Contexto histórico

Alfonso II, el Casto es elegido rey de Asturias tras la abdicación de Bermudo I (791). Su reino sigue encerrado en las montañas de la cordillera Cantábrica y se encuentra a la defensiva, en una situación de debilidad frente al poderoso emirato omeya de Córdoba. Al frente de los cordobeses está el emir Hisham I, dominador indiscutible del resto de la península Ibérica y que tiene en asturianos y francos a sus únicos rivales.

 Los francos, tras conquistar la Septimania (759), y sufrir una derrota en Roncesvalles (774), ocupan pacíficamente Gerona (785) y tratan ahora de crear una marca fronteriza en la zona pirenaica, la Marca Hispánica, propiciando rebeliones en los valles de los Pirineos y en Pamplona.

 Después de sofocar las rebeliones de sus hermanos Suleyman y ‘Abd Allah (790), Hisham I va a encabezar una fuerte ofensiva contra sus rivales norteños, en especial contra el reino de Asturias. Comienza su ofensiva por la parte más débil y peor organizada de Asturias: su frontera oriental. Es el 792 cuando el general ‘Abd al-Malik ben Mugit penetra con la impresionante caballería cordobesa saqueando y devastando la llanura alavesa.

 Siguiendo con esta táctica de acoso y derribo contra los asturianos, en el 794 Hisham I planea un ataque por los dos flancos contra Asturias. Un primer ejército al mando de ‘Abd al-Malik atraviesa la cordillera Cantábrica y saquea el corazón del reino, destruyendo Oviedo y obligando a huir al rey Alfonso II. Mientras tanto, el hermano del general cordobés, ‘Abd al-Karim vuelve a saquear Álava y al-Qilá (“el país de los castillos”) con el objetivo de distraer a las fuerzas asturianas. Pero mientras las tropas cordobesas regresan, son emboscadas en las cercanías de Lodos (Asturias) y son derrotados, donde ‘Abd al-Malik cae muerto. De nuevo, la orografía de la zona permite sobrevivir al débil reino asturiano.

La ofensiva continúa en el 795, esta vez dirigida únicamente por ‘Abd al-Karim, quien quiere vengar la muerte de su hermano. Vuelve a saquear Oviedo y derrota completamente a los asturianos en la batalla de Las Babias (18 de septiembre del 795). Ante esta situación, Alfonso II trata de encontrar apoyos que permitan la pervivencia de su reino. A tal fin, envía una embajada al poderoso reino franco de Carlomagno. La misión se entrevista con Luis, hijo de Carlomagno y duque de Aquitania y, por lo tanto, gobernador de la incipiente Marca Hispánica. Como resultado, se firmó en Toulouse un pacto de ayuda mutua frente a los cordobeses.

El emir Hisham I muere el 28 de abril del 796 y es sucedido por su hijo al-Hakam I. Como ya era costumbre en el emirato, se suceden las rebeliones contra el nuevo emir. En este caso son de nuevo sus tíos, ‘Abd Allah y Suleyman, los sublevados en el valle del Ebro y Jaén y Granada respectivamente. A pesar de esta situación, al-Hakam I envía una nueva aceifa contra Asturias en el 797. Tras sofocar la rebelión de Calahorra, remonta el río Ebro y devasta al-Qilá llegando hasta las cercanías de las costas cantábricas. La gran cantidad de fortificaciones construidas en la zona poco pudo hacer contra la acometida.

En el 798, la situación política del emirato se agrava con una rebelión de mozárabes en Toledo. Esto es aprovechado por Alfonso II para atacar y saquear Lisboa (798). Hacia el año 800 la situación del emirato parece normalizarse pero los años anteriores de desórdenes han sido aprovechados por sus enemigos. Los asturianos avanzan por Galicia, los vascones se sublevan en Pamplona (h. 799) y, con Velasco al frente y con ayuda franca, expulsan al gobernador musulmán de la ciudad. Los francos extienden sus dominios en la Marca Hispánica. En concreto, hacia esa fecha la Marca Hispánica comprendía ya las comarcas de Ampurias, Gerona, Cerdaña, Ausona, Pallars y Ribagorza, así como los pequeños condados de Aragón y posiblemente Sobrarbe. Los francos ya han constituido una frontera con la que defenderse de posibles ataques cordobeses.

 al-Hakam I intenta parar esta expansión. Va a atacar el reino asturiano sobre todo por su frontera oriental. En el 801, mientras los francos conquistan Barcelona, el príncipe omeya Mu’awiya vuelve a ensañarse con Álava y al-Qilá, saqueando ambas regiones, aunque es derrotado en la batalla de las Conchas de Arganzón.

El veterano general ‘Abd al-Karim vuelve a la carga en el 803 saqueando el mismo territorio aunque con pocos resultados: probablemente era poco lo que se podía obtener de una zona continuamente expoliada. Y en el 806 Abu ‘Utman ‘Ubaih Allah remonta el río Ebro saqueando al-Qilá y llegando hasta las Hoces del Pisuerga, donde es derrotado. Por último, se sabe de otro ataque en el 808, esta vez sobre Galicia, que fue respondido por Alfonso II con un ataque sobre la zona de Henares (Madrid) al año siguiente.

En el 812 los francos conquistan Pamplona tras vencer a los vascones. al-Hakam I teme una unión de fuerzas de asturianos y francos y en la primavera del 816 decide atacar, enviando de nuevo a ‘Abd al-Karim. Los cordobeses plantean batalla en un desfiladero del Wadi Arun (río Orón, cercanías de Miranda de Ebro). Asturianos y vascones, con ayuda franca, se enfrentan a los cordobeses sufriendo graves pérdidas. Pero los cordobeses se retiran al no poder pasar por el desfiladero. Poco después, hacia el 818, los vascones expulsan a los francos de Pamplona y nombran rey a Íñigo I Arista. Tras un último ataque contra Galicia (820), no se conocen más acciones militares hasta la muerte de al-Hakam I el 21 de mayo del 822.

Límites del reino de Asturias

 La extensión del reino asturiano en el momento en que Alfonso II sube al trono es prácticamente igual a la extensión que tenía en tiempos de Alfonso I y Fruela I. El reino no tenía fuerzas suficientes para conquistar más tierras y el enemigo era indudablemente superior. La Crónica de Alfonso III describe así la extensión del primitivo reino asturiano:

“Por este tiempo se pueblan Asturias, Primorias, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, Las Bardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia; pues Álava, Vizcaya, Alaone y Orduña se sabe que siempre han estado en poder de sus gentes, como Pamplona [es Degio] y Berrueza”.

Por lo tanto, los límites del reino van desde el río Miño en Galicia siguiendo por toda la cordillera Cantábrica hasta las tierras vascas que supondrían el límite, un tanto difuso,con el incipiente reino de Navarra.

Alfonso II va a ser el verdadero impulsor ideológico de Asturias como estado y él va a comenzar su expansión, sobre todo en la última parte de su reinado. Como un paso más en esta reafirmación de su reino, se puede encajar el descubrimiento, en el 813, del supuesto sepulcro del apóstol Santiago, cerca de Compostela. A principios del siglo IX, van a existir tímidos intentos de expansión, sobre todo en Galicia y en menor medida por las Bardulias y Álava como se estudiará posteriormente. Presentamos a continuación unos mapas con la situación política de Asturias hacia el año 800.

Territorios en torno al 800

Territorios en torno al 800

En este tumultuoso ambiente de principios del siglo IX y gracias a la debilidad del emirato, es cuando comienza la corriente foramontana y la antigua Bardulia se convierte en Castilla. El nombre de Castilla aparece por primera vez en el año 800. No era un condado, sino un territorio al sur de las montañas de Santander, junto a los territorios de Mena y Losa. Comprendía los valles de Espinosa de los Monteros, bajando hacia Villarcayo y Medina del Pomar. Es decir, una parte de lo que luego sería la Merindad de Castilla la Vieja.