.

La abundancia de fragmentos de dirham, de diferentes formas, en los hallazgos omeyas de los siglos IX y X junto con la ausencia de feluses demuestra que la fragmentación de moneda (qita’ah, término árabe que se utiliza para definir la plata picada o troceada) era lo habitual en al-Andalus como forma de solucionar la dinámica de las transacciones diarias, sobre todo en los ambientes urbanos, ante la existencia de un monometalismo de plata y la presencia de emisiones de oro más limitadas. Que en el siglo XI, en la época de las taifas, esta política era de difícil continuación se explica por la caída de la ley de las monedas: un dirham del emirato se parte con las manos, uno del califato necesita de cizallas o instrumentos de corte, de ahí las abundantes huellas preparatorias de cizallados posteriores, pero las piezas taifas tienen una proporción de cobre mucho más alta y la fragmentación ocasional es mucho más difícil de realizar, lo que explicaría la acuñación de unas monedas determinadas para suplir esta función, al margen del comienzo de la carestía de plata que se produce en estos años.

Falús de época de'Abd al-Rahmán II

 

Las monedas de cuenta en especie

En esta época igualmente aparece un frecuente uso del modio de trigo y la oveja como moneda de cuenta e intercambio, con la equivalencia de un sueldo de plata, así en documentos del monasterio de Celanova (años 961, 962, 964 y 1005) se mencionan ovejas modiales, en el monasterio de Sahagún (1004) se estima en un sueldo un modio de trigo, y en Santillana (1020) se suman indistintamente los modios y los sueldos hasta formar una sola cifra en modios, en dos diplomas leoneses de 951 y 1008 se valora una oveja en un modio y 100 ovejas en 100 sueldos.

 

Para saber más

Sobre monedas visigodas:

Sobre monedas andalusíes

Sobre la historia de la moneda en el reino de Castilla y de León